BALDELLO, Francisco - Pbro. - Las campanas - Pequeña historia de la Catedral Barcelonesa

Pequeña historia de la Catedral Barcelonesa

Las campanas

Evocaciones y recuerdos

Después de unos cinco años de silencio, las campanas de nuestra catedral vuelven a dar fe de vida, esparciendo sus jubilosas voces por todos los ámbitos de la ciudad.

El motivo de su suspensión fue debido a desperfectos aparecidos en el sistema eléctrico, que funcionaba desde 1929, año de la Exposición Internacional de Barcelona.

En esta ocasión ha sido requerida la intervención de una acreditada casa constructora, especializada en estos menesteres. Y, bajo la dirección de técnicos competentes y la vigilancia del Cabildo Catedral, algunas de las viejas campanas son echadas al velo para anunciar los actos del culto litúrgico.

No hay que decir como ha sido recibida la reforma por los barceloneses con muestras de júbilo y aprobación. A los barceloneses de edad avanzada estos modernos toques nos inspiran emocionados recuerdos. En el transcurso de nuestra vida estábamos acostumbrados a una variedad de toques que nos permitían conocer si se trataba de una solemnidad alegre o de un acto funerario.

Las viejas campanas, para cumplir su misión, obedecían al impulso del brazo del buen campanero que seguía la voz de la tradición.

Yo recuerdo que en mis mocedades, alegremente subía los doscientos cinco peldaños de la escalera que conduce al campanario, y asistía, con frecuencia, a contemplar el panorama fascinador de la ciudad que allí se ofrece a los ojos del visitante, y podía admirar la habilidad y el amor con que aquellos buenos campaneros acariciaban las cuerdas de las campanas, obedientes a las órdenes del que podemos llamar director, que era el popular señor “Antonet”.

En las grandes festividades llegaban a la media docena los encargados de echar al vuelo aquellas campanas. Tan solo para el movimiento de la “Tomasa” eran necesarios tres o cuatro hombres. Las demás campanas doblaban con la intervención de un solo hombre.

Características de los toques

Es de notar que los toques de las campanas de la Santa Catedral basílica ofrecían unas características que los diferenciaban de los de las demás iglesias de la ciudad. Generalmente los campaneros de todos los tiempos distinguen dos modalidades para poner en movimiento las campanas. Una de las más usadas en todos los tiempos y en todo lugar, para inspirar en los corazones sentimientos de alegría, era el repique, o “tritlleig” en catalán, alternando con el vuelo solemne y reposado de la campana mayor. Para los actos funerarios el toque consistía en dar vueltas a las campanas.

En la catedral nunca era usado el toque llamado repique o “tritlleig”. Tan solo en determinadas circunstancias, y por razones excepcionales, se usaba dicho toque. De ahí la paremia popular que dice “quan a la Seu repiquen, senyal de misteri”. Y realmente era así. Durante el presente siglo solamente una vez los barceloneses han podido escuchar un repique de campanas desde el campanario de la catedral. Fue en 1919, con motivo de celebrarse en nuestra ciudad un sínodo diocesano. Para imprimir una mayor solemnidad a tal acto inusitado, la autoridad eclesiástica ordenó que fuese anunciado con un repique de campanas.

Es de notar que, a pesar del sólo volteo de las campanas, aquellos buenos campaneros, siguiendo las enseñanzas que habían recibido de sus viejos maestros, permitían perfectamente distinguir el acto litúrgico que anunciaban las campanas. Daban a conocer si doblaban plañideramente por la pérdida de una personalidad relevante, o para desvelar en el corazón de los bar- un secreto que guardaban celosamente usado en los días de Triduo Santo, en aquellos humildes artífices [sic].

Como toque especial, y solamente usado en los días del Triduo Santo, en que no era permitido el toque de las campanas, queremos recordar el sonido lúgubre y misterioso que, desde el mismo campanario, era producido por un instrumento humilde, llamado matraca, que era de tan considerables proporciones que su sonido llegaba a percibirse desde las calles contiguas a la catedral.

En las grandes solemnidades eran echadas al vuelo las once campanas que figuran el en campanario, precedidas por el sonido grave y majestuoso de la “Tomasa”. Y, a pesar de la amalgama de notas, algunas disonantes, era logrado un conjunto altamente atractivo y capaz de satisfacer al oído más exigente.

Toque de grandes solemnidades

Seguramente serán muchos los barceloneses que recordarán las tres notas que reproducimos aquí, emitidas por las tres campanas más sonoras, tomando como a inicial la nota “re” producida por la “Tomasa”, y seguido del “fa” y el “la”. Esta triada era repetida, incesantemente, alternando con el sonido de las demás campanas.

Número y nombres de las campanas

Las campanas que están al servicio del culto de nuestra catedral suman un total de once. Y sus nombres son los siguientes: “Tomasa”, fundida por el campanero José Bartola, en 1757, “Mercedes”, “Dominical”, “La Lladre”, “Feria”, “Nona”, “Prima”, “Esquella alta”, “Esquella baixa”, “Oleguera” y “Vedada”.

Estas denominaciones responden algunas al nombre que se les impuso en el momento de su bendición. Otras merecen una explicación. El nombre de “Lladre” o “Seny del lladre”, dos explicaciones pretenden justificarlo desde tiempo inmemorial. La primera se apoya en un extraño privilegio que disfrutaban los ladrones, y que consistía en verse libres de la justicia si lograban obtener auxilio en el recinto del templo. Otros historiadores pretenden explicar el vocablo diciendo que aquella campana sonaba al entrar la noche en el momento de cerrar las puertas de las murallas. Por esta razón, el que lograba entrar en el recinto, se podía considerar como ladrón. Las denominaciones de “Nona” y “Prima” responden a los nombres de las horas del rezo litúrgico.

El nombre de la vieja “Nona” se convirtió en “Gregoria” en 1943, al ser bendecida por el doctor Gregorio Modrego Casaus, después de una refundición por la casa “Hijos de E. Barberi” de Olot.

Notas musicales de algunas campanas

La siguiente clasificación musical de las campanas es debida al ilustre y ya desaparecido maestro José Sancho Marraco, que estuvo al servicio de la catedral durante más de sesenta años.

“Tomasa”, re, “Mercedes”, mi bemol, “Esquella alta”, do sostenido, “Seny del lladre”, sol, “Nona”, la sostenido, “Feria”, mi, y “Oleguera”, la bemol.

Toques típicos y tradicionales

Los buenos barceloneses conocían la acción litúrgica que se iba a celebrar en la catedral mediante el toque de las correspondientes campanas. El toque del “Angelus” tres veces al día, por la mañana, al mediodía y al empezar la noche. En el momento de la Elevación sonaba la “Vedada”, alternada con tres golpes de la “Tomasa”. Además, los canónigos y los servidores de aquel templo, conocían por los toques las horas de la entrada al coro, y los demás actos usuales.

Durante muchos años se practicó en la catedral un toque conocido por “L'oració del Rei”. Todos los días, a las dos de la tarde, sonaban las campanas “Oleguera” y “Tomasa”. Los historiadores no han sido muy explícitos en aclarar el origen de tales toques. Pi y Arimón, en su “Barcelona antigua y moderna”, le atribuye una antigüedad impresionante, ya que fija su origen en el año 888, en virtud de un diploma, concedido por Luis el Tartamudo, hijo de Carlos el Calvo, al obispo de Barcelona.

El “toc de llevar capes”, tan popular en nuestra ciudad hasta mediados del siglo pasado, correspondía al anuncio del momento en que el preste y sus acompañantes dejaban las capas litÚrgicas después del canto del “Magnificat”. Por la hora en que se efectuaba dicho toque, la voz popular decía “Toc de llevar capes, toc de berenar”.

Desde el primer día de octubre hasta el 31 de marzo, y desde el primero de abril hasta el treinta de setiembre, resonaban unas campanadas por nuestra ciudad que anunciaban el “Pare nostre de las Animes”. Era un momento de impresionante sentido religioso, ya que los barceloneses, tanto en privado como en pÚblico, se descubrían, cesaban en sus conversaciones y se unían a la invitación de la campana, para dirigir al cielo sus preces en bien de los fieles difuntos.

Dejamos para otra ocasión dedicar unos comentarios a las campanas de la torre de las horas, que popularmente es conocida por el “Seny de les hores”. Basta consignar que desde el siglo XIV, la catedral de Barcelona ha tenido su propio reloj, que regulaba el régimen laboral de los ciudadanos. Y es de notar que, en los primeros tiempos, para señalar las horas el Cabildo Catedral tenía contratados a unos hombres, con la misión de golpear con unos grandes martillos las campanas de las horas, teniendo como guía un reloj de arena.

Francisco BALDELLO, Pbro.
“La Vanguardia Española” (12/03/1969) f. 47
  • BARCELONA: Campanas, campaneros y toques
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía

     

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