Restauración de campanas y sus toques: la recuperación de un instrumento musical comunitario

Vamos a hablar en esta comunicación el estado actual de muchas de las campanas de España. No se trata de hacer un inventario ni de describir todos los modos tradicionales de tocarlas sino de plantear los grandes problemas relacionados con la conservación, la restauración y los usos de las campanas de nuestras iglesias.

La campana como objeto musical

De manera más o menos consciente se considera la campana como un objeto, de forma cónica invertida, que al ser golpeado produce sonidos, más o menos confusos y levemente musicales. Existe la creencia entre los músicos que las campanas no son unos instrumentos musicales ya que sus armónicos no guardan proporción. Por tanto difícilmente se pueden emplear en el mundo de la música convencional, tanto clásica como contemporánea.
Muchos profesionales de la música, que se han acercado a ellas, incluso con la ayuda de estos pequeños afinadores electrónicos actuales tan precisos, han llegado a la conclusión de que las campanas “carecen de nota precisa”, que no forman parte de una música culta por su vaguedad sonora. Sin embargo esto no es así.
Vamos a hablar de las campanas como un instrumento musical, de los diversos usos de las campanas en el mundo, y sobre todo en Occidente, del carillón y sus características. y finalmente de las campanas tradicionales, tan alejadas de estos conceptos musicales.

Las campanas y sus notas

La gente supone que la campana no es un instrumento musical porque tiene sus armónicos distribuidos de manera irregular e incluso variable.
Estudios científicos acústicos, sobre todo de las Universidades Holandesas, Inglesas y Alemanas, demuestran lo contrario: las campanas son un acorde, imperfecto o menor, pero que se puede no sólo medir sino incluso modificar dentro de ciertos límites. Lamentablemente las campanas españolas, que tienen una sonoridad muy peculiar, sólo han sido estudiadas de manera puntual.
Los científicos han llegado a encontrar en una campana media, de un metro de diámetro y de unos 579 kilos de peso, hasta más de 60 armónicos producidos.
Este conjunto sonoro está producido por la vibración causada por las deformaciones de la campana a causa de un impacto mecánico. Como las campanas suelen estar hechas de bronce fundido, que es un material muy duro, pero relativamente frágil, el golpe se convierte en energía sonora; si las campanas no están colgadas de manera libre, entonces se rompen (por ejemplo si se tocan con dos martillos a la vez, o si están apoyadas en el suelo). También hay campanas de hierro fundido (aunque éstas se oxidan) y ahora están investigando en Hungría con campanas de aluminio, que tendrían la ventaja de ser más ligeras con una sonoridad parecida.
Lo más interesante de esa multitud de armónicos producidos, es que tienen diversa duración en el tiempo (algunos duran milisegundos); su conjunto es lo que produce la característica sonoridad de una campana. No obstante hay cinco notas principales, que llaman de manera diferente, según los países. En una campana perfectamente afinada, estas notas reciben los nombres siguientes:

Afinación de la campana ideal

Nota idealNombreFranciaHolanda
Do0Nota baseHumgrondtoon
Do1PrimaFondamentalepriem
Mib1 (Fa#1)Tercera menorTierce mineurekleine ters
Sol1QuintaQuintequint
Do2OctavaNominaleoktaav

Hay que observar dos cosas de lo que hemos dicho. En primer lugar hemos hablado de una campana ideal, de carillón. En segundo lugar, hay un armónico que parece ser constante en todas las campanas del mundo, y es la existencia de esa tercera menor (y no mayor) que produce la sonoridad típica de las campanas.
Hemos dicho que las distintas notas tienen una duración diferente a lo largo del tiempo: la nota base o Hum es la que más dura, y la que produce ese largo eco, que en una campana mediana (un metro de diámetro y 579 kilos) puede durar unos tres minutos y en una mayor (de tres metros y unos 15.000 kilos) cinco o seis.
La campana española está por estudiar. Cuando se restauraron las de Cheste, se hizo un estudio acústico y la nota base estaba un tono por debajo de lo que se esperaba en una campana ideal, la prima algo más de un semitono menos, la tercera un cuarto de semitono menos, y la quinta y la octava más o menos en su sito. Pero como decimos, la campana está por estudiar, ya que el mismo conjunto de Cheste, producido originalmente por un único fundidor, daba diferencias notables entre una y otra campana.
Mucho más originales son las campanas "romanas", las que tienen la forma de "la campana de Elgorriaga". Estas campanas, típicas de cierta parte de España (Castilla, León, País Vasco, Navarra) no existen en la Corona de Aragón apenas (sólo hay dos, que se sepa, en la Comunidad Valenciana). Pues bien: estas campanas tienen "otra" sonoridad, bastante desagradable para nosotros pero importantísima en los territorios antes citados.
La campana tiene además una característica muy especial, que descubrieron los Hermanos Hemony en Holanda, a principios del siglo XVII, y es que se pueden "afinar". Luego los científicos han confirmado lo que aquellos magos de la campana descubrieron poco a poco. La campana consiste en una serie de anillos, colocados unos encima de otros, y cada uno de estos anillos teóricos produce una de las notas o armónicos.
En consecuencia, si se raspa cierta zona, es decir si se quita metal en el interior de la campana a cierta altura, se puede modificar la nota correspondiente. Naturalmente la cosa es mucho más complicada, pero en principio la nota base "está" en el labio de la campana, la prima un poco más arriba y en el hombro, la tercera menor más o menos a un palmo del labio, un dedo por encima está la quinta, y un par de dedos más alto se encuentra la octava. Ya digo que no es exactamente así, pero si se aplica un diapasón de la nota adecuada a estas alturas, la campana se pone a oscilar amplificando la nota correspondiente.
Hay otra característica importante de las campanas: el perfil es el que da la nota, y no el tamaño. Aunque parezca mentira a primera vista, una campana más fina tiene un sonido más grave, y una más gruesa del mismo tamaño un sonido mucho más agudo.
En consecuencia hay carillones "ligeros", "medios" o "pesados", o sea se pueden conseguir las mismas notas con campanas de tamaño diferente. Lo que ocurre es que un carillón "pesado" tiene campanas mucho mayores, y por tanto su sonido llega mucho más lejos. Del mismo modo, las campanas más gruesas (no de diámetro, sino de grosor de paredes) tienen más “cuerpo”, y por tanto más riqueza de armónicos, y más duración temporal de los mismos.
La elección de uno u otro tipo no sólo depende de las disponibilidades económicas, que suelen ser un freno importante, sino de la propia ubicación del instrumento: si se va a colocar en un parque público, con las campanas a poca distancia de la gente, conviene un carillón ligero, mientras que si van a instalarse en lo alto de la torre de una Catedral conviene un carillón pesado, para que su sonido alcance más.

Las campanas en el mundo: ritmos y melodías

Los holandeses, o mejor dicho los habitantes de la antigua provincia de Flandes, o sea los protestantes holandeses y los católicos belgas, incluyendo el norte de Francia, necesitaron muy pronto numerosas campanas para producir melodías: por eso tenían que estar no sólo afinadas cada una, sino bien conjuntadas, para que sonase algo reconocible. Este fenómeno es el que motivó las investigaciones de los Hemony, que dieron lugar a las campanas afinadas y a los carillones.
En otros lugares la nota no importaba tanto, sino la diferencia de sonoridad, para producir diversos mensajes. En la edad media, en muchos lugares tenían campanas propias para cada cosa, como la del mercado, la de cerrar las murallas o la de alarma. Por tanto no importaba mucho su afinación sino que fueran notas distintas las unas de las otras.
Encontramos, de algún modo, una oposición más teórica que práctica: el uso privilegiado del ritmo en algunos lugares, o la tendencia a la melodía en otros. Ciertamente no podemos negar que ambas son nociones intrínsecamente interrelacionadas, pero no tanto, al menos en cuanto a campanas. Nuestros campaneros ignoran muy a menudo las notas de sus campanas, y este desconocimiento no afecta a sus toques: para fiesta mayor toca la grande, para fiesta de domingo la tercera, y así. Y si una está estropeada la siguiente (hacia arriba o hacia abajo) toma su lugar y Santas Pascuas. Incluso, aunque debe matizarse mucho y esperar a las investigaciones en marcha, nuestras campanas no siguen una escala sino que van por terceras o cuartas entre una y la siguiente.
En otros lugares no ocurre así: tratan de tener “campanas seguidas”, utilizando motivos de tres o cuatro notas, con las que pueden o al menos intentan, interpretar melodías. Y cuando pueden se pasan a la octava, y luego a la octava con algún semitono, y luego a las dos octavas... hasta llegar a los grandes carillones con setenta y ochenta campanas (seis octavas largas) que permiten interpretar casi cualquier melodía.
No hablaremos de las campanas orientales, de las que sabemos muy poco (aunque en una tumba de un famoso emperador chino se encontró un conjunto de más de cuarenta que serviría seguramente para tocar melodías con martillos: estas campanas tienen más de dos mil quinientos años). Digamos que en Occidente los romanos ya empleaban campanillas para la apertura y cierre de los baños y otros avisos, y también para sus actividades religiosas. Había campanas de bronce fundido, de forma parecida a la actual, pero de pequeño tamaño: cuatro o cinco centímetros de diámetro. Las que tenían algo mayores, como una encontrada en Tarragona, eran del tamaño de un tazón invertido, con un asa para agarrarlas. Este modelo se utilizó durante muchos siglos pues hay una campana parecida en Córdoba del siglo IX.
Las campanas actuales parecen ser mucho más tardías. Una de las primeras conservadas del mundo está en León, y está dedicada a San Lorenzo. Se fundió en el 1064 para la Colegiata de San Isidoro, que era un panteón real. En este momento está rota, y hasta que no se restaure no sabemos que sonido tenía, porque las campanas son el único instrumento que no cambia su nota a través de los siglos. Los cristianos, cuando entraron en la València conquistada, trajeron unas campanas, seguramente pequeñas, para mostrar el símbolo sonoro de la nueva religión.
Hemos apuntado dos características importantes de las campanas: que constituyen un conjunto de armónicos que varía de un fundidor a otro, de un momento a otro de la historia e incluso de un país a otro, y que por otra parte la sonoridad de la campana se mantiene a lo largo de los siglos si los elementos accesorios que la acompañan son los mismos.

El campanario como instrumento musical

Consideramos los campanarios como un auténtico instrumento musical, formado por varios elementos: las campanas y sus accesorios, que determinan el timbre y la sonoridad, como yugos y badajos. Forma parte importante del instrumento la propia torre: la ubicación de las campanas en la sala, los elementos arquitectónicos que aumentan (o disminuyen) la sonoridad del conjunto, la altura del edificio con relación al entorno. Campanas, accesorios y torres no son los únicos componentes del instrumento; los toques marcan las posibilidades musicales del conjunto. El toque no sólo tiene elementos formales, musicales y estéticos; es sobre todo un objeto de comunicación. No se entiende en España un toque vacío de significado como una interpretación de carillón, cuyo interés es la propia melodía. Un toque, siempre, significa algo. Y casi nunca está basado en la melodía, sino en el ritmo.
No hay campanas “desafinadas”, ni torres buenas o malas - hay conjuntos que comunican (o comunicaban) información vital para la organización social de la comunidad. Los toques no sólo llamaban a misa: marcaban, con el Ángelus, las partes de la jornada; anunciaban la clase del día siguiente; indicaban, con los diversos toques de difuntos, la edad, el sexo, la ubicación espacial, la clase social de los difuntos; marcaban espacios sagrados o profanos, lugares de tragedias e incendios o de fiestas y procesiones. Sin olvidar la función protectora de las campanas y su sonido, que defienden la comunidad por ser objetos bendecidos, sagrados.
Con esto se puede creer que los elementos accesorios - desde la torre hasta el badajo, pasando por los materiales que componen el yugo o la altura de la campana respecto al suelo de la habitación - modifican el sonido de la campana, lo que no es del todo cierto: el conjunto de armónicos es siempre el mismo, pero los elementos auxiliares reforzaron unos armónicos frente a otros o incluso los amortiguarán de manera distinta, produciendo el efecto de la “distinta campana”.
Por esto no son indiferentes los yugos metálicos o los badajos con caña de plástico para evitar su rotura, ya que modifican de manera sustancial la sonoridad original del instrumento, que cabe considerar como un “todo”, como una unidad cultural, distinta de un lugar a otro, y asociada con su manera (musical y musicológica) de entender el mundo.
Nos decía hace unos pocos días un directivo de una empresa de instalación de mecanismos que “antiguamente hacían los yugos de cierta manera porque no tenían medios”. Ahora, que los tenemos, no nos damos cuenta que las diferencias eran buscadas para producir efectos distintos.
Tomemos el ejemplo de las campanas fijas o en movimiento. Una campana, analizadas sus notas de manera separada (esto es haciendo vibrar los armónicos de la campana en los anillos correspondientes) produce unos armónicos que no tienen que ver (aunque sean los mismos) con los producidos al golpear la campana con su badajo o con un martillo exterior, precisamente porque aquellas notas se consideran de manera autónoma, mientras que el toque de la campana significa la conjunción de tiempos y volúmenes (no todas las frecuencias comienzan al mismo tiempo y desde luego tienen duraciones muy diversas, desde escasos milisegundos hasta varios minutos, para el Hum de las campanas mayores.
El mayor o menor equilibrio de una campana, el yugo metálico o de madera, el badajo de hierro dulce, de acero o de bronce, y el movimiento o la fijación de las campanas construyen conjuntos de armónicos diferentes y significativos. Los programas de ordenador permiten hoy en día, con muestras de apenas dos segundos de duración, analizar el espectro de una campana y la posición de sus distintos armónicos, indicados en cents o centésimas de semitono.

Los toques de campanas en el mundo cristiano

Las campanas, que comienzan a generalizarse a partir de 1200, y a ser cada vez mayores, se emplean para dos cosas diferentes: para marcar el paso del tiempo y para anunciar (o acompañar actividades). Los primeros relojes mecánicos capaces de tocar campanas aparecen hacia 1350 aunque lo imperfecto de su mecanismo hace que puedan tener retrasos o adelantos de varias horas al día. Los anuncios de actividades ya hemos dicho antes que se producían con campanas propias, pero luego fueron evolucionando los toques y ya se pasó de utilizar una campana para cada cosa a utilizar un toque, es decir una combinación de sonidos de campanas, para un aviso concreto.
En Europa hay dos movimientos contrarios: mientras que en Flandes, en Italia y en Alemania se construyen torres civiles para los avisos comunitarios, sobre todo relacionados con el trabajo, las alarmas, las aperturas y cierres de murallas, en España, en Francia, en Inglaterra (primero católica y luego protestante) se emplean las campanas de la Iglesia para todos los avisos, de modo que un toque de oración del alba puede servir al mismo tiempo de anuncio de apertura de las puertas de la ciudad.
Por tanto, en el norte, los toques civiles, para diferenciarse de los religiosos, evolucionan hacia las melodías, que llegan a tener un fin en sí mismas: inicialmente sirven para anunciar el toque de las horas, pero luego los carillones tocan marcando ciertos momentos cívicos, como el día del mercado. En el sur los toques evolucionan hacia los ritmos, de manera que con pocas campanas diferenciadas, a menudo siempre las mismas, tres o cuatro, se pueden anunciar muchas cosas, según el ritmo, que a menudo va acompañado de cierto sonsonete para reconocerlo (algo así como los toques de corneta del servicio militar, que solamente utilizan cuatro notas, pero que bastan para crear más de cien avisos diferentes).
El fenómeno de separación de Iglesia y Estado se expresa, en el antiguo Flandes en la creación de importantes conjuntos de campanas, más o menos afinadas, que sirven para los avisos cívicos, y para mejorar la calidad de vida, mientras que en el Sur (incluyendo las iglesias católica, la reformada inglesa o la calvinista suiza, e incluso las ortodoxas griega y rusa) los mismos toques tienen multitud de significados, llegándose a delicados acuerdos entre el poder municipal y el religioso (como las dos puertas de entrada a la torre) de manera que ninguna de las dos partes se sienta ofendida.
Hay un fenómeno muy curioso, que no tiene explicación, y es que los toques son muy diferentes de un sitio a otro, aunque los significados sean similares. No decimos que los protestantes toquen distinto de los católicos, ni mucho menos: en la zona de Valais, en Suiza, hay pueblos que tienen dos parroquias, una católica romana y otra calvinista, y tienen toques parecidos, solamente diferenciados por las distintas campanas.
De alguna manera hay zonas musicales de campanas, con dos franjas en el norte y en el sur, que no utilizan melodías sino ritmo, y una zona central que no utiliza ritmos sino melodías (si es que se pueden separar una cosa de la otra).
Pero luego hay costumbres regionales, comarcales e incluso locales, que se oponen en la forma, pero no el significado o viceversa. Por ejemplo, las campanas que oscilan, como en las películas, son típicas de casi toda Europa. Pues bien, en España, esos toques son de muerto en algunos sitios, de fiesta en otros e indiferentes en los menos. Aquí en València hay riquísimos repiques tradicionales, pero la gente normal aprecia los volteos sin saber que es una cosa relativamente reciente (hacia 1580 en la Catedral de València, y un siglo más tarde en la Catedral de Segorbe, por decir dos casos notables). El final de los toques de fiesta de esta ciudad son las campanas oscilando, hasta que paren por ellas solas, sin frenarlas, pero en los pueblos de la Huerta ese es un toque de muertos.
En Catalunya o en las Balears también oscilan las campanas, aunque llegando hasta quedar invertidas. Si las campanas voltean dicen que "és cosa de castellans", pero hay ciertas comarcas de Mallorca y de Catalunya donde voltean "desde siempre".
En Andalucía se hace algo que en València sería inconcebible: las campanas mayores están fijas y no pueden voltear, por lo que se tocan a golpes lentos, mientas que las menores dan la vuelta entera. En València tocar una campana "a batallades", a golpes, es una cosa vergonzosa, y vale más no tocarla, que hacerla sonar así. Y muchos más casos.
Parece que haya unas normas generales por territorio, que suele coincidir con un Obispado, pero luego las iglesias tratan de diferenciarse de las vecinas: algo así como decir "Nosotros tocamos bien, los otros tocan mal, pero los de al lado no saben tocar". Por eso hay que hacer torres altas y campanas grandes, para que ellos sepan lo que es bueno. Las campanas se hacen siempre más grandes de lo que hace falta, para que lleguen más lejos de nuestro territorio, y los vecinos sepan lo importantes que somos que nos podemos permitir esos gastos.

Los campaneros tradicionales

Los instrumentos tradicionales estaban formados por las campanas, las instalaciones y los toques. Este conjunto interrelacionado era puesto en valor por los campaneros, técnicos pagados por la comunidad, que transmitían mensajes según unos códigos muy estrictos, según unas reglas escritas. Los campaneros cobraban por cada uno de sus toques, a veces en especie (la casa, por ejemplo) o en dinero. En las grandes iglesias (catedrales, parroquias de ciudad) eran profesionales que vivían sólo de tocar las campanas, aunque algunos tenían otros oficios como sastre o zapatero. En los pueblos también eran sacristanes, igualmente pagados que tenían otros oficios para poder vivir.
Los campaneros tradicionales, como los periodistas actuales, podían revolucionar la comunidad. Pero no utilizaban ese dominio, sino que tenían un gran autocontrol para no “tocar mal”, para no “tocar a destiempo”, para no asustar a nadie. Buscaban una armonía, no siempre fácil, entre la comunicación y la creación artística. No modificaban mucho los toques para no confundir a los vecinos, pero hacían variaciones para no aburrir ni aburrirse.

Las electrificaciones de los años sesenta

Diversos factores se aliaron en los años sesenta en contra de los campaneros. El Concilio Ecuménico II propuso la simplificación de la liturgia de la Iglesia Católica. Hasta entonces, en muchas catedrales y parroquias se hacía el rezo del coro tres o cuatro veces durante la jornada, y cada oración tenía un toque diferente según la “clase” del día. Tras el Concilio, las clases quedaron reducidas a tres o cuatro, y el rezo en comunidad desapareció en muchos lugares. En muchas Catedrales limitaron a un solo coro diario o incluso semanal. En consecuencia cada vez eran menos necesarios los toques.
También fue la época del desarrollo: se creía que para ser europeos hacía falta renunciar a las tradiciones, que no suponían más que una pérdida de tiempo y de esfuerzo. “En Europa - decían - son modernos porque han acabado con las costumbres antiguas” Aparecieron los motores continuos (“los motores de lavadora”) que eran la mejor imagen del progreso: “Ya no es preciso subir a tocar las campanas, éstas tocan solas”.
La vida subía y los campaneros pedían lógicamente aumento de sueldo. Pero su trabajo, cada vez más inútil, estaba desprestigiado. Un campanero era siempre “caro” mientras que un motor era “barato” aunque costase cien veces más, porque decían que “era para siempre”. Se omitía la necesidad de conservación y se olvidaba que el responsable del mantenimiento diario era el campanero. Con su desaparición creció el mal estado de las instalaciones y aumentó su degradación.
Los motores decretaron la pena de muerte para las diferencias locales de los toques tradicionales. Las empresas de campanas, desde una situación de prestigio y de autosuficiencia, jamás preguntaban cuál era la tradición ni cómo se tocaba en cada lugar. Sus mecanismos, ya antiguos en ese momento, no se podían adaptar a las necesidades de los clientes. Las campanas volteaban a velocidad constante, siempre en el mismo sentido, sin diferenciar fiestas ni toques de difuntos. Desaparecieron los “repiques”, toques acelerados y rítmicos de varias campanas, y los toques de muerto, casi siempre rápidos. Y se perdieron, sobre todo, los toques manuales: las nuevas instalaciones sólo podían funcionar de manera automática, sustituyendo para siempre a los pobres campaneros.
Frente a la creación y la diferencia, los motores anunciaban la repetición, la monotonía y el final de todas las tradiciones. Había otra consecuencia aún peor: las nuevas instalaciones, mal calculadas, rompían badajos, campanas, torres... Era el precio del progreso mal entendido que causó la desaparición, hasta los primeros años noventa, de importantes campanas e instalaciones históricas.
El fenómeno de la electrificación de las campanas se hizo más patente en las Catedrales. El encarecimiento de la mano de obra, la disminución de las actividades litúrgicas, la falta de medios, y un cierto desapego a las tradiciones, motivaron un casi absoluto abandono de las campanas de las Catedrales.
Las actuaciones en las Catedrales tuvieron un doble resultado negativo para el instrumento tradicional. Las limitaciones económicas y la falta de criterio supusieron la electrificación de las campanas en la práctica totalidad de los templos sin tener en cuenta las características tradicionales del conjunto. Ponían martillos para campanas que volteaban, o volteaban campanas que habían permanecido secularmente fijas.
Las empresas, limitadas por su escaso nivel tecnológico, marcaron los “nuevos toques", mucho más sencillos y adaptados a una nueva realidad que ellos mismos inventaban. Los toques se perdieron porque desaparecieron los especialistas y porque se limitaban las necesidades de comunicación. Ahora quedaban reducidos a los toques “necesarios”, de aviso, cuando antes, la mayor parte, regulaban el ritmo diario y anual, basado en los ciclos litúrgicos.
Las empresas, ignorantes voluntarias de toda tradición, se atrevieron a proponer “maneras científicas de tocar, menos violentas y más armónicas”. Es dramático el caso de ciertas empresas catalanas formadas en Alemania, que modificaron las instalaciones históricas, llegando a fundir o a reafinar campanas antiguas, ofreciendo sus trabajos como la culminación de la música y de la civilización. Creían que la ignorancia de los últimos siglos, debida a las limitaciones técnicas, se había resuelto gracias a sus actuaciones.

Instaladores y fundidores

En España ocurrió un fenómeno curioso hasta hace unos diez años: solamente instalaban, reparaban y electrificaban campanas los propios fundidores (unas diez empresas hace 15 años). Pero desde hace diez años ocurrió un fenómeno que era de esperar, porque es usual en toda Europa: la aparición de pequeñas empresas (a veces tan pequeñas que son unipersonales) que se dedican a instalar mecanismos de otros: ahora hay unas veinte o treinta en toda España, con una muy desigual calidad. No se limitan, como los fundidores antes (ahora son unas ocho empresas, que también siguen fundiendo e instalando como antes) a su territorio próximo, sino que, a menudo, actúan a 500 o 1000 kilómetros de distancia. No es de extrañar que fundidores cántabros instalen en Extremadura o que instaladores valencianos lleguen hasta el sur de Andalucía o Castilla y León, con lo que es muy difícil seguir la pista de los trabajos realizados, entre otras cosas por el secretismo de la gestión: como unos van a romper el mercado de los otros, generalmente a base de bajar los presupuestos (aunque siempre con múltiples apartados en letra pequeña que no están incluidos) tratan de quitar trabajos los unos a los otros a cualquier precio (nunca mejor dicho). Luego se resienten las instalaciones, la calidad de los trabajos, y sobre todo el patrimonio.

La falta de proyecto de las electrificaciones

Lo más destacado de estas instalaciones es la ausencia de “proyecto”, entendiendo como tal algo imprescindible en otros campos de la restauración. Un proyecto es un plan general de actuación, un respeto de los valores existentes, una documentación del estado anterior así como de las actuaciones y del estado final. Una restauración supone unas actuaciones lo más reversibles que se pueda o unas decisiones debidamente justificadas. Es importante una distinción entre el proyecto y la ejecución de la obra.
Por el contrario la manera usual de actuación sobre un conjunto de campanas se basa en la selección de la oferta más económica entre las presentadas por varias empresas, ofreciendo cada uno lo que mejor le parece, de acuerdo con sus posibilidades técnicas y los productos que representa o produce y puede instalar.
Esta ausencia de proyecto va acompañada de una carencia mayor: la falta absoluta de control externo de las actuaciones. La misma empresa que instala, que suele ser la que ofreció la propuesta más económica, se convierte en la “garantía” de la actuación. Por supuesto, no se documenta nada, ni antes ni durante ni después. Se recurre a menudo a subcontratas ilegales o a generosos colaboradores de la iglesia que ofrecen su trabajo gratuitamente por amor al templo para abaratar los costes, y no hay ningún tipo de autorización administrativa. Se carece de licencia municipal, no hay inspección de Industria (a pesar de tratarse de una instalación trifásica, generalmente de 380 V, expuesta al aire libre y con pesados objetos en movimiento). Y, desde luego, no hay ninguna autorización, seguimiento ni control por parte de los organismos competentes en Cultura. A menudo, ni siquiera los propios órganos de la Curia Eclesial, obligados por el Derecho Canónico a conocer las intervenciones en los templos, están informados de la actuación.
El resultado, como es de prever, es desastroso y con efectos irremediablemente destructivos sobre el patrimonio. Como si se dejara en manos de los constructores, y sobre todo del que ofrece el presupuesto más barato, la reparación de las cubiertas o la modificación de los monumentos eclesiales.

Los nuevos grupos de campaneros

A finales de los ochenta crece un movimiento cada vez mayor: los nuevos grupos de campaneros. No son profesionales pagados, sino de otro tipo de gente: historiadores, antropólogos, arqueólogos, amigos de las tradiciones, o simplemente personas que descubren el placer de tocar las campanas. Los nuevos campaneros reflexionan sobre su trabajo, investigan, publican postales, libros y discos, hacen congresos.
Hay dos grandes movimientos en España: en Catalunya y en Castilla, donde aún quedan campaneros tradicionales, los encuentros sirven para compartir conocimientos, para hacer pequeños concursos donde los ancianos enseñan a los jóvenes.
En València, sin embargo, con casi el 80% de las campanas electrificadas, los nuevos campaneros quieren volver a tocar las campanas, restaurando las instalaciones, quitando los motores, reponiendo los yugos de madera, recuperando los toques antiguos.
Como es natural, el fenómeno se desarrolla a partir de las catedrales: Segorbe y València, con sendos grupos de campaneros, crean una asociación en 1989, el Gremi de Campaners Valencians, del que forman parte hoy cerca de doscientos socios, que investiga, toca y restaura campanas y ofrece una información constante en Internet.
Este fenómeno urbano se extiende poco a poco a los pueblos, y ya hay cerca de veinte grupos en toda la Comunitat Valenciana que tocan manualmente las campanas.

Inventarios de campanas

Desde 1988 el fenómeno de los nuevos campaneros tuvo importantes repercusiones administrativas. El Ministerio de Cultura primero y luego algunos Gobiernos Regionales, como la Generalitat Valenciana encargaron los inventarios de las campanas, que reúnen no solo epigrafía o decoraciones sino, sobre todo, estado de conservación, instalaciones e incluso toques. El Gremi de Campaners Valencians ha realizado el inventario de cincuenta catedrales de España, que incluyen aproximadamente 2/3 del total. En la primera fase se recogieron las informaciones de 25 catedrales de la Corona de Aragón (Aragón, Balears, Catalunya, València). En una segunda fase se inventariaron 25 catedrales más, del tercio central de la península: Castilla La Mancha, Euskadi, Navarra y la parte oriental de Andalucía y Castilla y León. Está pendiente de realizar la tercera fase.
Los trabajos no sólo incluyeron el estudio de las campanas y sus instalaciones sino la propuesta, en todos los casos, de una restauración que permitiese recuperar los valores de cada uno de los conjuntos. Estos inventarios fueron entregados por cuadruplicado: al Cabildo titular de la Catedral; al Ministerio de Cultura, que había encargado el trabajo; a la Comunidad Autónoma correspondiente y al Ayuntamiento de la ciudad de la catedral. Estos inventarios e informes se pueden consultar en Internet, con toda la información gráfica y documental, en las direcciones indicadas al final de esta comunicación.
La gestión de los inventarios está transferida a las Comunidades Autónomas y alguna han iniciado los de sus campanas. La Comunidad Valenciana tiene inventariadas alrededor de la mitad de sus campanas, en campañas anuales por comarcas. También estas informaciones, constantemente puestas al día, se pueden consultar en la página campaners.com
Otras comunidades han iniciado, de manera más o menos completa, sus inventarios. La Comunidad de Murcia (que fue la primera en proteger algunas de sus campanas más importantes como Bien de Interés Cultural) han encargado a la Universidad de Murcia para este año el inventario de todas las campanas y relojes de la comunidad. También la Comunidad de Castilla y León, de manera parcial, ha realizado inventarios por comarcas.
Pero es preciso unificar criterios y sobre todo poner en común las bases de datos para que haya unos materiales que sirvan para la divulgación, la protección y la investigación: recordemos que desde antiguo los fundidores se desplazaban de uno a otro extremo de la península, y que más tarde fundían e instalaban campanas, como ahora, a muchos kilómetros de distancia, más allá de sus comunidades autónomas; solamente la comparación y la puesta en común nos permitirá detectar la importancia de las campanas, el estado de conservación y la urgencia de actuación en las más valiosas tanto acústica como históricamente.

La restauración de las campanas y sus toques

A partir de los inventarios y de varios congresos y encuentros nace la necesidad de un concepto nuevo de restauración. Si el instrumento es el conjunto (campanas, instalaciones y toques) se trata de hacer un proyecto de restauración que incluya la conservación o la reposición de las instalaciones tradicionales y la posibilidad de reproducción de los toques antiguos sin que los mecanismos impidan los toques manuales. En consecuencia una instalación debe Las actuaciones en campanarios históricos deben tender a conservar el patrimonio global - no sólo el objeto o lo que es peor, el bronce, como si fuera una chatarra vendida a peso.
Los mecanismos actuales, movidos por pequeños ordenadores programables permiten la utilización de las instalaciones tradicionales, con mecanismos que reproduzcan los toques tradicionales sin impedir los posibles manuales.
También es posible soldar campanas históricas, para recuperar su sonoridad perdida, o construir nuevas campanas afinadas con respecto a las antiguas - mejor habría que decir armonizadas con las antiguas, de manera que el conjunto sea musicalmente homogéneo. Y se pueden recuperar toques antiguos, que conforman el paisaje sonoro y cultural de una comunidad: puede servir como ejemplo el toque diario de cerrar las murallas de la Catedral de València, interpretado cada atardecer, con horarios de verano y de invierno tradicionales, es decir de la Cruz de mayo (día 3) a la Cruz de Setiembre (día 14) desde las 21 a las 21:30 horas, mientras que en el invierno tradicional (desde la Cruz de Setiembre a la de Mayo) se toca, automáticamente, por el mismo ordenador que suena las horas,

Restauraciones en la Comunidad Valenciana

El caso de la Catedral de València es significativo. Hay once campanas, desde 1305 hasta 1735, con partituras medievales y barrocas para tocarlas. En 1968 sustituyen al último campanero por motores para seis campanas: dos grandes, dos medianas y dos pequeñas (aunque tradicionalmente volteaban solo las cinco grandes o las seis pequeñas, pero no juntas). A partir de 1988 se desconectan los motores, y con la nueva mecanización sólo queda una campana eléctrica para los toques diarios. Los ciento cincuenta toques festivos son tocados a mano, por un grupo de cinco a dieciocho campaneros voluntarios. Además se recuperan toques perdidos como el Ángelus tres veces al día o el toque de cerrar las murallas. Toques “inútiles”, pero llenos de significado cultural. En 1992 se llevan seis campanas góticas a la Expo de Sevilla, con la idea de transmitir una música ya viva en el siglo XV. A partir de ese momento, los campaneros ya no son unos obreros que tiran de la cuerda, sino unos artistas que hacen conciertos.
El fenómeno se repite, en cada sitio a su manera. Por ejemplo, en Massanassa, un pequeño pueblo cerca de València, vuelven a poner los yugos de madera y nuevos motores de impulsos, pero dejan la campana mayor sin motor, para tocarla exclusivamente a mano. Con estas restauraciones aparece el nuevo campanero y los nuevos motores. Los mecanismos no sustituyen a los campaneros: son auxiliares para los toques repetitivos.
En la actualidad se han restaurado más de 100 instalaciones, reponiendo los yugos de madera, soldando campanas históricas o fundiendo otras nuevas, instalando motores de impulsos y nuevos ordenadores. Incluso hay nuevas actuaciones, como la Basílica de Sant Pasqual de Vila-real, que se dotan con yugos de madera para mantener una sonoridad, una seguridad y una estética tradicionales. Pero las instalaciones en nuevas iglesias, libres de la carga del monumento, son también lugar de experimentación sonora con carillones, campanas oscilantes…
Hay un tema realmente sorprendente con respecto a la restauración de campanas en la Comunidad Valenciana, o para hablar con propiedad la segunda electrificación: la primera sustituía los yugos de madera por otros de hierro y arrasaba con los toques tradicionales y la segunda recupera los yugos de madera, y los toques históricos gracias los motores de impulsos.
En la primera electrificación se hablaba de “sistema automático que permite prescindir del campanero”, inaugurando los mecanismos, generalmente para las fiestas, sin demasiado espectáculo. No en vano los motores eran un mal menor, la utilización del progreso ante el encarecimiento de la mano de obra.
En las actuales inauguraciones, por el contrario, es usual la interpretación de un concierto manual para demostrar que las nuevas instalaciones permiten “los conciertos” y que suenan “como antes”. Estas nuevas instalaciones, a menudo, abren la puerta a grupos renovados de campaneros.

Otras restauraciones de campanas

Como consecuencia de estos cambios se ha desarrollado un importante mercado en España. Hace diez años nadie hacia un yugo de madera, las campanas sólo se fundían por peso y los motores no reproducían los toques tradicionales. Ahora hay nuevos motores, ordenadores, y una demanda importante de instalaciones tradicionales, más caras pero de mayor calidad sonora y de más fiel respeto histórico. Los actuales motores reproducen los toques tradicionales con una gran fidelidad: la campana voltea hacia un lado, luego hacia el otro a velocidad controlada y creciente girando hasta detenerse ella sola antes de invertirse, como si voltease mediante una cuerda y el esfuerzo manual de un campanero.
Hace pocos años, en 1998, hemos dirigido la restauración de la Giralda de Sevilla. Hay veinticuatro campanas, de las que seis son fijas y dieciocho de volteo, más la de las horas y la matraca, también restauradas. Por primera vez en una catedral española se ha hecho un proyecto musical, analizando la sonoridad de las campanas, reponiendo los yugos de madera y motores de impulsos, soldando campanas rotas, rellenando campanas desgastadas y haciendo seis nuevas, afinadas de acorde con sus compañeras de torre. De todo el proceso lo más noticioso, para la prensa, ha sido que las campanas de la Giralda pueden volver a tocar manualmente, y que los motores son un auxiliar, pero no un sustituto del campanero.
Del mismo modo, la Catedral de Jaca, tras largas negociaciones, ha recuperado en marzo de 2002 los toques antiguos, interpretados antaño con manos y pies y ahora con electromazos gobernados por ordenador. Y la Catedral de Murcia, en este otoño de 2002 ha recibido sus campanas restauradas, que fueron mostradas primero al público, en la calle, durante varios días, limpias todas, algunas soldadas y con nuevos yugos de madera que sustituyen a los anteriores de hierro fundido y reproducen la forma y la sonoridad de los anteriores que durante siglos ocuparon los veinte vanos de la enorme sala de campanas (donde sólo hay tres fijas y diecisiete de volteo). En marcha se anuncian la Catedral de Mallorca, Sant Pere de Reus... y muchas otras que suponen una esperanzadora recuperación de otras manera de sonar, de transmitir, de esforzarse con las campanas comunitarias.

Normalizar las restauraciones de campanas

Los inventarios de las campanas de las Catedrales demuestran que casi todos los conjuntos se encuentran mal conservados, parcialmente electrificados y en grave proceso de degradación. Las electrificaciones, casi siempre incompletas, se realizan sin proyecto y están limitadas por la escasez de recursos.
Los nuevos procesos de restauración de campanas están basados en el respeto a la tradición y en la posibilidad de reproducir manual o mecánicamente los toques tradicionales, tan diferentes de una población a otra. Si las restauraciones eran impensables hace diez años, ahora se están convirtiendo en España en un fenómeno importante tanto cultural como económicamente. Las actuaciones van precedidas de inventarios y acompañadas de un mayor respeto hacia las campanas, las instalaciones y los toques históricos, permitiendo los “conciertos” o toques manuales.
Las últimas actuaciones, de las que Sevilla puede ser un modelo, separan el proyecto de las ofertas económicas. Documentan las actuaciones y proponen diversas alternativas, de acuerdo con la tradición y con las necesidades actuales de los Cabildos. Y aumentan las posibilidades sonoras del instrumento, convirtiéndolo no sólo en una máquina de hacer ruido para llamar, sino en un conjunto musical, basado en ciertas maneras históricas y diferenciadas de construir comunidad con los toques de campanas.
Estas restauraciones demuestran la importancia de las acciones concebidas como un todo, con una gran repercusión social. Las campanas, sus instalaciones y sus toques forman parte de un mismo instrumento y deben ser tratadas igual que cualquier otro elemento patrimonial. La documentación previa y posterior, la reversibilidad, el respeto a la integridad del instrumento, usuales en otras restauraciones, deben ser aplicadas aquí de forma natural. Los Cabildos titulares de las Catedrales, las Administraciones responsables del Patrimonio y la propia sociedad civil deben exigir actuaciones globales y serias, que pongan en valor un patrimonio secular, que aún podemos recuperar.

Francesc LLOP i BAYO (València- 1951) es doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense en Madrid. Técnico de Etnología de la Generalitat Valenciana desde 1988, ha sido desde 1997 hasta 2001 Jefe del Servicio de Patrimonio Arqueológico, Etnológico e Histórico de la Generalitat Valenciana. Autor de numerosos artículos y algunos libros sobre campanas, su restauración y los toques tradicionales. Ha dirigido, por encargo del Ministerio de Cultura de España el Inventario de Campanas de las Catedrales de España, y dirige los inventarios de campanas de la Comunidad Valenciana. Ha dirigido trabajos numerosos de restauración de campanas, entre los que destaca la Torre del Micalet de la Catedral de València (1992) y la torre del Giralda de la Catedral de Sevilla (1998), o los más recientes de la Catedral de Jaca (2001) y la Catedral de Murcia (2002). Ha participado también en la creación o restauración de los carillones de El Escorial (1988) y Sant Pasqual de Vila-Real (72 campanas- 1998). Es uno de los fundadores del GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS, una asociación cultural dedicada al estudio y la difusión de las campanas y sus toques, no sólo en la Comunidad Valenciana. Participa en estos toques como uno de los campaneros de la Catedral de València, y es asimismo Webmaster de la página campaners.com que reúne información científica, técnica, acústica e histórica de más de 6.000 campanas de todo el Estado Español, así como otras 2.000 páginas relacionadas con estudios, artículos y noticias sobre campanas, campaneros y toques.

Anexo I - Vídeo sobre toques de campanas tradicionales

Anexo a este trabajo incluimos un vídeo con una serie de campaneros tradicionales, repicando o volteando, que sirven para documentar esta diversidad, y al mismo tiempo esta complejidad de los toques manuales.
Se trata de un material de trabajo, recogido en vivo en su mayor parte en 1983 y 1984, a unos informantes que ya han faltado en su casi totalidad, y que sin estas grabaciones no habrían dejado ni siquiera la memoria de su manera de hacer música.
  • ALCORISA (BAJO ARAGÓN): campanas, campaneros y toques
  • CARIÑENA (CAMPO DE CARIÑENA): campanas, campaneros y toques
  • CASTELLÓ DE LA PLANA: campanes, campaners i tocs
  • EL PEDROSO DE LA ARMUÑA: campanas, campaneros y toques
  • JACA: campanas, campaneros y toques
  • LEÓN: campanas, campaneros y toques
  • MURCIA: campanas, campaneros y toques
  • PEÑARROYA DE TASTAVINS / PENA-ROJA DE TASTAVINS (MATARRAÑA / MATARRANYA): campanes, campaners i tocs
  • PLENAS (CAMPO DE BELCHITE): campanas, campaneros y toques
  • SEVILLA: campanas, campaneros y toques
  • TELLA-SIN (SOBRARBE): campanas, campaneros y toques
  • UNCASTILLO (CINCO VILLAS): campanas, campaneros y toques
  • VALÈNCIA: campanes, campaners i tocs
  • VILA-REAL: campanes, campaners i tocs
  • YEPES: campanas, campaneros y toques
  • Acústica, afinación de las campanas: bibliografía general
  • Carillones: bibliografía general
  • Conservación, mantenimiento: bibliografía general
  • Destrucciones de campanarios y campanas: bibliografía general
  • Restauración de campanas: bibliografía general
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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    Última modificación: 29-07-2014
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