Noticias de Guipuzcoa - Repiques que pierden voz

Repiques que pierden voz

Con el volteo de las campanas se pone en práctica un lenguaje lleno de significado que hoy en día muy pocos son capaces de entender. La falta de otros medios de comunicación llevó a las comunidades a informar a los vecinos mediante tañidos

Cuando la campana grande la iglesia no paraba de repicar, el pueblo se echaba a la calle con los baldes llenos de agua dispuestos a apagar toda llama que encontrara en el camino. Era la alarma que alertaba a todos los vecinos de los incendios de la localidad y les llamaba para que acudieran a socorrer a los afectados. Si no actuaban rápido las consecuencias podían ser terribles: muchas casas eran de madera y no había bombero que acudiera, por lo que la función de las campanas era vital.

Daban cuenta de lo que acontecía en el pueblo y anunciaban los actos que se aproximaban. Cuando un vecino agonizaba, se anunciaba con el tañido de las campanas. Hacían lo mismo cuando alguno fallecía o recibía la extremaunción. La más triste, sin duda, era la llamada Aingeru Kanpaia, que se tocaba, y en Segura se sigue haciendo, cuando fallece algún niño.

Los tañidos de las campanas formaban parte de la vida diaria de cada comunidad, eran un medio de comunicación importante, el único hasta que llegaron los más modernos como la radio o el teléfono. Los fareros y los barcos también hacían sonar sus campanas durante los días de niebla para alertar del peligro y durante la Guerra Civil estos instrumentos avisaban de la presencia de la aviación enemiga para que los vecinos pudieran refugiarse.

"Media hora antes de misa, mediante el toque de campana sabías qué cura era el que oficiaba, así como quién era el que estaba en el confesionario. Así podías elegir el que más te gustaba", cuenta Laureano Telleria, campanero de Segura que todavía toca la Hil Kanpaia -cuando alguien fallece-, Erresponso Kanpaia -después de misa, en honor al fallecido- y la Aingeru Kanpaia, la que más le duele tocar. El ordenador complementa ahora el trabajo del campanero segurarra, ya que el Ave María matinal suena gracias a la tecnología implantada en la iglesia goierritarra.

Conventos

Entre lo cotidiano y lo divino En los conventos de religiosas las campanas marcan los tempos, como recoge Antxon Aguirre Sorondo en su trabajo Las campanas en la vida de las comunidades religiosas femeninas de Gipuzkoa. En este ámbito comunal se "refleja de forma perfecta el doble sentido simbólico y de utilidad cotidiana -la imbricación de lo divino y lo humano a través del tañido, el cual santifica la vida diaria- propio de la campana y porque la variedad de toques aún al uso ofrecen un magnífico ejemplo de la riqueza de este lenguaje hoy ya casi perdido".

Se trata de todo un idioma lleno de matices y rico en expresiones que permanece vivo en los conventos guipuzcoanos. Las hermanas de los monasterios de Santa Teresa y Santa Ana de Donostia aprenden desde el noviciado a tocar las campanas que tienen la misión de "santificar las faenas del día".

Las campanas tenían en las antiguas comunidades religiosas varias funciones, según indica Aguirre Sorondo en su obra. Una de ellas era la de llamar a cualquiera de sus miembros a alguna de las dependencias, por lo que había campanas de diferentes sonidos que se identificaban con uno u otro lugar (portería, refectorio, capillas...). Según el tipo de toque se sabía para quién era el mensaje o de quién procedía, actuando como si se tratara de una carta con remitente: el sonido indicaba quién llamaba y a quién se llamaba, e incluso desde dónde se emitía el mensaje.

Las campanas, además, eran "elementos explícitamente religiosos, con sus lemas sagrados, sus nombres santos, bendecidas o bautizadas". A su sonido se atribuían virtudes benéficas: alejaban las tormentas y atraían la protección divina. El volteo solemnizaba los momentos importantes de la vida en la comunidad: el ascender del Santísimo, la presencia del obispo, las procesiones, la muerte de un religioso y el instante de su entierro.

Futuro

Un lenguaje que se pierde Hoy en día, con el trajín del quehacer diario, proliferan las quejas de los vecinos por el sonido de las campanas. "Las campanadas interrumpen mi sueño y debido a su duración (unos dos minutos) después me es imposible conciliar de nuevo el sueño. No veo razón, costumbre, necesidad, ni otra causa para tener que dar campanadas a esas horas de la mañana. Entendiendo que el descanso es un derecho de todos y no viendo un uso social a esas campanadas pido al Ayuntamiento que salvaguarde dicho derecho y tome las medidas oportunas para garantizar el reposo de sus vecinos", registró un ayuntamiento guipuzcoano en 2003. No es más que un ejemplo del lugar al que han quedado relegados los tañidos de las campanas.

Además, los campaneros lo han ido dejando y, al fallecer los mayores, no han encontrado relevo en sus funciones. En Gipuzkoa, el segurarra Laureano Telleria es el único campanero que ejerce su profesión. Aprendió el trabajo que actualmente desempeña gracias a la hija del sacristán, María Lezeta, que le enseñó el lenguaje de las campanas, así como su técnica.

En Oiartzun un grupo de jóvenes acude al campanario los días de fiesta del calendario litúrgico y hacen sonar las campanas. "En Oiartzun sabíamos que se tocaban las campanas y acudimos a grabarlas. Hace unos ocho años había dos personas que las tocaban, uno lo dejó y nosotros seguimos con el otro compañero tocando y aprendiendo la técnica", cuenta Joseba Zabaleta. Los demás volteos quedan en manos de los ordenadores.

Noticias de Guipuzcoa (05-11-2007)
  • DONOSTIA: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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