DE CÁCERES RIESCO, Claudio - Pregón de fiestas "Santa Elena 1.999"

Pregón de fiestas "Santa Elena 1.999"

Sr. Alcalde, Autoridades, Señoras y Señores: ¡Buenas tardes!

Al aceptar el honor de ser pregonero de las fiestas de Sta. Elena, era consciente de que pocos pueblos cuentan entre sus hijos con tan gran número de personas de elevado nivel cultural: catedráticos, canónigos, titulados superiores, directores de colegio y otros magníficos profesionales que serian magníficos pregoneros. No se puede hablar de cultura sin recordar, al menos de forma general, a tan abundantes como prestigiosos Catedráticos de Universidad, a tantos Canónigos y Sacerdotes que, a la vez que han contribuido al fomento de la cultura de su pueblo, han engrandecido el nombre de Calzada.

Siendo el pregón de fiestas actividad reciente en todos los pueblos, Calzada pude presumir de haber contado siempre con los mejores predicadores nativos y foráneos y que eran en nuestro pueblo, en versión religiosa, los antecedentes de quienes, menos capacitados, leemos unas líneas.

Uno que "pasa" de vanidades, que no es investigador ni historiador ni de elevado prestigio en ningún quehacer, estaba obligado a no despreciar el honroso ofrecimiento de ser pregonero, casi exclusivamente por un solo mérito: ser nieto del tío Claudio. También ésta era la razón que impedía rechazarlo. (Los más jóvenes dirán: seria abuelo Claudio, no tío). Conviene recordarles que la dignidad de tío era como un título nobiliario sin protocolo que el pueblo otorgaba a quienes, por su amplia familia y, fundamentalmente por su bien hacer, eran considerados tíos de todos. Adquirieron tan condición nombres y apelativos cariñosos tales como: Fonso, Facurriño, Farruco, Guapete, Crisantos, Gordo, Curato, Gerardo, Terrillas y otros muchos cuyo recuerdo transmitirán las personas mayores a sus descendientes.

Somos muchos quienes por no ser de ningún lado, porque en todos los sitios nos consideran de fuera, nos asimos al pueblo de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros antepasados, mucho más que al lugar ocasional donde, más que nacer, nos nacieron.

Quizá por justificar la procedencia, quizá por la edad, quiera uno recordar sus raíces infantiles, con el riesgo de aburrir a los más jóvenes.

Casi sin haber finalizado las agotadoras tareas del verano, llegaban las fiestas de Sta. Elena que nos permitían reanudar nuestros sueños, muchas veces desagradablemente interrumpidos: Especialmente para los adolescentes, el despertar veraniego no podía ser mas violento. Unas veces era el carro que, siempre al final del trayecto, llegando a la tierra, atravesaba cerros despertándote a cogotones su traqueteo. Otras veces eran las traidoras gatuñas, camufladas, mimetizadas entre yeros, arritas y lentejas, las que, sin apenas luz, te hacían abrir los ojos. Cómo no recordar el violento despertar diurno cuando dormido, tanto por el agotamiento como por el tedio cíclico y repetitivo de dar vueltas con los bueyes tirando de la trilla; bien por la mosca, bien por el descuido adormilado de la pica entre las patas, los bueyes emprendían carrera, casi siempre hacia el regato, con el ruido sordo de la trilla fuera de las pajas. Menos violento aunque también desagradable era el despertar cuando te permitían la aventura de dormir cuidando el muelo para que no te llevara alguien de fuera la parte que la naturaleza con sus tormentas había dejado. Cuando uno soñaba que alguien, tal vez en otra era, se estaría acordando de ti, te sacaba de los sueños el vampírico violero o, si lo evitabas tapándote hasta los ojos, el golpe de tos provocado no se sabe si por el natural tamo de la era, o por el polvo acumulado largo tiempo en el tapabocas de siempre.

Cuando apenas habían acabado estos despertares, llegaban las fiestas de Sta. Elena para continuar soñando "con reparos", fundamentalmente en los bailes, tanto en los que tenían lugar en el salón, (que uno no sabe si tenía mas miedo al "no bailo", que al pozo a ras de suelo), como los celebrados en el Corrillo, en el que "el si" era más probable, quizá por estar mas disimulado a miradas de familiares y curiosos.

Todos estos recuerdos, que no tradiciones, son en parte inútiles en un pregón puesto que han sido afortunadamente relegados al olvido por el progreso. Naturalmente, hay tradiciones que debemos conservar y quiero resaltar pequeños detalles que, difícilmente para los de Calzada pueden pasar desapercibidos.

Forma parte de la fiesta y es muy digno de figurar en su programa el repique de campanas; no sólo porque Antonio ha elevado a la categoría de concierto lo que, en muchos lugares es un vulgar repiqueteo, sino porque las campanas de la torre marcaban el ritmo al amanecer, a la hora del ángelus, al atardecer, tanto a quienes permanecían en casa, como a cuantos trabajaban en el campo. Muchas personas hoy, acordándose de quienes por sus obligaciones no pueden venir a la fiesta, despiertan la nostalgia y en muchos casos emoción desbordante transmitiéndoles a los ausentes el repique a través del móvil.

Forma parte esencial de la fiesta de Sta. Elena y de la del Cristo la misa cantada, única, con ese solo del "Incarnatus" que tensa las gargantas cual ballestas que se disparan al unísono, para sorpresa de quienes lo desconocen, pero que muy bien puede ser el símbolo de unión sincronizada del pueblo entero.

Finalmente quiero destacar como tradición en Calzada, perdida en la mayoría de los lugares, el recuerdo respetuoso a sus antepasados, acudiendo todos, el día de los Santos a honrar colectivamente, tanto a propios como a ajenos. Este respeto a nuestros mayores, me permite hacer una somera alusión ala vida de Sta. Elena; su hijo Constantino, aunque con muchísimos defectos, siempre mantuvo una virtud: el demostrado respeto hacia su madre.

Estos y otros pequeños detalles son los que distinguen a un pueblo integrado por personas orgullosas de sus raíces, y lo que hace de muchos, con sólo la mitad de sangre de Calzada, como este pregonero, tengan el corazón entero de Calzada.

Para finalizar sin tanta nostalgia y, conocida la nueva y joven corporación, es obligado pregonar que han sembrado en los actos de las fiestas esfuerzo e ilusión. No dudo que conseguirán el fruto deseado: la participación de todos.

Decía Baudelaire: "En una fiesta cada uno disfruta de todos los demás". Y éste es mi deseo: que al finalizar las fiestas que hoy comienzan, en nuestro rostro, rendido por fatigas y excesos, se dibuje la sonrisa de haber disfrutado y, sobre todo, de haber contribuido al disfrute de los demás. ¡Felices fiestas!

DE CÁCERES RIESCO, Claudio
Ayuntamiento de Calzada de Valdunciel (00-00-1999)
  • CALZADA DE VALDUNCIEL: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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