LLOP i BAYO, Francesc - Los campanarios como instrumento musical: una especie perseguida en Aragón

Los campanarios como instrumento musical: una especie perseguida en Aragón

Fotografía: Dr. Carlos SARTHOU CARRERES (1945ca)
"La torre de la Catedral de Teruel, cuando aún era un instrumento musical"
Fotografía: Dr. Carlos SARTHOU CARRERES (1945ca)

En estos momentos se están restaurando muchísimos campanarios en Aragón. Y sin embargo la característica común de todas estas magníficas actuaciones es el olvido, por no decir el desprecio, hacia una de las dos características principales del edificio, si no la más importante, es decir su valor como instrumento musical. Parece como si no hubiese más que valores arquitectónicos, y lo que es peor: unas valores arquitectónicos inventados, que no corresponden al proceso histórico y a las causas de construcción de tan altos edificios.
Los campanarios se construyeron altos para que el sonido de sus campanas llegase lo más lejos posible. Incluso, aunque se utilizasen técnicas mudéjares, o que los propios constructores fueran musulmanes, en ningún caso se pretendía hacer minaretes, sino torres para campanas. Y, en Aragón, como en el resto de la Corona de Aragón, con muy escasas excepciones, las campanas son visibles, están en las ventanas de las torres.
Debíamos de habernos dado cuenta ya hace tiempo. Por ejemplo, en las fotos de la postguerra, en la torre de la Catedral de Teruel, se ven las campanas en sus ventanales, y lo mismo ocurría con las restantes torres mudéjares no sólo de la ciudad sino de Zaragoza, y de la práctica totalidad de campanarios aragoneses. Las campanas estaban en los ventanales porque las bandeaban (que es el nombre aragonés del volteo completo), e incluso entre toque y toque las dejaban pingadas (señal de fiesta), u horizontales (“muertas”, que decían en Zaragoza), como señal de silencio para la Semana Santa. Pues bien: cuando comenzaron a restaurar las torres mudéjares, empezaron a inventar. Con la excusa de recuperar los originales (algo que ya había propuesto Viollet Le Duc, hace siglo y medio en Francia), se construía “terminando” lo que los constructores primeros no quisieron completar. Y el ataque siguió. Así, en Zaragoza, la Magdalena, una torre barroca, con sus campanas en las ventanas, y con unos paños mudéjares, veía desarrollados estos motivos hasta la parte más alta de la torre, convirtiendo en cuadrada una planta octogonal, y rematándola a manera de minarete. Y muchas más, como San Miguel de los Navarros, de la propia capital, en cuyo caso consideraron que la planta rectangular de la torre no era original, y la hicieron cuadrada, enviando hacia adentro, como es natural, las dos campanas mayores (antes ya habían ubicado en su interior las dos campanetas), entre ellas la famosa de Los Perdidos, de profunda raigambre zaragozana.
La falta de respeto no se queda en el desplazamiento de las campanas al centro de la torre; también se modifican los espacios interiores, que tenían una función sobre todo acústica, y se priva a las campanas de sus elementos auxiliares, a veces más antiguos que los propios bronces, dejándolas colgadas de vigas o simplemente yaciendo en un rincón.
Pero las actuaciones no se limitan al mudéjar inventado: la torre de la Seo de Zaragoza, la única que mantenía el conjunto íntegro de campanas, a la manera aragonesa, ha sufrido algo peor que una mecanización (que ya llegó con las visitas del Papa) y ha sido el proyecto de un arquitecto que considera que “ya no se voltean las campanas, porque eso es peligroso, y puede dañar la torre...” ¡Menuda restauración, que es incapaz de adaptarse a las necesidades físicas, acústicas y mecánicas del edificio que pretende recuperar!
Sabemos que en Aragón se seguía el modelo de la Seo, que en su base más rudimentaria se limita al bandeo de la campana mayor, en este caso ubicada entre dos vigas al centro de la torre, acompañada al ritmo de las otras, que eran repicadas con manos y pies.
En primer lugar se consideró que las palomas eran un peligro para el trabajo arquitectónico de restauración, y se pusieron unas telas metálicas en la sala de campanas, muy ligeras... y tanto, ya que están detrás de las campanas (incluso la gótica!) que se han convertido así en un posadero inmejorable para las aves.
Si se hubieran quedado ahí, al menos el modelo general de toque aragonés, podría ejecutarse con graves limitaciones, pero se decidió cambiar de sitio la escalera de acceso a las plantas superiores, que estaba a un lado, poniéndola tras la Valera, la mayor campana de bandeo de Aragón y una de las mayores de la península... A tres centímetros, escasos, por lo que la campana no puede ni moverse un poco para sonar, como no sea mediante un mecanismo eléctrico adosado. Con ese motor programaron que la propia campana mayor tocase las horas, con repetición, como si no fuese la campana de los Sitios, instalada a un centenar escaso de metros, la Campana de las Horas de Zaragoza... Me temo que la torre está perdida, y con ella la esperanza de recuperar el sentido original de tan altos edificios: altavoz de sus campanas, transmisor de sonoros mensajes, escritos con una gramática aragonesa, tocados de manera diferente. Y si la Seo, que era el modelo de todo Aragón, tiene inmóviles sus campanas... que vamos a esperar del resto de actuaciones???

Francesc LLOP i BAYO
"Gaiteros" (2001)
  • TERUEL: Campanas, campaneros y toques
  • ZARAGOZA: Campanas, campaneros y toques
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Inventario de campanas
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Intervenciones
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Inventario de relojes
  • Destrucciones de campanarios y campanas: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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