FERNÁNDEZ SALINAS, Fernando - El secreto mejor guardado

El secreto mejor guardado

D. Antonio Alcolea Callén nació el 9 de diciembre de 1948 en La Puebla de Alfindén (Zaragoza).
Tocar las campanas en aquella época era una de las actividades mas frecuentes de la gente menuda.

- ¿Quién te enseñó a tocar?
Me Enseñó a tocar D. Bienvenido Salazar cuando fui monaguillo.

- ¿Por qué?
Me gustaba tocar, ten en cuenta que entonces en La Puebla no había nada, solo una televisión en todo el pueblo. De monaguillo solo repicaba, pero cuando era mas mayorcico ya tenía fuerzas para dar la vuelta entera a la campana.

- ¿Algún toque propio?
El Sr. Salazar no nos dejaba improvisar, nadie podía inventar un toque, ya me hubiera gustado a mi. Si el repique lo hacíamos mal la bronca era gorda, tenía el genio fuerte. Al campanario no subía cualquiera.

- ¿Cuánta gente es necesaria para tocar?
De monaguillo, que yo sepa, nadie podía tocar las tres campanas “a todo bando” y de mayor bien tampoco, ten en cuenta que con una persona sola se perdían toques al atender una y desatender las otras. Para hacerlo bien era necesario una persona por cada campana.

- ¿Cobrabais por tocar?
No cobrábamos por tocar pero si que bebíamos el vino del tío Meseguer que estaba muy bueno. Todo se bendecía con agua menos este vino, nos poníamos muy contentos. En ocasiones nos daban propinas.

Técnica de algunos toques

En el “repique”, tanto de misa como de difuntos, nos apoyábamos con la espalda a un poste de madera viejo que había en el centro del campanario. Frente a las campanas que dan al sur, con una cuerda atada al badajo de la Valera hasta mi mano derecha, del badajo de la Mediana a mi mano izquierda y desde el badajo del Cimbalico atado a la base del poste le hacíamos sonar con el pie. Los badajos estaban muy cerca del bronce, casi pegado para evitarnos trabajo, sin hacer ruidos para no levantar sospechas, empezábamos a repicar y la gente se preguntaba: ¿Cómo es posible que les suenen tan bien a estos chicos?. Algunas personas subían a probar y era un desastre pues el badajo rebotaba alrededor de la campana.
Entre los monaguillos, nuestro mejor secreto fue no revelar esta técnica, con poco esfuerzo repicábamos como queríamos.
La posición habitual para tocar los repiques era de pie, pero cuando me daba, cosas de chicos, también lo hacía sentado o tumbado, me salía bien la posición que adoptara.
Para hacer el “medio bando”, cogía a la campana por la boca y después empujaba de ella o del yugo con las manos. A veces, en vez de coger por la boca, directamente empujaba con el pie.

- Cuéntame alguna anécdota
Entre los monaguillos había uno muy travieso que abrazaba a la Valera como si fuera su madre, con la campana en movimiento haciendo el medio bando, daba un salto cogiendo con los brazos al yugo y con las piernas a la campana, lanzándose al vacío llegándose a poner casi boca abajo. Hacía falta mucho valor. A los demás nos daba mucho miedo, no nos atrevíamos ninguno. No digo el nombre porque no quiere que se entere nadie. Por supuesto que lo hacía a espaldas del Sr. Salazar.

Hace unos años, para Santa Águeda, vino un cliente de Zaragoza a mi taller a primera hora de la tarde. Pasadas las 17:00 h. le mande al estanco y entonces ocurrió que cuando estaba cerca de la iglesia, vio que caía delante de su coche, apenas unos metros, un badajo de la torre teniendo que frenar bruscamente. El pobre vino impresionado.

La Valera antes de la restauración de la Torre, el yugo era de madera con pretinas y tornillos, después pasó a ser de hierro.

FERNÁNDEZ, Fernando
FERNÁNDEZ, Fernando (Agosto de 2006)
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