LLOP i BAYO, Francesc - Los toques de las campanas de Sant Jaume: memoria viva de los valencianos

Los toques de las campanas de Sant Jaume: memoria viva de los valencianos

La voz de las campanas constituye, sin quererlo, uno de los más íntimos recuerdos de nuestra memoria. Esos toques, la más alta, sonora y antigua mÚsica de la comunidad, transmiten no solo mensajes comunes. También ayudan a crear sensaciones, sentimientos y recuerdos.

Desde un punto de vista objetivo las campanas tienen pocas variaciones. El movimiento de las campanas, la humedad del ambiente o el viento pueden cambiar la resonancia y el alcance de sus notas, pero las campanas siguen sonando, físicamente, igual. Mucho más importante es el cambio de las instalaciones: yugos de madera o de hierro, badajos grandes o pequeños, unos tipos de motores u otros, cambian mucho más el timbre de la campana, la manera en que ésta "acompaña" su nota principal.

A causa de esos cambios, debidos a la Naturaleza, a las instalaciones o a los accesorios, esas campanas, nuestras campanas, se convierten en un reducto de nuestra memoria, en una "cápsula del tiempo", como llaman los modernos a los conjuntos de información que no cambian durante muchos años, para trasmitir sensaciones, sonidos y datos de los tiempos pasados.

Las campanas, los toques de Sant Jaume, son una de esas cápsulas del tiempo.

Durante muchos años, cuando se consolidó la tecnología de las primeras electrificaciones, parecía que se habían perdido, para siempre, los más antiguos toques y su memoria. Escribía José Mª CRUZ ROMAN en 1970 una especie de testamento de las campanas y los campaneros en un artículo denominado "El ocaso de las campanas", en la revista Feriario, en el que anunciaba la desaparición definitiva de los toques manuales valencianos:

Los demás toques de las campanas, los vuelos, el rebato, los clamores y las vísperas, los dobles de funeral y el repique de contrapunto, están, asimismo, muertos para Valencia. Hace quince años que empezaron a electrificarse los campanarios, por falta de campaneros profesionales. Se impuso la necesidad del motor que marcha con un pulsador y desde entonces las campanas ruedan monótonas sin alma ni vibración y sin posibilidad de encadenarse en la armonía de unas combinaciones que antaño convertían las torres valencianas en podios de conciertos... En su "dosier" ejecutivo, el tiempo moderno ha traído la sentencia inapelable para la mÚsica de los campanarios.

En aquellos momentos difíciles para la continuación de las campanas y sus tradiciones, Algemesí supo conservar la memoria de los toques antiguos, expresando la originalidad de su memoria, y la conciencia de formar parte de una comunidad más amplia.

En Algemesí se mantuvieron – y se siguen interpretando – dos toques que construyen el tiempo previo a la fiesta, y que ya estaban determinados por la Consueta de la Catedral de Valencia escrita por el Doctor Theodosio de Herrera y Bonilla, entre 1699 y 1705.

Dice el doctor Herrera que el retorno (así lo llama) empieza a la una de la mañana en punto, volteando una campana y repicando con otra durante un cuarto de hora. Después, durante otro cuarto de hora se hace el toque de la entrada con las campanas mayores (de menor a mayor) y luego de las dos pequeñas. Todas empiezan con golpes lentos y van repicando de prisa hasta hacer una agradable confusión sonora, que cesa de golpe a la una y media. Entonces empieza el repique, que dura media hora más, hasta las dos. A partir de entonces comienzan los volteos primero de las cinco campanas mayores (ya que en la catedral no se acostumbra a tocar las pequeñas al vuelo más que en casos excepcionales), luego de las campanas de una en una, de mayor a menor y de nuevo de menor a mayor hasta que siguen repitiéndose los volteos hasta la hora del alba en que se interpretarán los vuelos en sus horas acostumbradas segÚn la festividad que fuere.

La construcción de un ambiente sonoro festivo, durante toda la noche de la víspera, sólo se conservó en Algemesí. El toc de la xirivia, que reinterpreta el repic de la Catedral, y lo hace suyo, y el retorn, ya fijado por Herrera a principios del siglo XVIII, son los mismos toques que la propia Iglesia Mayor de la Diócesis ha interpretado durante siglos, y que se adaptaron y conservaron en Algemesí, incluso después de la electrificación, cuando ya habían desaparecido de la Catedral de València.

Pero no hemos de quedar satisfechos con esta conservación, fosilizada y modificada por el empleo de motores para el vuelo, y por la adaptación a las difíciles condiciones en las que se encuentran las campanas de la Basílica de Sant Jaume.

Porque, no lo olvidemos, las campanas y sus instalaciones, están mal. Los mecanismos, instalados en unos momentos en que era difícil encontrar personal para tocar las campanas, impiden el toque manual del volteo, y dificultan mucho la interpretación del repic de la xirivia.

Por otro lado, tiene poco mérito, por lo que supone de monótono y repetitivo, la interpretación de volteos eléctricos durante toda la noche. Los motores, si no están estropeados, tocan siempre igual, sin variación. ¡Qué poco cuesta mover un dedo para voltear, y que fácil es olvidar que las campanas están tocando, aturdiendo, sin el menor esfuerzo! (Nadie pensaría, sin embargo, que cualquiera de les danses de les processons se interpretase mediante la repetición continuada de un vídeo... ¿Dónde estaría el valor y la gracia?)

El esfuerzo de conservar, a mano o a máquina, repiques y volteos de la fiesta de la Mare de Déu sirvieron para mantener, en años de penuria, unas tradiciones que las malas electrificaciones parecían haber arruinado para siempre. Pero la caja del tiempo está agotada y debemos darle un nuevo enfoque, para que siga manteniendo unas tradiciones propias y compartidas.

Es preciso restaurar las instalaciones, reponiendo los yugos de madera e instalando motores de impulsos que reproduzcan los toques tradicionales y no impidan los toques manuales.

Es preciso no abusar de los toques mecánicos (¡ni siquiera de los manuales!). El Arzobispo Fabian y Fuero ordenaba en 1790, bajo pena de Excomunión Mayor (que no ha sido revocada, a nuestro conocimiento) que los volteos de anuncio de una fiesta no debían durar más de cinco minutos... con tanta moderacion que no llegue a molestar este toque.

Es preciso, sobre todo, crear una Colla de Campaners, que se ocupen de las campanas y toquen manualmente los días de fiesta, con el orgullo de ser los transmisores de una de las más antiguas mÚsicas de la comunidad. Recordemos el ejemplo de Massanassa: han electrificado con electromazo todas las campanas de la torre, pero la mayor carece, voluntariamente, de motor de volteo: o toca a mans o no toca! – y en las fiestas tocan solamente de manera manual, sin que los motores se utilicen apenas.

Algemesí, por tanto, conservó, entre algodones, unas tradiciones antiguas de sus campanas, en momentos difíciles. Ahora, que los tiempos han cambiado, y ya se vuelven a restaurar las campanas (restaurar, es decir recuperar los valores originales, y no simplemente reparar las averías), es preciso recuperar el instrumento musical que supone el Campanar en su integridad: instalaciones, campanas y toques, al servicio de una comunidad que ha sabido conservar sus orígenes, sin dejar de vivir en el momento presente.

Los repiques, los volteos, a la manera local, vuelven a sonar, a lo largo y a lo ancho de toda la Comunidad Valenciana, comenzando por la propia Catedral Metropolitana Basílica de Santa Maria de València. Algemesí, con sus campanas restauradas, debe aportar su variedad y su diferencia, debe mejorar la interpretación de sus antiguos toques, para perpetuar una tradición sonora que manos amorosas de campaneros supieron conservar en los momentos más difíciles para nuestro sonoro arte.

Francesc LLOP i BAYO
Campaner
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