LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (8) - Contrapesos de madera (2)

Nuestras campanas (8)

Contrapesos de madera (2)

En la primera parte de nuestro artículo sobre los contrapesos de madera (las valencianas "truchas") hablamos de sus ventajas frente a los yugos de hierro: mejor sonoridad, menores vibraciones, sonidos más limpios de la campana, mejor conservación de la campana, del badajo y de edificio.

Algunos piensan que, al menos, los contrapesos de metal tienen una ventaja, y es que una vez instalados hay que olvidarse de ellos. La práctica diaria no es tan sencilla, porque tienen que ser conservados, incluso más que los antiguos. Tenemos en la Catedral "truchas" de madera, como la de la "Maria", la campana mayor, que fueron reparados hace un par de siglos, y que siguen funcionando con los pequeños crujidos propios de la edad. Al lado está el "Vicent", con un yugo de hierro soldado, que en veinte años ha sido arreglado dos veces y que debe ser urgentemente repuesto. Las "truchas" de madera hay que mantenerlas, pero duran, bien cuidadas, durante siglos. Las de hierro, aunque se pinten y cuiden, deben ser repuestas pronto: en muchos pueblos ya están en la segunda generación de contrapesos porque los primeros, de apenas veinte años de edad, tienen que ser cambiados. Quizás, si se hicieran cromadas, y eso solamente aumentaría su precio cuatro o cinco mil pesetas por unidad, podrían durar más, pero la verdad es que ni siquiera las pintan con productos especiales para los hierros a la intemperie: en la práctica totalidad de los casos se limitan a poner esmalte plástico, más barato, que sería mucho más Útil para objetos de interior.

Muchos se preguntarán, porqué no hemos tocado el aspecto estético de los yugos antiguos de las campanas. Después de señalar los aspectos sonoros, las vibraciones y las roturas de badajos, y la duración y seguridad de yugos y campanas nos parece que los argumentos basados en las apariencias son bastante débiles: no se trata de hacer yugos que "se parezcan" de lejos a las de madera: hay que hacer yugos que respondan como los de madera.

El principal argumento para defender los yugos de madera, nuestras entrañables, históricas y hermosas "truchas", se debe basar en un concepto amplio del Patrimonio: la campana por sí sola no es nada, ya que, como todos sabemos, sus accesorios modifican el sonido, el timbre y la potencia de su voz. Y precisamente aquellos accesorios hechos de madera y a veces de piedra, y con los herrajes de hierro forjado, forman parte íntima con el bronce: la campana y el yugo deben ser considerados una misma cosa, ya que al modificar el segundo, el primero pierde voz y belleza.

Por lo tanto los pocos yugos de madera que quedan deben conservarse necesariamente, considerándolos como una parte esencial e inseparable del objeto artístico que es la campana y tratándolos como piezas que hay que restaurar y proteger y no sustituir. Y si hay que electrificar esas campanas, que sea con la condición indispensable de mantener esa instalación, como veremos en otro artículo.

La campana, los accesorios, la altura a la que se encuentran colocados, forman parte de un conjunto sonoro, que fue creado por el esfuerzo, el tanteo y la ilusión de muchos siglos de experiencia. Nuestra obligación es conservarlo. No porque es más bonito, ese argumento no tiene interés, sino porque suena mejor, porque suena más, porque es más seguro, y porque forma parte de nuestro Patrimonio. Y luego, si quieren, porque es más bonito, pero eso es, desde luego, lo menos importante: las campanas están hechas para ser escuchadas y no para ser vistas.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" - València - 1991)
  • Acústica, afinación de les campanas: Bibliografía
  • Restauración de campanas: Bibliografía
  • Francesc LLOP i BAYO: bibliografia

     

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