Universia - Concierto de campanas para la ciudad de Madrid

Concierto de campanas para la ciudad de Madrid

A cargo del compositor Llorenç Barber.

Este concierto se celebra con motivo de la inauguración de la Semana de la ArquitecturaŽ07, actividad promovida por la Fundación Arquitectura COAM, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid y con diversas entidades, entre ellas la Universidad Francisco de Vitoria. Una propuesta pretende ser una única obra de arte arquitectónico global.

La actividad principal es este concierto de campanas, cuya partitura ha sido compuesta por el maestro valenciano Llorenç Barber, quien también se hará cargo de armonizar los 16 campanarios y las más de 100 campanas que sonarán para este fin en el Madrid de los Austrias el próximo 1 de octubre.

Este concierto organizado por la Universidad Francisco de Vitoria movilizará a más de un centenar de estudiantes que voluntariamente se han prestado a hacer de campaneros. Ellos tendrán el privilegio de subir a lo más alto de la Ciudad de Madrid para que desde abajo, los caminantes y asistentes al concierto puedan disfrutar de esta magnífica iniciativa.

El concierto queda arropado por la exposición de fotografías y cortometraje Campanarios al suelo, por el Bosque de campanas, instalación de esta escultura urbana compuesta por más de 100 campanas, que estará situado a los pies de la Catedral de la Almudena, y por el Madrid Blur El Armadillo, un aula itinerante, ubicada en un autobús enmascarado de post-its, en la que aprender más sobre la arquitectura de la ciudad y dejar reflexiones artísticas.

Los Conciertos de Campanas
En esta sociedad de prisas, inmediatez y velocidad, nos asomamos conmovidos a aquellos retales de vida supervivientes de nuestra particular expropiación laboral. Descubrimos entonces, anhelos de otras vidas plenas y ricas.

Durante unos minutos, los espacios de nuestro vivir cotidiano, se nos ofrecen con el único fin del recreo ciudadano. La ciudad nos convoca como una grandiosa sala de juego, armados de imaginación, intuición y curiosidad nos lanzamos a la calle, restaurando aquel amor infantil por las esquinas, los descubrimientos fortuitos, la aventura, el escondite, lo oculto y desvelado.

La ciudad, hecha de ondas, vibración, fluidos, oscilaciones, intensidades, sutilezas, rumores y ecos, se nos ofrece para que la juguemos, para que pongamos en práctica sus lugares, para colmarlos de situaciones, para que escrutemos sus posibilidades. Mediante el paseo, poetizamos el espacio urbano, inaugurando nuevos modos de relación creativa con nuestro entorno cotidiano.

Habituados al ensordecedor magma informe, monótono y sin fin del paisaje sonoro de nuestras ciudades, hoy tenemos la oportunidad de recuperar aquel paisaje percibido desde la distancia.

A través de este acontecimiento social, tenemos la ocasión de ensayar otros modos de escucha. Ese es el reto que aceptamos al participar de esta fiesta: poner en práctica la atención a las voces de calles y plazas, de campanarios y horizontes, inaugurar otras miradas, escuchas y pasos, otros accesos perceptivos a los espacios velados de la ciudad. Velados para la habitación, como los espacios interiores de los campanarios, velados para la visión, como los horizontes percibidos desde aquellos hitos, y velados para la audición como los sonidos de la ciudad enmudecidos de tráficos y máquinas.

Éstas son voces de recuerdos y memorias, de aquellas arquitecturas que construyeron el espacio urbano que hoy habitamos. Voces del pasado que nos descubren su sentido urbano, su función para la ciudadanía y el devenir histórico de nuestra ciudad.

La partitura Aure Catena, un sortilegio de vecindades aéreas
En esta ocasión el compositor Llorenç Barber ha creado una partitura especialmente pensada para la ocasión: Aure Catena, como ya hizo anteriormente en 1991, con Magna Mater¸ y en 2000, con Festi Clamores, concierto que sirvió para amenizar las fiestas del 2 de mayo en la capital española.

“País inatento este. El viejo Madrid está poblado de amplios tesoros llenos de polvo, visiones, ecos y resonancias que nada ni nadie permite visitar, de bronces y datos que pueblan los intervalos de una todavía historia por hacer."

Arrancar, aún entrando de perfil, un algo de información a esos fondos de olvido no es la menor de cuantas ilusiones nos empujan a emprender este evento algo ciclópeo.

Si en la Iglesia de La Santa Cruz encontramos una campana gótica del siglo 15 o en S.Isidro otra de 1587, si en S.Miguel, en el reloj del Palacio Real, en S.Nicolás o en el Hospital de S.Bernabé cuelgan campanas del s.17, es el ilustrado siglo 18 el que más ejemplos de campanas nos proporciona en este Madrid dicho de los Austrias: nada menos que 12 vasos de bronce esparcidos por 6 diferentes puntos sonoros.

Tan amplio y variado como fue ese romanticismo de nunca acabar, lo es el mundo de campanas que nos ha dejado el s.19: desde ese impresionante vaso de 126 centímetros de boca que habita orondo en S.Pedro y que se fundió en 1801 hasta ese campanico que las Madres Carboneras hacen vibrar cada mañana, y que es de 1898, todo un amplio abanico sónico nos contempla, posible, desde allá arriba.

Destaca por belleza y empeño el conjunto - digno de mejores aprecios y cuidados - que guardan las dos torres de S.Francisco: un doble carillón de 19 hermosas campanas afinadas obra de John Warner e Hijos fundido en Londres en 1882 por encargo de la familia real inglesa y regalo al pueblo de Madrid.

El resto, unas 30 campanas, fundidas en el cercano s.20 piden a gritos que algo de su cuidado sonar nos llegue: las últimas en incorporarse a esta desconocida cadena de metales son las recién estrenadas campanas que suenan en la torre este de la Almudena y que se instalaron justo a tiempo para la real boda de Felipe y Leticia.

Unas 150 campanas en total esparcidas a lo largo de 15 puntos sonoros conforman un "organicum" que nos invita a amable y curioso y civil paseo por esparcidas calles, fechas, acontecimientos y utopías a cuidar y alimentar, pues nos va en ello nuestro diario convivir.

A la tercera va la vencida. En 1991 fue el primer intento: allá luchamos contra todas las lógicas desconfianzas, pero no fue lo peor: curas, músicos y sacristanes nos entendimos de mil amores. El problema es que tuvimos que luchar contra un ejercito no ya sólo de motores - algunos de autobuses urbanos - atascados por las ganas de unos madrileños deseosos de tomas sus calles y repasarlas con parsimonia, sino contra un muy nervioso pelotón de pitos de mandados guardias que un edil puede que eficaz, pero sordo (el Sr.Matanzos) nos propinó.

En 2000 de nuevo un disciplinado ejército de músicos madrileños empuñó cuanto pudo encontrar para arrancar armónicos al aire. Pero ni la hora, ni el tráfico ni el bullicioso Rastro en su esplendor de fiesta (era el 2 de mayo) apenas si nos dejaron auscultar la fiesta de los bronces.

Hoy de nuevo, en mejor hora y con menor confluencia de decibelios ambiente subimos a cuantas torres enriquecen nuestro ciudadano horizonte para insistir en nuestro partisano empeño: el aire con sus naufragios, sus invisibles fuegos, frutos y venenos son de quién los respira en cotidianidad. Postulamos un vivir más acorde con lo humano, y por ende fajado de liberación espontánea.

Si el primer intento concertístico lo titulamos "Magna Mater" invocando así esa matriz de vidas que son las Almudena/ Cibeles, si el segundo fue un ahogado clamor de Fiesta, este quiere ser un cívico acto conjurador de todas las partes adversas que atenazan esta agobiante ciudad. Un conformar una melancólica, selenita, Aura Catena capaz de plantar cara al mundo y sus poderes: llegó la hora de recolectar. Hora es ya del aéreo erotismo absoluto”.

Saber escuchar por Llorenç Barber
• Cree a su alrededor un espacio de atención y calma, sólo así podrá atender convenientemente el sonar de los bronces: deje las prisas y los motores apagados.

• Que nadie espere melodías y ritmos conocidos y banales: es tan sólo un concreto sonar de viejas campanas al aire.

• Buscar lugares abiertos. Mejor cuanto más alto. Cazar al fresco sonidos lejanos.

• Muévase y guíese por su oído. Pero tenga en cuenta siempre que cualquiera de las soluciones que escoja esconderá otras igualmente válidas.

• No es un concierto pasivo sino que cada cual debe construir su itinerario sonoro en busca de ecos, retumbos y repiques, surgidos del combate entre la partitura escrita y la complicada orografía de la ciudad.

• No es concierto de estruendos y evidencias sino de sutilezas, ecos y melancolías.

• Nunca se sitúen muy cerca de un campanario. Mejor cuanto más equidistante entre varios puntos sonoros. Acercarse mucho a un solo foco sonoro, le velará los diálogos, los lejos y cerca, los fértiles tropezones del sonar.

• Tómese su tiempo. Recréese en el goce de lo distinto. Evite espacios de sombra sonora. Provoque su suerte.

• Abrir de par en par las puertas de la sensibilidad y la memoria.

NOTA: Se recomiendan como los mejores puntos de escucha el Viaducto, la Plaza de Puerta Cerrada, la Plaza de la Villa y la Plaza de los Carros.

Universia
Universia (26-09-2007)
  • MADRID: Campanas, campaneros y toques
  • Conciertos de campanas: Bibliografía

     

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