LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (2) - El toque del Angelus

Nuestras campanas (2)

El toque del Angelus

Lo más curioso de las campanas y sus toques es que tienen poco que ver con la imagen que tenemos de ellos. Muchos piensan que solamente se toca para llamar, para avisar. Y sin embargo la inmensa mayoría de los toques tradicionales servían, sobre todo, para acompañar, para informar, para indicar la pertenencia a una misma comunidad. Hablaremos hoy de uno de esos toques "inútiles" para nuestra corta mentalidad, ya que no indican nada concreto: el "Angelus".

Es difícil saber cuando comenzó a tocarse esta llamada a la oración, en recuerdo del momento de la Encarnación. Se dice que se tocaba al atardecer, porque se pensaba que había sido el momento del aviso del Ángel. También se dice que Calixto III, en memoria de la toma de Constantinopla frente a los turcos, lo propuso a toda la Cristiandad. La verdad es que esos orígenes, difíciles de verificar, importan poco. Parece mucho más importante recordar el uso tradicional de ese "toque de oración".

Se tocaba tres veces: al amanecer, al mediodía -que antes coincidía con las doce solares- y al atardecer. En nuestras tierras el toque era sencillo: tres simples golpes de la campana mayor de la torre, para los días normales. En la Catedral de València, sin embargo, el toque de la mañana y de la tarde iban precedidos de un repique especial, según la clase litúrgica del día. Este toque servía para avisar a las parroquias, que estaban obligadas -incluso con multa- a tocar todas a la vez, "siguiendo" a la Catedral.

¿Qué significaba esta coordinación? Quería decir que toda la ciudad era -¿es?- una sola comunidad, que realizaba su oración a la vez. Este toque de oración tenía, además, un sentido civil más amplio: marcaba el tiempo comunitario. El toque de la mañana -en la Ciudad y en muchas otras ciudades y villas- significaba la apertura de las murallas y el principio de la actividad comercial y artesana. A su vez el Último toque de oración marcaba el final de la jornada laboral, el cierre de algunos portales de la muralla. Un poco más tarde el "toc d'ànimes" indicaba el principio de la noche y el cierre definitivo de las puertas (aunque siempre quedaba abierta alguna de peaje). Entre toque de ánimas y el toque del alba era el momento del silencio -ni siquiera las muertes más importantes se podían avisar mediante las campanas. Solamente el toque de fuego podía romper esa calma de la noche.

El toque de Angelus, con sus múltiples variantes locales, sigue sonando curiosamente en toda la cristiana Europa y especialmente -aunque pueda sorprendernos- en las iglesias reformadas. Desde Polonia a Inglaterra y de Francia o Italia a Noruega tocan las campanas tres veces al día -"aunque no llamen a misa". Mientras, en nuestra València, los toques de oración desaparecieron con los Últimos campaneros, hace casi treinta años.

Afortunadamente el nuevo reloj de la Catedral recuerda esos toques y los interpreta tres veces al día con la "Maria", la campana mayor. Algún sacristán anciano, como el de Sant Joan del Mercat también los toca... Pero la mayor parte de nuestros pueblos y ciudades han olvidado el toque. La buena voluntad de un sacristán -incluso un pequeño mecanismo- pueden servir para recuperar ese toque "innecesario"... que nos devuelve los viejos ritmos vitales tradicionales y nos recuerda, durante un par de minutos, que formamos parte de una comunidad.

Francesc LLOP i BAYO
(Publicado en "Iglesia en Valencia" - València - 1991)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía
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