LLOP i BAYO, Francesc - De la Cruz de Mayo a la Cruz de Setiembre… (2)

De la Cruz de Mayo a la Cruz de Setiembre… (2)

Los toques de campanas contra tormentas

Escribimos, en un artículo anterior, la gran relación que había entre las fiestas de la Cruz de Mayo y la Cruz de Setiembre. La víspera de esas fechas, de acuerdo con los antiguos calendarios, cambiaba el horario tradicional de verano, y en consecuencia los toques de campanas se adaptaban a esa jornada más larga.
También dijimos que las campanas, relacionadas con las Cruces, tenían otra lectura del tiempo, palabra ambigua que en español, como ya sabemos, puede referirse tanto al paso de las horas como a las condiciones climáticas de la atmósfera.
Y es que, a partir del mes de mayo, la sociedad tradicional se encontraba desarmada ante el más terrible de los enemigos: las tormentas, con sus rayos y relámpagos, y con sus temibles pedregadas. Por ello el cambio de horario suponía, y en algunos casos aún supone, la introducción de otros toques especiales para proteger a la comunidad de esos males, que se suponía eran permitidos por Dios para fortalecer la fe o para castigar los pecados de la comunidad.
En consecuencia se desarrollaron una serie de toques, llamados a menudo “Tente Nublo”, porque servían para parar o desviar las tormentas. La creencia estaba basada en profundos sentimientos religiosos: si la campana está bendecida, su toque se convierte en algo sagrado, y por tanto puede defender a la comunidad que lo utiliza. En la Catedral de València, en una antigua “Consueta” o relación de toques, de finales del siglo XV, que publica RUIZ DE LIHORY, se describe un toque en el cual se hacía oscilar una o varias campanas de las menores, hasta cuatro, e incluso el “Vicent”, una de las cinco grandes, no sólo mientras duraba el temporal de truenos, de relámpagos o de piedra sino en los casos bastantes comunes de “aire terrible”. El toque en la torre iba acompañado del encendido del “ciri de la fe” delante del altar mayor, lo que significa una voluntad de poner los medios para resolver fenómenos tan impresionantes y difíciles de controlar (incluso para nosotros). Las campanas oscilaban, como hemos dicho, porque en aquellos tiempos aún no se había introducido el volteo, que llegó un par de siglos más tarde, de la mano del Patriarca San Juan de Ribera. Más tarde el toque fue evolucionando, y a principios del siglo XVIII se tocaba la campana “Bàrbera” oscilando, mientras se daban golpes alternados de las mayores.
En cualquier caso no se trataba de hacer ruido para espantar las tormentas, ni mucho menos (por muy grandes que sean las campanas poco pueden hacer ante la bravura de los elementos) sino de utilizar los elementos sagrados para alejar los males. El Padre Bartolomé Cases, Trinitario Calzado, en un famosos sermón pronunciado en la parroquia de Santa Catalina con motivo de haberse colocado seis campanas nuevas en su torre en 1730, decía, al referirse a la cuarta campana: “ …lleva los nombres de San Lorenzo y Santa Bárbara… Y si Lorenzo entibia los materiales incendios, y Bárbara deja sin actividad los rayos: a la armonía de esta campana, que tiene infusos tan sagrados nombres, ni el fuego, en toda la jurisdicción que alcance su consonancia, llegue a ser ruina; ni los horrorosos abortos de las nubes pasen a la ejecución de sus estragos.” Vemos que no es el ruido de la campana, sino el hecho de llevar los nombres de dos santos protectores, los que harán que extienda su manto de seguridad hasta donde llegue su sonido.
Rafael AGUADO, uno de los últimos campaneros tradicionales de la Catedral, antes de la electrificación de los años sesenta, describía en un “Cuaderno de todos los toques…”, en 1919, el toque para Tempestades, diciendo que era cosa de “antiguamente”. En su relato, la “Bàrbera” ya volteaba, mientras que se alternaban los golpes de las cinco campanas mayores, “siguiendo todas el orden de no encontrarse una con otra”. En su momento el toque ya había desaparecido, pero aún quedaba la utilización del cirio de la fe, que entonces llamaban “la María”, y que debía ser similar a un pascual: “Mientras tanto ardía siempre el cirio llamado la María debajo del Cimborio. En la actualidad no se toca ninguna campana en caso de tempestad, y sólo arde la María en el lugar antes citado.” Actualmente tampoco se enciende ese cirio.
Seguiremos reflexionando sobre este uso antiguo de las campanas, asociado a las Cruces y a la protección, pues aún queda mucho que decir.

LLOP i BAYO, Francesc
LLOP i BAYO, Francesc (27-04-1997)
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