LLOP i BAYO, Francesc - Los toques de campanas de Caspe

Los toques de campanas de Caspe

Caspe - (Bajo Aragón)

El 14 de septiembre de 1983 estuvimos en Caspe para recoger los toques de campanas tradicionales, que plantean numerosos problemas por su simplicidad, aunque ello parezca paradójico: tras un primer contacto, los toques recogidos nos chocaron por su sencillez en cuanto a la forma. Sin embargo, tras un posterior análisis, estos toques tan sencillos parecían disponer de todos o al menos de numerosos elementos de los tradicionales. Otro problema que plantearon, que no podemos resolver todavía, es su relación con aquellos históricos desaparecidos, de los cuales conocemos unos documentos escritos poco usuales.

Es preciso agradecer a VICTOR BONDIA, que fué sacristán y campanero, y que nos guió con sus palabras y sus toques así como a MIGUEL CABALLU, del Grupo Cultural Caspolino, por su generosa colaboración material, tan necesaria para realizar el trabajo de campo. Queremos agradecer, de un modo muy especial, a ALBERTO SERRANO, que nos acompañó y nos dió su palabra y su amistad, bienes tan escasos, y que ayudan tanto en la necesaria soledad de la investigación. Por último, pero no el último, queremos reconocer la colaboración de JOSÉ MARIA ANDREU PIQUER, cura párroco de Caspe, cuyo texto mecanografiado de autorización para el campanero, de fecha 12 de setiembre de 1983, decía, entre otras cosas, lo siguiente:

AUTORIZO:a Dn. VICTOR BONDIA MUSTIELES, domiciliado en Caspe, para que pueda realizar los tradicionales toques de campanas de la Iglesia Parroquial, con el fin que sean conservados dichos toques y para que al realizarlos y escucharlos los habitantes de la población de Caspe, sepan que se refiere a tal efecto, únicamente.

Y para que conste y a efeectos de conservar una de las tradiciones eclesiales y no sea obstáculo ninguno dichos toques que no tienen otra finalidad mas que conservar dicha tradición.

Localizamos a VICTOR BONDIA por una llamada que realizamos, al principio de nuestra investigación, a través de algunos medios informativos aragoneses, como la revista "Rolde", "Entabán" o "Andalán". Esa petición llegó a manos de ALBERTO SERRANO, que la difundió a través de las ondas de Radiocadena Española en Caspe. Casi inmediatamente se le presentó nuestro locuaz informante.

El señor BONDIA estaba a finales de los setenta de baja laboral, por un accidente de trabajo sufrido,

En otros tiempos hubo sacristán y campanero:

Sí, aquí antiguamente había campanero. Antes de la guerra había campanero y sacristán, que eran dos plazas distintas las que tenían.

En los años sesenta el sacristán se encargaba, aparte de todas las obligaciones de su cargo, como mantener y conservar la iglesia, de preparar los ornamentos y de hacerlos lavar, de tocar las campanas:

Tenía que intervenir, por ejemplo, en que a las horas de las misas los párrocos, o sea el párroco o el sacerdote tuviera los ornamentos preparados, arreglaos, el altar arreglao. Éso era diariamente todo el año, pero luego, la época cuando empezaba de metá de otoño en adelante que ya empezaba a refrescar, esta serie de cosas, pues había que encender la calefacción... y durante todo el invierno pues alimentarla y limpiarla y toda esta serie de cosas, así que ésto a mí me llevaba muchas horas de parte de mañana, de parte de tarde y todas esta clase de cosas y luego también me hacía cargo que mi mujer venía y me ayudaba en hacer la limpieza de toda la iglesia, si no todos los días, por lo menos dos veces a la semana; se tenía que limpiar, quitar todos los bancos, volverlos a organizar, todo ésto, y a atender a los toques de campanas, y... en fin, y... toda esta serie de cosas... y yo, sacristán, pues he preocupao pues de ésto, de atender a los sacerdotes, tener los ornamentos preparaos, llevar la ropa.

Existen tres campanas en la torre de Santa María:

Ahora en la torre tenemos tres campanas, más las matracas... La campana pequeña, que se llama cimbalín, que es la que se bandea... [Otra, que] simplemente nosotros le hemos llamao siempre la campana de misa... y luego tenemos la otra, que es la que está arriba del todo, que está... justo en la cúpula de los hierros, en la cúpula; ésa es la grande, que se usa junto con la de misa para la... los difuntos... La grande, que es la que suena menos pero abarca mucho más terreno por la vibración tan enorme que tiene...

El sacristán-campanero interpretaba unos pocos toques, muy sencillos, que estaban, sin embargo, cargados de connotaciones. Los días normales se tocaba con la campana de misa:

Antes de empezar, por ejemplo, la misa, digamos a las nueve, pues bueno, a las ocho y cuarto se hacía el primer toque, tocaba veinte o treinta campanadas y parabas, digamos pues un segundo o dos segundos y en ese tiempo, entonces, hacías "tan...". Ésto ya indicaba al pueblo, ya comprendía que se había hecho el primer toque. Luego, a las ocho y media, hacías el segundo toque, otro toque igual, que ya era el segundo y ya entonces, empezaba un solo golpe. Al terminar, en el intervalo también del mismo de eso, pues daban dos toques: "tan..." y al ratico, otro. El pueblo hacía "el segundo toque". Y, a la hora de empezar, que el sacerdote ya iba a salir, digamos de la sacristía al altar, para celebrar la misa, entonces ya se tocaba el tercero, dando tres golpes pa finalizar y dar a entender al pueblo que era el tercer toque.

Y por la tarde... la misma rutina.

Los domingos se realizaban los toques del mismo modo, aunque más veces, al celebrarse más misas, por la mañana y por la tarde:

Así que los domingos teníamos de cuatro a cinco misas.

Los días de fiesta tañían tres campanas, todas las campanas de la torre, según el sacristán-campanero, tocando las dos mayores a gran velocidad, y bandeando la pequeña; a ese toque le llamaban el repique, y lo realizaban, como todos los otros, desde la iglesia:

Se hace el repique de campanas que ahí ya entran todas, son tres. Que se bandea sólo es una, que es el cimbalín y las otras simplemente el golpe... Se puede hacer con dos [campaneros]; con tres mejor, pero con dos, se puede hacer, porque el que no bandea puede coger dos campanas y dándoles "tan, tan, tan, tan". Ahora, el que no bandea no, porque tienes que primeramente darle la ésto que de la vuelta la campana, y una vez que ha dao la primera o la segunda vuelta ya cogerle el aire y que no te se pare ya, que vaya bandeando, dando vueltas, dando vueltas, que ésto hay que cogerle el tino y estar uno ya digamos a corriente porque algunos les parece fácil el bandear... por que el bandear es muy difícil porque a veces te crees que va a dar la vuelta y te se queda la campana boca arriba o boca abajo y entonces te se encalla y hasta que la vuelves a hacer mover pues te cuesta un poco y más ahora que las cuerdas no están en condiciones como estaban cuando yo las manejaba.

Los toques de difuntos se hacían con las dos campanas mayores:

La de misa y la otra. Por ejemplo, con la de misa, la ordinaria, pues ya depende, cuatro o cinco toques en intervalo de fracciones de segundos, parar un momento y luego haces "tan", un solo golpe, luego vuelves otra vez, tres o cuatro golpes con la otra y uno con la grande, que es la que suena menos pero abarca mucho más terreno por la vibración tan enorme que tiene.

Pues entonces, cuando había muerto, digamos... pues bien, el muerto supongamos que se va a buscar a las cinco de la tarde, ¿verdad? Pues bueno, yo, a las cuatro y cuarto tocaba con la campana ordinaria digamos tres o cuatro golpes o cinco seguidos y paraba y luego cogía la gorda de arriba y hacía "¡tom!", un golpe seco, continuaba hasta un promedio de decir... de... digo... decir de... ya... dar lugar... tener lugar a dar de cinco a seis golpes secos de la otra. Si ésto, a las cuatro y cuarto, por ejemplo, a las cuatro y media pues se daba el segundo... igual también, y a las cinco se daba ya el tercero, y ya los familiares del difunto... y toda la concurrencia que de acompañamiento al difunto dice: "Pues bueno, ya es el tercero, ya sale el cura de la iglesia."

El cura iba a casa del difunto a buscarlo, llegaba allí y le hacía el responso ritual que había allí por costumbre, que ahora se ha alcorzao algo, que antes era... era un poco más largo con algunas cosas más, como por ejemplo se le llevaba el guisopo... con la agua bendita y esta serie de cosas y luego el sacristán pues tenía la misión de preparar aquí... hachas, para poner las hachas, la mesa para poner la caja del difunto y esta serie de cosas y luego las puertas abiertas según la época que te encontrabas, porque si era en verano pues sí las abría pronto pero si era invierno, como era... había calefacción, para no se marchara estabas al tanto y no las abrías más que en el momento propio de que veías que llegaba el... ésto... ahora, no echar, digamos, el carbón por la ventana... y a la que veías amanecer ya el difunto por algún sitio, entonces tocabas ya otro toque igual, hasta que la caja entraba dentro de la iglesia, en cuanto el difunto estaba ya dentro de la iglesia, ya se terminaba de tocar.

Se tocaba igual para hombres y mujeres difuntos, y no había distinción de clase. Nuestro informante creía recordar que para niños muertos había un toque distinto:

No, en niño, para niño, entonces si no era... había hecho la primera comunión, entonces si mal no recuerdo, pero ésto no lo he llegao a conocer... y me creo que solamente se tocaba con el cimbalín, sin bandear, sin llegar a bandear... desde abajo también.

Había un toque muy especial, aunque muy sencillo de forma, que anunciaba el peligro de tormenta; el toque de descubrir:

Y yo estaba a lo mejor en el campo a un kilómetro o dos kilómetros de aquí pero vamos, como era el verano, la época del verano, y yo veía a lo mejor una nube que parecía que amenazaba tormenta y esta serie de cosas y como la tradición era descubrir aquí, sacar, pues sacar la Veracruz, anunciar la Veracruz, porque había mucha fe en eso, que por desgracia se ha perdido, pues bueno, yo, en cuanto estaba en el campo y veía una nube que veía que no me gustaba y tal y cual me venía corriendo al pueblo... Y entonces yo, cuando ocurría un caso de éstos, ya cogía el teléfono... y avisaba al párroco o a algún sacerdote...: "Que deje lo que tenga entre manos y que suba automáticamente", digo, "porque hoy voy a echar a tocar y hay que descubrir". Claro, yo la Veracruz podía sacarla y prepararla pero no hacer, sino que eso era cuestión de un sacerdote, y ya subía y se hacía el descubrimiento este.

El toque de descubrir era muy sencillo:

Sí, el de descubrir pues simplemente se tocaba con la campana de misa, la campana que llamamos de misa ordinariamente, cada repique podías tocar un poquitín más deprisa, por ejemplo... un poco más deprisa, porque la gente hacía: "!Coño! Ya tocan a descubrir, ésto no es a misa!". Y no se daba esos golpes digamos para... para señalizar primero, segundo o tercero, sino seguidos, seguidos, seguidos, y "dan, dan, dan, dan, dan, dan". "Toca a descubrir!". Entonces, pues toda aquella gente que había bastante, que en ésto había ... mucha fe, pues ha venido mucha gente y el cura salía con la Veracruz a la puerta, y yo con el desto de la agua bendita y el guisopo, se rezaba ahí los responsos.

El toque de procesión era, asímismo, el repique, con interesantes características, a pesar de su sencillez:

Para una procesión, por ejemplo, cuando es la procesión del Corpus, que se toca bandeando, ¿verdad?, las tres campanas y bandeando la que, la única que se puede bandear, luego el sacristán pues está al tanto y calculaba más o menos... los tres toques, hasta que sale la procesión; en el tercero ya sale la procesión, ya están los pasos preparaos... todo el mundo preparado y ya a la calle... el sacristán pues una... por regla general sabía el recorrido, que tenía que hacer en dicha procesión y estaba al tanto. Dice: "Pues bueno, ahora está por tal sitio, más o menos". Tocaba, hacía un toque... No lo veía, claro, la procesión no la veía más que cuando entraba y salía. Pues, por ejemplo, que te diré yo, porque por regla general entonces solía subir la procesión por la calle Todón, que solemos llamar... Todón; subían hacia arriba a bajar por la calle Nueva, pues bueno, a la que venía entonces la calle Nueva decías, más o menos están por ahí, hacías un toque, luego cuando finalizaba, calculaba y ya dices: "Pues bueno, ahora está finalizando la calle nueva y está ya cogiendo la calle Santa Lucía", y ya hacías otro toque por regla general y si no se hacía, no pasaba nada... Y ya cuando cogían Santa Lucía ya se enfocaban rectos hacia la iglesia, ya subían rectos... Y cuando ya veías que el personal, porque la misma gente ya te decían "pues ya está por aquí", más cerca o más lejos de la iglesia, pues ya estabas al tanto y apenas veías el primer paso pues entonces ya: "pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam". Hasta que el último paso... entraba.

No había otros toques en la Colegiata de Caspe, al menos en los años sesenta. No había toques de fuego, ni toques de oración a lo largo del día ni tampoco toques de compra-venta u otros avisos comunitarios, aunque quizás hubo, en otros tiempos, un toque de perdidos, como en Maella, que servía para llamar, en las noches, de niebla o del mal tiempo, a los pobres extraviados que podían así encontrar su camino de vuelta a casa. Había un momento, a lo largo del año, en que las campanas enmudecían y su voz vibrante era sustituida por las matracas:

Se tocaban todas las campanas, y el repique, pues, el resto del año, era todo igual, menos Semana Santa, que a partir del Jueves Santo pues las campanas se dejaban ya digamos paralizadas y se tocaban las matracas hasta el viernes, hasta después de la procesión del Viernes Santo... y entonces, a partir... después de finalizar ya la procesión del Viernes Santo, ya se paralizaba todo... a media noche, o sea a las doce de la noche que se paralizaba el jueves, se paralizaba la misa y metá, y el día de resurrección, entre el sábado y domingo de media noche, pues se hacía, ya se continuaba con la misa, que se había quedao cortada el jueves y se hacía el repique, después ya de Resurrección, y un rato también se repicaba.

Los toques que faltan en la torre, como los de oración, a lo largo del día, o los de incendios eran interpretados sin embargo por otro medio sonoro de comunicación local, la sirena instalada en otro importante edificio comunitario, el Ayuntamiento, que no solamente tiene connotaciones temporales sino espaciales:

No, porque a fuego aquí yo no he conocido tocar las campanas, por el hecho de que está, hay una sirena montada en el Ayuntamiento de Caspe, y lo mismo que hoy la oirá usted, o sea la oireis vosotros tocar a la una para el cierre de comercios...

El mismo se toca para un incendio, si es en el pueblo. Por ejemplo, simplemente para cerrar el comercio nada más es el toque; si es un incendio dentro del pueblo, hace dos toques, y si es un incendio fuera del pueblo, digamos ya en el extrarradio del pueblo, en una casa de campo o algo así, son tres toques de sirena.

Los toques de campanas, de matracas y de sirenas que acabamos de describir no parecen ser, por su sencillez, muy antiguos, aunque cumplen todas o casi todas las funciones comunitarias que cabría esperar de un medio de masas tradicional. Ahora bien, ¿fueron antiguamente así? No tenemos ninguna referencia oral sobre esos toques antiguos, que una torre de la importancia de Caspe debió interpretar. No sabemos nada sobre técnicas, ni sobre ritmos empleados. Tenemos, sin embargo, un precioso documento manuscrito, incompleto, que vamos a copiar e intentar comprender. Se trata de un texto cuyo soporte es poco usual, pues está pintado sobre una capa de yeso en la pared, en un cuartillo que se encuentra subiendo al campanario, justo debajo del tejado. El documento está manuscrito, a varias manos, y algunos de los datos están fechados. La parte más importante está realizada con pintura roja, y con letras irregulares, de 5 a 10 cm. de altura, y el resto está escrito con lápiz negro, con frases intercaladas entre las otras. Faltan trozos del manuscrito, realizado como decimos sobre yeso, que está desconchado y desparramado por el suelo, y cuya reconstrucción sería quizás demasiado penosa para los resultados posibles: los trozos de yeso caidos de la pared están rotos en minúsculos y múltiples fragmentos. Transcribimos el texto más o menos en el mismo orden en que está redactado, escribiendo en letra normal las frases pintadas en rojo, y respetando la grafía:

3.10.19
NATIBIDAD = 1ª
CORPUS = 1ª. 14 reales
BALMA 2ª C Los Santos Reyes = 1ª clase
Los días de Carnabal se toca a misa de 11
los días de Carnabal se toca a bisperas alas 2½ Se continua asta Pascua.
a Pascua se toca alas 3
a san Anton San Blas San Balero se toca la campana a misa.
1ª derecho del campanero del día CARNABAL juebes santo 9 pesetas
LOS DIAS 15 16 y 17 DE FEBRERO SERAN = 2ª
Año 1920 dia de San Jose fue de 1 clase
JUEVES SANTO = 1ª C.S SEBASTIAN = 1ª C
Mes de Setiembre fiesta de los Dolores Comunion General
Pascua Resurrección 1ª Clase
Domingo de la Rosa 2ª Clase
En este dia alas 2 y ½ se toca la campana Grande á Nona
3 toques como para Visperas
Ascensión del Señor [borrado] Clase
La Trinidad 2ª - Jose [ilegible]
Pascua Pentecostés 1ª Clase
San Pedro 1ª Clase Santo [falta yeso pared]
San Roque 2ª clase
Asunción de Nª S.a 1ª N. Sª de [falta yeso pared]
Todos los Santos: 1ª CL [falta yeso pared]
Natibidad [falta yeso pared]

El salto cualitativo y cuantitativo entre esta lista de toques de los años veinte y los toques de los años sesenta es impresionante. En esta lista los días tienen clase, con respecto a un ciclo litúrgico anual. Vemos también que se toca para las antiguas partes del día, según una medida litúrgica, pero que no carecía de afectos sobre la vida de los habitantes de Caspe: tales toques debieron marcar, como en tantos otros lugares, los ritmos de vida diarios de la comunidad. Así se habla de Bisperas, que varía de horarios, a lo largo del año, y también de Nona, otra antigua hora romana, trasvasada a la liturgia y mantenida, en muchos lugares hasta los años sesenta. El análisis permite poca información más, ya que este texto, insólito en cuanto a las costumbres de los campaneros, serviría sobre todo como referencia mnemotécnica, pero no nos dice como se podría tocar a primera o a segunda, o a vísperas. Lo único que sabemos es que tocan la campana grande (antes habían hablado de la campana: debe ser otra) tres toques como para vísperas.

No es mucho pero quizás podamos encontrar, todavía quien nos sepa interpretar este texto, por haber colaborado en esos toques perdidos.

Los últimos toques, tan simplificados, no requerían grandes grupos para su interpretación, y la mayoría podía ser tocados por uno solo, generalmente el mismo sacristán:

Para tocar, si era ordinaria, si era una cosa ordinaria... pues uno sólo se bastaba... [¿Y generalmente era el sacristán?] ¡El sacristán! Ahora, ésto no quiere decir que algunas veces el sacristán estuviera por la sacristía, con los monaguillos, y ya tenías alguno que lo tenía un poquitín encarrilado y decías: "Oye, Fulano, anda y toca pa misa!" [Éso, para el ordinario] ¡Exacto! Ahora, luego, para cuando había que repicar pues claro, entonces uno sólo no puede.

El campanero, al tocar, sabía que transmitía un conjunto de mensajes. Y no lo hacía solamente por el placer de tocar, aunque a veces su estado de ánimo podía traslucir a través de sus campanadas:

No, hombre, ruido, ruido... si es cosa de la campana, pues si trata según la desto que se encuentra a veces uno porque uno no tiene el cuerpo siempre igual, uno se encuentra del mismo desto de moral; aparte la moral un poco más baja, más deso, con más ilusión, con menos, y hay veces que tocas con un poco de intuición, de desgana, digámoslo así vulgarmente; otras veces parece que la persona se encuentra más alegre, más activa, más desto, y llegas y tocas con "bam, bam, bam, bam, bam," y haces más ruido que en otras ocasiones.

También compartía los sentimientos de aquellos por los que tenía que tocar:

[¿Cuáles son los toques más feos?] Los más feos, por desgracia, pues los difuntos, la defunción. Desde el punto de vista, porque si no a mí es a otro, que se le marcha un ser querido y aunque no sea mío pues por el hecho de ser el sacristán, por ejemplo, en aquellos tiempos sabía que tocaba, que hacía un toque que a mí moralmente me dolía y a otros les hacía llorar.

VICTOR BONDIA insistió a lo largo de sus respuestas en la recepción: él tocaba, para enviar mensajes a la gente del pueblo. Así dice para los toques de misa ordinaria:

Ésto indicaba al pueblo, ya comprendía que se ha hecho el primer toque... Pues dabas dos toques: "Tan..." y al ratico otro. El pueblo hacia: "El segundo toque"... Dando tres golpes pa finalizar y dar a entender al pueblo que era el tercer toque...

Y para el toque de descubrir:

Cada repique podías tocar un poquitín más deprisa... porque la gente decia: "¡Coño! ya tocan a descubrir, ésto no es a misa!"

Los toques se emitían para ser interpretados, y esa interpretación, al no poder basarse en la forma, tan poco diferenciada, se basaba en el contexto:

Pues las campanas se dejaban ya, digamos, paralizadas, y se tocaban las matracas... se paralizaba el jueves, se paralizaba la misa y metá, y el día de Resurrección... ya se continuaba con la misa, que se había quedao cortada el jueves y se hacía el repique, después de Resurrección...

Los toques de campanas, en Caspe, marcaban también aspectos puntuales del tiempo: el momento en que ocurrían las cosas. Para todo tipo de avisos (misa, procesión, difuntos) se realizaban dos toques casi seguidos (tres cuartos de hora antes y media hora antes) y luego había un largo tiempo en blanco hasta el tercer toque, que indicaba momento y movimiento, el instante justo en que comenzaba la acción ritual:

Y a la hora de empezar, que el sacerdote ya iba a salir, digamos de la sacristía al altar, para celebar la misa, entonces ya se tocaba el tercero... Se daba ya el tercero, y ya los familiares del difunto... y toda la concurrencia... dice: "Pues bueno, ya es el tercero, ya sale el cura de la iglesia... Los tres toques, hasta que sale la procesión; en el tercero ya sale la procesión, ya están los pasos preparados.

La conmoción de la guerra, que supuso el fin de un modo de vida, y la destrucción de tantas cosas, incluso físicamente, supuso también el fin de viejos oficios: el campanero desapareció y tuvo que ocupar su lugar el sacristán, que ya tenía otras obligaciones. Ésto explicaría una simplificación de la forma, y también un recorte de los toques, que eran interpretados desde abajo, y por otro lugar, auxiliando las funciones rituales litúrgicas.

Sin embargo los toques, estilizados, casi abstractos, seguían llenos de connotaciones temporales y espaciales, como lo demuestran las múltiples explicaciones que arrastra cada simple repique.

Hay una frase de nuestro informante que ilustra bien este proceso de simplificación, de pérdida de importancia de las campanas. Al hablar de los toques de procesión señala:

... y está ya cogiendo la calle Santa Lucía, y ya hacías otro toque por regla general, y si no se hacía no pasaba nada...

Dr. Francesc LLOP i BAYO
Las campanas en Aragón: un medio de comunicación tradicional
Tesis de doctorado - Universidad Complutense - Madrid - 1988
  • CASPE: Campanas, campaneros y toques
  • BONDÍA, VÍCTOR (CASPE) : Toques y otras actividades
  • Campaneros: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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