LLOP i BAYO, Francesc - Los toques de campanas de Aguilón

Aguilón - (Campo de Cariñena)

Los toques de campanas de Aguilón, o mejor dicho, los toques de la campana de Aguilón, pues solamente hay una, aportan a pesar de su simplicidad, o precisamente por ello, una serie de estructuras básicas en cuanto a ritmos, a ordenación de toques, que se repetirán y desarrollarán en otros pueblos, pero que aquí se anuncian y organizan de manera clara. Tuvimos la suerte de encontrar un sacristán, que sigue actuando, pero que conoció en su niñez las campanas antiguas, la guerra, la destrucción de la iglesia, el retorno al pueblo. Sus palabras nos sirvieron para entender, con una sola campana, lo que muchos otros campaneros, mejor surtidos, apenas practican y no comprenden.

Hemos de agradecer al joven sacerdote encargado de Aguilón, Tosos y Villanueva de Huerva, entre otros, cuyo nombre desconocemos, que nos dió en el segundo pueblo las pistas y la autorización para recoger la tradición de los otros dos pueblos, y sin cuya ayuda no hubiera sido posible este trabajo. También hemos de agradecer a MIGUEL ANGEL MAINAR, de Cariñena, que nos acompañó en estas primeras etapas de la investigación, llenas de las dudas y los titubeos propios de todo principio.

ENRIQUE BARBERAN fué entrevistado el 28 de abril de 1984, por la tarde, en la sacristía y en la torre, mientras preparaba los ornamentos para la misa vespertina. Esa misma tarde realizamos el trabajo de campo, es decir la toma de datos de la torre y de la campana, y al día siguiente, tras la misa, le grabamos los toques. Su amabilidad, la libertad con que nos dejó trabajar, son verdaderamente dignas de ser destacadas.

Nuestro informante toca desde antes de la guerra; subía, de monaguillo, acompañando al sacristán. Luego marchó con su familia a Zaragoza, a causa de la contienda. Aunque muy cercano a la iglesia, no se encargó de ser sacristán hasta hace unos pocos años, en que este murió y le encargaron que ocupara su lugar:

Me llaman Enrique, el Capitán, porque se lo decían a mi padre; me llaman el Bodeguero, porque estoy trabajando muchos días en la bodega, en fin...

Hace que estoy aquí, tengo sesenta y dos años, pues por lo menos cincuenta y tres o cincuenta y cuatro años...

De monaguillo, a lo mejor subía el sacristán, y yo subía con él, como hay muchos días que los chavales suben a lo mejor como yo... Yo era sacristancico de muy jovencico, y, oiga, pues venía todos los domingos a misa y por ahí. Y, y después, antes de la guerra, un poco antes de la guerra, pues un cura que hubo aquí, que ya ha muerto... que era de Bello, pues les dijo a mis padres que si querían ir a su casa y estar mis padres con él, y mis padres aceptaron, y ésto antes de la guerra. Vino la guerra, nos fuimos, me fuí a Zaragoza, con mis padres, lo cual que... que ese cura también fué a Zaragoza. Yo vivía en San José en Zaragoza y casi todos los días, o si, y los domingos seguro, bajaba yo a San Pablo, a ayudar a misa pa que me dieran dos reales, la verdá, porque con dos reales compraba el pan del lunes... Y no le ayudaba sino al cura este, sino a todos. Vinimos después de la guerra, y ese cura pues vino aquí también, y nosotros vinimos y estuvimos siete años hasta que se fué a otro pueblo; todo eso. Y después, pues oiga, con todos los que han venido, pues con todos hi estao, porque es que me gusta, además me gusta, y ahora había un señor sacristán que murió que tenía noventa años; ésto hace seis años concretamente, y pa tocar a muerto a él, al sacristán ese que era viejo ya, pues me llamaron: "Oye, por favor, ¿quieres ir a tocar a muerto?" "Sí." Fuí a tocar a muerto, acabamos el entierro y el cura me dice: "Desde mañana, sacristán." Y aquí estoy, y si no ocurre nada, hasta, hasta que Dios quiera.

El trabajo de sacristán comporta otras actividades, como el toque de la campana o darle la cuerda al reloj. Sus obligaciones laborales le impiden asistir a la iglesia los días que viene el cura, por lo que solamente participa sábados y domingos. Su mujer limpia la iglesia, incluyendo la escalera de la torre y el cuarto de la campana:

Yo vengo aquí porque este cura viene jueves, viernes, sábados y domingos a decir misa, pero yo, pues un trabajador que, que tengo que ir a trabajar al campo y, y no vengo ná más que los sábados por la tarde y los domingos. Los demás días pues viene él, él se toca los tres toquecicos y... Porque es que pá venir yo, jueves, viernes y sábados, pá perder una tarde, son cuatro días...

Luego tengo que subir a darle cuerda al reloj, había un reloj también, antes, muy grande... Pusimos otro nuevo...

[Está muy limpio todo] ¡Ah! Mi mujer se encarga de eso... Que hasta que no entré yo de sacristán, esas escaleras estaban...

[El sacristán,] el campanero, era el mismo.

La iglesia fué quemada en guerra, con todos los altares de madera, con lo que sufrió grandes daños en su estructura. La torre parece ser muy antigua, y nuestro informante recuerda la visita de otros estudiosos, especializados en arquitectura, que la dataron hacia el siglo XIII. Finalmente, el amplio piso de las campanas fué tabicado, cerrando en un cuarto la Única campana existente, y dejando el resto del espacio para palomar:

Y aquí había un retablo tremendo, desde aquella esquina hasta aquí; lo que yo me pregunto es como no cayó entera... Todo ésto que era de la madera, pues de esa madera, toda, toda, pues claro, al arder todo, pues ardió la madera.

Y subieron y medían los ladrillos, las, medían todo parejo, a ver de que, a ver de que año era ésto. La iglesia y parte de la iglesia dicen que es del siglo XIII. Parte, ¿eh? Que está hecha en dos veces o tres, segÚn las dos o tres, y por la, por la largura del ladrillo y por el grosor, sabían, eso decían.

Claro, antes como eso que está partido no estaba, pues eso parecía pues mucho más grande y más limpio, porque todo eso del palomar, éso no se ensuciaba.

De las antiguas campanas de Aguilón solamente queda el recuerdo y algunos de los yugos de madera, ya que fueron destruidas en la guerra civil; en la actualidad hay una sola, que procede de otro lugar, quizás mítico:

Y menos mal que esa campana, el cura que había antes aquí, pues, esa campana vino de la Seo, de la torre de la Seo o de donde fuera, pero de la Seo vino, porque ahora no tenemos, ¡no tenemos nà!

Cuatro, cuatro, y me acuerdo de los nombres menos de una. Una se llamaba Ana María... una Ana María, otra Cristina, otra Lucía, y había otra pequeña que desde aquí le diré yo donde estaba, que se ve perfectamente, esa que está el micro, eso lo han tapao porque han echao paloma y todo, ahí estaba la más pequeña. Ésta, ande está la campana, había otra, que esa se llamaba Lucía, que era un poquito más pequeña que esa, muy poco. Luego, donde está el altavoz, había otra que se llamaba Cristina, que aquella era bastante grande, y la grande estaba en el centro de la iglesia. Que nunca, nunca, por lo menos yo tengo sesenta y pico de años, ya, nunca jamás se ha visto tocar, no se tocaba más que con el badajo. Que daba la vuelta, dicen, dicen, que se volteó algÚn tiempo, se volteó y por lo que se vé, por miedo o por no miedo, por equis, por lo que sea no... tiene un yubo, que el yubo aÚn está. El yubo aÚn está, y aquel yubo, ¿vé?, aquel yubo adentro aÚn está; este otro no, este que está en la campana, no, porque al poner esa pues el yubo lo quitaron... Los yubos estaban, por lo menos los tres...

Esta que había aquí, esta que era, era la predilecta, porque es la que más se usaba; era muy maja para tocar, era más larga que ésta y un poquito más estrecha...

Ahí estaba, en medio la campana, y cogía todo ésto, pero que, ésto es para tocar desde abajo, pero que tenía una reciura esa campana, por lo menos todo ésto, por lo menos todo ésto, y se llamaba, había un letrerillo, que me lo sé de memoria: "Ana María me llama, doscientas arrobas peso, el que no lo quiera creer que venga y me sostenga el peso." Eso lo ponía todo en la campana: doscientas arrobas, multiplicado por doce. Pues ahí estaba el yubo ese, idéntico tal y como... Tal y como está.

"Ana María me llamo,

doscientas arrobas peso,

el que no lo quiera creer,

que venga y me sostenga el peso"

Éso lo ponía en ésa, en las otras ponía como se llamaba; en ésta también pone, ¿lo ha leído?

Se habla de la destrucción de la iglesia de manera estereotipada; fué cierto día simbólico, por gentes de fuera, y nadie vió ni sabe nada:

Quemaron la iglesia, precisamente el día diecisiete de setiembre, que precisamente son los patronos de aquí, San Pedro Arbués y Santa Cristina, y aquel mismo día quemaron la iglesia o por lo menos le prendieron fuego; a lo que cayó y las campanas, yo no sé cuando se las llevaron ni como. Cuando vinimos aquí no había nada y además, otra cosa, creo que los que estaban aquí, porque hubo alguno que se quedó aquí, pues creo que no vieron ni cuando se lo llevaron, porque este pueblo enseguida lo evacuaron y no se quedaron más que las cuatro fuerzas que había por aquí. Aquí estaba el frente, en Tosos ya no llegó el frente; en Tosos estaba el frente pero de nacionales y aquí de la zona roja.

Aquí estaba, todo ésto estaba el órgano, no se nota pero yo si sé ande está, ahí estaba... y eso ardió todo... y por aquí, por aquí encontramos estaño que precisamente después lo vendimos, el estaño lo vendimos, pero había un piso muy majo...

El bandeo de la Única campana no requiere un excesivo esfuerzo, pero es preciso saber hacerlo por su peligrosidad. También hay que apartar la maza conectada al reloj, para evitar un accidente o que quede doblada y casi inÚtil para su uso:

Mire como está ésto, está torcido completamente, que aÚn no sé yo como se mataron, que yo no quiero mandar a nadie, porque es un poco peligroso pal que no sabe. Esto yo lo quito, lo pongo aquí pretico, esto lo cuelgo allí en una desas de... Y bandearon así, y ésto me lo pretaron aquí, me doblaron todo ésto que así está, porque no puedo desdoblalo, que yo no sé por qué es, pues ésto lo tuvo que doblar, en fin, no me explico. Que me dijo uno a más... dice: "Las cosas siempre las tiene que hacer el que sabe, que hay cosas que ésto no hace falta estudiar pa nada." Pero hay que quitalo pa poder bandear...

Digo: "El día que querais, venir a bandear conmigo, a ver quien puede más." Porque parece una tontada el bandear la campana, pero si se pone uno que no ha bandeao nunca, que no se ponga conmigo, que no le dará como yo.

Porque ésta, ésta hay muchas veces que, que, que soy solo yo, pero si se ponen dos, tocaría pero que mu poco. O sea, tan deprisa va el badajo, no le deja subir y bajar y éso ha habido apuestas, de eso sí, aÚn me acuerdo, aÚn.

La campana se puede tocar también a media vuelta, a media asta, es decir a semivolteo, lo que se emplea para tocar a muerto:

Y para, para un entierro por ejemplo, pues se va, se bandea hasta media asta, media asta podemos llamar, media vuelta sólo.

El repique es un tanto peculiar: por definición sería el toque rápido y alternado de al menos dos campanas inmovilizadas, desplazando Únicamente el badajo, impulsado por manos, cuerdas u otros ingenios, tal y como lo realizaban cuando había más bronces; en la actualidad se consigue con un ritmo rápido, moviendo el Único badajo con la mano:

Y el domingo, el domingo subo, lo primero repico, con la mano, proque quito estos trastos, y toco con la mano... y entonces repico un ratillo. Sólo con la mano. Después bandeo.

El toque de domingo, el toque de domingo, en puesto que ahora cojo el badajo y "pim, pim, pim, pin pim", no, entonces yo tenía un gancho al un badajo y el otro al otro. Entonces me ponía en este plan yo, "quitiplim, quitiplim, quitiplim".

El toque desde bajo de la Única campana se limita a dar badajazos gracias a una cadena, igual como tenía antes de su destrucción la campana mayor. La cuerda llega hasta abajo, para evitar innecesarias subidas a la torre:

Llevaba un badajo así, y se tocaba solamente para tocar. Había una cuerda también, para tocar así como tocaré hoy, lo mismo... Toco desde abajo, con esa cuerda, ¿eh? Ahora, cuando lo haga, pues desde abajo... Y desde abajo del todo, así me evito, porque si no sería una leche, aquí no subo más que los domingos, los domingos y los días festivos, y los entierros, los entierros también toco.

El badajo se ataba antes con unas correas, pero ahora se sujeta con sogas, que parece que duran más:

Caerse, sí. Pocas veces, pero alguna se ha caido, y precisamente este badajo, yo hace seis años que se murió el otro sacristán, y dije, digo: "Pues le tengo que cambiar o sea la atadura". Porque antes se ponían como unas correas, en puesto de sogas de éso, como unas correas, que parece que duran un poquico más. Pero nunca, pero yo no digo que alguna vez [que se haya caido]; a mí nunca, nunca.

Ya hemos visto que el bandeo de la campana tiene cierta complicación, puesto que hay que quitar alguno de los artefactos que la hacen sonar por el reloj o desde abajo. El esfuerzo para el toque no es muy elevado, pues se trata de una campana pequeña, pero es algo peligroso su toque, ya que se encuentra a media altura, y cualquier golpe sería fatal para el que la tocase. Por eso el sacristán no quiere meterse en el compromiso de enviar a alguien que podría quedar herido si no sabe tocar:

La campana se puede volver, en fin, mil cosas, que yo dije que no mandaba a nadie a bandear y no mando, porque así si sube alguno por su cuenta y riesgo y le pasa algo, yo lo sentiré en el alma, pero no puedo hacer otra cosa, si no dirán: "¡Coña! El sacristán lo ha mandao!" Que parece que no pero hay que tener un poquito de...

La torre tiene un reloj, que carece de saetas: la Única campana se encarga igualmente de tocar las horas y el sacristán, pagado por el Ayuntamiento, le da cuerda:

Luego tengo que subir a darle cuerda al reloj. Había un reloj también, antes, muy grande, pero aquel también se derrumbó. Pusimos otro nuevo, que ahora lo veremos. [O sea que entonces va el reloj, pero no van las saetas] No, las saetas no van y tocar, toca igual. Toca y na más. Pero que, ésto, el Ayuntamiento se gastara, que sé yo, un algo, yo creo que muy poco además, pues andarían las saetas, ¡han andao siempre! Han andao siempre pero que va, con cuarenta años que lleva.

Hay que subir todos los días, noventa escaleras...

Los toques diarios han quedado reducidos, en la actualidad, a la llamada a misa, cuando la hay. Sin embargo antes el toque de oración marcaba el principio, la mitad y el final de la jornada; tras el Último toque las campanas ya tenían que permanecer en silencio toda la noche:

Con una campana, pa tocar a misa, toco los tres toques desde abajo, "tan, tan, tan..." y al final del primer toque, una campana pa, pa hacer que es uno; después el segundo, dos y el tercero tres... Es el primero; el segundo igual y el tercero igual.

Sí, la oración, con ésta. O sea, la oración es, era, una campanada y se rezaba un Avemaría; otra campanada, otra Avemaría; otra campanada, otra Avemaría. Y al terminar se tocaba, o sea las tres primeras se daba un poquito de tiempo y después las otras tres que se tocaba o sea "Tam", tardas un poquico; "Tam", otro poquico; "Tam". Pero después venían las tres y se tocaba "Tam, tam,tam". O sea seis campanadas, tres de oración y tres sin oración. Al principio por la mañana y por la tarde, o sea al mediodía, al mediodía pues se tocaba otra vez, la misma oración. O sea que como se tocaba desde abajo, pues no quería subir arriba, lo mismo, las tres y las tres. Y al final de la tarde, porque todas estas cosas que le digo ahora no se hacen, pues entonces lo mismo, y es que otras veces cuando se tocaba la oración por la tarde, aunque hubiera un entierro, aunque hubiera lo que quisiera, las campanas ya no se podían tocar, por lo menos eso decían, o sea que yo les digo lo que, lo que...

El actual toque de domingos consiste en el repique, bandeo y primer toque de misa; los otros dos, tocados ya desde abajo, son iguales a los de los días de hacienda. Antes de guerra se repicaba con dos campanas y bandeaba una sola:

Y el domingo, y el domingo subo lo primero, repico, con la mano, porque quito estos trastos, y toco con la mano. Después bandeo dos o tres o cuatro o cinco minutos, hasta que me canso, y luego tocar otro toque y nada más. Eso para el primero. El segundo lo toco ya desde abajo; el segundo lo toco ya desde abajo, lo mismo que tocaré ahora desde abajo y el tercero igual... Repico un ratillo, solo con la mano; después bandeo la campana. Termino de bandear y doy el toquecico este y nada más.

El toque de domingo, el toque de domingo, en puesto que ahora cojo el badajo y "pim, pim, pim, pin pim", no, entonces yo tenía un gancho al un badajo y el otro al otro. Entonces me ponía en este plan yo, "quitiplim, quitiplim, quitiplim". Tocaba con dos y bandear con una, y bandear con una.

Las fiestas se señalaban antes con el bandeo de las tres campanas, aunque el proceso era el mismo: repique de dos campanas y bandeo de tres o de una al menos, segÚn la gente que viniese; en cualquier caso la campana mayor quedaba inmóvil:

Antes para fiestas, lo primero se tocaba un repique, con ésta, con una sola, y después si había gente, particularmente los días buenos, pues se bandeaban las tres. Esa nada, esa nada; esa se tocaba, en puesto que he tocao ésta, después de bandear, que tocaba ésta, entonces se tocaba ésa, la gorda, pero lo mismo. [Pero mientras bandeaban ésta no tocaba] Ésa, nada, nada... Solamente las tres, y se armaba, las tres campanas para un pueblo como éste, pues fenómeno.

Ahora si el día era de precepto, más de domingo, me refiero, entonces se tocaba lo mismo y se bandeaba con las tres. Siempre empezaba con el repique; ahora repico con una porque no hay más, pero antes tenía yo dos cuerdas y le cascaba a una "Cataplim, cataplim".

Los toques de difuntos también pueden expresarse a través de una sola campana, y la solución adoptada, que es compartida por muchos pueblos en Aragón para los entierros de primera clase, es la oscilación de la campana, solución que corresponde en el resto de Europa a los toques de fiesta. También se toca para el entierro de alguno del pueblo, muerto en la emigración, por lo general en Zaragoza. Los toques antiguos se realizaban con las cuatro campanas; una de ellas oscilaba y se daban golpes con las otras tres, aunque no sabemos si había variación segÚn la clase de entierro. En este pueblo no indicaban antes el sexo de los muertos con diferente toque, aunque hacían una distinción por la edad, que apenas recuerdan:

Ahora se muere uno aquí, inmediatamente que no se escurezca el sol y todas estas cosas, se hace, se hace un toque, pero sólo a media vuelta. Pero, pero el toque ese que se hace pa misa por ejemplo, la media vuelta, y después se toca "Tam... tam..." Pa la señal ése no se hace, ¿eh? Éso no se hace. Ahora bien, eso, se muere esta tarde, inmediatamente vienen a avisarme y yo subo, y si se muere por la noche, pues generalmente vienen pues a las siete de la mañana, a las ocho, antes de que yo me vaya al campo. O sea que hay veces que vienen, casi siempre que vienen a llamar así... que, que, medio de noche, así por la mañana, alguno que se ha muerto. "¿Seguro?" Bueno, entonces me levanto inmediatamente y subo y hago la señal. La señal, si se ha muerto, por ejemplo ahora o esta noche, temprano, o sea a las once o las doce, pues entonces lo entierran mañana por la mañana o, bueno, eso igual tiene, igual tiene enterrarlo por la mañana que por la tarde. [La señal, ¿cuantas veces la toca?] Una sola vez, y luego ya el entierro, al día siguiente.

Y claro, para el entierro, pa entierro, cuando se muere una persona, vienen a avisarme y, y volteo la campana a media vuelta, o sea yo le doy media vuelta y hago la señal como que ha muerto después al día siguiente. Al día siguiente pues cuando es el entierro pues toco lo primero a media vuelta; el segundo lo toco desde abajo y el tercero, desde abajo, y antes, antes, había dos.

Otra cosa: alguien se muere, alguien se muere en Zaragoza y lo traen a enterrar, que eso ocurre ahora bastante, entonces, cuando a mí me avisa la familia, pues lo traemos. Allá a las cinco de la tarde yo estoy esperando y cuando veo el furgón ése, el coche, pues vengo y hago la señal. Entonces, segÚn que hora sea, pues hacemos un Rosario nada más venir, segÚn la hora, y por la noche otro. Por ejemplo, se muere mañana por la mañana se muere un señor; entonces a las tres de la tarde o las cuatro, ¿eh?, pues se hace un Rosario, que también lo rezo yo; y a las nueve de la noche, se hace otro y al día siguiente por la mañana pues... [Los rosarios aquí en la iglesia] Aquí. Se hacían antes en casa, pero claro, lo que pasa, en la casa de los pueblos, ni hay sillas, vamos, en los pueblos ni en las capitales. Pues a lo mejor van cincuenta o sesenta o cien y claro pues no hay sillas pa todos y ésto hace un par de años o tres que fuimos, se murió una señora; dice: "Oye, pues te vendría bien que fuéramos a hablar a la iglesia." Digo: "A mí sí." Oye, yo cojo la llave, enciendo cuatro cirios que pongo, echo las luces y vienen aquí; hacemos una parte de cada Rosario y en paz. O sea, que se muere por la mañana, hacemos dos rosarios, a las tres de la tarde o las cuatro, cuando nos conviene a la familia y a mí; y por la noche, a las nueve, otro, y la señal se hace cuando se muere. Y luego ya cuando lo otro, cuando ya viene, al entierro.

Y pa el, para un entierro por ejemplo, pues se va, se bandea hasta media asta, media asta, podemos llamar, media vuelta solo, se llama "Tam... tam... tam..."... Y después toco lo mismo: otra vez el toquecico primero, el segundo, ya lo toco desde abajo y el tercero también. Y antes, antes, pues aquí en la campana esta, en esos hierros, ponía yo una cuerda, una cuerda. En ésa, otra cuerda y en ésa otra cuerda y aquí estaba yo. O sea, pero en ésta, en puesto de la cuerda esta, no, ponía la cuerda arriba, y ésta es la que hacía "Tin, tilin, tin..." y entonces al hacer "Tin, tilin", tocaba ella, aquella que era pequeñica, tenía un son más claro, "Tin", otra vez "Tin, tilin, tam..."; venía esa otra, otra vez ésta "Tin, tilin, tin". Y entonces venía la gorda o sea. Ésta iba a media vuelta, sin parar. "Tin, tilin, tam", la grande. O sea que hacía, hacía, hombre, no hacía bonito porque era para un entierro, pero que el toque era extraordinario, era barbaridades de bueno, muy bonito quiero decir, y eso lo sé yo porque es que he tocao pues, pues mil veces.

[¿Y tocaba igual si era hombre que mujer?] Lo mismo... Lo que no se tocaba ahí igual era para los párvulos; un párvulo se moría, entonces se tocaba, oiga, pues, pues, se lo voy a decir, pues casi no me acuerdo, porque eran tan, tan, eran tan pocos, pero si que se tocaban de otra, de otra forma, no era... No era el toque tan sentimental, aunque era sentimental igual, que es al fín y al cabo, es una muerte, pero era otro toque. Pero este toque, este toque de entierro antes, era muy majo, muy majo, y tenías que estar alerta pa las cuatro, porque las cuatro... Yo solo, yo solo, yo solo.

También los toques de fuego han cambiado, aunque no sabemos exactamente como; de cualquier manera se sigue tocando un ritmo muy rápido con la Única campana posible:

También, y ahora también. ahora también, cuando toco a fuego,se toca de otra manera. Entonces, lo que he hecho ahora [el toque lento, a misa normal], "Tan... tan..."; entonces no, entonces ésto se da, todo la, todo lo fuerte que se pueda y toda prisa que se pueda. Entonces la gente ya lo sabe, cuando yo llego aquí y empiezo "Pin, pin, pin", pues ya la gente se, se se, a preguntar por ande y todas esas cosas.

No había toques contra tormentas, y queremos decir con ello toques que protegen contra las tronadas; nuestro informante habla sin embargo de otro fenómeno metereológico, las nevadas. Se bandeaba una de las campanas antiguas para orientar a los pastores en su regreso al pueblo:

No, lo que tocábamos era, entonces era bandear, bandear la campana, era cuando nevaba, cuando, como antes había bastantes más ganaos que ahora pues si había ventisca, vamos, y aunque no hubiera, pues entonces, al atardecer o sea el invierno particularmente que es cuando viene una nevada, que se hace de noche a las siete, pues allá a las seis pues empezaba a tocar, a bandear la campana, ésta que había aquí, ésta que era, ésta era la predilecta porque es la que más se usaba; era muy maja para tocar, era más larga que ésta y un poquito más estrecha, era; y entonces estaba cinco minutos o diez o un cuarto de hora tocando para que el pastor, pues si había ventisca le venía muy bien pa que el oido, el oido pues...

Antiguamente distinguían las fiestas con el nÚmero de campanas que bandeaban: una para los domingos, tres, si había bastante gente, para los días buenos, y seguramente para sus vísperas. La distinción actual es más sutil, puesto que todos los domingos bandean todas las campanas de la torre, o mejor dicho la Única de la torre. Probablemente se señale la importancia festiva alargando más el toque; no parece haber otras distinciones para señalar las distintas fiestas del ciclo anual:

Se tocaba con una campana, se bandeaba con una; si era día de precepto por la noche tocaban las tres. Pa las procesiones, si había gente, se bandeaban las tres.

A lo largo de las veinticuatro horas de cada día hay una parte silenciosa, que coincide con la noche, y tiene duración variable, entre las oraciones de la noche y las de la mañana, durante la cual no se puede tocar a muerto. Del mismo modo, a lo largo del año, hay días en los que no se puede tocar las campanas, en Semana Santa:

Mire usted, suponiendo, ahora se muere uno aquí, inmediatamente que no se escurezca el sol y todas estas cosas, se hace un toque.

Y es que otras veces, cuando se tocaba la oración por la tarde, aunque hubiera un entierro, aunque hubiera lo que quisiera, las campanas ya no se podían tocar, por lo menos eso decías, o sea yo les digo lo que, lo que...

Ahora, para Semana Santa, pues claro, pues el día de Sábado Santo, pues a partir de las diez de la noche a bandear, y el jueves, el jueves por la mañana a las diez de la mañana, pues también a bandear, pa, pa, que se muere Jesucristo y ya no se toca hasta el Sábado, hasta el Sábado a las diez de la noche.

En las procesiones se bandea, o mejor se bandeaba todo el rato, cuando había tres campanas Útiles o cuando solamente había una, aunque hoy en día parece que la gente no esté por la labor:

Y particularmente pa, pa dar la vuelta a la procesión, por lo menos dos en cada una, ¿eh? Por lo menos, porque ésta aÚn iba bien y ésa, pero esa pesaba más, esa pesaba más.

A bandear, durante toda la procesión a bandear, y éso ahora porque no hay gente o no quieren trabajar, pero antes, todas, todas procesiones a bandear, desde que sale hasta que entra.

Las especiales condiciones de Aguilón han limitado mucho la formación de grupos de ayudantes: para una campana nuestro sacristán se basta, sobre todo cuando los toques actuales permiten su asistencia a la torre y al servicio del altar, ya que los Últimos toques son desde la iglesia, y no acompaña la procesión o el entierro con el bandeo o medio bando de la campana:

Antes más, ahora es que aquí, ahora gente joven, pues no hay, no hay, y antes sí, antes este pueblo era por lo menos como tres veces que ahora, de habitantes me refiero. Y claro, pues lo que digo, había mucha gente que en cuanto venían los días de precepto, "Oye, que vamos a subir a bandear". Y subían mozos, pero, pero bastantes, y por eso digo que antes había muchos que sabían tocar, bandear la campana; hoy día no, primero, primero que yo no mando a nadie subir, por si las moscas, porque uno que sabe... Pa las procesiones, si había gente, se bandeaban las tres.

Había pruebas de destreza, como intentar callar la campana pequeña, haciéndola girar a toda marcha:

Y antes había muchas apuestas, con la campanica pequeña que estaba ahí, donde está el micro, pues a ver, a ver quien no la; bandeándola no tocaba, y eso miles de veces: si se da aprisa, no toca. Porque ésta, ésta hay muchas veces que, que, que soy solo yo, pero si se ponen dos, tocaría, pero que mu poco. O sea, tan deprisa que va el badajo, no le deja subir y bajar y éso ha habido apuestas, de eso sí, aÚn me acuerdo, aÚn.

Tales competiciones fueron a todo caso a nivel local: ni fueron a otros lugares a tocar, ni los otros lo hicieron aquí:

No, no, viviendo yo y mientras hi estao aquí yo, nunca.

La motivación por tocar aparece bien definida, y no parece que haya causa económica que la provoque:

Quiero decir que lo hago porque me gusta, porque si no, por el dinero que me dan, éso no.

Pero, a pesar de lo dicho, el trabajo de sacristán es remunerado y nuestro informante no tiene inconvenientes en declararlo. También cobra una pequeña cantidad mensual por subir cada día a darle cuerda al reloj:

¿Ahora? ¡Sí! No, que, que no tengo ningÚn inconveniente, ni uno ni medio. [Antes de guerra] No, no, entonces pagaban, no era pago, era como que sé yo, una propina de, del reloj, pero exclusivamente, exclusivamente, en todo caso, al sacristán mayor, porque había un sacristán como yo, que le pagarían a lo mejor doscientas pesetas, no sé cuanto, pero... Y a los monaguillos nos daban, pues que sé yo, pues a lo mejor nos daban un real, que no nos darían más, segurísmo, que no, nada más. Ahora sí que me pagan; ahora sí, se les diré también. Que sí, pues si no me importa, no...

Es un pequeño oficio, porque es lo que lo hi hecho siempre, pero pa ganar dinero, nada o casi nada, ¿eh? A mi me dan, me dan cada mes tres mil pesetas, tres mil pesetas... Vengo sábados por la tarde y los domingos, los demás días pues viene él... Porque es que pa venir yo, jueves, viernes y sábados, pa perder una tarde, son cuatro días. O me tenía que dar mucho dinero y si no, pues es que por tres mil pesetas, es que... Ahora, que el año pasao cobraba dos mil, y el año de antes cobré mil quinientas, o sea que... Quiero decir que lo hago porque me gusta, porque si no por el dinero que me dan, eso no.

Empezaron [¿el Ayuntamiento?] a darme cien duros, aquellos años; después me subieron a mil pesetas y este año le digo: "Si no me da mil quinientas pesetas mensuales, el reloj no andará, por lo menos de mi parte." Porque hay que subir, todos los días, noventa escaleras, ¡jodo! Y no, y eso es demasiao poco, es demasiao poco.

El proceso de contratación nos es conocido, en varios aspectos: por un lado su inicio como sacristán, así como la manera en que es requerido cuando fallece alguien. Por otro lado sabemos que el sacristán no gusta de llamar a nadie para que bandee, pues ésto le crearía un compromiso respecto al llamado, si se accidentase:

Había un señor sacristán que murió... y pa tocar a muerto a él... pues me llamaron... Fuí a tocar a muerto, acabamos el entierro y el cura me dice: "¡Desde mañana, sacristán!" Y aquí estoy y si no ocurre nada, hasta, hasta que Dios quiera.

Se muere esta tarde, inmediatamente, vienen avisarme y yo subo, y si se muere por la noche, pues generalmente vienen... antes de que yo me vaya al campo... Entonces me levanto inmediatamente y subo y hago la señal.

Así yo dije que no mandaba a nadie a bandear y no mando, porque así si sube alguno por su cuenta y riesgo y le pasa algo, yo lo sentiré en el alma, pero no puedo decir otra cosa; si no dirán: "¡Coña! ¡El sacristán lo ha mandao!"

Los toques, reducidos ahora a su mínima expresión, son reconocidos con más facilidad, por la gente del pueblo, que reacciona y acude a la llamada cuando es preciso:

Si los conoce, sí, claro. Ahora, como hay tan pocos toques, pues se los, los, mas, porque antes había otros toques, los de entierro que los de entierro también se conocían admirablemente, o sea que se conocían muy bien, o sea los días festivos pues lo mismo.

Y ahora también, cuando toco a fuego... entonces la gente ya lo sabe, cuando yo llego aquí y empiezo... pues ya la gente se, se, se, a preguntar por ande y todas esas cosas.

El trabajo del campanero, asociado indefectiblemente al sacristán, es un pequeño oficio. Los antiguos toques, incluso los de difuntos, producían hermosos efectos para un pueblo como Aguilón:

El campanero era el mismo... Casi es un pequeño oficio... No hacía bonito porque era para un entierro, pero el toque era extraordinario, era barbaridades de bueno, muy bonito... pero este toque, este toque de entierro, antes, era muy majo, muy majo...

[Se bandeaban tres campanas para las fiestas] Solamente las tres y se armaba, las tres campanas para un pueblo como éste, pues fenómeno.

No es posible comprender algunas normas actuales, como el repique con una sola campana o la prohibición de tocar a muerto por la noche si no tenemos en cuenta las normas tradicionales, que tuvieron que evolucionar necesariamente tras la guerra civil cuando se perdieron las cuatro campanas de la torre. Esta necesaria adaptación a la Única campana existente no es suficiente para explicar la desaparición de algunos toques diarios, como los de oración, por lo que sería preciso ampliar la investigación para conocer cuando y por qué abandonaron tales toques diarios. Parece claro que los mismos sonidos, o similares, producidos por una sola campana, son suficientes para producir mensajes, al asociar los contenidos a ciertos ritmos producidos voluntariamente por el sacristán y campanero.

La campana, sus toques, parecen tener cada vez menos futuro, entre otras cosas por la ausencia de juventud en el pueblo:

No, pero hay mucha gente que sabe, y antes más. Ahora es que aquí, este pueblo era por lo menos como tres veces que ahora, de habitantes me refiero.

La disminución radical de población tampoco parece ser, sin embargo, causa suficiente que explique la desaparición de muchos toques.

No hay fotografías ni grabaciones, aunque en los Últimos tiempos comienzan los hijos del pueblo emigrados a rodar vídeos, para grabar las fiestas, sin recoger de manera específica los toques de la Única campana. Alguna fotografía pudiera haber de las campanas anteriores. Al menos nuestro sacristán recuerda un letrerillo, tan comÚn a lo largo no sólo de Aragón:

"Ana María me llamo,
doscientas arrobas peso,
el que no lo quiera creer,
que venga y me sostenga el peso."

Es preciso agradecer la amable colaboración de nuestro informante: nos contestó con creces a las preguntas, y nos dejó trabajar con toda libertad; a menudo no hace falta muchas campanas ni muchos toques, sino que sobra con un buen informante:

Aquí, en cuanto se haga la misa y se vaya el cura, como aÚn me quedo aquí, ésto se puede hacer por la mañana, por la tarde, cuando quieran... Bueno, pues si quieren; de todas maneras después de misa, pues charlaremos hasta que quieran, ahora no, porque es que me tengo que bajar a preparar la misa y todas estas cosas... Ustedes lo que quieran, si quieren estar aquí, ustedes estén aquí, hagan fotografía, hagan lo que quieran y les dejaré la puerta abierta, con las luces... Esta puerta, cuando bajen la cierren, si no se porteará mucho... Aunque estemos en misa, el cura esté haciendo misa, ustedes bajan tranquilamente, se marchan o se quedan, lo que quieran, pero no pasa nada. En fin, todo lo que sé se les diré, y alguna cosa más.

Dr. Francesc LLOP i BAYO
Las campanas en Aragón: un medio de comunicación tradicional
Tesis de doctorado - Universidad Complutense - Madrid - 1988
  • AGUILÓN: Campanas, campaneros y toques
  • Campaneros: Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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