LLOP i BAYO, Francesc - La torre del Orejón: la identidad de un pueblo

La torre del Orejón: la identidad de un pueblo

Durante siglos, en Europa, hubo dos grandes poderes, políticos y económicos, que trataban de ordenar el mundo a su manera. Por simplificar podrías llamarlos la Iglesia y el Estado, o el poder religioso y el poder civil.
Esta forma de dominio iba asociada, también, al control del espacio y del tiempo: solamente podían construir hacia arriba los más poderosos, y éstos también tenían las llaves (nunca mejor dicho) del tiempo comunitario.
Así se desarrollaron, en el centro de Europa, unos edificios que rivalizaban en altura y en sonoridad, para albergar los relojes monumentales, que eran en aquellos momentos, junto con las campanas, la única manera de organizar el tiempo común. El desarrollo de estos edificios civiles, generalmente municipales, propició también la evolución de las campanas: desde un grupo que hace señales sonoras para llamar a ciertos actos, hasta un conjunto más organizado y afinado de campanas que pueden tocar cualquier grupo de melodías.
Pensemos en el ejemplo de Brugge (o Brujas) en Bélgica, cuya torre municipal es más alta que el campanario de la Catedral, y alberga muchas más campanas. En esta torre, ubicada sobre el propio Ayuntamiento, hay un carillón de 36 campanas, dotado de una enorme maquinaria de reloj, que siguen funcionando, y que toca cada cuarto de hora una breve melodía automática. También hay un funcionario municipal, el carillonista, que todos los días hace un breve concierto a mediodía, y los sábados, día de mercado y durante el mismo, uno mucho más largo, que sirve de acompañamiento musical a las compras por la calle. Como esta torre hay docenas, si no cientos, en todos los Países Bajos, Bélgica y el Norte de Francia.
En nuestras tierras, sin embargo, se llegó a una situación diferente. Así, en la ciudad de València, cuando compraron en 1374 el primer reloj mecánico de la península (el llamado "reloj viejo” cuya calle aún existe) se dieron cuenta que el ayuntamiento carecía de torre elevada, mientras que la Catedral estaba construyendo la suya. Y así, a principios de 1400 llegaron a una “Concordia” (hermosa palabra) que organizaba un mismo edificio para dos fines diferentes y bien separados. En la parte superior estaban las campanas fijas del reloj, dedicadas exclusivamente a dicho fin, mientras que por debajo estaban las campanas litúrgicas, que también organizaban ciertas actividades sociales y comerciales de la ciudad. En consecuencia la torre del Micalet, aunque tenía una sola escalera, era (y es) accesible por dos puertas diferentes, una para el Ayuntamiento y otra para la Catedral, de manera que ambas confluyen a un patio descubierto frente a la única escalera de acceso. Lo del patio descubierto tiene su importancia, porque así ninguno de los dos tenía privilegios a la hora de acceder al campanario.
Este modelo de concordia se extiende por prácticamente toda la península, aunque no faltan las variaciones, algunas muy interesantes. Sin irnos de la Comunitat Valenciana, en la práctica totalidad de las poblaciones del norte, en la llamada provincia de Castelló, la titularidad, o sea la propiedad de las torres es municipal, y es el cura el que pide permiso al alcalde para tocar las campanas. Sin embargo en el centro y en el sur se da mucho más el modelo de concordia que ya hemos dicho.
No obstante, hacia el sur de la actual comunidad, se da un ejemplo que se parece en parte al modelo belga: se trata de la construcción de campanarios independientes, por parte del ayuntamiento, para colocar el reloj y sus campanas, de manera que el tiempo, que siempre ha sido organizado por el municipio, se ubique no solo en una zona particular de la torre, sino en un edificio propio. Y, además, algunos de estos edificios, estaban dotados de un “tardón”, que es una palabra técnica que indica “autómata que toca las horas o los cuartos, y que mueve alguna parte de su cuerpo a cada toque”
Un buen ejemplo, aún vivo, es la torre municipal de Elx, donde los personajes apodados popularmente como Calendura y Calendureta tocan las horas y los cuartos, respectivamente, en unas hermosas campanas góticas. Otro tardón conocido era la mona de Caudete, de la que sólo queda el recuerdo, y el Orejón de Villena.

El Orejón

El Orejón significaba, sobre todo, la independencia municipal, el derecho que tenía, y que aún tiene el ayuntamiento, de organizar el tiempo de sus vecinos. Es evidente que hoy tenemos todos uno o varios relojes, y que nos movemos, sin duda, de otros modos. Pero ese antiguo derecho debe ser recuperado y mantenido.
Hemos estudiado los dos principales conjuntos de campanas de Villena, Santiago y Santa María, y hemos apuntado, en otros lugares, y también en Internet, que el antiguo Marquesado de Villena, que ahora se extiende por diversas comunidades autónomas, tenía una forma peculiar de tocar las campanas, dejándolas siempre fijas, y pulsando a menudo las cuerdas desde el pie de la torre, creando así unos toques solemnes y lentos.
Pero no nos hemos detenido en el fenómeno tan poco usual de los relojes de la ciudad, o al menos de los relojes históricos. Si que criticamos la aberración de la grabación electromagnética que imita sonidos de campanas en Santiago, y que debiera ser sustituida por un carillón, si es que queremos que suenen auténticas melodías.
Pero ahora queremos reflexionar sobre los dos relojes del Orejón (el tiempo municipal) y Santiago (el tiempo eclesial). Aunque debemos investigar más a fondo, el caso de Villena es peculiar, ya que desde el Ayuntamiento se utilizan dos campanas propias, ubicadas en una torre propia, para tocar exclusivamente el paso del tiempo, mientras que en Santiago, probablemente para tratar de ganar la batalla del tiempo, en un caso muy poco usual, dotan a las campanas litúrgicas, y sobre todo a la gran María, la segunda campana de tamaño de toda la Comunitat Valenciana, de un mazo exterior para tocar, aparte de las señales propias de la iglesia, las horas de su reloj.
Al final, en esta batalla por el poder de control del tiempo, la Iglesia ganó, por partida doble: el reloj de Santiago siguió sonando, mientras que el Orejón, con falsas excusas, fue desmontado y sus campanas, magníficas, sonoras y muy antiguas, pasaron a la otra parroquia rival, a Santa María. El fenómeno fue usual en el último tercio del siglo XIX: ayuntamientos que habían perdido su dignidad y su reconocimiento como instituciones antiguas y civiles, cedieron sus derechos, ante el Estado, la Iglesia, o las presiones civiles, despreciando parte importante de su historia. Y así pasó en Zaragoza, que con la excusa que la Torre Nueva se caía, bajaron las dos campanas de cuartos y de horas, y las pasaron al Pilar, la otra Catedral de Zaragoza, de manera que el tiempo ya era organizado por dos relojes catedralicios. El caso es tan similar al de Villena, que parece sacado del mismo manual.

La necesidad de un nuevo Orejón

Como hemos apuntado, hoy no se necesita reloj público para nada, pero si nos ponemos así, nada vale, y podemos dejarlo perder todo. Por el contrario, aunque no se necesite reloj, el reconstruirlo, el utilizar las campanas históricas y el dotarlo de un autómata (que saque la cabeza, y mueva la lengua y las orejas) puede convertirse, de nuevo, no solo en un graciosos signo de identidad, sino y sobre todo en un derecho cívico recuperado.
No se trata de ir contra nadie, sino de recuperar lo que durante siglos ha sido nuestro. Si se pueden utilizar las campanas originales, tanto mejor: ha sido la misma música que al menos durante los últimos cuatro siglos y medio ha organizado la vida ciudadana. Si se decide dejarlas en Santa María y hacer otras de nuestro tiempo, incluso con un carillón, mejor todavía: sería recuperar la dignidad sonora y actual de un instrumento de música cívico y civil, común y comunitario. Pero sobre todo, el conjunto, con un gracioso Orejón, debe seguir regulando la vida cotidiana de Villena, como así ha sido durante siglos.

LLOP i BAYO, Francesc
Generalitat Valenciana (2006)
  • VILLENA: Campanas, campaneros y toques
  • Relojes: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

  • Volver a la página anterior
  • Menu inicial CAMPANERS DE LA CATEDRAL DE VALÈNCIA
    Campaners de la Catedral de València
    Buscar campana, campanario, población, fundidor, año fundición, epigrafía, autor, artículo
    © Generalitat Valenciana (2006)
    © Campaners de la Catedral de València (2017)
    campaners@hotmail.com
    : 19-11-2017
    Convertir a PDF