MONZÒ, Javier - El lenguaje de las campanas

El lenguaje de las campanas

La grande vista desde el campanario. Foto Javier MONZÓ (1991)

En casa al lado de la chimenea contrastando con el frío de la calle, a veces se cuentan historias de esas que baila el fuego.

A raíz de leer la entrevista con Pedro, el nuevo cura, saltó a la palestra y durante un par de días el tema del lenguaje de las campanas.

La sombra del abuelo “sacristà” estuvo en un rincón supervisando la memoria de su hijo Quilet que una vez más retó a sus neuronas a la hora de fotografiar el pasado. Y a mí, su primogénito, absorto de oírle me pareció interesante compartir esas añoranzas de los años 30-35 con interesados/curiosos del tema.

En todo caso, esto será un artículo para nuestro Cabeço sobre un determinado tipo de lenguaje que se ha ido perdiendo y del que ahora sólo conocemos algunos balbuceos.

En materia: las campanas de la iglesia que eran cuatro: la grande, la mediana, la pequeña y la “fundía”, tenían un código de comunicación comÚn con los fieles y resto de vecinos.

Los que las hacían hablar, los Últimos campaneros fueron: el “Chavarrí”, “Botella”, José “el Cote”, Juan José, “el de la Porcela”. Nos dejaremos a muchos colgados, pero estos al menos son una muestra viviente de un arte, el de tocar las campanas, que se ha perdido por la mecanización. Noble oficio, el de campanero recogido en la literatura universal de manos de Víctor Hugo, con el personaje de Quasimodo en su obra más conocida: Nôtre Dame.

Los toques de campana más habituales eran:

Toque a misa
Con la campana mediana, y un ritmo normal, finalizando con 1, 2 o 3 toques segÚn se acercaba la hora de comenzar la misa.
Repiques de domingo
A cuerda y desde la parte alta del campanario, sujetando dos cuerdas por mano y con mucha habilidad se llamaba a los fieles a misa festiva. Este toque también se utilizaba en las novenas (Santa Rita, Sagrado Corazón, Inmaculada, Pilarica, etc.…)
Volteo de campanas
En fiestas mayores y procesiones se volteaban a mano las cuatro campanas Se dieron casos de accidentes, alguno con resultado de muerte, al caer el campanero a la calle desde lo alto del campanario.
Ángelus
Con la campana más pequeña y a ritmo rápido que se interrumpía tres veces por un toque de la campana grande, era un toque diario a las 12 de la mañana.
Ave María
Toque idéntico al Ángelus pero por la tarde y con horario variable segÚn la estación. En invierno se tocaba a las 6'30 y en verano a las 8'30 de la tarde.
Toque de almas (ànimes)
Tres toques secos con la campana grande en secuencia de un minuto. En otoño-invierno era a las 9 de la noche y en primavera-verano a las 10. Normalmente este toque de ánimas era utilizado por las madres para marcar la hora de regreso de los hijos a casa. Entre el primero y el Último de estos tres toques era normal ver a chavales corriendo en busca del hogar paterno.
Aviso de fiesta mayor
En las vísperas de fiesta mayor después del Ave María se volteaban las campanas.
Toque a nublo
Con la campana pequeña a ritmo muy acelerado y acabando con un toque de la campana grande, indicaba este toque un tiempo litÚrgico (¿Adviento? ¿Cuaresma?). Se tocaba antes del Ave María. En valenciano se conocía por “tocar a nugol”.
Toque de arrebato
Sólo con la campana mayor o grande y a buen ritmo y sin parar durante mucho tiempo (10 ó 15 minutos) hasta que la gente acudía al lugar del siniestro, que normalmente era fuego.

La mediana vista desde el campanario. Foto Javier MONZÓ (1991)

He dejado para el final el capítulo de los entierros por ser el más nutrido y con más variantes. Baste prologar este apartado con que había tres clases de entierros: Ordinario, de asistencia o de pobre; General y Generalísimo.

Señales
Se tocaban el día del fallecimiento, anterior al del entierro. El primer señal se tocaba antes de la misa primera del día si el muerto había fallecido por la noche. Si fallecía entre las 7 de la mañana y las 12 del mediodía, el señal era después del Ángelus. Si fallecía después del mediodía, el señal se tocaba después del Ave María.
Entierro ordinario (Tocar a mort)
Toque impulsado por cuerda a dos campanas. Al final dos toques si era mujer y tres toques si era hombre indicaban el sexo del fallecido. Al entierro iban dos curas (Con capa uno, y con roquete el otro) a la casa y regresaban con el muerto a la iglesia donde nunca se hacía misa en el entierro. Al día siguiente se hacía la misa de funeral.
Entierro general
Campanas a medio vuelo -las cuatro- y al finalizar dos o tres toques segÚn fuera hembra o varón. En el entierro iban tres curas vestidos con capa a la casa del finado.
Entierro generalísimo
Se hacían un par al año. El toque era idéntico al general y se diferenciaba de aquel en que los tres curas que oficiaban vestidos uno con capa y dos con dalmática iban y venían tres veces a la casa mortuoria rezando por la calle. En los tres tipos de entierro el traslado de la caja se hacía ayudándose en tres paradas para que el cura rezara el responso. Es de cajón que cada tipo de entierro tenía un precio y era en función del rango del muerto, que hasta en ese momento hacía notar su condición.
Toque de ángel
Cuando moría un menor de siete años (antes de tomar la comunión), se procedía con este toque. Las dos campanas pequeñas y una mayor velocidad en la secuencia era lo que distinguía el toque de ángel. Como en los adultos, 3 y 2 toques si el párvulo muerto era niño o niña. Y si el entierro era de general o generalísimo se volteaba la campana pequeña para distinguirlo.

Este ha sido con la máxima profusión de detalles los toques de campana del Pinoso de los años treinta. No sería anormal que se quedara alguno en el olvido de la memoria. La verdad es que se tocaba mucho las campanas en comparación a este final de siglo y de milenio. Una anécdota para terminar:

El tío “Tanasio” que tenía un comercio don de ahora está el Pub Majovic's recibió a una pequeña comisión de mujeres que andaban pidiendo para restaurar o comprar una campana nueva. Pidió que se devolvieran los óbolos, que él solo la compraría. Cuando al cabo de unos días volvieron con los catálogos para ver por cual se decidía, los rehusó todos diciendo que el la iba a comprar, sí, pero de pana, “per que ja estic hasta els collons de tant toc de campana”.

Javier MONZÓ
“El Cabeço” - El Pinós - Desembre 1991 f. 7
  • EL PINÓS: Campanas, campaneros y toques
  • Lista de toques: Bibliografía

     

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