LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (6) - Contrapesos de madera (1)

Nuestras campanas (6)

Contrapesos de madera (1)

Nuestras campanas son, seguramente, las más motorizadas de Europa. Desde las catedrales hasta los pueblos más pequeños, pasando por las ermitas más solitarias, cientos, miles de campanas valencianas vieron primero sustituidos sus yugos de madera, que aquí llamamos "truchas", por otros de hierro fundido, y luego las manos amorosas de los campaneros fueron cambiadas por motores. Me gustaría reflexionar aquí sobre esos yugos de madera, que apenas existen en nuestras torres.

Algunos dicen, y los fundidores de campanas entre ellos, que los antiguos hacían los contrapesos de madera, porque no eran capaces de construirlos de otro modo. Con los medios de hoy en día aseguran que es posible llegar a grados de perfección que antes eran inalcanzables.

Pero los antiguos fundidores, que eran capaces de ir de pueblo en pueblo y que podían hacer grandes campanas con pocos medios, tenían unos conocimientos aprendidos y experimentados, que han sido olvidados. Eran capaces de fundir grandes masas de metal (pensemos en un "Micalet", de cerca de ocho mil kilos, o cualquier campana grande de mil quinientos o dos mil, que ya es mucho metal fundido) y sin embargo preferían que sus campanas colgasen de vigas de madera. Podían haber hecho yugos de metal fundido, ya que eran capaces de hacer grandes campanas pero no los hicieron por muchas razones.

Por un lado pensaban que la campana debía colgar de los ejes, de manera que sus asas se encontrasen a la misma altura o algo más bajas que esos puntos de giro. De ese modo, el volteo o el medio vuelo era mucho más franco y amplio, con lo cual la campana "salía" más al exterior, y sonaba mucho más.

Las campanas con los ejes "rectos", además, no rompían badajos, o no los rompían apenas. Quizás una vez cada siglo, y ni siquiera tan a menudo. Todos sabemos que los actuales contrapesos de "ejes rotos", es decir con los ejes en ángulo, suelen romper los badajos cada tres o cuatro años. Parece ser que al bajar el eje y convertir la campana en parte de su contrapeso se desplaza hacia abajo el centro de gravedad, y entonces se rompe el badajo por la parte más débil. Es como cuando cogemos un bolígrafo y apretamos con ambas manos: se rompe por el centro, precisamente por donde no estamos aplicando ninguna fuerza.

Los yugos de madera tienen otra utilidad: por su naturaleza misma aislan la campana de la torre: el sonido del bronce es mucho más puro, menos "metálico" y, además, transmiten muchas menos vibraciones a la fábrica, es decir a los muros de la torre.

Así que los yugos metálicos, y sobre todo aquellos que fueron instalados por cientos en nuestras tierras, con los ejes a mitad de la campana, tienen pocas ventajas: suenan menos, rompen badajos con facilidad, transmiten vibraciones a la pared, repercuten en la campana que acaba rompiéndose. ¿Qué beneficios pueden tener? Desde luego son más económicos que los de madera, y al rebajar los ejes se precisa un motor menos potente, para el volteo mecánico, pero ahí se acaban las ventajas.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" - València - 1991)
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  • Restauración de campanas: Bibliografía
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