ROMERO, Marco - León vuelve a dar la matraca

Regresan las tinieblas

León vuelve a dar la matraca

Una vieja fotografía ha permitido hacer una réplica del instrumento que convocaba la liturgia desde la torre de la Catedral, cuando estaba prohibido tocar las campanas en Semana Santa

El estruendo atravesaba los muros del seminario. Pero de eso hace más de 40 años. Desde entonces, la vieja matraca del campanario de la Catedral no ha vuelto a sonar. El rito ancestral de convocar la liturgia de Semana Santa con este primitivo instrumento terminó cuando el Concilio del Vaticano II dejó de prohibir el uso de las campanas para que los feligreses acudieran a los oficios de la Pasión. Con esta reforma se enterró una tradición probablemente heredada de la cultura árabe, puesto que matraca viene del concepto arábigo mitraqa , que significa martillo.

El desuso de esta práctica llevó al exilio a la mayor parte de las piezas colocadas en las torres y espadañas de muchas iglesias. La de la Catedral, por falta de espacio en el propio templo, fue llevada a un depósito de San Isidoro, donde ha permanecido oculta durante decenios.

Hoy, la casualidad ha devuelto vida a una pieza que, aunque de escaso valor económico, tiene una extraordinaria carga etnográfica. Los restos de la vieja matraca catedralicia -ninguno de los expertos en patrimonio diocesano conocen el origen del instrumento- y una antigua fotografía han permitido a los alumnos de los talleres de carpintería y de forja del Centro de los Oficios de León realizar una réplica exacta que ha sido cedida al Museo Etnográfico de León, cuya futura sede se ubicará en Mansilla de las Mulas.

Pino, iroco e imaginación

Agustín Castellanos, profesor de Historia del Arte y coordinador de los trabajos, explicó que la matraca ha sido construida en madera de pino y de iroco, con una envergadura de dos metros de ancho. Una vez que ha sido concluida y que los responsables de la Catedral han rechazado su colocación en el templo, los responsables de la escuela ofrecen la pieza para que cualquier cofradía que esté dispuesta pueda utilizarla temporalmente en la presente Semana Santa. Porque son pocos los que recuerdan el escandaloso sonido de los mazos golpeando las palas de madera. Y porque son aún menos los conocen la tradición perdida que se vive durante el inquietante ritual católico de las Tinieblas. Los responsorios se dividen en tres días, que corresponden al Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo, días conocidos en como T riduum Sacrum . Las composiciones destinadas para estas fechas se cantaban en los primeros albores del día, cuando aún la oscuridad invadía las naves grandes de las catedrales y de las iglesias. Al acabar el ritual, dependiendo de las zonas, se apagaban las luces y los vecinos jaleaban los bancos y utilizaban las matracas y carracas para evocar la muerte de Jesucristo.

«La oíamos desde el interior del seminario y recuerdo que se tocaba antes del cambio litúrgico solamente durante la Semana Santa, cuando se sustituía este sonido por el de las campanas», relata Máximo Gómez Rascón, delegado diocesano de Patrimonio. Felipe Fernández Ramos, deán de la Pulchra y presidente del Cabildo, explica que no escucha el sonido de la matraca «desde que era joven» y calcula que, al menos, han pasado cuatro decenios desde que se utilizó por última vez en la torre norte de la Catedral. «Se fue deteriorando y dejó de hacer ruido, por lo que se decidió retirarla», añade.

Hoy, sólo la Cofradía del Desenclavo ha logrado retomar la representación de las Tinieblas, acto que conmemoran el día de Jueves Santo en la iglesia de Santa Marina.

ROMERO, Marco
Diario de León (30/03/2007)
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  • Matracas: Bibliografía

     

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