MARCO, Mariano - Toques de campanas de Labros

Toques de campanas de Labros

En Labros cada toque de campana se iniciaba con tres toques sueltos de aviso, que se repetían tres veces consecutivas. Las que ahora escuchamos abajo en la ermita antes resonaban arriba en la torre y cada una se llama de una manera porque la Iglesia las bautiza poniéndoles nombres y rociándolas con un hisopo de agua bendita y signándolas con los santos óleos.

La campana pequeña de Labros se llama La voz de ángel, con la advocación del patrón de la parroquia, Santiago, y la inscripción "ésta es la voz de ángel que en alto suena. Ave María gratia plena". Queda bautizada en 1772. Y era la que más veces repicaba. Todos recordamos que en los toques de diario sonaba a medio bandeo, y también en las llamadas a la oración. La campana grande Labros, Santa Bárbara, también fue fundida en 1772, se bautizó en 1813 y lleva la leyenda "Jesús, María y José y Santa Bárbara, rogad por nosotros". Con su sonido de bajo penetrante, se escuchaba en menos ocasiones, podríamos decir que en contadas ocasiones, principalmente en la prevención de tormentas, por eso de Santa Bárbara.

De los tañidos no litúrgicos el más popular fue ése, que además se acompañaba con unos versos que se cantaban o se gritaban como si fueran una oración para espantar el granizo:

"Tenterenulo que viene nulo
por el cerro de la Mesa,
con los ángeles de San Juan;
que sea de agua y no de piedra,
por el bien y por el pan".
Otra versión decía:
"Tenterenublo que viene nublo,
por los cielos de Aragón;
si es con agua, que nos llueva;
y si no, vaya con Dios".
Y también:
"Tan taran tin tantarantán,
unos vienen y otros van,
las mañanas de San Juan…".

Este toque de campanas para espantar las nubes se repicaba en la época de tronadas, que era de San Juan a San Pedro, y resonaba como una canción de corro.

Para avisar de un incendio se tocaba a rebato. Y en las noches crudas y oscuras se tañían cada rato para atraer al caminante, y así orientarle hacia un lugar habitado donde cobijarse. Otro toque fue el de perdidos: llamaba para reunir a los del pueblo y desperdigarlos en búsqueda de la persona desaparecida.

Los toques diarios eran varios: Al alba o de oración al amanecer; el ángelus a las doce; y las oraciones al anochecer. Como el horario no estaba adelantado, sino que seguía la hora solar, el ángelus coincidía con el mediodía o "a comer", que decíamos los niños. Quizá fuera reminiscencia de las horas de oración de los monjes y del breviario de los curas, maitines, sexta y vísperas. Este toque del centro del día tenía su martingala, porque en el tiempo pascual se comenzaba con un pequeño repique de gloria.

Otros litúrgicos

Además, las campanas señalaban otros toques litúrgicos:


Además de las campanas existía un campanillo que avisaba cuando el sacerdote comenzaba la celebración, fuese misa, boda, bautizo o entierro. También se recorrían las calles del pueblo con un campanillo manual para avisar de una misa por los familiares difuntos. Y la campanilla, que indicaba las distintas partes de la misa, acompañaba al sacerdote en la visita a los enfermos, o abría camino a la cruz en procesiones y en entierros.

Pero ahora quedémonos escuchando a la Santa Bárbara que en los repiques de gloria era el contrapunto de La voz del ángel, la pequeña, que cantaba más sonora, con más despunte, más alegre. Y cuando las bandeaban juntas, compaginaban su alegría, dejando que soltaran a su aire el chorro del tantarantán con el tontorontón, contagiando a la multitud que con los santos al hombro paseaban en procesión por las calles de Labros.

Las campanas hablan


Campanas, campanillos y campanillas se fundían casi siempre en bronce, esa aleación de cobre y estaño a la que desde tiempos remotos se le creía con capacidad de locuacidad, de hablar de muchas maneras. En el siglo XII se decía que "es el único elemento inanimado dotado de voz". Quinientos años antes de Cristo, los discípulos de Pitágoras afirmaban que "el bronce resuena con todo el espíritu divino". Y Aristóteles (300 a. de C.) escribe "la resonancia producida al dar un golpe al bronce es la voz de uno de los diosecillos que están encerrados en él…".

Siempre ha rodeado un algo misterioso a esa pieza hueca de metal, como un tronco de cono, abierta por la base más ancha, en la cual se producen vibraciones resonantes cuando la golpea otra pieza metálica, interior -el badajo-, o exterior -la maza-, a la que llamamos campana. Guardan un gran poder de convocatoria y de aviso, unas veces para ahuyentar tormentas, otras para dejar silencios de oración en los entierros; cada día para despertar de buena hora o marcar el mediodía cuando el rayo de sol empezaba a reflejarse en el borde de la campana. O, en ocasiones, para hacernos pensar en un mundo que el tañido ayuda a sugerirnos. Es el anuncio, y también la advertencia, de que ese sonido característico pertenece muchas veces al ámbito donde cabe el pecado y el misterio de la salvación, donde el hombre siente que se relaciona con Dios, o al menos con el más allá. Otras veces, más acá, la literatura, el cine, la pintura, la música.. han tenido a las campanas como protagonistas para acompañar las horas gozosas de muchos mortales.

MARCO, Mariano
Periódico de la Asociación Amigos de Labros Num. 21 (Verano 2002)
  • TARTANEDO: Campanas, campaneros y toques
  • Literatura oral sobre campanas: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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