SÁNCHEZ RIVERA, Jose Ignacio - La cruz como icono protector en los Espacios de Tránsito.

La cruz como icono protector en los Espacios de Tránsito

RESUMEN:
La cruz como figura geométrica aparece con frecuencia en las construcciones arquitectónicas religiosas; sin embargo, también es motivo representado en lugares no específicamente religiosos, como en los caminos, los puentes y en los ambientes domésticos, donde surge de forma espontánea representada por devotos con medios, muchas veces, precarios, porque aunque en ocasiones su representación toma un rango de oficialidad, también en otras es una expresión de carácter íntimo y personal pero que, en cualquier caso, se hace público. Por último aparece en las plantas de los edificios y en los trazados urbanos, como forma que se imagina o se visiona sólo desde los documentos gráficos más elaborados: los planos.
PALABRAS CLAVE:
Cruceros, humilladeros, exvotos, arquitectura popular.

Las cruces de los caminos: los humilladeros en la Baja Edad Media, quizá debido a la conquista de los Santos Lugares por el ejército Cruzado, se difunde por toda Europa el culto a Jesús Crucificado y se representa su Pasión. La difusión del culto a la Cruz fue especialmente predicada por los frailes franciscanos y representada en infinidad de motivos iconográficos. También en aquellos siglos debió comenzar la costumbre de levantar cruces a la salida de las poblaciones y en las bifurcaciones de los caminos para orientar al caminante y permitirle encomendarse a la protección divina cuando comenzaba su viaje. El propio cruce de caminos podría verse como una representación en el espacio geográfico del símbolo religioso de la Cruz.

Son frecuentes las cruces en las bifurcaciones próximas a las poblaciones, que eran aprovechadas para encomendarse al iniciar el camino o para dar gracias al finalizar el trayecto. Del acto de arrodillarse o humillarse ante la cruz deriva el vocablo humilladero con el que se designan las cruces y el entorno en que se levantan. Unas veces fueron los concejos quienes costearon la erección de cruces, pero por lo general fueron los particulares o las cofradías locales quienes acudieron a levantarlas como una obra más de misericordia.

La época en la que tuvo su apogeo la erección de cruces debió ser a fines del siglo XVI, a juzgar por la frecuencia en que aparece grabada esta fecha en los fustes de las cruces. En algunos lugares se colocaron cruces en los cuatro puntos cardinales, en la salida de todos los caminos posibles. Aún se conservan la mayoría en pueblos como Arroyo de Cuéllar (Sg) y en sus fustes puede leerse la fecha de 1577, lo que nos da idea de la época en que este fenómeno de erección de cruces camineras debió estar en su apogeo. Un poco anteriores debieron ser los de Portillo, Aldea de San Miguel, Cogeces de Íscar y San Miguel del Arroyo, todos en la antigua Comunidad de Portillo (Valladolid). Su fuste gótico los data hacia la mitad del XV pero, en cualquier caso, no se encuentran cruceros antes.

Simultáneamente, se construyeron con frecuencia templetes sobre cuatro postes ocolumnas para proteger la cruz y así dar también abrigo a caminantes y curiosos que se apostaban en las encrucijadas. Uno de los más conocidos es el templete de Los 4 Postes, en Ávila, existiendo otro muy parecido en Rágama (Salamanca). También son frecuentes en la Ribera Burgalesa (Aranda, Valdezate, Hontangas) apoyados sobre contrafuertes levantados en los ángulos. Estos templetes terminaron por cerrarse en el siglo XVII a instancias de los Visitadores Diocesanos, para evitar que bajo su techo re refugiaran rebaños o se diera "cobijo a actos indecentes". El resultado final fue la generación de edificios de volumen cúbico en los que la cruz se extrajo al exterior, quedando situada frente al edificio.

Una excepción sería el monumental crucero historiado de Sasamón (Bu) que, sin duda por lo particular de su decoración se mantuvo a cubierto dentro del templete cerrado. En cualquier caso, lo más frecuente es que se contemple una cruz ante la puerta del edículo, casi siempre orientado con su puerta hacia la población más cercana, y que reciban el nombre de humilladero tanto las ermitas como las cruces levantadas junto al camino. En otros lugares, como en Pesquera de Duero (Valladolid), puede comprobarse que la cruz se erige a fines del XV (en 1584) y la ermita enfrente se levanta cuarenta y cinco años después, en 1629, como puede leerse en un relieve sobre las puertas. En definitiva, el resultado final es la construcción de un edificio en una encrucijada, o pegado al camino, con una cruz en su frente levantada sobre un podio escalonado que servía para reposo del viajero y para la espera de los desocupados que salían a los caminos. Una vez cerrado el espacio del humilladero, sirvió para albergar las figuras que desfilaban en las procesiones de Semana Santa, entonces en pleno desarrollo. La mayoría de estos edificios se pusieron bajo las advocaciones propias de la Semana Santa, como El Santo Cristo, la Virgen de las Angustias o la Soledad, características de la Semana Santa, pero también se los conoce por la cofradía que los construyó, siendo especialmente frecuentes las referencias a La Vera Cruz. En su morfología, estas cruces presentan un aspecto diverso; las más rústicas fueron levantadas en madera y deben haber sufrido periódicas sustituciones a lo largo de la historia. Actualmente se conservan pocas de este material aunque debieron ser abundantes. La Plaza de la Cruz Verde, hoy en el centro de Valladolid y antaño en el Camino de Tudela, nos indica que también estuvieron pintadas en ese color, que es el característico de la cofradía de la Vera Cruz en la ciudad.

Más complejas resultan las góticas de la Comunidad de Portillo, ya aludidas, que presentan el crucificado en el anverso, frente a la población, y la Virgen con el Niño en el reverso. Los fustes son octogonales y las basas góticas. En Aldea de San Miguel puede leerse, incluso, una cartela en letra gótica en el pedestal. Suelen mostrar un crucificado en escultura de bulto en el anverso, y una Virgen con niño en el reverso. Los erigidos en la segunda mitad del XV tienen ya fuste cilíndrico, sobre graderío cuadrangular o circular. Ocasionalmente se esculpe la cartela del INRI y otras veces se levantan pedestales clasicistas, interpretados directamente de los pies de columna que los tratados italianos representaban en sus grabados. La característica formal más destacada de los levantados en torno a 1600 es la proporción de sus brazos, donde destaca la brevedad del palo vertical que, en ocasiones, no da más que para albergar un escueto INRI. En el sur de Valladolid y norte de Segovia, la presencia de un taller local de cantería, de formación popular, llenó los caminos de cruceros con toscas figuras del crucificado. Su fecha de actuación debió ser ya comenzado el siglo XVII. Con la llegada del estilo barroco se da la última evolución de las piezas, erguidas hasta finales del siglo XVIII. La escala de la cruz se reduce y los brazos se tornean imitando labores de orfebrería: son la traducción en piedra de las cruces procesionales barrocas. Los fustes y pedestales se remiten a los tratados clasicistas, excediendo su ornamentación en el éntasis de las columnas o en la superposición de rombos sobre los lienzos planos. Llegados a este punto aclaremos que no se consideran aquí las cruces que anteceden las puertas de las iglesias parroquiales, ya que su presencia es allí preceptiva para señalar la existencia de una jurisdicción eclesiástica sobre su suelo y santificar un lugar ocupado como camposanto. Tampoco nos extenderemos en la explicación de los Via Crucis, erigidos desde el siglo XVIII en lugares públicos como los atrios de las parroquias o las vías que unen diferentes templos de una villa. Tampoco lo haremos con las cruces sobre las torres o fachadas de iglesias, pues no hacen más que señalar el carácter del edificio.

Como hemos visto, los humilladeros no se erigen en sagrado sino en el yermo espacio del arrabal y el discurso que seguiremos en este trabajo será traer al lector la presencia de cruces en lugares que no le son propios o exclusivos. Se ha comenzado con un fenómeno protagonizado por cofradías y concejos, que son asociaciones civiles. Ya dentro de las parroquias e iglesias, otro lugar para representar la cruz va a ser el frente de las campanas. Cierto es que se colocan en las torres y espadañas de los templos pero el comitente pueden ser los vecinos. Así, las campanas concejiles, aunque de propiedad municipal, se sitúan en las torres de las iglesias para que así pueda llegar su sonido limpiamente a todos los vecinos. Las más antiguas campanas de las torres, y además las situadas en lugar más alto, suelen ser las concejiles, en las que da las horas el reloj. Con otras campanas, aunque sean de la parroquia, se llama a conjurar los nublados y pedriscos por lo que suelen ceñirse los címbalos con leyendas alusivas a la protección de los parroquianos y sus enseres. De este modo, cada vez que suena la campana es como si invocara una plegaria. Reforzando este papel apotropaico del sonido de la campana es frecuente que el címbalo en su vaso, entre los cordones inferior y superior, tenga una cruz fundida que refuerce su papel protector. Dicha cruz se empieza a fundir con la campana desde el siglo XVI y llega hasta el momento presente. Suele ir encaramada en pedestal o monte y los fundidores las componían con moldes elementales, muy frecuentemente con cuatripétalas.

Analizando la presencia de la Cruz como icono protector, puede pensarse que sus autores quizá le dieran más un valor mágico, concediendo a su presencia una acción automática, que una consideración mística. Si continuamos el discurso analizando los espacios físicos donde la Cruz se coloca con un valor protector frente al territorio, para defender un espacio de la entrada de algo no deseado, es decir, con un valor de señalizador y defensor de una frontera, debemos entonces examinar las puertas de las villas y de los cementerios, así como las ventanas y puertas de las casas.


SÁNCHEZ RIVERA, Jose Ignacio (2010)

  • ARANDA DE DUERO: Campanas, campaneros y toques
  • PEÑAFIEL: Campanas, campaneros y toques
  • PESQUERA DE DUERO: Campanas, campaneros y toques
  • VALLADOLID: Campanas, campaneros y toques
  • Conservación, mantenimiento: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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