CORDERO, V. - Alberto Cortez: un poeta popular que amaba la ternura

Alberto Cortez: un poeta popular que amaba la ternura

En este mundo tan de hoy, tan necesitado de andar cambiando lenguajes para justificar sexos, de inventarse "movimientos" para modificar las cosas, un hombre sencillo, dueño de una ternura tan grande que se le veía, intentó enseñarnos el invalorable valor de las cosas simples.

Un tipo nacido en Rancul, La Pampa, allá por 1940, bautizado como José Alberto García Gallo, intentó enseñarnos que todo eso no hacía falta, que bastaba con ser como somos, con darnos cuenta que vivimos pensando que "Los errores son tiestos que tirar a los demás/los aciertos son nuestros y jamás de los demás/cada paso un intento de pisar a los demás/cada vez más violento es el portazo a los demás". Y tras marcarnos la intolerable actitud, nos advirtió que "Somos los demás de los demás".

Usted, querido lector ya debe saberlo, a los 79 años, en Madrid donde vivía desde 1964, murió Alberto Cortez, un poeta popular que le puso música a sus buenas intenciones y les dio nombres como "Cuando un amigo se va", "En un rincón del alma", "Callejero", "Mi árbol y yo", "A partir de mañana", "Te llegará una rosa", "Castillos en el aire", "El abuelo", entre decenas de canciones que dieron la vuelta al mundo conmoviendo, alertando, sugiriendo y buscando en el amor la mejor de las alternativas para ser feliz.

Porque él fue feliz junto a su mujer, Renée Govaert, una belga con la que se casó un día antes de irse a vivir a España. "Ella está en todas mis canciones, es la musa que me llevó a vivir todo esto", dijo alguna vez Cortez, eterno enamorado de su compañera de toda una vida.

Premiado por sus éxitos discográficos recibió en 2007 un Grammy por su excelencia musical.

Un optimista de esto de vivir, un armador de canciones, muchas de ellas autorreferenciales. Escribió por ejemplo "Pero sé, bien que sé.../que en mi viaje final escucharé el ambiguo tañir de las campanas/saludando mi adiós, y otra mañana/y otra voz, como yo, con otro acento,/cantará a los cuatro vientos.../Qué suerte he tenido de nacer".

Alberto Cortez enviaba rosas, abría ventanas fabulosas, construía castillos en el aire, se conmovía ante un perro callejero y sobre todo, amaba la amistad casi sobre todas las cosas.

Muchas de sus canciones hacen referencia a esto y tal vez la más notoria, la más conmovedora sea aquella que en una de sus estrofas dice: "Cuando un amigo se va/Queda un espacio vacío/Que no lo puede llenar/La llegada de otro amigo".

También reconoció a quienes estuvieron junto a él en las buenas y las malas y les dedicó esa canción que él tanto amaba: "A mis amigos les adeudo la ternura/y las palabras de aliento y el abrazo;/el compartir con todos ellos la factura/que nos presenta la vida, paso a paso/A mis amigos les adeudo la paciencia/de tolerarme las espinas más agudas;/los arrebatos del humor, la negligencia,/las vanidades, los temores y las dudas".

Y en este juego de definirse, el propio Cortez escribió sobre él: ""Yo soy el constructor de mis virtudes,/Como lo soy a la vez de mis defectos./Torrente inagotable de inquietudes/Genial contradicción de lo perfecto"".

Les puso música a otros poetas que admiró como Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández.

En efecto fue "un aprendiz de Quijote" y un tipo tierno encerrado en un cuerpo grande.

Alberto Cortez falleció en Madrid y uno podía decir esas cosas de siempre, pero yo prefiero dejar que mi memoria pase la película de nuestros dos encuentros y me quede con esos momentos que me dejaron conocerlo simple, humilde, genial.

Tres palabras cierran para muchos un capítulo: "Murió Alberto Cortez" y serán el título de cientos y cientos de obituarios o artículos dedicados a lo que ya es su memoria, pero yo elegí otras tres para reemplazar la despedida obligada, el frío anuncio: "Extrañaremos tu simpleza".

Permíteme que te plagie pero quisiera convencerme que es verdad que desde ahora comenzarás a "vivir la mitad de tu vida" y te dé la razón con aquello de que cuando un amigo se va, "una estrella se ha perdido".

CORDERO, V.

La Prensa (05-04-2019)

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