LLOP i BAYO, Francesc - Las campanas de la Catedral de Murcia: un instrumento musical dormido

Las campanas de la Catedral de Murcia: un instrumento musical dormido

Un proyecto de restauración puede recuperar la torre de la Catedral como instrumento musical tradicional

FRANCESC LLOP – València

Muchas de las campanas de la Catedral permanecen en silencio: unas están rajadas, otras no tocan y otras están equipadas con accesorios recientes que modifican su sonoridad tradicional. Aplicando los conceptos de restauración utilizados en Caravaca de la Cruz y en la Giralda de Sevilla es posible recuperar la sonoridad y la belleza del más alto instrumento musical de la Catedral, la ciudad y sus alrededores.

Las campanas de la Catedral han sufrido muchos años de desamor. Cuando faltaron los Últimos campaneros, se instalaron los mejores motores que había en la época, pero estos mecanismos, de rotación continua, se acompañaban de accesorios (yugos metálicos, badajos nuevos) que desfiguraban la sonoridad original de las campanas. Esas instalaciones, que forzaban las campanas, acabaron rompiéndolas, pues no se respetaban algunos principios antiguos como la separación entre el bronce y el muro a través de madera o la libre oscilación para aprovechar la inercia de las grandes masas de bronce.
Además, para propiciar las visitas a la torre, los antiguos bronces fueron "enjaulados", alejándolos así de los turistas y modificando totalmente el aspecto interior de la sala de las campanas, uno de los espacios sonoros más sugerentes de Murcia.
La torre, un instrumento musical
La torre de la Catedral, cualquier otro campanario, son instrumentos musicales, concebidos desde antiguo como un conjunto sonoro. Las campanas son parte importante de este instrumento, pero también afectan los accesorios (yugos de madera o de metal, badajos) e incluso la forma y altura de la torre y la colocación relativa de los bronces, para producir unos u otros efectos acÚsticos. Las campanas, la instalación y el propio edificio se completan con los toques tradicionales, construidos a lo largo de los siglos y adaptados al instrumento.
Cualquier cambio en uno solo de sus componentes destruye la sonoridad del instrumento original. Por tanto no basta conservar las campanas, si se modifican los accesorios o su posición en el campanario. Tampoco es suficiente conservar campanas e instalaciones, si se modifican los toques. Se trata de un conjunto Único, construido a lo largo de la historia, para ese espacio y para ese territorio.
Nuevas técnicas para restaurar campanas
Durante siglos, cuando una campana se rajaba, se troceaba en la misma torre, y sus pedazos de bronce se refundían para hacer una nueva. No se tenían en cuenta, por lo general, ni las inscripciones ni las decoraciones. Menos aÚn la sonoridad original de la campana, es decir su nota principal y sus armónicos. Solamente pesaban el bronce y procuraban hacer una campana nueva de peso similar.
Con los yugos y otros accesorios para el toque de la campana pasaba lo mismo. Si los antiguos utilizaban la madera, para aislar la campana de la torre y producir movimientos más libres, en los años sesenta, cuando comienza la necesidad de la mecanización, ante la falta de campaneros, se cambian yugos de madera por otros de metal, mucho más fáciles de manejar por los motores, pero de efectos acÚsticos desastrosos. Los mismos motores, de tracción continua, no reproducían la variedad de los toques manuales, ni tampoco la diversidad de repiques y otros toques rápidos tradicionales. El progreso suponía, necesariamente, la desaparición no solo de la tradición sino de todas sus características culturales. Por supuesto no se aplicaba ninguno de los conceptos clásicos de la restauración (documentar lo existente, modificar lo menos posible, recuperar las características originales del objeto restaurado).
En pocos años las cosas han cambiado totalmente. Ahora se sueldan las campanas quebradas, con total seguridad, porque sabemos que así se recupera la sonoridad original de las más valiosas. Se reponen los yugos de madera, porque las campanas suenan más y mejor, aisladas de la torre, y además se rompen mucho menos. Se instalan motores de impulsos que reproducen la manera de tocar los campaneros antiguos, y que no impiden los toques manuales. Y, finalmente, se programan ordenadores que ejecutan los toques históricos de manera automática, convirtiéndose así en los mejores conservadores de la tradición.
Las Últimas torres restauradas
Esos conceptos de restauración pudimos aplicarlos en 1998 a dos importantes conjuntos de campanas, de cuya restauración fuimos responsables: la torre del Salvador de Caravaca de la Cruz y la torre de la Catedral de Sevilla, llamada popularmente la Giralda.
En el primero de los casos se soldó una campana antigua quebrada, recuperando su sonoridad perdida; se repusieron yugos de madera y se restauraron otros, se instalaron las campanas en la torre de manera que pueden voltear todas a la vez, sin molestarse unas a otras (en la primera electrificación, las campanas pequeñas impedían el volteo de las mayores) y se han instalado motores de impulsos y un ordenador que controlan y reproducen los toques tradicionales. Este trabajo ejemplar, llevado a cabo por iniciativa local, se inauguró con un concierto manual que demostraba la posible interpretación de toques antiguos en campanarios restaurados.
La Catedral de Sevilla tenía problemas similares a la torre de la Catedral de Murcia: seis campanas fijas que conservan sus instalaciones tradicionales (aquí son tres); dieciocho campanas de volteo (aquí eran dieciséis) que han perdido sus yugos de madera, y que en muchos casos están rotas o desgastadas.
Las campanas fijas permanecieron en la torre, pero las otras dieciocho se restauraron en Bélgica y Holanda. Primero se soldaron las rotas y se rellenaron los desgastes producidos en las campanas más antiguas. Se refundieron seis, tras un estudio musical muy serio, y reponiendo la sonoridad original, aunque parezca "desafinada" para nuestros días. Se hicieron nuevos yugos de madera, al estilo sevillano (los antiguos habían sido destruidos) y se repusieron en la torre, bajo el control de un ordenador que ha permitido recuperar muchos toques perdidos (oraciones, coro, vísperas, ánimas, difuntos de diversas clases, sabatinas y muchos más).
Los dos trabajos de restauración demuestran que es posible recuperar la sonoridad original de un instrumento musical, manteniendo (o reponiendo) sus instalaciones, recuperando los toques originales (gracias a los ordenadores, que se convierten así en los mejores garantes de la tradición) sin impedir la posibilidad de los toques manuales.
Un proyecto para restaurar la torre de la Catedral, sus campanas y sus toques
A pesar del estado de abandono en que se encuentran las campanas de la Catedral es posible tener esperanza. La torre cuenta con dos de las siete mayores campanas de España. Existe, entre todas las campanas, un conjunto fundido en 1815, con un programa iconográfico similar al de los santos protectores de la torre, la Catedral, la ciudad y su territorio. Se conocen los toques antiguos, a través de los archivos y de la memoria oral de los ayudantes de los antiguos campaneros.
Hay además la tecnología para soldar las campanas quebradas, para rehacer los yugos de madera, para instalar motores que reproduzcan los toques antiguos y que no impidan los manuales., y ordenadores que pueden interpretar, automáticamente, esas melodías que configuraron, de manera principal, el paisaje sonoro de Murcia.
Basta concretar todas esas acciones en un proyecto de restauración, combinado con las actuaciones arquitectónicas, que conviertan de nuevo la torre de la Catedral en un instrumento musical tradicional, abierto a los visitantes (mediante visitas guiadas) y que marque con sus ritmos la vida de la ciudad. El proyecto es posible y pronto puede ser realidad.
FRANCESC LLOP es antropólogo de la Generalitat Valenciana y ha dirigido, entre otras, la restauración de las campanas de Caravaca de la Cruz, de Sevilla y de la propia Catedral de València
València, 30 de mayo de 1999
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    : 24-09-2017
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