LLOP i BAYO, Francesc - Catedral de el Pilar de Zaragoza - Informe sobre la torre, las campanas y los toques

Catedral de El Pilar - ZARAGOZA
Informe sobre la torre, las campanas y los toques

Dr. Francesc LLOP i BAYO
Equipo de recogida de datos: Vicent ESPAÑA i LAVEDA y Juan Ignacio GONZALO ÁLVARO
Fecha de la recogida de datos: 19 y 20/09/1989
Fecha del informe: 11/01/1995

El GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS recibió el encargo del Ministerio de Cultura de España de hacer el inventario de las campanas de las Catedrales españolas. En su primera fase, el trabajo recogió las características de las campanas, de las torres y de los toques de las campanas de la Corona de Aragón. En una segunda fase se recogieron los datos de las campanas de otras veinticinco catedrales de una franja vertical de la península, que comprende la Andalucía Oriental, la Comunidad de Murcia, Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid, parte de Castilla y León, el País Vasco y Navarra.

En este informe queremos estudiar los dos conjuntos de campanas que existen en la actualidad en las torres de la Catedral de El Pilar de Zaragoza. Es cierto que algunos datos, especialmente referidos a las campanas del reloj, están incompletos, debido al acceso casi imposible a los bronces, pero esperamos aportar una visión crítica y constructiva sobre una mecanización que supuso el fin absoluto de la tradición y la introducción de nuevas maneras de tocar las campanas.

Estado de las torres

La torre sur-oeste, o torre de las campanas

Descripción
La Basílica de Santa María del Pilar tiene cuatro torres, dispuestas en los ángulos de la Catedral, aunque durante siglos sólo dispuso de una, ubicada en el ángulo sudoeste. En esta torre estaban las campanas de uso litúrgico, y a un nivel inferior (cosa poco usual) otras dos, destinadas al reloj.

La torre sur-este, o torre nueva

Descripción
A principios del siglo XX se construyó una segunda torre, llamada la Torre Nueva, porque en ella se instalaron las antiguas campanas procedentes de un campanario municipal, de factura mudéjar, instalado en la plaza de San Felipe, y destinado a albergar el reloj de la ciudad y sus campanas. Esta Torre Nueva fue derribada, por motivos de especulación urbanística, a finales del siglo pasado. Existen dos torres más, finalizadas en 1961, que no albergan campanas; en una de ellas hay un ascensor para las visitas públicas.
Estado de conservación
A pesar de estar expuestas a los vientos y a las humedades del río, las torres que albergan campanas se encuentran muy limpias. En el caso de la torre Sudoeste se justifica por una tela metálica, dispuesta en todos los ventanales, que impide el paso de palomas y de otras aves. Sin embargo, la torre Sudeste, sin protección, está correctamente limpia gracias a los cuidados del señor Florencio, en el momento de nuestra visita.
Las escaleras de hierro que permiten acceder, no sin peligro, a los niveles más altos, están corroídas.
Visitas públicas
Las torres de campanas no tienen acceso público. Sin embargo la torre Noroeste tiene un ascensor automático, que permite acceder hasta la base de la linterna, a la cual se llega mediante una pequeña escalera. En este lugar, donde apenas cabe una docena de personas, se goza de una vista espléndida del templo y de la ciudad. Los visitantes están protegidos del viento y de posibles caídas mediante ventanas de cristal, que pueden ser fácilmente abiertas por el público. A la torre se accede mediante un ticket cuyo precio creemos que es en la actualidad de 100 pta.

Campanas

Conjunto actual: croquis de las torres
La basílica de El Pilar tiene quince campanas, dispuestas en dos torres distintas. Las nueve primeras corresponden a las campanas de uso litúrgico, y están ubicadas en la torre Sudoeste, mientras que en la torre Sudeste se encuentran dos grupos diferentes de campanas: cuatro menores, que forman el llamado Carillón de Correos, y que tocan los cuartos, y otras dos procedentes de la Torre Nueva. La de los cuartos, gótica, permanece muda, mientras que la mayor, de las horas, es la que fue llamada posteriormente la "Campana de los Sitios", una de las mayores campanas horarias de España en servicio.

CampanaNombreInstalaciónAutorAño
1Santa Anasemivolteo 1884
2CampanasemivolteoLESTER & PACK (LONDON)1764
3La Santiaga, el campanicosemivolteoANTONIO DE ARGOS1804
4Santa IsabelsemivolteoGUIXà (MONISTROL DE MONTSERRAT)1971
5Juana PaulasemivolteoGUIXà (MONISTROL DE MONTSERRAT)1983
6La Braulia, la Mediana de los TejadossemivolteoANTONIO DE ARGOS YGUAL1783
7Petra PaulasemivolteoGUIXà (MONISTROL DE MONTSERRAT)1971
8La Indalecia, la Mediana de la PlazasemivolteoARGOS1794
9La Pilar, la Pilara, la grandesemivolteoANDRÉS DE ARGOS1866
ACarillón de CorreosfijaCONSTANTINO LINARES (CARABANCHEL BAJO)1940
BCarillón de CorreosfijaCONSTANTINO LINARES (CARABANCHEL BAJO)1940
CCarillón de CorreosfijaCONSTANTINO LINARES (CARABANCHEL BAJO)1940
DCarillón de CorreosfijaCONSTANTINO LINARES (CARABANCHEL BAJO)1940
ECampana de los Cuartos de la Torre NuevafijaJOAN CLARECHET1598
FCampana de los SitiosfijaANDRÉS DE ASÍN1715

Campanas históricas
Durante la última reforma, a la que luego nos referiremos, se refundieron dos de las antiguas siete campanas litúrgicas, así como otra procedente del reloj, de modo que subsisten seis de estas campanas antiguas. No obstante su unión ya supuso una confusión simbólica, que los antiguos habían resuelto ubicando las del reloj a distinto nivel, en este caso más bajo (véase su lugar original en la fotografía de la torre sudeste, inmediatamente encima de la esfera. Como prueba de separación entre unas y otras campanas está la ubicación en otra torre, construida más tarde, de aquellas dos campanas primero y seis después, dedicadas exclusivamente al toque de las horas.
A estas campanas antiguas, de uso litúrgico, con la adición de una inglesa del reloj, se añadieron tres más, en los últimos años. Las dos primeras, de 1971, de buena factura y excelente sonoridad, destacan por su aspecto "alemán", muy distinto en cuanto a forma y decoraciones, así como en sonido de las restantes campanas, incluso de la misma época. La última campana, mucho más tardía, aunque fabricada por la misma empresa catalana, representa un estado de decadencia notable, tanto en el cambio de decoraciones, como en el pésimo acabado, que aconsejarían una refundición.
Curiosamente la torre del Pilar conserva más campanas antiguas que la de la Seo, si exceptuamos el Miguelico, gótico, de la otra catedral de Zaragoza. Por otro lado, excepto la campana inglesa del reloj, las demás son construidas por la familia Argos, o de Argos, a lo largo de los años: 1783, 1794, 1804, 1866. En este sentido el campanario constituye el mejor museo de esta familia de fundidores, de la que quedan algunos ejemplares dispersos por Aragón y Castilla.
Punto y aparte son las dos campanas del reloj de la Torre Nueva. La de los cuartos, totalmente inaccesible sin medios extraordinarios, sería de los Clarechet, uno de los cuales funde la campana grande aún activa de la Catedral de València en 1544, así como la de las horas de Barbastro, de 1504. Es una típica campana gótica, con inscripción dedicada a los ediles municipales y con les escudos de la Inmortal Ciudad. También ostenta escudos la Campana de los Sitios, aunque ésta última, una de las mayores horarias, es una típica campana barroca francesa, propia de los primeros momentos tras la guerra de Sucesión, por la cual Felipe IV de Aragón y V de Castilla accede al trono de las España. Esta gran campana ostenta no sólo inacabables dedicatorias, difíciles de transcribir ya que la campana se encuentra a una docena de metros del suelo, sino múltiples escudos, imágenes y grabados.
Finalmente el pequeño carillón, compuesto precisamente de cuatro campanas, es un regalo de los empleados de Correos, en 1940.
Destrucciones
La refundición de las campanas realizada en 1971 no puede considerarse, en sentido estricto, una destrucción, ya que ha sido un proceso usual a lo largo de la historia la refundición de las campanas quebradas (aunque hoy en día hay otras técnicas, como la soldadura, para recuperar campanas valiosas rotas). La principal destrucción, que carece de significado, consiste en la remodelación de las campanas, de su ubicación y del sistema de toques, importando un estilo alemán, absolutamente ajeno a la cultura aragonesa, pretendiendo que era la manera superior de tocarlas.
En esto hay una grave confusión, puesto que ni una ni otra manera de tocar son superiores: son simplemente distintas, y, sobre todo, propias de culturas diferentes. Es sabido que las Consuetas antiguas, o relaciones de toques, de las Catedrales de Zaragoza, contemplaban sólo las campanas oscilantes, así como numerosísimos repiques, pero se introdujo, posiblemente a finales del XVII el bandeo, que es la manera local de denominar el volteo de campanas, de modo que esa oscilación de algunas o de todas se reservaba, sólo, para los toques de difuntos más solemnes. Por tanto, las campanas de El Pilar, ahora, sólo tocan a muerto, como decía un anciano zaragozano, no tanto porque no voltean, puesto que a menudo sólo lo hacía la más pequeña y la mayor para las grandes fiestas, como en la Seo, sino porque sólo oscilan, habiendo abandonado la manera más creativa de tocar las campanas, como es el repique.
Cuando se instalaron las nuevas campanas, se decía que una de las principales características es que, a partir de ahora, ya tocaban de manera regular, rítmica, exacta. Este es precisamente su defecto: si los alemanes necesitan la repetición indefinida, ese es un rasgo de su cultura, digno de ser apreciado. Pero en Aragón las campanas no deben tocar así.
Ese mismo concepto erróneo fue aplicado no sólo en la regularidad de los toques cuanto en la precisión de las notas. Durante siglos, El Pilar, como la otra catedral de Zaragoza, han potenciado excelentes composiciones musicales que han desarrollado a través del canto diario en el coro. También se utilizaban otros instrumentos musicales, aparte del órgano, en las ceremonias litúrgicas diarias. Por tanto esta concepción altísima de la música afinada y bien entonada era conocida y aplicada en las Catedrales de Zaragoza.
Sin embargo las campanas eran otro mundo, y esta idea nos fue transmitida por muchos de los campaneros aragoneses entrevistados, que a su vez no sólo conocían la música, sino que eran profesores de solfeo: las campanas no hacen, ni en Aragón, ni en el resto de España, melodías, sino que construyen mensajes a través del ritmo. Por tanto, durante siglos, no faltaron campanas ni en El Pilar ni en ninguna otra torre de Zaragoza, porque había las suficientes para construir los mensajes sonoros, rítmicos y musicales necesarios para la comunidad. Por tanto, la introducción de nuevas campanas, por muy afinadas que estuviesen, en un templo tan antiguo como éste, no significaban completar la sonería, en palabras de su instalador, sino mutilarla, ya que se primaba la melodía frente a la diferenciación sonora entre unas campanas y otras.
A todo esto, y para completar la destrucción, se ubicaron las campanas en el interior de la torre, lo que supone un empobrecimiento de su sonido. Las campanas alemanas basan su sonoridad en una oscilación rápida, de modo que los largos badajos sólo golpean cuando suben, tocando apenas la campana, y dejando que ésta oscile vibrando, Precisamente, para alargar esta sonoridad se cierran los ventanales de la torre, de modo que el sonido permanece en el interior, realimentado por un lado la vibración de la campana y expandiéndose por otro hacia afuera en todas las direcciones. En este caso, la falta de ventanales de madera empobrece las vibraciones y limita mucho la expansión uniforme de los sonidos.
Electrificaciones
La primera electrificación consistió en el cambio de los yugos de madera por otros de hierro, permaneciendo las campanas en los ventanales, en su ubicación original. Parece que esta mecanización, hecha por Vidal Erice, de Pamplona, tuvo escaso rendimiento ya que apenas dos años más tarde se instalaban las campanas al estilo alemán. La segunda electrificación fue realizada por la empresa Guixà, de Monistrol de Montserrat, responsables de la reubicación de las campanas y de la introducción de la nueva estética germana.

Toques de las campanas

Toques manuales
Los toques manuales han desaparecido de la torre. La actual instalación impide los toques manuales, y no reproduce los toques ni los ritmos tradicionales. La instalación de unas campanas sobre las otras, los largos y pesados badajos, impiden cualquier intento de repique, debido al cambio de lugar así como al excesivo peso de los martillos. Por otro lado la ausencia de contrapesos impide el volteo de cualquier campana, incluso de la menor.
Toques mecánicos
Los toques mecánicos están limitados al medio volteo de todas las campanas, excepto las del reloj, y al repique eléctrico de sólo dos campanas mayores. El conjunto mecánico ofrece pocas posibilidades rítmicas y sonoras.
Campanero
El último campanero de El Pilar fue el famoso tio Simeón MILLÁN, que estuvo hasta 1962 encargado de las campanas y sus toques. También era el que organizaba el Rosario de los Devotos, todas las tardes, por el templo mariano. Vivía con su familia en la misma torre, y ellos atendían a los visitantes, cobrándoles la entrada.
Tras ellos se mecanizaron las campanas.

Reloj

Mecánico
Existe algún reloj mecánico en las torres, al que no tuvimos acceso. Se encuentra en desuso.
Respecto a las campanas del reloj, en especial las que proceden de la Torre Nueva, es indudable su carácter municipal, lo que no supone en absoluto que la Ciudad pueda disponer de ellas a su antojo sino que, más bien, está obligada no sólo a su mantenimiento sino a que sean correctamente usadas. La existencia de badajo en la campana de las horas, usual en este tipo de campanas, debía ser asociada a ciertas señales extraordinarias, como los toques de alarma que justifican su nombre de Campana de los Sitios, por el recuerdo de la Guerra de Independencia. También se tocaba esta campana para anunciar, exclusivamente, el anuncio de ciertas fiestas extraordinarias, y así se empleó, por ejemplo, en 1765, como dice el Dr. Don Manuel Vicente Aramburu, en su Historia Chronológica de la Santa, Angelica, y Apostolica Capilla de Nuestra Señora del PILAR de la Ciudad de Zaragoza... (Zaragoza 1766 - f. 368/369):
CAPITULO XXXIII. FIESTAS DEL DIA ONCE DE OCTUBRE, VISPERA DE NUESTRA SEÑORA.
... En esta gustosa ocupacion passaron muchos toda la mañana, hasta las doce del medio dia, en que hizo señal de la Festividad de la Vispera, segun ha yà algunos años, se acostumbra, la Campana del Relox mayor, que es de la Ciudad, y pesa 260. quintales, como yà tengo escrito, que son solo 76. quintales menos, que la gran Campana de Moscou, Corte antigua de la Rusia, que es celebrada en la Europa, y pesa trescientos treinta y seis. Al toque de esta crecida Campana sonaron todas las de las dos Iglesias Metropolitanas, de las Parrochias, y de todos los Conventos, lo que produxo una ruidosa harmonìa, que alegraba al animo y excitaba à la devocion.
Electrónico
En el momento de nuestra visita se encontraba un mecanismo electromecánico obsoleto para la gestión de toques tanto de campanas litúrgicas como de campanas horarias. Llevaba la inscripción Instalaciones de campanas A. C. GUIXà - Monistrol de Monserrat (Barcelona) Calle Puente, 18 - 8350130.

Estado del conjunto

Analizaremos el estado de las instalaciones, desde el punto de vista de conservación del patrimonio, teniendo en cuenta cómo se conservan las instalaciones históricas, de qué manera reproducen los toques tradicionales y cómo permiten la interpretación de esos toques de manera manual.
En este caso, la electrificación ha supuesto una ruptura irreversible con la tradición, una introducción de unas sonoridades mucho más limitadas, y la imposibilidad de realizar los antiguos toques tradicionales.
Conservación de las instalaciones
La electrificación, típica de una mentalidad germánica, significó la destrucción de la instalación tradicional, sustituyendo los yugos de madera, de gran calidad sonora y rítmica, por unas estructuras internas bamboleantes, de vigas de hierro, propia de las culturas centroeuropeas.
El mantenimiento de las campanas pequeñas en una posición elevada permite, al menos que su sonoridad no se vea mermada, y se expanda de manera correcta.
Reproducción mecánica de los toques tradicionales
Como hemos dicho, la actual instalación no sólo no puede reproducir los toques tradicionales, sino que pretende aportar una nueva estética, mucho más regular y repetitiva, eliminando no sólo los volteos, relativamente escasos en este templo, sino los repiques, la principal aportación de la cultura aragonesa a las campanas.
La falta de un ordenador para la gestión de los toques limita aún más las posibilidades de la instalación, que sólo produce una parte mínima y extremadamente simplificada de toques de campanas, nada tradicionales ni creativos.
Posibilidad de ejecución de los toques manuales
La actual instalación, concebida como una electrificación definitiva frente a los campaneros, impide totalmente los toques manuales. Los repiques se ven impedidos por el cambio de altura de las campanas y por los nuevos badajos, mucho más pesados.

Propuestas

Protección
En las torres se encuentran varios elementos que han de ser protegidos de manera específica: la campana de los cuartos gótica, (E), debe ser incoada como Bien de Interés Cultural, por su extraordinaria importancia. Por otro lado tanto la campana de los Sitios (F), así como la campana (2), la (6) y la (8) deben ser incluidas, de manera individual, en el Inventario General de Bienes Muebles, por su alto valor.
Las campanas del siglo XIX tienen cierto interés, y solamente puede ser refundidas después de una cuidadosa documentación, en caso de rotura. Las dos campanas de 1971 son valiosas, mientras que la más reciente carece de calidad.
Intervenciones urgentes
La intervención más urgente consiste en darle un sentido a la campana gótica de los cuartos: si no suena, porque es sustituida por las del carillón de Correos, esta preciosa campana, la más importante de la torre, debiera ser ubicada en otro lugar, o, incluso, llevada a un museo (aunque somos partidarios que las campanas existen para ser tocadas).
También deben revisarse los diversos mecanismos, especialmente los de las campanas horarias, que tienen un funcionamiento irregular por encontrarse sometidos a la rigurosa intemperie de Zaragoza.
Restauración
La durísima intervención a la que fueron sometidas las campanas de El Pilar plantea importantes problemas a la hora de proponer alternativas, para cambiar la situación actual. Propondremos tres, totalmente enfrontadas la primera y la tercera, y con una situación intermedia, que podría permitir combinar tanto la tradición como la introducción de una estética nueva y ajena a nuestras costumbres.
  • Solución A: las campanas al estilo alemán, de forma total
    Se ha escrito que la instalación actual era imperfecta, porque faltaba una campana más al conjunto: se trataba de mecanizar también la mayor, de los Sitios, de manera que también voltease al estilo alemán, con lo que se completaría la sonería.
    En este caso habría que cerrar, con persianas adecuadas, las ventanas, para reconstruir la sonoridad típica de los campanarios centroeuropeos. La ubicación de la campana mayor en otra torre, que también se cerraría, supondría una distorsión, ya que habría dos focos sonoros.
    Por otro lado, y para nuestra estética, supondría sobre todo la mezcla de dos mundos metafóricamente (y espacialmente) separados: el de las campanas litúrgicas y el del reloj.
    El cierre de las ventanas se justificaría no sólo por estética, sino por acústica, aunque ya las campanas acabasen de verse.
  • Solución B: proyecto utópico, el regreso a los orígenes
    En una utópica solución de restauración dura, las campanas debería volver a los ventanales, eliminando las nuevas, y limitando el juego a las antiguas, así como a aquellas que las sustituyen. Las campanas recuperarían sus yugos de madera originales, para volver a encontrar su acústica, su volumen sonoro y la seguridad de los bronces y de la fábrica.
    Los motores de volteo, deberían reproducir los toques tradicionales con sus variantes locales, y no impedir, bajo ningún concepto, los toques manuales. Dichos motores deberían ser de los llamados de impulsos, que reproducen los gestos del campanero, haciendo oscilar las campanas, progresivamente, y no frenándolas en absoluto, ya que carecen de reductora; estos mecanismos pueden funcionar con las instalaciones tradicionales, de yugos de madera, como ocurre en la Catedral de València. Los electromartillos para los repiques se instalarían de modo que no impidiesen, en su caso, la oscilación o el volteo de las campanas. Estos mecanismos serían de las características adecuadas para reproducir los toques tradicionales, por más rápidos y variados que sean.
    Sin embargo esta solución, que debe ser aplicada en otras torres como Jaca, Girona, Barcelona o Lleida, donde la misma empresa cometió similar destrucción de instalaciones tradicionales, aunque manteniendo la mayor parte o la totalidad de sus campanas, parece inaplicable en Zaragoza: demasiadas cosas han cambiado, para regresar a un pasado cercano pero perdido. Por otro lado, la vecina catedral de La Seo está en mejores condiciones, porque la intervención fue menor, de recuperar en su integridad el conjunto sonoro original. Cabe por tanto aplicar otra solución más suave, intermedia.
La recuperación del patrimonio sonoro zaragozano
En último extremo, si debiese voltear, completamente, una sola campana, tendría que ser la mayor, la Pilar. Y si quisiésemos recuperar los toques tradicionales de Zaragoza, bastaría recoger y aplicar los repiques, utilizando las campanas y los mecanismos necesarios.
La intervención sería mucho menos importante: habría que dotar, eso sí, a la campana mayor, de un yugo de madera, y del motor adecuado, para que pudiese voltear completamente u oscilar con las demás, y a las otras, (cinco o seis, según los toques) con martillos electromecánicos adecuados, o incluso por tracción de aire comprimido, más rápidos, de manera que los antiguos, sonoros, creativos repiques zaragozanos, volviesen a tocar.
Y aquí cabría aplicar la imaginación, que es precisamente lo que falta al estilo de tocar alemán: unos días las campanas tocarían de un modo o de otro, llegando a programar incluso ciertos toques, como los de coro, al estilo antiguo, y reservando por supuesto el volteo de la mayor para dos o tres fiestas del año: el Pilar, Navidad, Pascua. Naturalmente, la mayor es la Pilar: la de los Sitios debe tocar para lo que es: una campana de las horas, que sólo suena, muy de tarde en tarde, para llamar a la fiesta. Se recomienda el empleo de un ordenador para la ejecución automática no sólo de los llamados toques de aviso, sino de aquellos cíclicos tradicionales, como son los toques de Angelus tres veces al día, el de ánimas al anochecer, o los repiques de víspera de domingos y festivos.
En este sentido habría que separar las dos torres, con sus funciones incluso opuestas: la torre de las campanas, con sus repiques y sus medio volteos, permanecería abierta, para expandir, sin excesiva resonancia, los ecos de los toques antiguos y los nuevos.
En la torre nueva, sin embargo, la campana de los Sitios podría ser el centro y el núcleo no sólo de un pequeño carillón de cuatro campanas, sino de un gran instrumento de concierto de cuarenta o cincuenta campanas, realmente afinadas, y con un teclado manual, para que pudiesen tocar los grandes concertistas europeos, aunque tuviese unos mecanismos de apoyo para ciertos toques automáticos.
Y entonces el Pilar se convertiría en una fuente sonora de múltiples ecos campaniles, sin la tediosa repetición actual, solamente rota por la voz amplificada de los infanticos llamando a la oración, una solución tecnológica difícil de comprender (Es curioso como pocos se sienten atacados por las campanas, pero muchos entienden mal la voz amplificada).
En cualquier caso toda actuación sobre las campanas, la instalación, el reloj y los toques deberá ser supervisada y autorizada por los Servicios Competentes de Patrimonio de la Comunidad Autónoma, de acuerdo con la Ley de Patrimonio.
De manera subsidiaria debiera tenderse a la formación de un grupo de campaneros, que se encargasen del mantenimiento de las campanas y de los toques manuales de las grandes celebraciones, aunque con una o con otra solución, parece poco factible que los toques manuales regresen al Pilar. Esperemos que se mantengan en la otra Catedral de Zaragoza, unidas por un mismo Cabildo.

Bibliografía empleada

  • ZARAGOZA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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