LLOP i ÁLVARO, Francesc - El carillón: un instrumento musical

El carillón: un instrumento musical

El carillón: un instrumento de música

Existe la creencia entre los mÚsicos que las campanas no son unos instrumentos musicales ya que sus armónicos no guardan proporción. Por tanto difícilmente se pueden emplear en el mundo de la mÚsica convencional, tanto clásica como contemporánea.

Vamos a hablar de las campanas como un instrumento musical, de los diversos usos de las campanas en el mundo, y sobre todo en Occidente y finalmente del carillón y sus características.

Las campanas

La gente supone que la campana no es un instrumento musical porque tiene sus armónicos distribuidos de manera irregular e incluso variable.

Estudios científicos acÚsticos, sobre todo de las Universidades Holandesas, Inglesas y Alemanas, demuestran lo contrario: las campanas son un acorde, imperfecto o menor, pero que se puede no sólo medir sino incluso modificar dentro de ciertos límites. Lamentablemente las campanas españolas, que tienen una sonoridad muy peculiar, sólo han sido estudiadas de manera puntual.

Los científicos han llegado a encontrar en una campana media, de un metro de diámetro y de unos 579 kilos de peso, hasta más de 60 armónicos producidos.

Este conjunto sonoro está producido por la vibración causada por las deformaciones de la campana a causa de un impacto mecánico. Como las campanas suelen estar hechas de bronce fundido, que es un material muy duro, pero relativamente frágil, el golpe se convierte en energía sonora; si las campanas no están colgadas de manera libre, entonces se rompen (por ejemplo si se tocan con dos martillos a la vez, o si están apoyadas en el suelo). También hay campanas de hierro fundido (aunque éstas se oxidan) y ahora están investigando en Hungría con campanas de aluminio, que tendrían la ventaja de ser más ligeras con una sonoridad parecida.

Lo más interesante de esa multitud de armónicos producidos, es que tienen diversa duración en el tiempo (algunos duran milisegundos); su conjunto es lo que produce la característica sonoridad de una campana. No obstante hay cinco notas principales, que llaman de manera diferente, segÚn los países. En una campana perfectamente afinada, estas notas reciben los nombres siguientes:

Afinación de la campana ideal
Nota ideal Nombre Francia Holanda
Do0 Nota base Hum grondtoon
Do1 Prima Fondamentale priem
Mib1 (Fa#1) Tercera menor Tierce mineure kleine ters
Sol1 Quinta Quinte quint
Do2 Octava Nominale oktaav

Hay que observar dos cosas de lo que hemos dicho. En primer lugar hemos hablado de una campana ideal, de carillón. En segundo lugar, hay un armónico que parece ser constante en todas las campanas del mundo, y es la existencia de esa tercera menor (y no mayor) que produce la sonoridad típica de las campanas.

Hemos dicho que las distintas notas tienen una duración diferente a lo largo del tiempo: la nota base o Hum es la que más dura, y la que produce ese largo eco, que en una campana mediana (un metro de diámetro y 579 kilos) puede durar unos tres minutos y en una mayor (de tres metros y unos 15.000 kilos) cinco o seis.

La campana española está por estudiar. Cuando se restauraron las de Cheste, se hizo un estudio acÚstico y la nota base estaba una nota más bajo de lo que se esperaba en una campana ideal, la prima algo más de media nota por debajo, la tercera un cuarto de nota menos, y la quinta y la octava más o menos en su sito. Pero como decimos, la campana está por estudiar, ya que el mismo conjunto de Cheste, producido originalmente por un Único fundidor, daba diferencias notables entre una y otra campana.

Mucho más originales son las campanas "romanas", las que tienen la forma de "la campana de Elgorriaga". Estas campanas, típicas de cierta parte de España (Castilla, León, País Vasco, Navarra) no existen en la Corona de Aragón apenas (sólo hay dos, que se sepa, en la Comunidad Valenciana). Pues bien: estas campanas tienen "otra" sonoridad, bastante desagradable para nosotros pero importantísima en los territorios antes citados.

La campana tiene además una característica muy especial, que descubrieron los Hermanos Hemony en Holanda, a principios del siglo XVII, y es que se pueden "afinar". Luego los científicos han confirmado lo que aquellos magos de la campana descubrieron poco a poco. La campana consiste en una serie de anillos, colocados unos encima de otros, y cada uno de estos anillos teóricos produce una de las notas o armónicos.

En consecuencia, si se raspa cierta zona, es decir si se quita metal en el interior de la campana a cierta altura, se puede modificar la nota correspondiente. Naturalmente la cosa es mucho más complicada, pero en principio la nota base "está" en el labio de la campana, la prima un poco más arriba y en el hombro, la tercera menor más o menos a un palmo del labio, un dedo por encima está la quinta, y un par de dedos más alto se encuentra la octava. Ya digo que no es exactamente así, pero si se aplica un diapasón de la nota adecuada a estas alturas, la campana se pone a oscilar amplificando la nota correspondiente.

Hay otra característica importante de las campanas: el perfil es el que da la nota, y no el tamaño. Aunque parezca mentira, una campana más fina tiene un sonido más grave, y una más gruesa del mismo tamaño un sonido mucho más agudo.

En consecuencia hay carillones "ligeros", "medios" o "pesados", o sea se pueden conseguir las mismas notas con campanas de tamaño diferente. Lo que ocurre es que un carillón "pesado" tiene campanas mucho mayores, y por tanto su sonido llega mucho más lejos.

La elección de uno u otro tipo no sólo depende de las disponibilidades económicas, que suelen ser un freno importante, sino de la propia ubicación del instrumento: si se va a colocar en un parque pÚblico, con las campanas a poca distancia de la gente, conviene un carillón ligero, mientras que si van a instalarse en lo alto de la torre de una Catedral conviene un carillón pesado, para que su sonido alcance más.

Las campanas en el mundo

Los holandeses, o mejor dicho los habitantes de la antigua provincia de Flandes, o sea los protestantes holandeses y los católicos belgas, incluyendo el norte de Francia, necesitaron muy pronto numerosas campanas para producir melodías: por eso tenían que estar no sólo afinadas cada una, sino bien conjuntadas, para que sonase algo reconocible.

Este fenómeno es el que motivó las investigaciones de los Hemony, que dieron lugar a las campanas afinadas y a los carillones, de los que hablaremos luego.

En otros lugares la nota no importaba tanto, sino la diferencia de sonoridad, para producir diversos mensajes. En la edad media, en muchos lugares tenían campanas propias para cada cosa, como la del mercado, la de cerrar las murallas o la de alarma. Por tanto no importaba mucho su afinación sino que fueran notas distintas las unas de las otras.

No hablaremos de las campanas orientales, de las que sabemos muy poco (aunque en una tumba de un famoso emperador chino se encontró un conjunto de más de cuarenta que serviría seguramente para tocar melodías con martillos: estas campanas tienen más de dos mil quinientos años). Digamos que en Occidente los romanos ya empleaban campanillas para la apertura y cierre de los baños y otros avisos, y también para sus actividades religiosas. Había campanas de bronce fundido, de forma parecida a la actual, pero de pequeño tamaño: cuatro o cinco centímetros de diámetro. Las que tenían algo mayores, como una encontrada en Tarragona, eran del tamaño de un tazón invertido, con un asa para agarrarlas.

Este modelo se utilizó durante muchos siglos pues hay una campana parecida en Córdoba del siglo IX.

Las campanas actuales parecen ser mucho más tardías. Una de las primeras conservadas del mundo está en León, y está dedicada a San Lorenzo. Se fundió en el 1064 para la Colegiata de San Isidoro, que era un panteón real. En este momento está rota, y hasta que no se restaure no sabemos que sonido tenía, porque las campanas son el Único instrumento que no cambia su nota a través de los siglos.

Los cristianos, cuando entraron en la València conquistada, trajeron unas campanas, seguramente pequeñas, para mostrar el símbolo sonoro de la nueva religión.

Los toques de campanas en el mundo cristiano

Las campanas, que comienzan a generalizarse a partir de 1200, y a ser cada vez mayores, se emplean para dos cosas diferentes: para marcar el paso del tiempo y para anunciar (o acompañar actividades).

Los primeros relojes mecánicos capaces de tocar campanas aparecen hacia 1350 aunque lo imperfecto de su mecanismo hace que puedan tener retrasos o adelantos de varias horas al día.

Los anuncios de actividades ya hemos dicho antes que se producían con campanas propias, pero luego fueron evolucionando los toques y ya se pasó de utilizar una campana para cada cosa a utilizar un toque, es decir una combinación de sonidos de campanas, para un aviso concreto.

En Europa hay dos movimientos contrarios: mientras que en Flandes, en Italia y en Alemania se construyen torres civiles para los avisos comunitarios, sobre todo relacionados con el trabajo, las alarmas, las aperturas y cierres de murallas, en España, en Francia, en Inglaterra (primero católica y luego protestante) se emplean las campanas de la Iglesia para todos los avisos, de modo que un toque de oración del alba puede servir al mismo tiempo de anuncio de apertura de las puertas de la ciudad.

Por tanto, en el norte, los toques civiles, para diferenciarse de los religiosos, evolucionan hacia las melodías, que llegan a tener un fin en sí mismas: inicialmente sirven para anunciar el toque de las horas, pero luego los carillones tocan marcando ciertos momentos cívicos, como el día del mercado.

En el sur los toques evolucionan hacia los ritmos, de manera que con pocas campanas diferenciadas, a menudo siempre las mismas, tres o cuatro, se pueden anunciar muchas cosas, segÚn el ritmo, que a menudo va acompañado de cierto sonsonete para reconocerlo (algo así como los toques de corneta del servicio militar, que solamente utilizan cuatro notas, pero que bastan para crear más de cien avisos diferentes).

El fenómeno de separación de Iglesia y Estado se expresa, en el antiguo Flandes en la creación de importantes conjuntos de campanas, más o menos afinadas, que sirven para los avisos cívicos, y para mejorar la calidad de vida, mientras que en el Sur (incluyendo las iglesias católica, la reformada inglesa o la calvinista suiza, e incluso las ortodoxas griega y rusa) los mismos toques tienen multitud de significados, llegándose a delicados acuerdos entre el poder municipal y el religioso (como las dos puertas de entrada a la torre) de manera que ninguna de las dos partes se sienta ofendida.

Hay un fenómeno muy curioso, que no tiene explicación, y es que los toques son muy diferentes de un sitio a otro, aunque los significados sean similares. No decimos que los protestantes toquen distinto de los católicos, ni mucho menos: en la zona de Valais, en Suiza, hay pueblos que tienen dos parroquias, una católica romana y otra calvinista, y tienen toques parecidos, solamente diferenciados por las distintas campanas.

De alguna manera hay zonas musicales de campanas, con dos franjas en el norte y en el sur, que no utilizan melodías sino ritmo, y una zona central que no utiliza ritmos sino melodías (si es que se pueden separar una cosa de la otra).

Pero luego hay costumbres regionales, comarcales e incluso locales, que se oponen en la forma, pero no el significado o viceversa. Por ejemplo, las campanas que oscilan, como en las películas, son típicas de casi toda Europa. Pues bien, en España, esos toques son de muerto en algunos sitios, de fiesta en otros e indiferentes en los menos. Aquí en València hay riquísimos repiques tradicionales, pero la gente normal aprecia los volteos sin saber que es una cosa relativamente reciente (hacia 1580 en la Catedral de València, y un siglo más tarde en la Catedral de Segorbe, por decir dos casos notables), El final de los toques de fiesta de esta ciudad son las campanas oscilando, hasta que paren por ellas solas, sin frenarlas, pero en los pueblos de la Huerta ese es un toque de muertos.

En Catalunya o en las Balears también oscilan las campanas, aunque llegando hasta quedar invertidas. Si las campanas voltean dicen que "és cosa de castellans", pero hay ciertas comarcas de Mallorca y de Catalunya donde voltean "desde siempre".

En Andalucía se hace algo que en València sería inconcebible: las campanas mayores están fijas y no pueden voltear, por lo que se tocan a golpes lentos, mientas que las menores dan la vuelta entera. En València tocar una campana "a batallades", a golpes, es una cosa vergonzosa, y vale más no tocarla, que hacerla sonar así. Y muchos más casos.

Parece que haya unas normas generales por territorio, que suele coincidir con un Obispado, pero luego las iglesias tratan de diferenciarse de las vecinas: algo así como decir "Nosotros tocamos bien, los otros tocan mal, pero los de al lado no saben tocar". Por eso hay que hacer torres altas y campanas grandes, para que ellos sepan lo que es bueno. Las campanas se hacen siempre más grandes de lo que hace falta, para que lleguen más lejos de nuestro territorio, y los vecinos sepan lo importantes que somos que nos podemos permitir esos gastos.

El carillón

Llegamos por tanto al carillón, que nace, como hemos dicho, como un conjunto de campanas afinadas, más o menos, y que sirven para tocar melodías. La palabra nace del francés "quadrillon", es decir conjunto de cuatro.

Sin embargo hoy se llaman carillones a los conjuntos de al menos dos octavas, incluyendo blancas y negras, o sea de más de 25 campanas, aunque algunos no tiene la primera nota sostenida baja y tienen una o dos más altas.

El carillón al principio nació con pequeños conjuntos de ocho o diez campanas, y fue aumentando junto con la autonomía municipal y la altura de las torres.

Como hemos dicho es una tradición de Flandes. En España sólo había un carillón histórico, primero de doce y luego de 32 campanas en la torre del carillón del Real Monasterio del Escorial. Al principio era un instrumento asociado a los Reales Sitios: hubo otro en el Palacio del Pardo y en el Palacio Real, pero la gente no lo apreciaba. Es curioso que el del Escorial que es el más conocido, comenzaba con una campana Re1, de 1600 kilos, y seguía con un Mi1, de 1145, es decir campanas ya grandes, y era conocido por la gente como un "órgano de campanillas". Este carillón de 32 campanas fue hecho por Melchor De Haze, en Amberes, en 1673, y traído a España por voluntad del Rey, todavía señor del Flandes católico, es decir de la actual Bélgica. Este De Haze había tenido buenos maestros pues había sido discípulo de los Hemony, los inventores del carillón, pero no era tan bueno como ellos. AÚn así produjo un instrumento de gran interés, y afinado al estilo de la época , es decir con semitonos temperados. Su escala se extendía así: Re1 - Mi1 - Fa sostenido 1 - cromático hasta Si3

Pero había muchas "campanillas" en este conjunto, y al desaparecer la Casa de Austria y ser sustituida por la de Borbón (es decir por una Familia Real más del Sur) el instrumento fue abandonado y se quedó sin usar muchos años. De hecho, en el siglo pasado, cuando se produjo la exclaustración, aunque era un edificio de la Corona, en el Escorial empezaron a vender campanas, pensando que había demasiadas; de las 32 originales solamente quedaban 6 en 1988, cuando se restauró el instrumento.

Entonces se tomó una decisión atrevida: mantener la afinación original, es decir los semitonos temperados o medios tonos exactos, y al mismo tiempo aumentar el conjunto "hacia arriba", añadiendo dos escalas más, de campanas menores: Re1 - Mi1 - Fa sostenido 1 - cromático hasta Re5

Por tanto el carillón pasó de tener las 32 "originales" a tener 47, y convertirse en un instrumento de concierto, aunque afinado al estilo barroco, con semitonos iguales.

El ejemplo del carillón de El Real Monasterio de El Escorial nos sirve bien para comprender como es uno de estos instrumentos musicales: se trata de un conjunto de campanas, afinadas, e instaladas en una estructura, metálica o de madera, a gran altura, de manera que su sonido se expanda en todas direcciones (cosa necesaria porque sino pueden oírse más unas notas que otras lo que sería un auténtico desastre). La estructura debe ser muy estable, porque estamos hablando de varias toneladas de peso, y las campanas están fijas. En medio de ellas, a veces algo más bajo, pero no mucho, se encuentra el teclado, que tiene tantas teclas como campanas, y que suele tener la octava baja repetida, es decir con teclas y con pedales.

Pero no se trata de teclas normales sino de una especie de palos, ordenados como un piano, en grupos de dos y tres con los correspondientes semitonos un poco más altos, y separados entre sí 10 cm, segÚn unas normas internacionales muy estrictas. Estas teclas están conectadas mediante una transmisión que puede ser de cables, de poleas o incluso en los más modernos de materiales sintéticos, que transmiten el esfuerzo dado a la tecla al propio badajo de la campana. Estos badajos son de gran tamaño, y a menudo de bronce, para producir un sonido más suave; desde el propio teclado se puede regular la distancia a la campana de manera que pulsando a fondo la tecla, el badajo no quede pegado, sino a escasos milímetros.

El trabajo de carillonista o carillonero, que en esto no hay unanimidad, consiste en tocar las teclas, mediante golpes secos, del puño cerrado, o de los pies, de manera que se tocan melodías.

La partitura de carillón tiene dos pentagramas, pero no es como la del piano para las distintas manos, sino que la de arriba es para las manos y la de abajo para los pies. A continuación figura la transcripción para carillón de una ópera de Mozart.

La transmisión, es decir la forma de unir el teclado al badajo, es muy importante, porque si la campana está lejos de la cabina (el teclado suele estar colocado en una pequeña habitación acristalada, para proteger mejor al mÚsico de la intemperie) el esfuerzo es mayor, y responde más lentamente. Antes se hacía mediante cables, ahora es con materiales rígidos.

Los carillones deben tener al menos veinticinco campanas; el límite está en 79, lo que supone un Do0 de 12 o 15.000 quilos, frente a un Do7 de apenas 4 o 5. Las campanas tienen un perfil similar, para producir un mismo conjunto de armónicos, pero al mismo tiempo progresivo, es decir las pequeñas son relativamente más gruesas para competir, en la medida de lo posible, con las mayores, aunque las más agudas apenas se oyen (por ser armónicos muy altos y de breve duración) mientras que las más graves duran mucho más; es un fenómeno físico similar al del piano. Las campanas pequeñas llegan a ser tan gruesas que el badajo no cabe en su interior, y se tiene que poner por fuera.

Hay incluso algÚn carillón belga que tiene campanas diferentes para los bemoles y los sostenidos (entre los que hay sólo una coma de diferencia o sea 1/16 de semitono): esto supone el alto grado de precisión al que se ha llegado en este momento. Como veremos luego, hay pocas empresas en el mundo capaces de hacerlos, pero los pueden hacer muy bien, llegando a certificar 1 cent o sea una centésima de semitono de desviación, a 20º centígrados.

Pero un carillón no debe tener, al menos, 25 campanas. Para que sea considerado como tal, debe tener necesariamente un teclado manual: como veremos luego, un carillón que sólo tenga teclado eléctrico o que nada más funcione de manera automática, no puede ser considerado un auténtico instrumento musical, ya que no se pueden transmitir los matices, y por tanto los distintos volÚmenes de percusión con teclas eléctricas, al menos con las actuales, que sólo transmiten "todo o nada".

El trabajo del carillonista

Esta forma de tocar tiene que ver con los propios instrumentos: los americanos, que suelen tener enormes campanas, tienen mecanismos de contrapeso para evitar el esfuerzo (pensemos que el badajo de un bordón de 15.000 kilos puede pesar 3 o 400), pero esas ayudas disminuyen la velocidad de respuesta.

El carillonista es, en Europa, y también en América, un profesional que sólo vive de sus toques. Evidentemente, no todos los ayuntamientos o las universidades pueden permitirse un sueldo así, y a menudo, en los Países Bajos, una persona debe combinar su trabajo en tres o cuatro carillones diferentes.

Pero los grandes carillones tienen un profesional dedicado exclusivamente a este menester. En Barcelona, en el Palau de la Generalitat, hay un carillón de 49 campanas, tocado diariamente un cuarto de hora al medio día de manera manual, los días de hacienda. Una vez al mes, la carillonista, u otro profesional invitado, hace un concierto de una hora de duración, para lo que se permite el acceso al "Pati dels Tarongers", dentro del Palau, desde donde se puede ver y oír mejor el instrumento.

Cada cierto tiempo se hacen conciertos durante dos o tres días, invitando a varios mÚsicos internacionales, y entonces no sólo se habilitan sillas para escuchar las piezas musicales, segÚn un programa previamente repartido, sino que se instala una pantalla de televisión para que el pÚblico asistente pueda ver la manera de interpretación del instrumento.

En las Universidades de Estados Unidos, como en la de Michigan, hay una escuela de mÚsica en la torre que tiene en su parte alta el carillón; todos los días de escuela la titular del instrumento o sus alumnos interpretan piezas durante la hora en que la gente está comiendo por el parque que rodea el edificio, cuyos árboles están plagados de ardillas. Se tocan piezas barrocas (las que mejor suenan), románticas (más difíciles de reconocer) o incluso de mÚsica contemporánea, que se adapta tan bien como la barroca al instrumento.

Incluso se hacen conciertos con varios instrumentos, por ejemplo, de viento y el propio carillón, desde la misma torre, o desde varios carillones, incluyendo algÚn ambulante.

Pero no se trata para nada de toques de misa, ni siquiera de toques que avisan acontecimientos civiles: son melodías que acompañan momentos de descanso o días festivos, sin otro significado que mejorar el paisaje sonoro y la calidad de vida de la gente que los escucha. Como es natural, al tratarse de un instrumento con una amplia repercusión pÚblica, el carillón no se utiliza para ensayar: los profesionales tienen "teclados de estudio", antes dotados con un metalófono y ahora con sintetizadores digitales, con la misma dureza de tacto que el propio teclado de la torre y que permiten que los vecinos solamente escuchen las melodías cuando ya están bien aprendidas y ensayadas.

Los toques automáticos y los toques manuales

Un carillón, como instrumento musical, debe tener el teclado manual. Esta es una condición necesaria, para la asociación mundial de carillones, que existe desde hace más de treinta años y que se reunía antes cada cuatro, pero ahora, debido a la expansión mundial del instrumento cada dos, en un país distinto.

Naturalmente, los carillones pueden tener un mecanismo para los toques automáticos. No se puede pensar que haya una persona para tocar una pequeña melodía de unos pocos segundos a cada cuarto de hora, sobre todo si ocurre como en los Países Bajos que se toca de día y de noche. (En Francia está prohibido por ley, y por tanto deben desconectarse para el descanso nocturno).

Los primeros mecanismos, ya del siglo XVI, consistían en una enorme rueda, que pesa a veces varias toneladas y puede ser de hierro fundido o incluso de bronce, con miles de agujeros, de manera que se le pueden atornillar una especie de uñas que, mediante un mecanismo y una transmisión manejan un martillo exterior, que es levantado por la uña y cae luego por gravedad.

Como este movimiento supone un cierto tiempo (levantar y dejar caer), algunas campanas medianas y pequeñas, tienen dos y hasta tres martillos, para poder producir ritmos más rápidos. Los martillos deben combinarse de manera que no caiga más de uno a la vez, porque podrían romper la campana. Al mismo tiempo, las uñas, que se pueden atornillar y por tanto cambiar de posición para poner otra melodía, pueden tener pequeños desplazamientos para conseguir que unas u otras campanas toquen seguidas.

La ventaja de este mecanismo es que se consigue una sonoridad diferente del carillonista, que sólo tiene cuatro extremidades para tocar, y generalmente no puede pulsar más de dos o tres teclas contiguas. Un tambor, que es como una caja de mÚsica pero mucho mayor puede tocar muchísimas más campanas a la vez, tantas como considere oportuno el compositor.

El problema de estos mecanismos históricos es su difícil mantenimiento, ya que cambiar la melodía puede costar varios días de atornillar y destornillar uñas, y por otra parte, al estar unidos a relojes mecánicos monumentales, necesitan una conservación continua. Hoy en día se consigue lo mismo con ordenadores, que se programan en un momento con un teclado, y que envían un impulso a un electromartillo Único, que tiene una velocidad de respuesta mucho más rápida.

Hay incluso empresas que tienen un mecanismo de aire comprimido conectado al propio teclado del carillón, de manera que se pulsan las teclas automáticamente, y suenan los mismos badajos que tocaría el mÚsico.

De cualquier manera, los mecanismos históricos tienen una ventaja indudable frente a los modernos aparatos electrónicos: los primeros, si están bien cuidados, duran siglos, como es el caso de el enorme mecanismo de la torre del ayuntamiento de Brugge, en Bélgica. Han restaurado el reloj y el tambor, del siglo XVI, y han resuelto sus dos problemas principales, la cuerda, que antes había que dar cada dos horas, y ahora se hace por motores eléctricos, y la exactitud del reloj, que antes era puesto en hora cada vez que le daban cuerda y ahora tiene un péndulo coordinado con un ordenador de manera que si el reloj está adelantado, para el péndulo los segundos necesarios hasta ponerlo, cada sesenta minutos, en hora.

Los ordenadores, que son tan exactos y fáciles de programar y mantener, tienen dos problemas importantes: por un lado están mucho más expuestos a las tormentas: por lo general cada vez que cae un rayo (y los carillones suelen estar en los lugares más altos de la población) hay que cambiar la placa de los componentes electrónicos, que se destruyen. Por otro lado, debido a la rápida evolución de la tecnología, un ordenador como el de la Catedral de València, que controla las horas, los cuartos y los toques automáticos, y que fue instalado en 1990 ya es un aparato antiguo, que no tiene repuestos.

De todos modos, la norma está clara: para ser un carillón de concierto debe tener más de dos octavas y un teclado manual, tenga o no uno automático.

Los carillones ambulantes

Una modalidad relativamente reciente consiste en los carillones ambulantes, que datan de los años cincuenta, y de los cuales hay ahora más de una docena por el mundo. Los primeros consistían en propaganda de las empresas, para acercar las campanas a la gente, pero luego las mismas escuelas de carillón, como la de Douai en Francia, compraron uno primero para que los alumnos practicasen sin molestar, y luego para llevar el arte del carillón a la gente (ya que no todas las torres permiten visitantes: a menudo solamente caben tres o cuatro personas aparte del propio intérprete). En algÚn Congreso Mundial, como el de Zutphen, se llegó a tocar un concierto con dos carillones fijos, en dos torres diferentes, y tres ambulantes que estaban en la plaza, junto con las campanas de la torre, que se tocan manualmente.

El citado carillón de Douai, de grandes dimensiones, está instalado en este momento en un camión trailer con remolque: la parte trasera no sólo sirve de dormitorio para el conductor y el mÚsico, sino que tiene unas grandes pantallas para que la gente aprecie la técnica y el esfuerzo necesarios para hacer sonar el instrumento.

Empresas que fabrican carillones

Tras las experiencias de los Hemony en el XVII y sus sucesores, el "secreto" de la afinación se fue perdiendo, ya que los hermanos no dejaron por escrito, como suele ser usual entre los fundidores, la técnica necesaria para llegar a conseguir la nota deseada.

Hay que tener en cuenta que por proceso de fabricación de campana, y por causa de las dilataciones del bronce, que se funde a más de 1000 º, puede haber cambios de una a otra con el mismo molde de más de un 5% lo que supone un par de notas de diferencia.

Por tanto no sólo se trata de tener un perfil bueno, sino de saber construirlo de acuerdo con la nota que se desea, y de saber además retocarlo para conseguir los cinco armónicos "en su sitio".

Hasta ahora los fundidores españoles se reían de esas técnicas, porque decían que a sus clientes sólo les interesaban campanas "que sonasen bien", "que hiciesen mucho ruido". De hecho, los siete u ocho existentes aÚn siguen vendiendo las campanas a peso, y no por nota, sin tener en cuenta para nada las otras campanas existentes.

Poco a poco las mentalidades van cambiando, y un par de fundidores están haciendo sus primeras experiencias, aÚn muy alejadas de aquellas de los ingleses, que a finales del siglo pasado, y con un fuerte impulso de físicos y de mÚsicos, redescubrieron que el secreto estaba en un perfil correcto, y en quitar pequeñas capas de metal (a veces menso de un milímetro) para subir o bajar las diferentes notas y conseguir la afinación deseada. Hay que recordar que esta afinación tiene unos márgenes muy limitados: algunos armónicos se pueden modificar hasta un tono o dos hacia arriba o hacia abajo, pero otros sólo se pueden modificar en menos de un semitono.

Hay otra diferencia actual, y es la cantidad de publicaciones existentes, teóricas y prácticas, sobre es estudio de las notas y de afinación de campanas. La mayor parte de los trabajos proceden de las Universidades holandesas, que han dedicado muchos esfuerzos a esas investigaciones.

Uno de los resultados más espectaculares es el diseño de perfiles de campanas por ordenador, o lo que es lo mismo, la creación de campanas virtuales, cuyo sonido es posible conocer y modificar, sin tener que experimentar con campanas reales. Lo más importante de estas investigaciones no es la creación de sonidos nuevos en soporte informático, sino el diseño de nuevas campanas, físicas, reales, con sonoridades diferentes. La misma tecnología puede emplearse en caso contrario, es decir a la hora de restaurar campanas antiguas, para conseguir que las nuevas se ensamblen perfectamente con las existentes.

La empresa que más utiliza esta tecnología es Eijsbouts, de Asten, en Holanda, que hizo algunas de las campanas citadas. Por un lado reconstruyeron las notas que faltaban del carillón de El Escorial. Por otro, y de manera más cercana a nosotros, rehicieron las dos campanas que faltaban del conjunto de Cheste, afinándolas de acuerdo con las cuatro existentes.

Finalmente han abierto una nueva línea de investigación sonora, construyendo un instrumento que parecía imposible de hacer, pero que era necesario para muchos mÚsicos: han fabricado campanas con la tercera mayor, lo que ha exigido darles un perfil nuevo, parecido a una campana que estuviese encima de otra.

Otra empresa holandesa importante, aunque mucho más tradicional, es Petit & Fritsen de Aarle-Rixtel, que también hace carillones, aunque a menudo son automáticos o con teclado eléctrico.

En Francia está Paccard, cerca de Annécy, que fabrica también carillones, de gran sonoridad, pero siempre del mismo perfil. Esta empresa ha hecho las campanas de Alcalá de Chivert de las que hablaremos luego, y alguno de los carillones más grandes del mundo, como el de Chambéry, con 69 campanas, y toque exclusivamente manual.

Aparte de estas tres, que practican regularmente la afinación mecánica de las campanas, no hay ninguna más que pueda hacer un carillón realmente armonizado. Hay alguna empresa alemana que pretende que se pueden fabricar campanas "a la primera", sin tener que tornearlas. Incluso afirman que las campanas torneadas pierden la "capa superficial", y por tanto "sus moléculas quedan desordenadas y suenan peor". La verdad es que las campanas tienen, como hemos dicho, unas pequeñas modificaciones impredectibles, a causa de movimientos por la fundición, y que parece absolutamente imprescindible la modificación, más o menos amplia, de su perfil interior, para conseguir que la campana esté afinada respecto a ella misma y con relación a las demás. Otro hecho cierto es que los carillones construidos para Alemania proceden de alguna de las tres empresas anteriormente citadas, que son, en este momento, las Únicas alternativas fiables posibles.

Carillones en España

En España solamente había una tradición de carillones asociada a la Casa de Austria y por tanto a los Palacios Reales.

A principios de siglo, por diversas causas, se hicieron una serie de pequeños conjuntos automáticos, de ocho a doce campanas, generalmente programados para una sola melodía. Por ejemplo, en la sede zaragozana de la antigua Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja hay un pequeño conjunto que toca los Gozos de la Virgen del Pilar a cada hora.

El Palau de la Generalitat de Catalunya compró un carillón de doce campanas, que podían tocar melodías programadas y también otras mediante un teclado manual.

El más completo, sin embargo, es un carillón, instalado en la torre de San Pablo de Córdoba, y que se compró en París en 1903 durante una exposición universal. Tocó algunos años, pero en la actualidad su instalación está completamente desmontada, y las campanas cuelgan de una estructura de madera medio hundida, mientras que los cables que debían unir los badajos al teclado fueron cortados hace decenios. También en Bilbao para el Santuario de Begoña se instaló un mecanismo automático que tocaba himnos de la Virgen.

En 1976 se decidió ampliar el carillón del Palau de la Generalitat de Catalunya, en Barcelona, dotándolo de un auténtico instrumento, con 49 campanas, hecho por Petit & Fritsen. Fue el primero de España que no sólo se convirtió en un instrumento real de conciertos, sino que fue dotado desde el principio con una profesional dedicada a tocar todos los días, como ya hemos dicho antes.

Este carillón de Barcelona, de pequeño tamaño (empieza en un Fa1, de 905 kilos, y acaba en un Sol5, de 9,2. está afinado con los semitonos actuales, mientras que el otro, construido en El Escorial 12 años más tarde, se hizo, como dijimos antes, con una afinación temperada, por respeto al instrumento original. Este segundo carillón, de mucho mayor peso y sonoridad, tiene la desgracia de carecer de alguien que se encargue cada día de tocarlo (lo que es la mejor manera de conservarlo), por lo que apenas toca, si no es de manera automática. Curiosamente, el carillón de El Escorial, restaurado por Eijsbouts, es un auténtico instrumento Real, es decir para el Rey, ya que se oye perfectamente desde el Patio de los Reyes, y desde el propio Palacio, y sin embargo en la plaza ante el Monasterio pasa desapercibido. Para escucharlo desde fuera hay que ir lejos, a los cerros que rodean al monumento y donde está ubicado el pueblo.

Hay un nuevo carillón en la Diputación Provincial de Zaragoza, de teclado manual, y de tres octavas de extensión, pero desconocemos más datos. También es de teclado eléctrico y de toque diario automático un pequeño conjunto de veinte campanas, de Petit & Fritsen, ubicado en el Ayuntamiento de Madrid.

Aparte de éstos, desconocemos la existencia de otro que no sea uno electrónico, ubicado en una de las torres de la Sagrada Familia de Barcelona, el templo de Gaudí, y que carece de interés para nuestro trabajo. Conviene recordar que el arquitecto diseñó unas campanas tubulares para sus torres alargadas, y que esperaba que se instalase un carillón de estas campanas; sin embargo decidieron poner un aparato electrónico de sonoridad muy dudosa.

Carillones en la Comunidad Valenciana

La forma de tocar las campanas está basada, como ya dijimos, en los ritmos y no en las melodías. Es cierto que en la Consueta o "partitura" descriptiva de los toques de la Catedral de València se hablan de ciertos aspectos sonoros: por ejemplo sólo deben voltear las cinco grandes, porque las demás "no dizen bien con estas". Los toques están basados en el volteo, relativamente reciente, y en los "trancs", que consisten en el toque coordinado de tres, cuatro o más campanas. En la Catedral son cinco y a veces hasta nueve, pero se recomienda igualmente que la campana menor, "el tiple " no se toque con las otras porque también disuena.

Ha hecho falta que vinieran musicólogos extranjeros para saber que las cinco campanas mayores tienen la afinación Mib3, Mi3, Fa3, Sol3, La3, porque en realidad, para los toques tradicionales, no se tocan segÚn la nota musical que tienen sino segÚn su nombre y la categoría correspondiente: a cada fiesta se le asocia una u otra campana, no una nota.

Carillones propiamente dichos no existen, al menos de momento (aunque es probable que en cuatro o cinco años haya un par de ellos). Existe, entre otros, un pequeño conjunto de siete campanas en el Ajuntament de València, cuyas notas reproducían la "Marxa de la Ciutat", que era tocada a las doce, de día y de noche, tras las horas, y que ha sido vulgarmente sustituido por una grabación de piano sintético que ni siquiera repite la misma melodía. Este mecanismo, con un reloj desaparecido, fue instalado al terminar de hacer el edificio, es decir a final de los años 1920.

Hay otro conjunto que se acerca mucho más a un carillón, ya que está formado por veinte campanas, de origen desconocido, aunque probablemente hechas en Suiza en 1931. Está instalado en la Seu de Xàtiva, y las campanas están conectadas, mediante un complicado mecanismo, que se encuentra totalmente abandonado, que permitía tocar cuatro melodías cada día. El tambor que controla los toques, que solamente pueden ser automáticos (no hay teclado ni posibilidad de ponerlo con la instalación actual) es también de grandes dimensiones. En tiempos tocaba el Himno de la Virgen así como la Verbena de la Paloma, y en tiempos de la RepÚblica llegó a tocar el Himno de Riego e incluso la Internacional. Estas campanas están muy desafinadas desde el principio, aunque se nota que intentaron tocarlas, raspándolas en su labio inferior, pero parece ser que son imposibles de armonizar. No obstante ocurre con ellas lo que suele pasar con cualquier instrumento musical: a la larga la gente se acostumbra, y les parece que no son tan malas, porque son las suyas. Se extienden desde Do hasta Sol, con todos sus semitonos, por tanto hay una octava y media. Los expertos recomiendan conservarlo por su interés histórico, aunque desde un punto de vista musical lo mejor sería sustituirlo por uno afinado.

El reciente conjunto de campanas hecho por Paccard en Alcalá de Chivert constituye un embrión de carillón, ya que se trata de una octava, afinada en Sol Mayor, es decir hay siete campanas Sol, La, Si, Do, Re, Mi, Fa#. Como se trata de campanas afinadas, el conjunto se podría ampliar hasta la cantidad deseada. Las existentes tienen un pequeño teclado eléctrico, que casi nadie ha utilizado, ya que se emplean sobre todo para los volteos eléctricos y los diversos toques. Los mecanismos instalados permiten también los toques manuales, que han sido interpretados diversas veces por el GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS.

Sin embargo ninguno de estos conjuntos constituye un carillón propiamente dicho, y habrá que esperar unos años hasta disponer de un instrumento que es ajeno a nuestras tradiciones pero que puede enriquecer nuestro rico patrimonio cultural y ampliar nuestras posibilidades musicales.

El carillón de Sant Pasqual de Vila-real

En el momento de escribir este trabajo (1997) era impensable, a corto plazo, la posibilidad de tener un carillón en la Comunidad Valenciana. Sin embargo, en 1998, gracias a la generosidad de D. José Mata, se ha instalado un gran carillón de 72 campanas (seis octavas) en la torre oeste de la Basílica de Sant Pasqual de Vila-real.

Para conocer la Última actualidad de este carillón visitar la página Vila-real

Bibliografía

Francesc LLOP i ÁLVARO (1997)
  • VILA-REAL: Campanas, campaneros y toques
  • Acústica, afinación de les campanas: Bibliografía
  • Carillones: Bibliografía

     

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