Val de Ollo - La iglesia de Val de Ollo

La iglesia de Val de Ollo

La iglesia siempre ha estado muy presente en la vida del pueblo. El templo servía de punto de encuentro entre la gente del pueblo que no se veía entre semana. En tiempos más remotos, según Barandiarán, se harían las batzarreak o Juntas municipales en algún robledal o junto a algún dolmen; pero desde la llegada del Cristianismo se trasladaron a los pórticos de las iglesias. Hoy en día todavía perdura la costumbre en algunos pueblos, de reunirse los hombres en el atrio en tranquila tertulia, antes de oír misa.

Pero los atrios han servido de cementerio, por eso en euskera se les denominan zimiterio, e incluso desempeñaban una función social, ya que allí se reunían los vecinos antes y después de la misa, en funerales, bautizos y bodas. Además servían de refugio en zonas como ésta donde llueve tanto, para los niños también era su lugar preferido de juego.

En la vida de los pueblos también han tenido gran importancia las campanas, no hay que olvidar que el reloj ha sido un ingenio no muy corriente en algunas casas. Las campanas marcaban el inicio de la jornada de trabajo y su final, así como el remate de cualquier fiesta.

Se tocaban al amanecer, al pueblo le era familiar el toque matutino de "el alba", y a las doce del mediodía "el angelus", al oír estas campanadas en el campo, se detenían las labores y se rezaba un angelus. A la tarde se tocaba "la oración", que era la hora señalada para retirarse a casa, finalmente, hacia las diez de la noche se tocaba la "queda". Los domingos y días de fiesta se anunciaba la misa con un repique especial. Las campanas también servían para anunciar las calamidades, incendios, guerras y la muerte de algún vecino. Para los incendios se tocaba "a arrebato" reclamando la solidaridad del vecino, se tañía lo más fuerte posible. Es triste el lento tañir de las campanas que anuncian la muerte y todavía se tocan en los pueblos; en tiempos de nuestros padres, además, era muy común oír el toque de "gloria" propio de la muerte de un niño.

Este trabajo era de tal importancia que en todos los pueblos se nombraba un campanero o campanera de oficio, encargado de tañir las campanas en cada ocasión. Generalmente eran mujeres solteras o viudas llamadas seroras las encargadas de estos servicios a la iglesia,. junto con la limpieza de la misma. Este ha sido un oficio típico en Euskal Herria, que con alguna variación ha llegado hasta nuestros días, y parece ser un residuo de las Diaconisas del primer siglo de la iglesia. Su ministerio era cuidar de la decencia y limpieza de la iglesia, de las lámparas, y de guiar el duelo de la casa del difunto a la iglesia, entre otros.

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Val de Ollo
Val de Ollo (2006)
  • VAL DE OLLO: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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