RUBIO MILLÁN, César - Santa Cinta

Santa Cinta

Este hecho prodigioso ocurrió en el pueblo de Villar de Cañas de la provincia de Cuenca el día 14 de enero del año 1635, cuando era llevada la santa Cinta a Madrid para el embarazo de la Reina, y al pasar la Reliquia frente a la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza que allí se venera se puso a tocar la campana por sí sola largo rato.

De ello hay expediente en el Archivo Capitular de Tortosa, que fue instruido por la curia episcopal de Cuenca.

Sobre este hecho el canónigo doctor O'Callaghan, en sus Anales de Tortosa, tomo I, Tortosa 1886, página 205, dice textualmente: «Este hecho prodigioso justificado en un expediente instruido en la curia episcopal de Cuenca, y que por lo mismo es una de las mayores pruebas que acreditan la autenticidad de la Santa Cinta, exige que tratemos de él con alguna extensión.

En el mes de enero del año 1635, con motivo del embarazo de S.M. la Reina, se dirigía a Madrid con la Santa Cinta, don Juan Bta. Ferrer, natural de esta ciudad y canónigo Penitenciario de la misma. El viaje se hacía entonces pasando por la provincia de Cuenca, porque este camino era el más recto.

El día 13 de dicho mes, al anochecer, el canónigo comisionado y el sacerdote que le acompañaba llegaron a Villar de Cañas, población de la diócesis de Cuenca, que actualmente tiene unos 1.400 habitantes, hospedándose en casa de un honrado vecino, llamado Domingo Gil.

Tan pronto como se divulgó la noticia de haber llegado la Santa Cinta, acudieron a la casa muchas personas, y se cantaron allí dos Salves; luego los vecinos tocaron a la arquilla donde estaba la Santa Cinta, algunos rosarios y objetos de devoción; al día siguiente partieron los comisionados para Madrid.

Hay en Villar de Cañas una ermita dedicada a nuestra Sra. de la Cabeza, muy próxima a la población, cerca del camino real que va de Valencia a Madrid. En esta ermita, pues, ocurrió el milagro que vamos a referir. Según consta en el indicado expediente, que se instruyó en el mes de abril de dicho año 1635, el día en que la Santa Cinta salió de aquella villa, tocó por sí sola dos veces un buen rato la campana de la ermita; milagro que atribuyeron todos a la sagrada Reliquia.

El hecho fue público y en pleno día; la ermita estaba cerrada; y como dista tan poco de la población, al oír algunos vecinos la campana a una hora no acostumbrada, corrieron hacia la ermita, y viendo que su única puerta estaba cerrada con un candado, según costumbre, la abrieron y nadie había dentro que pudiese tocar la campana.

Recibidas las primeras declaraciones en virtud de la comisión que el Obispo de Cuenca, don Enrique Pimentel, dio al cura de Villar de Cañas, Licdo. don Marco Antonio Villamayor y Monterde, manifestó éste en su informe que los testigos que habían declarado eran personas de las más principales de aquella villa, estando seguro que habían dicho la verdad; añadiendo él por su parte, que este hecho era público y notorio en dicha población.

A pesar de lo que ya resultaba de estas declaraciones, la curia episcopal de Cuenca procediendo con la discreción que exigía un asunto tan grave, en 8 de agosto del mismo año acordó recibir nuevos testigos, y que se aclarasen algunos puntos que necesitaban más explicación. Practicado esto, se confirmó que cuando tocó la campana nadie había dentro de la ermita; que allí no había casa, ni habitaba persona alguna; que dicha ermita estaba cerrada con candado; y que la persona que cuidaba de la misma no dejó de su poder la llave.

También declararon los testigos que no había tapia, ni ventana, por donde se pudiese entrar; que, enseguida que tocó la campana, varias personas junto con la que tenía la llave, corrieron hacia la ermita, la abrieron y registrándola muy detenidamente, no vieron a nadie siendo de advertir que la iglesia es de una sola nave, sin sacristía ni otra dependencia.

Los testigos se ratificaron en sus declaraciones, concluyendo, que estaban persuadidos de que el hecho había sido milagroso; y lo mismo declaró el cura en su informe.

El Obispo de Cuenca con auto de 31 de octubre de dicho año aprobó estas diligencias, de las cuales existe una copia autorizada en el archivo de esta catedral.

Como un recuerdo de dicho acontecimiento, en la fiesta de Nuestra Señora de la Cabeza, que se celebra cada año en Villar de Cañas, el predicador tiene obligación de referir el milagro. y cuando se pasa por aquella población al llevar la Santa Cinta a Madrid, el canónigo comisionado debía enseñarla a los vecinos para que la adorasen. Asimismo en la novena a Santa María de la Cabeza que se venera en Villar de Cañas, compuesta en el año 1811 por un devoto y reformada en 1898 por el presbítero doctor don Juan V. Benita Olivares, figuran los gozos que allí se cantan.

César RUBIO MILLÁN
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