SÁNCHEZ-MOLINÍ, Luis - Las campanas de San Carlos

Las campanas de San Carlos

Las campanas de Sevilla no sólo no han sido sometidas, sino que crecen más allá de la cerca almohade

La Sevilla heredera de Olavide y Blanco White, progresista e ilustrada, compuesta por profesionales brillantes con un toque gauche divine, algo redicha y cernudiana, eternamente JASP y regeneracionista, se agrupó durante una buena época (aún lo hace), en la Iniciativa Sevilla Abierta, una de esas plataformas de la sociedad civil que de vez en cuando surgen para dolerse de una ciudad que tiene más de sesteadero que de falansterio. Sevilla Abierta ha sido el casino de los modernos más cultivados de la ciudad, el foro del que han salido reflexiones acertadas y algunas propuestas que ahí están para que los políticos locales no tengan que incurrir en el molesto hábito de pensar. En general, se les debería hacer más caso, aunque también algún desliz tuvieron, como cuando la tomaron con los badajos de la ciudad al afirmar que "la contaminación acústica generada por las campanas de la Giralda y de diversas iglesias sevillanas supera con creces los límites legales".

Viví unos tres años con mi dormitorio pegado a la espadaña de la Capilla de los Marineros, y puedo certificar lo molesto que es una campanada en la oreja a las ocho de la mañana, sobre todo cuando la noche ha sido larga y excesiva. Pero no concibo la ciudad sin el ding dong de sus templos, la zampoña del afilador o los bafles del tapicero. Puestos a ejercer el vicio de pedir, exigiríamos al Ayuntamiento la elaboración urgente de un mapa sonoro de la ciudad con los decibelios a proteger y los ruidos a erradicar. En el primer grupo, además de los ya indicados, añadiríamos los tambores lejanos de los ensayos de las bandas, el canto de los mirlos, el recitado de tapas, Marifé de Triana tras una persiana, la salmodia de los cuponeros… En el otro y cacofónico extremo incluiríamos las rumbas rocieras que cantan los borrachos del bar frente a mi balcón, todos los cachivaches que usa Lipasam para redistribuir la suciedad y dejarnos sordos, las sierras motorizadas de Parques y Jardines…

Pero volvamos a las campanas, que es de lo que quería hoy hablar. El pasado miércoles paseaba por la calle Pedro Salinas (allá por Catalana de Gas) cuando me alcanzó lo que identifiqué como un toque a muerto que me llegaba de la cercana y moderna parroquia de San Carlos Borromeo. No hay sonido más reposado y zen que ese con el que las iglesias cristianas honran a los difuntos. Las campanas de Sevilla no sólo no han sido sometidas, sino que crecen más allá de la cerca almohade, humanizando un mundo en el que el ruido ya todo lo alcanza, muchas veces con el patrocinio municipal y el aplauso de una sociedad con tapones en las orejas.

SÁNCHEZ-MOLINÍ, Luis

Diario de Sevilla (15-05-2021)

  • Capilla de los Marineros - SEVILLA: Campanas, campaneros y toques
  • Catedral de Santa María de la Sede - SEVILLA: Campanas, campaneros y toques
  • Parroquia de San Carlos Borromeo - SEVILLA: Campanas, campaneros y toques
  • SEVILLA: Campanas, campaneros y toques
  • Ruido y denuncias: Bibliografía

     

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