Las campanas de las Catedrales: un Bien Cultural en peligro

Proyecto para su estudio y restauración

Francesc LLOP i BAYO
antropólogo (1988)


Comenzaremos el trabajo remitiéndonos al concepto de Bienes de Interés Cultural, amparados por la reciente Ley de Patrimonio. También abordaremos el concepto de restauración. Daremos unas notas sobre los procesos incontrolados de electrificación de campanas, cuya realización debe ser totalmente revisada de acuerdo a la nueva Ley.

Finalmente haremos una propuesta de estudio en varias fases de las campanas de las Catedrales y sus toques, para el conocimiento, conservación y restauración de un Bien Cultural desconocido y en grave peligro de expolio irreversible.

La idea de Bien Cultural y su restauración

El concepto de bien que integra el Patrimonio Histórico es muy amplio, puesto que no solamente se refiere al edificio o al objeto, sino que incluye su contexto, es decir todas aquellas características que completan y condicionan el uso y el significado históricos de ese bien en la comunidad en la que se encuentra. Así la Ley entiende por expoliación toda acción u omisión que ponga en peligro de pérdida o destrucción todos o alguno de los valores de los bienes que integran el Patrimonio Histórico Español o perturbe el cumplimiento de su función social. (Art. cuarto)

Un paso más en la consideración y en la protección de los bienes muebles o inmuebles que integran el Patrimonio Histórico es tratarlos como Bienes de Interés Cultural: Los bienes muebles integrantes del Patrimonio Histórico Español podrán ser declarados de interés cultural. Tendrán tal consideración, en todo caso, los bienes muebles contenidos en un inmueble que haya sido objeto de dicha declaración y que ésta los reconozca como parte esencial de su historia. (Art. veintisiete)

El bien cultural se convierte, segÚn la Ley, en un objeto o un edificio que no puede ser separado de su contexto sin ser gravemente mutilado. Del mismo modo algunos bienes muebles no pueden ser separados del edificio para el que fueron concebidos, ni de su función original sin quedar empobrecidos.

En este contexto cobra nuevo sentido el viejo concepto de restauración: se trata ahora de rehabilitar y proteger los bienes de tal manera que recobren su uso y su contexto. Por otro lado tales restauraciones han de ser reversibles, es decir que no causen males irreparables a los objetos o edificios restaurados.

No quiero extenderme en estos conceptos, pero creo haber definido la existencia de bienes culturales, que han de ser protegidos, conservados y transmitidos en su contexto, en integridad. No es este el caso, lamentablemente, de las campanas en nuestras tierras.

Las campanas, un complejo bien cultural

La campana tiene, por su forma, materiales y construcción, una serie de características sonoras, como son la nota fundamental, la nominal, varios armónicos. Tales características no son debidas al azar sino a una voluntad estética, más o menos manifiesta, por parte del fundidor. Aunque carecemos de cualquier estudio acÚstico de nuestras campanas tradicionales, es fácil intuir que los bronces de ciertas regiones o los producidos por ciertos fundidores tienen características estables, que han variado a lo largo de los siglos. En este sentido hemos de destacar los notables estudios sistemáticos realizados sobre las características físicas y sonoras de las campanas, especialmente en Holanda, Alemania y el Reino Unido, como los citados en la bibliografía.

Pero la campana Únicamente comienza ahí: la forma en que está colocada determina las posibilidades sonoras, los ritmos que se pueden producir. He dicho bien "determina", porque el contrapeso, de una u otra madera, más o menos pesado con relación a la campana, con ejes más o menos elevados con respecto al giro del badajo, permite solamente unas pocas posibilidades rítmicas, ciertamente buscadas, y de acuerdo con los cánones est‚ticos del lugar. A esto hay que añadir las condiciones de colocación en la torre: la campana, más o menos elevada con respecto al suelo, podráá ser tañida solamente con ciertas técnicas tradicionales, que se adaptarán a las características que determina el contrapeso.

Los accesorios de las campanas en su conjunto son otros factores que determinan la sonoridad y la resonancia: los yugos de madera tradicionales transmiten muy pocas vibraciones a la torre, mientras que los yugos metálicos entran en resonancia con los armónicos altos y dan como resultado unos sonidos más metálicos. Otro tanto ocurre con los badajos: los tradicionales estaban atados con cuerdas y con un trozo de madera tallado entre el badajo y el asa interior de la campana o con ciertas ataduras de piel: tal complicación buscaba evitar resonancias entre ambos elementos metálicos, así como determinaba el correcto impacto sobre el bronce, para conseguir las mejores sonoridades así como para evitar la rotura de las frágiles campanas, por estar compuestas de metal fundido.

Las posibilidades primeras de la campana, originadas por su forma y los materiales de los que estaba compuesta quedaban al mismo tiempo limitadas y reforzadas por ese conjunto de elementos que acompañaban a los vasos sonoros. En algunos lugares los yugos eran casi tan pesados como las campanas, que giraban por tanto con poco esfuerzo, a un ritmo muy lento. Las campanas valencianas, por lo general, tenían gran diferencia de peso: el yugo era solamente 3/4 de la masa de la campana. Eso significaba que el esfuerzo para ponerla en marcha era mayor, pero una vez invertida la campana giraba muy rápidamente, con golpes muy sonoros y brillantes. Como el eje de giro estaba colocado más arriba de las asas de las campanas, y por tanto más arriba de la atadura y eje de giro del badajo, tal badajo oscilaba libremente, mejorando la limpieza del golpe. Todos estos accesorios estaban voluntariamente realizados de cierta manera para buscar una serie de sonoridades en la campana. Las campanas aragonesas, por el contrario, tenían el yugo muy equilibrado con respecto a la boca, de modo que podían girar con poco esfuerzo. Como consecuencia tuvieron que inventar técnicas que produjesen un giro muy rápido, a veces con el concurso de varios hombres, para producir sonoridades satisfactorias.

No se trata de hipótesis nuestras: he podido comprobar como campaneros con un sistema de toques muy elaborado y que tuvieron la desgracia de tener alguna campana rota, exigían a los fundidores que instalasen las campanas precisamente de cierta manera para conseguir los efectos sonoros tradicionales del lugar. También he podido comprobar como campaneros con sistemas de toques deteriorados no influían en la colocación de campanas nuevas y se lamentaban de tener que acomodarse a la nueva instalación, que no estaba acorde con el modo que ellos tenían de tocar.

En este sentido pueden ser interesantes un par de citas que demuestran que las campanas, su sistema de contrapeso y su colocación en la torre forman un conjunto, un pequeño sistema local directamente relacionado con los toques. Así FERNANDO MILLAN, hijo y ayudante del Último campanero de la Basílica y Catedral del Pilar de Zaragoza decía: Sí, se toca distinto, pero es porque la disposición que tienen las campanas, porque en cada iglesia la disposición de las campanas es distinta y además el sonido y además el campanero. [Disposición, que quiere decir colocación en cierto lugar de la torre] porque la combinación de los sonidos en todas partes no se puede hacer igual, y al no poderse hacer, ya no hay una buena composición.

Algo parecido dijo JOAQUIN PINTANEL, sacristán y campanero de Cariñena, al dirigirse a grabar sus toques: Sí, sí, sí, y están en la misma posición. Estando en la misma posición no hay; peor sería si las hubieran cambiao, entonces ya el toque sería de otra forma, ya no podría calibrarla en la forma de tocar, porque aquí hay varios toques.

Las campanas, sistemas locales de mÚsica y comunicación

Creo necesario insistir en lo de pequeños sistemas locales: los toques de campanas, en cuanto a contenido, suponían uno de los medios de comunicación más eficaces para comunidades de tamaño pequeño o medio: no era preciso tener conectado ningÚn receptor, para alcanzar sus mensajes. El contenido de estos mensajes está relacionado, o parece estarlo, con el tamaño de la comunidad y las complicaciones de la vida social; varía desde los cuatro o cinco toques de un pueblo, hasta los cerca de doscientos de una gran catedral, y en este sentido es bastante fácil comparar los sistemas de toques de dos comunidades similares.

Ahora bien, si hay una cierta estabilidad en cuanto a los contenidos, con pequeñas variaciones que reflejan algunas peculiaridades locales, hay una variación total en cuanto a los repiques y toques producidos. Quiero decir que solamente se encuentran ciertas características comarcales, pero que los toques entre localidades cercanas suelen funcionar por oposición, quizás en bÚsqueda de una identidad local. Se trata, o mejor aÚn, se trataba de sistemas coherentes, en los que la colocación estaba relacionada con la sonoridad y la altura de las campanas, con el nÚmero de toques y con las técnicas producidas.

Esto quiere decir que incluso para los que hemos trabajado en más de cien lugares distintos y alejados, al llegar a una torre no sabemos que técnicas emplearán, dentro de ciertos límites, y al escuchar un toque es muy difícil interpretarlo para gente ajena a la comunidad. Tenemos grabados toques de fiesta que suenan lentos como para un entierro, toques de muerto rápidos y rítmicos, volteos lentos para las fiestas en un pueblo, volteos rápidos para otro pueblo cercano y repique en su lugar en un tercero.

En resumen: la campana es solamente el principio; su colocación tradicional estaba íntimamente relacionada con las técnicas "posibles" para hacerla sonar, y estas posibilidades quedaban restringidas a unas pocas técnicas "reales", relacionadas con las normas estéticas del lugar, no siempre evidentes.

Las electrificaciones de campanas: la pérdida de un patrimonio

En nuestro trabajo de campo por tierras de Aragón, Castilla y València encontramos cerca de trescientas campanas; un 10 % podría ser del siglo XIV o del XV. Unas pocas eran del XVI y algunas más del XVII. Más del 30 % eran del XVIII; apenas alguna era del XIX y más o menos la mitad serían de este siglo. Ninguna de ellas estaba catalogada, ninguna está protegida, y buena prueba de ello son los tres ejemplos de electrificaciones siguientes:

Zaragoza (Torre del Pilar)
Había ocho campanas, dos de ellas rotas. La mayor de todas, la Pilar, estaba en el centro de la torre, y el toque festivo por excelencia era el repique de las otras cinco, instaladas en los ventanales de la torre, coordinado con el volteo o giro completo de la campana mayor.
Tras una primera electrificación, un fundidor catalán con patentes alemanas hace una oferta que es aceptada. Quita no solamente las dos campanas rotas; también otra que para ‚l estaba desafinada. Incluye con esas cinco campanas que quedan las dos del reloj, que estaban en otro lugar, y que para los campaneros no formaban parte de la combinación. Funde dos campanas nuevas, e instala las nueve dentro de un armazón metálico en el interior de la torre, destruyendo los antiguos yugos de madera así como un conjunto de vigas de madera que sustentaba, en el interior de la torre a la campana mayor. La nueva "sonería", que es un nombre europeo y totalmente ajeno a la tradición en Aragón, queda casi completa, en espera de poder unir más adelante la campana de las horas que está en otra torre de la basílica. Pero no terminan ahí los cambios: las campanas ya no pueden repicar, ni tampoco voltear, es decir dar la vuelta completa; a partir de ahora oscilarán al estilo centroeuropeo, que es precisamente para la tradición aragonesa el toque de muerto por excelencia. Los instaladores piensan que sus toques llaman a la fiesta, y para los viejos zaragozanos les recuerdan aquellos entierros de su juventud.
Las campanas ya no giran, no hay repiques, cuatro campanas son distintas, están colocadas de otro modo. Todos aquellos cambios quedaban justificados por el instalador: El campanario constituye un conjunto musical perfecto; en adelante sonará mucho mejor... La sonería campanil del Pilar expandirá armónicamente sus notas; el lenguaje universal de las campanas volará de la mano del también lenguaje de la mÚsica.
Cariñena (Nuestra Señora de la Asunción)
La torre gótica y octogonal de Cariñena tiene cuatro campanas, de siglos distintos: una gótica, otra del XVII, otra del XIX y otra de este siglo.
Una de las dos menores no era volteada jamás; la otra era tocada al menos cuatro o cinco veces al día, a volteo completo o a semivolteo, segÚn el momento. Las dos campanas mayores eran volteadas, segÚn la importancia de las fiestas: para una fiesta de menor entidad solamente repicaban las cuatro campanas; para una fiesta de segunda volteaba, tras el repique de segunda, solamente la campana menor. Para fiestas de primera, tras el repique de primera, volteaba la campana mayor, y en casos muy especiales volteaban Únicamente las dos campanas grandes.
El toque de muerto, un repique muy animado, era tocado con las dos menores en la mano derecha, a través de una combinación de cuerdas; la tercera campana con la mano izquierda y la mayor con el pie.
Hace unos veinte años el Último sacristán tradicional, JOAQUIN PINTANEL, emigró a Zaragoza: había recibido una oferta laboral que multiplicaba por diez y seis su salario mensual. Él se ofreció a aconsejar a los electrificadores para que instalasen los motores de acuerdo con los toques tradicionales: Pero para repicar, que además se lo dije yo: "Si quieren electrificar bien las campanas, me llamen ustedes y yo les orientar‚ y podrán acoplarse a la forma de tocar yo, porque ahora con la electricidad se puede hacer muchas cosas." Pero no han dicho nada; pues digo: "Vais a hacer puñetas!"
Efectivamente, nadie le preguntó nada: en la grabación de los toques estuvo presente el sacerdote que había tomado tal iniciativa, que nunca había visto tocar y desconocía los códigos de Cariñena.
La electrificación realizada fué‚ la siguiente: la campana pequeña, la que nunca giraba, tiene motor para hacerlo, así como la mediana, para lo que tuvieron que cambiar los yugos de madera, que están pudriéndose en la misma torre, por otros de hierro. Por tanto, para cualquier fiesta voltean la pequeña y la mediana, cosa que nunca ocurrió. Y la segunda, inmóvil, así como la mayor, tienen un pequeño martillo eléctrico que solamente puede dar golpes pausados y no repiques; el toque actual de difuntos es con estas dos campanas, a badajazos lentos.
València (Micalet, torre de la Catedral)
Un proceso similar tuvo lugar en la torre de la Catedral de València, donde había más de doscientos toques, algunos documentados desde el siglo XV. El sistema local exigía el volteo de las cinco campanas mayores para las fiestas de menor entidad, mientras que el volteo de las campanas pequeñas y de las mayores se reservaba para tres fiestas anuales.
Por otro lado la torre estaba recubierta parcialmente por unas ventanas de madera cuya función primordial era de servir de caja de resonancia en una torre con muros de piedra de varios metros de espesor.
Ya hubo un pequeño cambio, añadiendo en los años cuarenta otra campana a las once tradicionales, con lo que debieron modificar algunos toques. Pero la electrificación supuso un cambio radical: escogieron una solución que no tenía nada que ver con lo anterior: ahora voltean seis campanas, dos pequeñas, tres medianas y una mayor, lo que nunca se oyó antes.
Quitaron y quemaron los antiguos yugos de madera, algunos tan antiguos como las campanas, colocando en su lugar otros metálicos que al cabo de veinte años están oxidados y semirrotos, además del cambio sonoro que aportaron.
Finalmente, aunque no lo menor, la torre quedó liberada de los ventanales de madera, que parece ser eran muy feos, con lo que se perdió una caja de resonancia; hoy apenas se oyen las pocas campanas electrificadas, pero tal despojo fu‚ muy celebrado en la prensa de la ‚poca como un triunfo est‚tico.

Las electrificaciones realizadas en nuestras campanas tradicionales se caracterizan por una serie de rasgos:

Los tres ejemplos citados, con ser significativos al tratarse de grandes conjuntos de campanas, no son más que una muestra de las electrificaciones de toques realizados en los Últimos veinticinco años. Cada instalador, con sus normas a cuestas, sin humillarse a preguntar las costumbres locales, instala segÚn su buen entender motores o martillos, en las zonas por las que se extiende su área comercial. Hay incluso unos instaladores que se dedican a serrar las asas exteriores de la campana, lo que supone unos buenos kilos de bronce por cada una, para instalar con mayor facilidad su moderno yugo metálico, a través de unos taladros en la parte superior de la mutilada campana.

Pero la culpa no es sólo de los instaladores de mecanismos eléctricos: sus principales clientes, los clérigos responsables de iglesias y catedrales, por oscuras razones que será preciso investigar, renuncian, por ignorancia o negligencia, a las sonoridades tradicionales, y dejan en manos de los industriales no solamente la afinación o el cambio de resonancia; también olvidan los toques antiguos, y no conocemos un solo caso de torre importante en la cual se haya exigido que los motores y otros mecanismos electromecánicos traten de reproducir los toques antiguos.

Parece como si el Progreso, con mayÚscula, que supone la motorización, exigiese el holocausto de la Tradición, y la electrificación supusiera un borrón y cuenta nueva.

Por otro lado la mecanización no aporta nuevas sonoridades ni combinaciones más creativas: semeja que los motores tratan de acabar con toda creatividad, con toda improvisación, produciendo toques regulares, repetidos, aburridos.

Las restauraciones de catedrales: un expolio similar

Las restauraciones de monumentos nacionales no son mucho más afortunadas y citar‚ dos casos en los cuales no se han cambiado, de momento, las campanas, aunque los toques han quedado casi imposibilitados por las actuaciones de los responsables restauradores que han despreciado igualmente las campanas, su colocación y los toques que podían producirse segÚn esa combinación.

Jaca (Catedral)
La Catedral de Jaca ha sufrido una reciente y larga restauración, en la que me limitar‚ a los efectos producidos en la torre y los sistemas de toques tradicionales. Hay cuatro campanas grandes en un mismo nivel, de las que voltean las tres menores y dos campanetas unos cuantos metros más arriba. Todas las campanas eran tañidas con un sistema de cuerdas muy parecido al de un carillón, no en vano está Jaca en una de las vías del Camino de Santiago, y es posible que tales técnicas fueran introducidas desde el centro de Europa; son las Únicas similares que hemos recogido. Las cuerdas llegaban hasta mitad de la torre, donde estaba antes la vivienda de la familia de sacristanes y campaneras. A la hora de la restauración, que fu‚ precisamente pocos meses después de la muerte del Último sacristán tradicional, aunque su mujer seguía ejerciendo de campanera, fueron destruidas todas las cuerdas para el toque, desapareció la vivienda y el banco de madera desde el cual tocaban, fueron levantados los suelos y sustituidos por maderas de calidad sospechosamente baja. La campana mayor, que tenía una pequeña habitación dentro de la gran sala de las campanas, fu‚ liberada de las paredes que la rodeaban, con lo que cambió radicalmente su sonoridad.
Las campanetas, las dos campanas pequeñas, fueron entabicadas, sin pensar en dejar espacio para el paso de cuerdas para el repique.
Ante tantos cambios, nuestra campanera, CONCHA DEL CACHO, al pedir explicaciones, recibió una respuesta que aÚn le duele, y que suele repetir a los visitantes:Esas campanas que las electrifiquen, que eso ya está pasado de moda!
En la actualidad, las campanas han sido electrificadas de manera brutal, en un proceso similar al del Pilar de Zaragoza, a pesar de una serie de denuncias, de acuerdo con la Ley del Patrimonio, que debieran haber supuesto la paralización inmediata de la motorización: de los cerca de cuarenta repiques tradicionales ninguno se tuvo en cuenta a la hora de la motorización; se privó a las campanas de sus yugos de madera, alguno como el de la llamada "Campana de las Agonías" de gran interés y antigüedad, y se colocó unas viguetas de hierro en su lugar. Las campanas sólo oscilan, al estilo europeo, pero al haber sido colocadas en los mismos ventanales exteriores de la torre, y no en el interior como se acostumbra más allá de nuestras fronteras, se ven empobrecidas en su sonoridad: aunque se trate de los mismos bronces, han sufrido tantas agresiones que los jacetanos no reconocen en ellos "sus" sones.
Barbastro (Catedral)
Otro proceso similar de restauración en el cual no se han tenido en cuenta ni las campanas ni las necesidades de los que las tocan. La torre exenta, probablemente mudéjar recubierta de piedra, contiene una torre interior de ladrillo, con diversas habitaciones en los distintos niveles, y una torre exterior, unidas por una escalera entre ambas. El nivel de las campanas era una gran habitación hexagonal, con amplios ventanales, en cuyo centro se instalaba la Última campanera que pulsaba las cuerdas unidas a los badajos de las cuatro campanas existentes.
Tras la restauración vaciaron las diversas estancias de la torre central hasta el nivel de las campanas, dejando un gran pozo interior que modifica la resonancia de las campanas y que impide la colocación del actual campanero en el centro; ha tenido que improvisar un sistema de poleas que le permite tocar desde un lado, con cierta dificultad, pero alguno de los toques tradicionales es imposible de volver a ejecutar, en especial el volteo de la gran campana mayor que añade a la peligrosidad de la técnica la cercanía del pozo central.

Pienso que queda mostrado como tanto a nivel comercial (los instaladores) como a nivel institucional (los restauradores, los responsables de las electrificaciones) hay un desconocimiento, no exento de desprecio, de los toques de campanas tradicionales como sistema local, con exigencias sonoras y técnicas, reguladas por unas normas estéticas, que solamente conocemos en unos pocos lugares.

Por una restauración modélica de las campanas

¿Es posible alguna alternativa frente a este proceso, aparentemente irreversible, de sustitución de los toques de campanas tradicionales, con normas locales por toques estándar, adecuados a los intereses económicos y comerciales de los instaladores?

Sería necesario reconsiderar las campanas como objeto de patrimonio, que no puede ser sacado de su contexto (colocación, instalación) sin ser gravemente manipulado. Por otro lado sería preciso controlar a los fundidores y a los instaladores de campanas eléctricas; tal control debería quedar limitado a las campanas tradicionales, puesto que en lugares sin tradición, como los barrios nuevos de las ciudades, puede ser interesante buscar otros modos de expresión comunitaria a través de campanas, como carillones.

La conservación de campanas en Europa

Puede servir de referencia el caso holandés o el francés: toda campana anterior al siglo XX está "catalogada", y no puede ser modificada sin un informe previo de Bellas Artes, especialmente si se trata de una electrificación. Por otro lado una campana histórica no puede ser refundida, aunque est‚ quebrada. Parece que hay posibilidades de soldar campanas, aunque la tecnología centroeuropea es más cara que la refundición. De cualquier modo, si se funde otra campana en sustitución de la antigua ha de tener las mismas características, es decir la misma composición de metal, las mismas curvas, similares inscripciones e iconografía. Algunos fundidores holandeses son capaces de este trabajo, que exige un gran desarrollo de la industria, empleando incluso ordenadores para el diseño de la campana que ha de ser idéntica, en todos los sentidos, a aquella que sustituye.

Creo que es el momento adecuado de referir como se hacen las restauraciones de campanas en Europa, entendiendo aquí como restauración las tareas tendentes a completar un conjunto incompleto, en este caso de campanas, de alto valor histórico, musical y cultural.

Citaremos el caso de la Catedral de Utrecht, en los Países Bajos, donde han restaurado el antiguo juego de trece campanas de la torre, que tienen otra afinación distinta de las otras cincuenta estáticas que forman parte del carillón. Las siete campanas menores habían sido vendidas a los conocidos HEMONY en 1664 para hacer con su metal el carillón. En 1982, tras varios años de cuidados estudios, basados en el análisis sonoro de las campanas restantes, en el estudio de su forma y de los metales que las constituyen, la fundición EIJSBOUTS, bajo la dirección de ANDRÉ LEHR, experto mundial en el tema, dichas siete campanas fueron fundidas y colocadas en la torre. El cuidadoso trabajo dio como resultado la restauración del conjunto original: las trece campanas tienen las mismas características sonoras y podrían haber sido fundidas en 1505, como lo fueron las seis mayores. Es preciso añadir que las nuevas campanas, igual que las antiguas, fueron instaladas para ser tocadas a mano, por un numeroso grupo de campaneros, más de treinta y cinco, que forman parte de la Utrechtse Klokkenluiders Gilde, es decir el Gremio de Campaneros de Utrecht.

El mismo señor LEHR, en un proyecto de restauración del antiguo carillón del Escorial, construido en Bélgica por DE HAZE en el siglo XVII, y del que quedan solamente cinco campanas de las treinta y dos originales, incluye los siguientes párrafos, que traduzco del inglés:Nuevas campanas al antiguo estilo. Como se trata de una reconstrucción, las nuevas campanas serán fundidas con los perfiles originales y afinadas con los tonos antiguos, así como con las asas originales, decoraciones e inscripciones. Las campanas de DE HAZE, aÚn existentes en los Países Bajos, serán empleadas como modelo para esto... El mayor cuidado posible será puesto en la afinación de las campanas, no solamente en cada una con respecto a su estructura propia tonal, sino también en la combinación con las otras campanas, para tener una pureza y un timbre agradables...

La campana antigua no es "chatarra", como nos afirmaba uno de los fundidores españoles más dinámicos (en el sentido de extender sus redes comerciales por todo el Estado y trabajar con los más bajos presupuestos), sino que debe ser conservada, bien en un museo local, bien en un inexistente museo nacional.

Los franceses, los holandeses, tienen sendos museos de campanas, precisamente cercanos a grandes centros de fundición de campanas, y tengo la evidencia que los fundidores pueden pagar sus impuestos en campanas antiguas. En cualquier caso habría que encontrar unas fórmulas para controlar toda campana antigua que pasa por manos de fundidores (en estos momentos es directamente troceada y refundida, sin ningÚn tipo de estudio, sin ningÚn documento que de f‚ de su existencia). Habría que encontrar maneras de reunir las campanas históricas, y el pago de impuestos en forma de campanas pudiera ser una de ellas.

Propuesta de electrificaciones modélicas

Es preciso un informe previo a toda electrificación de modo que ésta

Será necesario elaborar planes de conservación integral, será necesario plantear y promover estudios acÚsticos, mecánicos, epigráficos, iconográficos, antes que las campanas, sometidas a un mercado salvaje de compra y venta, desaparezcan como lo están haciendo sin el menor control.

Es preciso controlar a los fundidores, impulsándoles a la conservación, a la investigación sonora, y prohibiéndoles su trabajo fácil y vandálico de destrucción de "chatarra y de madera vieja".

A continuación describiré‚ una serie de propuestas para una restauración de unos Bienes de Interés Cultural. Será preciso distinguir dos aspectos distintos: la restauración de las campanas y la mecanización de los toques.

Creo casi innecesario repetir que la restauración de un juego de campanas exige la refundición de las campanas rotas o añadidas de tal manera que tengan las mismas características (sonoridad, forma, tipos de asas, inscripciones y grabados, composición de metales) que las campanas antiguas. En este sentido, antes de aprobar un presupuesto de refundición es preciso recibir la garantía total de que las nuevas campanas serán similares a las antiguas. Hay fundidores que saben hacer, y que recurren a las más modernas tecnologías (empleo de ordenadores para construir modelos de curvas) para llegar a tales resultados.

Se requiere asimismo la garantía de los fundidores para la reafinación o refundición de la campana nueva (y en buen uso) para ponerla de acuerdo con las otras. En el primer caso (reafinación en un torno vertical) la campana reafinada deberá tener el llamado Hum (octava baja), la nota fundamental, la tercia menor, la quinta y la llamada nominal u octava alta, en relación similar a las otras campanas.

La campana refundida, debería tener las mismas características que la rota, es decir: similar composición de metal (para lo que se requiere los correspondientes análisis metalográficos), similares curvas, iguales inscripciones, admitiéndose Únicamente la mención de la refundición y la fecha, iguales grabados (cruces, relieves de santos,...) y por supuesto las mismas características sonoras que la anterior, al menos en los cinco armónicos antes citados.

La restauración completa de la campana exige su colocación del mismo modo que tenía originalmente: construcción de yugos de madera, de badajos aislados acÚsticamente y de colocación a la altura y lugares tradicionales de la torre. Sin tales requisitos tampoco es posible hablar de restauración, sino de una expoliación parcial. En el caso de campanas especialmente importantes, debe construirse una r‚plica, dejando la antigua campana rota en un lugar donde pueda ser contemplada y reconocida como parte integrante del Patrimonio.

La mecanización supone otra serie de problemas: en este sentido, aunque llegásemos a conservar la campana con todos sus accesorios, pero con unos ingenios electromecánicos que la hiciesen sonar segÚn el buen gusto del instalador, seguiríamos sufriendo de una expoliación parcial. La mecanización debiera evitarse, aunque quizás sea conveniente realizar algunos toques o incluso todos desde la misma iglesia.

Si es así, dicha mecanización ha de seguir las siguientes condiciones para seguir tratándose de una restauración: los ingenios eléctricos han de ser gobernados por ordenador, con unos programas adecuados que no solamente repitan los toques tradicionales, sino que los hagan de manera creativa. Esto no es excesivamente caro y es totalmente realizable: el microprocesador bien programado es capaz de hacer los repiques más variados sin repetirse jamás. El "campanero", segÚn su "humor" hayá pequeñas variaciones que repitan la creatividad de los campaneros humanos.

Pero, sobre todo, la mecanización ha de estar hecha de tal manera que no impida de ningÚn modo el toque manual, con las técnicas tradicionales; es decir, para una víspera de fiesta, para cierta ocasión o simplemente por el placer de hacerlo, el grupo de campaneros puede subir, instalar sus cuerdas y ponerse a tocar sin que los mecanismos adosados impidan lo más mínimo dichos toques consuetudinarios. En este sentido sería mucho más creativo fomentar el grupo de campaneros, como ya existen en varias ciudades valencianas, que suben a tocar para las fiestas, que instalar unos mecanismos para los toques, pero de cualquier manera dichos mecanismos han de permitir tales técnicas y sobre todo han de imitarlas: volteos a velocidad y sentido variado, repiques con ritmos muy rápidos y volumen del golpe variable.

No se trata de una alternativa utópica: hace veinte años, cuando las grandes electrificaciones, era impensable reconstruir con relés y otros mecanismos eléctricos los toques tradicionales, pero los microordenadores, en la actualidad, son capaces, también, de tocar creativamente campanas.

No debe aceptarse ningÚn proyecto que no contemple la restauración de los juegos tradicionales, incluyendo ahí las campanas en su sonoridad original, su colocación con yugos de madera y los toques al estilo antiguo. Debiera evitarse la motorización, y sería mucho más coherente y creativo articular un grupo de jóvenes y mayores campaneros locales, tal y como existe en toda Europa, como podría demostrar con mucha más documentación de la que uno pudiera creer.

En cualquier caso, la mecanización debe reproducir los toques tradicionales de forma absolutamente idéntica y creativa, para lo que sería necesaria una investigación exhaustiva antes de la programación. Si llegara a hacerse, deben introducirse en los programas todos los toques tradicionales posibles, muchos de ellos perdidos, como los repiques de los sábados como vísperas de fiestas, o los toques de oración al amanecer, al mediodía y al caer el sol. Una restauración de los toques no debe limitarse a reproducir los que simplemente "llaman" sino igualmente los que "acompañan" y los que marcan las partes de tiempo diario, semanal y festivo...

Cualquier proyecto de restauración que no cumpla estas características debe ser rehusado, hasta que los fundidores y restauradores no ofrezcan completas garantías. Estas opiniones no afectan a la construcción y electrificación de nuevas campanas en nuevos entornos, por cualquiera de los prestigiosos fundidores aÚn existentes. La instalación de nuevas campanas y de nuevas formas de expresión a través de ellas ha de ser fomentada, pero en los casos de restauración de campanas y conjuntos históricos, que forman parte del patrimonio comÚn de nuestras Comunidades, el control ha de ser muy estricto para impedir la actual destrucción masiva por intereses exclusivamente económicos o comerciales de las empresas de fundición.

El largo proceso de recuperación de las campanas de las Catedrales

Hasta ahora hemos planteado la necesidad, no tan evidente en vista de las actuaciones realizadas, de considerar las campanas, su colocación y sus toques como un complejo bien cultural, que no puede ser privado de alguna de sus características sin ser más o menos gravemente expoliado.

También hemos propuesto algunas características de lo que debiera ser una restauración modélica, recordando algunos procesos realizados en Europa.

Sugeriremos un proceso de recogida de informaciones, a varios plazos, tendente a conocer el estado de la cuestión, las características de las campanas y de los toques, y las alternativas de futuro para preservar y recuperar un Patrimonio casi perdido.

El estado de la cuestión

Lo que hemos escrito hasta ahora es, sobre todo, fruto de nuestra experiencia personal en el trabajo de campo. Porque, al contrario de lo que ocurre en otros lugares, como Francia, carecemos de una catalogación de las campanas, incluso de las más importantes como son las catedralicias.

Necesitamos, incluso antes de catalogar todas las campanas, tarea larga y minuciosa, que podría exigir varias vidas dado el alto nÚmero de bronces existente, conocer el estado actual de los conjuntos mejores.

Se trata de saber el nÚmero existente, su colocación, su conservación, el uso actual (toques que se realizan ahora) así como el tradicional (toques abandonados pero que aÚn podrían ser interpretados por vivir los Últimos campaneros)

Esta primera tarea, extendida a lo largo de todas las Catedrales, cuya lista provisional transcribimos más adelante, nos permitiría conocer el estado actual de la cuestión, el presumible abandono y las prioridades no solamente en restauración sino sencillamente en conservación.

El trabajo a realizar consiste en la elaboración de un informe general sobre el estado original de todas esas campanas y los usos actuales. El trabajo constará de unas 75 monografías, correspondientes a cada una de las Catedrales, cuya lista incluimos al final de esta propuesta, salvo error u omisión. Cada uno de estos informes locales incluirá datos sobre el nÚmero de campanas, su colocación actual, estado de conservación, motorización u otros cambios sufridos en época reciente (restauraciones, desplazamientos) así como una primera información sobre los usos tradicionales, incluyendo toques, colocación, tecnologías, existencia de campaneros aÚn vivos y otros rasgos culturales.

Cada monografía irá acompañada de material gráfico: fotografías de conjunto de la torre e individuales de cada campana, así como la grabación en vídeo 8 mm por el tiempo necesario para mostrar el estado actual de conservación.

Salvo impedimentos de causa mayor, que en todo caso serían reflejados en el informe, la recogida de materiales se realizará in situ, es decir desplazándonos a cada Catedral y subiendo a cada torre.

En los lugares en que fuera posible, y de modo especial si la alta edad de los informantes lo aconsejase, se intentaría la grabación integral de los toques, realizando en todas las Catedrales la entrevista de los antiguos campaneros y de los responsables de los toques (Deanes, fabriqueros, etc.)

Los materiales recogidos, presentados en monografías independientes así como en un gran informe sobre el estado general de la cuestión, se basarán especialmente en las campanas digamos litÚrgicas, y sólo tangencialmente a aquellas dedicadas exclusivamente a tocar las horas, a menudo diferentes y bajo la responsabilidad del poder civil: para los campaneros tradicionales solamente son tales aquellas empleadas para los toques, excluyendo, sobre todo si son distintas o ubicadas en otra torre, las empleadas para tocar las horas. De cualquier modo estas otras campanas serán citadas en los trabajos, así como los pequeños carillones que pudiere haber.

Dicho informe general recogerá no solamente el estado actual del conjunto, sino ciertas características conjuntas como áreas de electrificación de cada uno de los industriales en activo y otras circunstancias comunes.

La catalogación

La segunda fase, tras conocer el estado actual de las campanas y sus toques, debiera consistir en la catalogación de todas ellas, en la grabación mucho más sistemática de los toques catedralicios, en la consulta de los archivos para conocer las Consuetas y otros libros de ritual en los que se señala, a menudo de manera excesivamente esquemática, la lista de toques para cada una de las diversas actividades litÚrgicas, relacionando tales listas "cultas" con la realidad cotidiana y cultural de los Últimos campaneros.

La catalogación de las campanas no debe limitarse a la importante recogida de sus características físicas (medidas, colocación) sino a las culturales (epigrafía, iconografía) y a las musicales. Esta Última parte debiera ser realizada en un convenio con el Instituto de AcÚstica del C.S.I.C. u otra institución similar, para estudiar las cualidades sonoras (afinación, cinco o seis armónicos principales, resonancia del lugar, etc.) así como las metalográficas (composición de metal, velocidad y temperatura de fundición, cristalografía, análisis químico) de las campanas más destacables por su antigüedad, conservación u otros motivos.

Estos estudios complejos pudieran servir asimismo para la determinación de "tipos" de campanas, así como para la consolidación de uno o varios de los talleres artesanos de fundición actualmente existentes en talleres de restauración, con las mayores ayudas, tanto tecnológicas como personales.

La restauración

El fruto de tales trabajos (estado actual, catalogación), debiera redundar en una serie de procesos modélicos de restauración, coordinando las fuerzas suficientes para recuperar no solamente las campanas y su sonoridad tradicional, sino el sentido cultural de tal acción: todavía hoy se asocian los toques antiguos y manuales a "atraso", cuando es una riqueza aÚn presente, que en Europa se perdió hace docenas de años por no haberla sabido conservar.

En este sentido puede ser interesante seguir dos actuales procesos de restauración, que quizás marquen los hitos de una nueva actitud ante los Bienes Culturales: se trata de las campanas de Cheste (Comunidad Valenciana) y las de El Escorial (Comunidad de Madrid).

Las campanas de la parroquial de Cheste, un famoso conjunto de mitad del XVIII han sufrido numerosos expolios, entre ellos la substitución de los antiguos yugos de madera por otros de hierro, la refundición de dos campanas cambiando peso por peso, pero sin analizar ni tener en cuenta tanto la afinación como la composición de metales o la interesante epigrafía. El proceso actualmente en marcha, a través de un pequeño taller de restauradores catalanes especializados en campanas, pretende la refundición de dos campanas de acuerdo con las características de las antiguas, la recuperación de los yugos de madera así como una motorización alternativa, controlada por microprocesador, que reproduzca los toques tradicionales, sin impedir el toque manual de los complejos y graciosos repiques locales todavía conservados. En una primera fase, y gracias a las actuaciones de la Generalitat Valenciana, se obligó a un industrial local, que proponía una electrificación salvaje, a reponer las campanas como estaban antes de su llegada y a rescindir el contrato, ya que su propuesta acababa con toda la tradición sonora y musical.

Las campanas del carillón de El Escorial, fundido a mitad del XVII y de las que solamente quedan cinco de las treinta y cinco originales, sufren un similar proceso de restauración: los bronces, realizados originalmente en los Países Bajos, son restaurados por unos fundidores holandeses: a partir de las cinco existentes, y que han sido llevadas a Holanda, se reconstruyen las cuarenta y cinco restantes, ampliando el carillón de tres incompletas a cuatro octavas completas, teniendo en cuenta las características musicales del fundidor antiguo y de las campanas supervivientes.

Ambos procesos de restauración integral, que son realizados durante este año, así como los que propongamos a partir de los materiales recogidos en las diversas fases de este proyecto, permitirán el rescate de un patrimonio, de unos Bienes Culturales que, por estar perdidos, han sido hasta olvidados de la memoria colectiva.

Con estos procesos de restauración integral esperamos no solamente la recuperación de una sonoridad y de unos toques tradicionales, sino el reencuentro, para mucha gente, del antiguo, inefable y casi necesario placer de tocar las grandes campanas de nuestras catedrales.

Lista de Catedrales propuestas

Catedrales peninsulares
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  • PLASENCIA
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  • SEGORBE
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  • SIGÜENZA
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  • ZARAGOZA
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    • Pilar
Catedrales insulares o ultramarinas
  • CEUTA
  • CIUTADELLA
  • EIVISSA
  • LA LAGUNA
  • LAS PALMAS
  • PALMA DE MALLORCA

Bibliografía manejada

  • Catedrales: bibliografía general
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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    Última modificación: 24-10-2014
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