SANZ MARTÍNEZ, Diego - El uso de las campanas en el Señorío de Molina

El uso de las campanas en el Señorío de Molina: memoria sobre la recuperación de los toques de campanas en Alustante

Alustante es uno de los 13 pueblos que forman la sexma de la Sierra del Señorío de Molina, hoy provincia de Guadalajara. Ubicado tradicionalmente en el camino de Albarracín a Molina y a media legua escasa de la frontera con Aragón, Alustante ha estado además en constante comunicación con el sur peninsular debido a la actividad trashumante que se practicó hasta hace unos 15 años, siendo los destinos preferidos para los ganaderos serranos las dehesas de la Mancha, la Alta Andalucía y el Reino de Valencia. También el trato de mulas fue una actividad importante, ocupando al 30% de los vecinos desde mediados del siglo XIX (1). La comunidad rural de Alustante se consideraba una de la principales poblaciones de todo el Señorío, siendo junto a Checa, Orea, Setiles, Milmarcos, Tartanedo y Tortuera uno de los pueblos más habitados, con un vecindario que superó los 1.200 habitantes a principios del siglo XX (2). Sin embargo, ese número de habitantes significó una superpoblación para un término sin recursos y situado a 1.410 m. sobre el nivel del mar (llegándose a alcanzar los 1.838 m. en el área denominada las Neveras), de modo que al menos desde 1950 se observa la tendencia del vecindario a abandonar el pueblo hacia los Altos Hornos de Sagunto y el resto de la provincia de Valencia (3). El resultado ha sido una despoblación gravísima que ha significado una descapitalización para el conjunto del municipio, pero también una profunda crisis de identidad que se ha manifestado en la pérdida de todo el patrimonio cultural inmaterial, entre el que se encontraban los toques de campanas, objeto de este trabajo.

Historia del campanario de Alustante

El campanario de Alustante se encuentra adosado a la parte occidental de la iglesia de Santa María de la Asunción, que es la parroquial del lugar. No obstante, aunque formando parte de la iglesia, el edificio de la torre debió de poseer una jurisdicción, o al menos un dominio ítil doble, civil y eclesiástico, como en tantos otros campanarios repartidos por toda la geografía española (4). La torre de Alustante da el nombre de El Castillo al barrio donde se ubica; este hecho ha llamado la atención a algunos historiadores que han creído ver en ella, seguramente con razón, un edificio defensivo de frontera que al mismo tiempo funcionaba en la Edad Media como torre parroquial (5), como ocurriría en otros pueblos cercanos de ésta o la otra parte de la frontera como Bronchales, Orihuela, Checa o Tordesilos, donde las torres parroquiales se ubicaban en lo más alto del pueblo con una clara función de vigilancia y, en ocasiones, de refugio.

La relajación de la frontera con la unión dinástica de las monarquías aragonesa y castellana se manifiesta en la creación de la llamada "Hermandad de las Comunidades de la Frontera" en 1476, que aseguraba el orden y la estabilidad de los territorios de Molina, Cuenca, Calatayud, Daroca y Albarracín (6). Otro factor de pacificación fue la desaparición de las bandas de bandoleros que corrieron estas tierras de montaña desde tiempos de Enrique IV hasta 1510, año en que la realeza reconoce el mérito de El Espinar, corregidor de Molina, por su habilidad (y dureza) para mantener el sur del Señorío libre de "ladrones e malhechores e otros que en aquella Sierra de mucho tiempo tenian morada en la raya de Aragon" (7). Estos hechos hicieron que las torres comenzaran a ser cada vez más campanarios y menos castillos.

Sin embargo, la conflictividad social y política no cesa del todo con el cambio de siglo; en 1519 la torre de Alustante seguirá manifestando una vez más su función defensiva. Desde hacía algunos años en la Diócesis de Sigüenza se había producido un conato de cisma debido al empeño del Papa León X en reponer en la sede diocesana al antiguo obispo, el Cardenal D. Bernardino López de Carvajal, estando ya ocupada por D. Fadrique de Portugal. Aunque este último obispo contaba el apoyo de Fernando II y Carlos V, Bernardino de Carvajal "porque ciertamente había dejado en esta Diócesis grata memoria y no pocos de los Capitulares, Beneficiados y Curas le debían la posición en que se hallaban, alentaba una buena parte del clero las pretensiones del Cardenal" (8). En este clima de intrigas clericales se desarrolla el episodio del encastillamiento de la torre de Alustante que se llevó a cabo por los partidarios del Cardenal Carvajal al ser nombrado un nuevo cura en el pueblo por Fadrique de Portugal; el episodio termina con el desalojo de la torre por mandato de Carlos V al juez pesquisidor en la Diócesis, el Licenciado Calderón, habiendo estado tomada de julio de 1516 a febrero de 1517 (9).

En cuanto al aspecto de la torre en aquella época, se desconoce casi tanto como el que podía tener la iglesia, que pronto comenzaría a transformarse. No obstante, sabemos que aquella torre estaba edificada sobre una peña y que en el año 1500 poseía un campanario con "un par de campanas buenas" (10); dos años más tarde se hace un nuevo inventario en el que aparecen "dos campanas en el campanario" y "una campana grande" (11). Hay que tener en cuenta que éste va a ser el número de campanas existentes en el campanario de Alustante hasta 1803, en que se añade una cuarta; no obstante, en aquellos años y los de las décadas siguientes, la iglesia y la torre parroquiales van a comenzar a sufrir una serie de modificaciones que supondrán la ampliación de la primera y muy posiblemente el recrecimiento de la segunda. En 1534, en la visita pastoral de D. Gaspar Flórez, Obispo de Calpe y Visitador de la Diócesis, se bendicen las obras de la capilla mayor y de las dos capillas laterales de la iglesia, la reconstrucción de la ermita de San Sebastián y "la campana mayor de la iglesia de Allustante, a la cual le puso por nombre Barvara" (12), tratándose sin duda de la refundición de aquella "campana grande" que encontrábamos documentada unas décadas antes.

Sin embargo, la antigua torre medieval comenzará a cambiar su fisonomía hacia 1552, construyéndose la nueva torre en esta época y hasta un momento del reinado de Felipe IV (1621-1665) todavía por determinar, aunque muy próximo a 1638. En la torre se alojarán el baptisterio y cementerio de niños (planta baja), el coro (segunda planta), el reloj (tercera planta) y el campanario (cuarta planta). Pese a todo las obras de la torre debieron de ser muy complicadas debido a la falta de fondos e incluso sus obras debieron quedar suspendidas durante algún tiempo desde 1561:

Ytem, visto por el dicho visitador [D.Andrés Bravo] el gasto tan grande que se faze en el caracol y torre desta iglesia y la poca posibilidad que la Iglesia tiene para pagarlo y que tiene otras cosas que rremediar mas necesarias al culto divino, que la torre, sin la qual por el presente se puede pasar, mas que la dicha obra se suspenda fasta que la iglesia tenga con que la acabar (13)

Ahora bien, la construcción de la torre parece haber sido un empeño tanto de la iglesia como del concejo, que a todas luces aparece como el costeador de la fábrica de la torre, hipotecándose con un censo que todavía se estaba pagando en 1752 (14). Precisamente la obra del caracol debió de ser lo más costoso, razón por la cual el concejo adoptó como emblema el caracol (15). Sin embargo, no es de extrañar que fuera el concejo el encargado de costear las obras, ya que desde la época medieval la división concilium-parochia no era para nada nítida, y del mismo modo que las asambleas comunales se celebraban en el interior de la iglesia, y el clero intervenía en asuntos que hoy consideraríamos profanos (16), además, con las campanas no sólo se tocaba a misa y a determinados actos litúrgicos sino que éstas se presentaban como un excelente medio de comunicación para la comunidad. Con anterioridad a la construcción de la nueva torre, en 1512, el visitador diocesano se dirige a los dos regidores del concejo de Alustante y les exige que "çierren las ventanas de la torre e la retejen, al día de San Juan primero que biene, so pena de excomunión" (17), de lo que se deduce que el mantenimiento de la torre era una competencia concejil.

Esta duplicidad jurisdiccional -civil y eclesiástica- de la torre y de las campanas se vuelve a encontrar en el momento de bendición de las campanas del nuevo campanario, al parecer recién terminado:

En el lugar de Alustante, a quince días del mes de noviembre de mil seiscientos y treinta ocho años, su Ilma. el señor Don Fray Timoteo Peres de Vargas, Obispo de Aspan, visitador general de este Obispado de Sigüença, a pedimiento del licdo. Pedro Lopez Luzón, cura propio de dicho lugar y de la Justicia y Regimiento, consagro las campanas de la iglesia, que son tres; y la mayor, que mira al sol de medio día le puso el nombre de Sancta Maria; la mediana, Sancta Barbara, y esta a poniente del sol; y la menor San Pedro y esta al oriente (18)

La disposición de las campanas con las orientaciones antedichas (las cuales de forma popular aún se mantienen en la actualidad (19)) no es para nada aleatoria. La campana del medio día, la campana mayor, se llama Santa María (o simplemente María), patrona y protectora del lugar desde la Edad Media, y mira al caserío del pueblo, con ella se efectúan la mayor parte de los toques. La otra campana se llama Bárbara y mira a poniente porque, debido la circulación general de la atmósfera, es de allí de donde suelen venir las tormentas y, como es sabido, Santa Bárbara, junto a otros santos como San Marcial o San Bartolomé, es la abogada y protectora frente a las tormentas, estando destinada a establecer diálogos con la campana mayor en los repiques de Tan-ta-ra-una y Tin-ti-li-nublo, destinados a conjurar de forma cotidiana y extraordinaria (en caso de extrema necesidad), respectivamente, las tormentas de granizo que de Cruz ( 3 de mayo) a Cruz (14 de septiembre) amenazaban las cosechas. La campana menor -que hoy es el campanillo mayor- estaba dedicada a San Pedro muy posiblemente porque miraba a Motos, pueblo cercano de la antigua Diócesis de Albarracín, que tiene como patrono a dicho Apóstol.

A este campanillo se unió un segundo campanillo en 1803, dedicado a "JHS, María i Josef". En este año se debió refundir también la campana María ya que en 1805 se paga al maestro campanero Felipe Ballenilla 1.585 reales "los mismos que se le restaban de la hechura de dos campanas, la mayor i una pequeña que se hizo para relox (20)". Efectivamente, aunque el campanillo menor también pasó a formar parte de las campanas con las que se efectuaban toques manuales, el reloj del concejo, que hemos podido documentar en 1773 (21) (aunque sin duda era anterior), comenzó a dar en ella las horas. El otro campanillo, el mayor, que ha perdurado hasta la actualidad, fue refundido de nuevo en 1883, tal y como consta en su epígrafe.

El final del reloj del concejo vino en 1925, año en el que el Ayuntamiento acuerda derribar "600 pinos del monte 'Realenco' y llevar a efecto la subasta con remate en la cantidad de 4.015 pesetas para dotar a la población de un reloj bueno, pues el actual es inservible" (22). Sin embargo, la colocación de este reloj ya no se haría en la torre parroquial, sino que aprovechando el desplome que padece la fachada principal de la Casa del Lugar (Ayuntamiento), como refuerzo, se realizará una torre delante de ella donde se colocará dicho reloj. Así, en la sesión de 1 de noviembre de 1925 el alcalde, D. Baltasar Pérez Sánchez, expone

que era preciso practicar una trasferencia de crédito para terminar y pagar la obra de refuerzo de la Casa Consistorial(...) para afianzar la pared del medio día de la Casa Consistorial que al mismo tiempo sirve para la colocación del reloj, y faltando todavía para el pago total de la obra 802 pesetas la Corporación acordó practicar en su vista la expresada transferencia de crédito destinando de esta cantidad 500 pesetas. (23)

El resultado fue la venta parcial del reloj viejo, que ya no se pudo recomponer, y una protesta generalizada por parte del pueblo, el cual -según nos informa la octogenaria vecina Juliana Sanz- se quejaba diciendo: "Antes teníamos un reloj de pueblo, el ahora es un reloj de barrio" y al alcalde Baltasar le decían. "Balterre, el reloj va mal". Precisamente en el gobierno de Baltasar Pérez Sánchez encontramos firmado por él, por dos concejales, el Sr. cura Juan Morales, y el fundidor Tomás F. Colina, el documento de contrato de refundición de la campana Bárbara, en los siguientes términos:

En el pueblo de Alustante a trece de mayo de mil novecientos veintiocho, reunidos los Concejales y el Sr Cura Párroco bajo la presidencia del Sr. Alcalde, juntamente con el Sr. Colina, vecino de Sigüenza, han convenido lo siguiente:

PRIMERO: Que el Sr. Colina se compromete a refundir una de las campanas de este pueblo al precio de 1'50 pesetas Kilo.

SEGUNDA: Para las mermas que se puedan producir en la refundición será entregado al Sr. Colina metal campanil en bruto a razón del 6% del peso de la campana inutilizada y si ésta saliese con más Kilos que los que la misma tiene serán pagados a razón de seis pesetas el Kilo.

TERCERA: Será cuenta de la casa constructora el arrastre de la campana nueva hasta esta localidad, lo mismo que el montage (sic) con la cooperación del pueblo.

CUARTA: El badajo será reformado por la casa, siendo de cuenta del pueblo el importe o valor del trabajo que invierta en la reforma.

QUINTA: La campana estará colocada a primeros de Agosto próximo.

SEXTA: Será de cuenta del Sr. Colina el construir el yugo metálico para la misma por el precio de cuatrocientas pesetas.

SÉPTIMA: El Sr. Colina garantiza la campana por cinco años a contar desde el día de su colocación, no siendo su rotura por fuerza mayor, es decir, por chispa eléctrica, o por mala colocación del badajo que golpee fuera de su borde, y si en igual término se rompiera en el uso del culto Católico, el Sr. Colina queda obligado tan solamente a la refundición de otra gratuitamente, debiendo dar cuenta el cliente tan pronto como sea advertido el siniestro.

Esta garantía es firme y dispuesto a cumplirla por todos los medios.

OCTAVA: El pago de la obra será al contado, una vez que esté montada la campana.

Así lo dicen y firman ambas partes contratantes, en dicho pueblo, fecha ut supra.

Juan Morales = Tomás F.Colina = Baltasar Pérez = Vicente Sánchez = Eusebio Lorente = Isidro Pérez. (24)

Aparte de figurar como parte contratante, el ayuntamiento contribuyó, al menos en unos de los pagos, con 1.050 ptas (25) para el pago de esta nueva campana rebautizada con el nombre del Sagrado Corazón de Jesús, advocación muy de moda en la época, y de la que la iglesia había adquirido una talla realizada en Valencia en 1904 (26). El documento sigue mostrando esa dicotomía civil-eclesiástica que existía en torno a las campanas, aunque, aún en las últimas refundiciones de campanas, en Alustante se ha mantenido esta situación.

Hacia los años 1950, el sacristán, al poco haber tocado a medio día con la campana María, escuchó un trueno tremendo y al volver a tocar por la tarde ya no sonaba igual. La campana María, según nos contaba el sacristán y luego hemos podido corroborar por otros testimonios orales, habría sido refundida en los años 1890 en el pueblo por un campanero itinerante, el cual instaló el horno en los toriles, unos corrales que el pueblo tiene en la plaza Mayor y donde se siguen cerrando los toros de lidia en las fiestas patronales. Bien para "alargar" la campana, bien para compensar las pérdidas de material durante la fundición, los vecinos del pueblo estuvieron encargados de llevar al horno improvisado almireces, cencerros, y otros utensilios de bronce, cobre o estaño para realizar la campana. En torno a dicha campana se ha establecido una especie de mitología, tal vez debido a su epígrafe, recordado todavía por algunos de sus "bandeadores" habituales:

María me llamo
y cien arrobas peso
el que no me crea
que me tenga en peso

Se trata, como se ha puesto de manifiesto en otras ocasiones, de una consigna que se repite en múltiples campanas de Aragón y de Valencia (27), pero esos supuestos 1.150 kg. peso resultaban insuperables en la mentalidad popular local. De la campana María se dice que, cuando se bandeaba malparían las mujeres (sic), o que enganchó a un chico que la bandeaba con el hierro del yugo que permitía el medio vuelo y lo partió por la mitad, lanzando sus restos a los toriles. Son, sin duda, exageraciones que hacen ver cómo se crean los mitos una vez que se pierde el contacto directo con la realidad que se describe. Tras su rotura debió de estar sonando, aunque estropeada, hasta 1974, año en que se refundió, perdiendo algo de material en esa refundición, pese a que el ayuntamiento y la parroquia enviaron testigos a la misma.

Descripción del campanario de Alustante

Así pues, el campanario de Alustante posee cuatro campanas que han sido refundidas en diversas ocasiones desde principios del siglo XVI. Dicho campanario, realizado en sillar de caliza muy blanda de Orihuela del Tremedal, posee una altura aproximada de unos 40 m. y unos 70m2 de planta rectangular, siendo más anchos sus lados oriental y occidental, ocupados por dos vanos u "ojos", mientras que sus lados meridional y septentrional son más estrechos, con un solo vano. De estos vanos, dos, los de detrás de la torre, quedan vacíos, sin que posiblemente haya habido nunca campanas en ellos, y sirviendo el vano norte para bajar y subir las campanas en caso de rotura y recolocación, mientras que el vano noroeste se encontraba tapado con una pared de rasillas.

El resto de los vanos poseen campanas, como se ha visto, dispuestas del siguiente modo:

CUADRO DE CAMPANAS
EpígrafeNombre oficialNombre popularUbicaciónAño
ASUNCIÓN DE NTRA SRA/ SE FUNCIÓ EN 1974/ SIENDO CURA D. ANSELMO NOVELLA TERCERO/ Y ALCALDE D. AQULINO FUERTES SANZ/ CON LA APORTACIÓN DE TODOS LOS HIJOS/ DE ALUSTANTE.Asunción de Ntra. Sra.MaríaVano S.1974
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS... BALTASAR PÉREZ...Sagrado Corazón de JesúsBárbara o de los CredosVano SW.1928
CONGREGO POPULUM ET PECATORIBUS ORO AÑO 1883-San Pedro o Campanillo MayorVano SE.1883
JHS MARIA I JOSEF AÑO 1803Jesús, María y JoséCampanillo MenorVano NE.1803

Aunque en la actualidad, sólo bajan hasta el coro las sogas de los badajos de la campana María y la de los Credos, en el anterior suelo de la torre, forjado en madera y baldosas de barro cocido, existían agujeros para bajar todas las sogas de las campanas hasta el coro. Por otro lado, aunque hoy la única forma de toque es el que se hace por medio de badajazos en el interior de la campana, todas ellas llevaban en el yugo un hierro transversal que permitía el medio vuelo, toque que aún se imita con badajazos en el primer toque de misa diaria. Por otro lado, este hierro transversal permitía alcanzar con mayor facilidad el yugo de las campanas en el bandeo. Hoy, debido a que todas las campanas, excepto el campanillo menor, poseen yugos de hierro, este elemento y estas técnicas han desaparecido por completo.

La electrificación de las campanas supuso un importante cambio, tanto en los toques como en la propia fisonomía de las campanas; ésta debió de llevarse a cabo en el año 1974 por parte de la empresa Manclús de Valencia. En dicho proceso se fijaron, por medio de rasillas y yeso, la campana Bárbara o de los Credos y el campanillo menor, aplicándoles a ambas un electromazo que servía para toques de señales y sin posibilidad de volteo. Por su parte, la campana María y el campanillo mayor se dejaron para volteo por medio de motores. Al abandonarse los sistemas mecánicos en la década de 1990, tras constantes averías producidos por chispas eléctricas en tormentas, se volvió al sistema manual tradicional de toques desde el coro y repiques en la torre, aunque el bandeo o volteo general es imposible, no sólo porque siguen fijas dos de las campanas sino porque en ocasiones, si existen pocos brazos para bandear, resulta imposible debido a que los yugos de hierro elevaron la altura de las campanas y son más difíciles de alcanzar. Esta elevación de la altura produjo al mismo tiempo una sensible dificultad para el repique, el sacristán Juan Martínez lo hacía notar, las campanas quedan excesivamente colgadas y los brazos del campanero se cansan con mayor facilidad, lo cual redunda en detrimento de la duración de los repiques.

Otro aspecto a tener en cuenta es la sonoridad de las campanas; el hecho de que los yugos sean de hierro y no de madera hace que la sonoridad sea menor, o al menos hace que las campanas suenen de muy distinta forma a como estaba la comunidad acostumbrada a "sentirlas". También ha podido influir en este aspecto el hecho de descubrir totalmente los vanos, pues en una fotografía de la torre de los años 1960 se observa que el tercio inferior de los vanos estaba cubierto de madera (28). Por último, la techumbre de la torre, antiguamente de madera, hoy se encuentra realizada con un forjado de vigas y bovedillas de hormigón, lo que supone un cambio cualitativo en la sonoridad, claramente perceptible.

Los toques recuperados

En la actualidad se han podido recuperar en Alustante hasta 17 toques, de los cuáles tan sólo 5 se practican habitualmente: misa cotidiana, repique, clamores de adulto, rebato y bandeo, los cuales me fueron transmitidos en el convivir diario con mi abuelo Juan Martínez Fonfría, sacristán desde 1945 a 1990. El resto de los toques los hemos ido recopilando y aprendiendo por medio de encuestas en ocasiones no sistemáticas, aunque a veces con buenos resultados. El hecho de preguntar de una manera informal -"como el que no quiere la cosa", como se suele decir- intimida menos al encuestado y resulta menos agresivo, por lo que hemos reducido al máximo esta metodología, únicamente recogiendo en estos casos pequeños apuntes de gran utilidad. No obstante, para el caso de la única persona que podía todavía realizar algunos de los toques, Antonio Sánchez Rezusta, el hijo de uno de los sacristanes del pueblo con anterioridad a Juan Martínez, recurrimos a una encuesta grabada realizada el 2 de octubre de 2002 y que transcribimos parcialmente.

Los toques recuperados son los siguientes:

1. Oraciones de alba y anochecer

2. Misa cotidiana

3. Escuela (clase)

4. Catequesis

5. Penitencia (confesión)

6. Medio día (cotidiana)

7. Tan-ta-ra-una (medio día de mayo a septiembre)

8. Concejo

9. Tin-ti-li-nublo

10. Clamores de adulto

11. Clamores de niño

12. Misa en la ermita del Pilar

13. Misa en la ermita de la Soledad

14. Repique de vísperas y primer toque de fiesta

15. Repique de Gloria (Resurrección)

16. Rebato-perdidos

17. Bandeo

1. Toque de oración del alba y anochecer.
No existía entre uno y otro diferencia alguna pues, como veremos, el lenguaje que emplean los toques de campanas en Alustante se basa en muchos toques en reproducir con las campanas las sílabas de las palabras que designan el toque. En la encuesta a Antonio Sánchez Rezusta se nos confirmó la forma de toque que creíamos recordar:
D.S.M - Los toques de oraciones ¿sabes más o menos cómo se hacían, por la mañana y por la noche?. A.S.R -Toques de oración ¿dices tú? Tocaban… me acuerdo que sonaban así, sonaban tres toques, sí [ejecuta el toque]… eran tres a la vez [con las dos campanas] y luego… ésta [señala a la campana María] y ya está. Eran tres sí [repite el toque, esta vez terminando con tres tlanes]. Así, los toques de oración se basan ambos en tres tlanes o tañidos simultáneos con la campana María y la de los Credos (O-RA-CIÓN) seguida de una señal lenta únicamente con la María, volviéndose a cerrar el toque con los tlanes.
Se trataban de toques en los que se indicaba la salida y la puesta de sol y sería necesario relacionarlos con la cultura diurna que existía en el pasado y con el conjunto de peligros reales o imaginarios que existían en la noche (29). Hemos recogido algún refrán que indicaban la censura ante las costumbres nocturnas femeninas: "A la mujer mundana, la recoge la campana", refiriéndose al toque de oración del anochecer. Pero también se trataba de una medida práctica; del mismo modo en las villas y ciudades capitales de distrito tocaban a queda, anunciando el cierre de las puertas de la muralla (así Molina poseía este toque con la llamada "Campana de la Queda" encargada por lo demás de reproducir todos los toques civiles (30)), también las aldeas poseían sus particulares toques de queda, en los que se incluía el rezo de una oración. La noche en la Sierra era el momento del despertar de los aparecidos, las fantasmas (normalmente ladronzuelos disfrazados) y las brujas, que untando su cuerpo con grasa de rana volaban a Andalucía a visitar a sus maridos (una forma de justificar las concepciones en invierno), pero, precisamente por la falta de población masculina en invierno se registraban de noche peligros más reales; en 1863 se dice denuncian
los continuos excesos que de tres años a esta parte se están cometiendo en este pueblo y que han llegado a producir alarma de sus vecinos, entre los cuales figuran principalmente los incendios que con frecuencia se repiten, habiendo tenido lugar este año en la misma época que el anterior y en ocasión en que apenas hay hombres en el pueblo por la circunstancia de haber marchado a Andalucía. (31)
El toque de oración, pues, cumplía una función de toque de queda, de aviso, para que el vecindario cerrase sus puertas ante la llegada de la incertidumbre nocturna.
En cuanto al toque del alba Petra Pérez, vecina de Alustante, recuerda cómo de pequeña su madre la levantaba para rezar al toque matinal de oración, sin embargo este toque suponía el verdadero despertar del pueblo. Juan Martínez, el sacristán, me contaba que era uno de los toques que peor llevaba porque en su época escaseaban los despertadores, un lujo de ricos, y él tenía que hacer esta función, protestando el vecindario si fallaba alguna mañana.
2. Misa cotidiana.
Se trata de un toque que aprendí a ejecutar hacia 1989, al estropearse definitivamente los sistemas de toques automáticos, se compraron dos sogas que se encargó de poner Juan Martínez, volviendo a ejecutar este toque con fidelidad cada vez que tenía la oportunidad. Se basa en varias series de 2 badajazos y un silencio con la campana de los Credos durante un rato imitando el medio vuelo que, tal vez, se hacía con esa campana, para luego, con la campana María hacer la señal de misa. Las series de 2 badajazos avisarían de que se trata de un toque de MI-SA, ante la posible confusión de otros toques que también consistían en señales con la campana María, pero hemos intuido que podría tratarse también de la imitación del medio vuelo que en tiempos parece que se hacía con las campanas.
3. Escuela (Clase).
También como obligación del sacristán estaba la de llamar al comienzo de las clases de primeras letras que se daban en la parte trasera de la Casa del Lugar, ampliándose posteriormente las aulas a la Lonja y al Pósito. El toque consistía de nuevo en una onomatopeya de la palabra CLA-SE, basándose en series de dos badajazos únicamente con la campana María.
4. Catequesis.
Al parecer el jueves era el día en que se daban las clases de la doctrina cristiana para los niños. De este toque, consistente en series de cuatro badajazos con la campana María, hemos podido recoger el testimonio escrito en el "Canto a la Campana", de Leandro Sanz, escrito con motivo de la refundición de la campana María en 1974:
Muy típico toque era
cuando el Cura nos citaba
a la Doctrina Cristiana:
Ca-te-que-sis, "silabiaba"
aquel son de la campana
y que muy bien separaba
el monaguillo en el coro
que de la soga tiraba (32).
5. Penitencia (Confesión).
Una media hora antes de la misa y en los días previos a la Semana Santa, ante la obligatoriedad del Cumplimiento Pascual, se realizaba este toque de Penitencia basado, una vez más, en el desglose de las sílabas de una palabra, en este caso CON-FE-SION, basándose, pues, en series de tres badajazos con la campana María.
6. Toque de medio día.
Se trataba de un toque muy sencillo en el que se daban tres badajazos previos a una señal, todo ello con la campana María. Parece ser que se trataba en realidad del toque del Ángelus, y de hecho la palabra que silabearía sería ésta: AN-GE-LUS. Como significado práctico se trataba del toque que indicaba la hora de volver a comer.
7. Tan-ta-ra-una.
Aunque los encuestados en esta ocasión me han repetido que este toque sólo se tocaba en el mes de mayo, creo recordar que Juan Martínez me comentaba que se comenzaba a tocar el 3 de mayo y se terminaba el 14 de septiembre, es decir de Cruz a Cruz. El Tan-ta-ra-una sustituía al toque de medio día durante este periodo de tiempo y parece tener una vinculación con el Tin-ti-li-nublo, tanto en la forma (reproducen un ritmo muy parecido con un repique en el que se establece un diálogo entre la campana María y la de los Credos) y el fondo (se tratan de toques de conjuro de nublados, el primero cotidiano y preventivo, y el segundo en el momento de peligro real).
8. Concejo.
Aunque Alustante no poseyó Ayuntamiento con jurisdicción propia hasta el final de los años 1830 en tanto que mantenía desde la Edad Media la categoría de lugar (en realidad aldea) de la jurisdicción de Molina, este pueblo, como los otros del territorio, poseía un concejo con competencias decisorias suficientes dentro de su término, aunque careciera de funciones judiciales y penales, reservadas para el concejo de Molina. El término concejo designaba a dos realidades complementarias, por un lado al cuerpo de concejo, propiamente dicho, que lo componían todos los vecinos (normalmente varones) que en determinados momentos poseían la facultad de reunirse en la Casa del Lugar para deliberaciones sobre temas de interés para el Común (33). No obstante, debido al descubrimiento de nuevos documentos que se daban por perdidos, estamos viendo que desde 1767 Alustante y el resto de los pueblos de la Tierra de Molina con más de cincuenta vecinos, contaron con doce oficiales que formaban un Ayuntamiento restringido a modo de comisión permanente del concejo (34). En todo caso, las reuniones del concejo abierto se siguieron celebrando para menesteres de interés general y tanto en éstas como en las de la comisión permanente del mismo se tocaba la campana para avisar de la celebración de una reunión:

Certifico yo, el escribano de fechos del lugar de Alustante que haviendo tocado la campana, según costumbre, al concejo, primera, segunda y tercera vez, se juntó dicho concejo público para deponer un sitio dañoso al público que sita en las heras de Abajo y remató que fue quedo por ultima diligencia en Josef Lorente Ximenez en 64 rs los mismos que estan destinados para comprar un toro padre, que a voz del pueblo hace notoria falta dos años, cuya decadencia se ha notado con notable perjuicio a los vecinos (...) Alustante y Mayo del 1788 (35)."

En el lugar de Alustante a veinte y seis dias del mes de marzo de el año de mil setecientos ochenta y ocho, junto el Ayuntamiento, al sonido de campana como lo es costumbre, determino el Ayuntamiento el que cada uno pague un celemín de trigo por asistencia de decir misa y confesar, desde hoy dia de la fecha hasta el Sn Miguel de septiembre, por convenir asi al Común (36).

Con el cambio al régimen liberal el concejo abierto se convierte en ayuntamiento constitucional y cada vez son más escasas las expresiones "a son de campana tañida", "al sonido de la campana" o "habiendo tocado la campana" en las actas de sesiones. No obstante, que no aparezcan estas expresiones con regularidad no quiere decir que no se tocara la campana. Un siglo después de que dejemos de ver documentada alguna de las frases anteriores, vemos que el 2 de abril de 1891 se reúne el ayuntamiento "siendo las ocho de la mañana en las Casas Consistoriales en sesión pública anunciada con dos días de anticipación en la forma ordinaria y una hora antes en este mismo día a toque de campana, constituyéndose en junta municipal" (37), metodología de convocatoria que volvemos a hallar otras veces en los años siguientes.
Efectivamente, este toque no se dejó de hacer hasta mediados del siglo XX, aunque parece ser que se reservaba sólo a ocasiones en las que se precisaba la reunión de todo el pueblo, no sólo del ayuntamiento. Así lo recuerda Francisco Lorente que, en cierta ocasión, por los años 1940, hubo un conato de motín a la salida de la procesión de la patrona del pueblo, la Virgen de la Natividad, debido a que ese año había toros; los amotinados pararon dicha procesión y el alcalde, apaciguó los ánimos invitando al pueblo a celebrar un concejo abierto, tocando la campana el alguacil. Nuestra pregunta inmediata fue que cómo se tocaba a concejo y Francisco Lorente dijo que con la campana María, muy deprisa, como a rebato, pero sólo con esa campana. Se trataba de un toque que realizaba exclusivamente el alguacil, no el sacristán, al menos esa era la costumbre local que hemos podido recoger y de la que ya me había hablado Juan Martínez antes de su muerte.
9. Tin-ti-li-nublo.
En el aspecto mágico de las campanas aparece el toque para conjurar las tormentas de granizo. Es un toque que muy pocos de los encuestados recuerdan pero del que Juan Martínez ya me había dado razón. El sacristán se subía al campanario, con un peligro enorme, para que las nubes se deshicieran y/o apartaran del término. El toque era muy parecido al Tan-ta-ra una, si bien el toque a nublo se hacía en el momento de la amenaza real de tormenta. Sobre este toque existe una literatura no muy abundante pero sí al menos extendida por todo el occidente europeo. En la Auvergne, en el macizo central francés, se documenta en el siglo XVIII que "le guste o no, en la mayor parte de la provincia el cura debe permitir que sus parroquianos lancen las campanas al vuelo para alejar la amenaza de granizo en caso de tormenta" (38). El por qué de este tipo de toques trata de explicarse, de racionalizarse, por algunos teorizadores de la época moderna, y así la vecina Comunidad de Daroca en el siglo XVI, Pedro Sánchez Ciruelo en su tratado Reprobación de las supersticiones y hechicerías, editado en Salamanca en 1538, señala que
en este caso de tempestad de nublados, el remedio natural es que se hagan los mayores estruendos y movimientos que pudieren en el aire, conviene a saber: que hagan tañer en torno y a soga las mayores campanas que hay en las torres de las iglesias y las que más recio sonido hagan en el aire (...) La razón desto es porque ella [la nube] es una espesura o congelación hecha por el frío, y haciendo aquel grande movimiento en el aire con las campanas y bombardas, despárcese y caliéntase algo el aire; y ansí, la nube se disuelve o derrite en agua limpia sin granizo o piedra, y también hace mover allí la nube a otro lugar con el grande movimiento de aire. (39)
Pero también en las Constituciones Sinodales de la Diócesis de Sigüenza, ya en el siglo XVII, se encuentran alusiones y, tal vez, los indicios de un cierto debate abierto entre el clero sobre la heterodoxia de este tipo de toques, advirtiéndose
Otro si, por quanto estamos informados que algunos curas impiden a los concejos el aprovecharse de las campanas de la iglesia parrochial para tocar a nublo, y para quando es necesario, que se junten a concejo, mandamos a los curas, que por ningun caso se lo impidan por ser en beneficio público; con tal, que si por culpa suya se quebraren, tengan obligación a su reparo, y exortamos a los curas, que cuando amenaza tempestades en verano, cuiden de conjurar, por lo mucho que importa a ellos y a los demás interesados en los diezmos. (40)
Así, podemos concluir que se trataba de un toque común en la mayoría de las comunidades -por no decir en todas- que basaban su economía directa o indirectamente en la actividad agrícola en las que la pérdida de las cosechas significaba épocas de hambruna.
Hemos podido observar algunas costumbres y canciones que acompañaban al toque de nublo en el cercano pueblo de Labros (sexma del Campo) y que sin duda reproduce con fidelidad un toque idéntico al Tin-ti-li-nublo recogido en Alustante; su recopilador, Mariano Marco, dice que en el momento de la realización del toque, éste "se acompañaba con unos versos que se cantaban o se gritaban como si fueran una oración para espantar al granizo" (41), los versos eran los siguientes:
Tenterenublo que viene nublo
por el cerro de la Mesa,
con los ángeles de San Juan;
que sea de agua y no de piedra,
por el bien y por el pan.

Tenterenublo que viene nublo,
por los cielos de Aragón;
si es con agua, que nos llueva;
y si no, vaya con Dios.
En todo caso, se trata de toques que combinan dos frases de cinco y seis sílabas reproducidas a modo de repique con dos campanas.
10. Clamores de adulto.
El toque que indicaba la defunción de un miembro de la comunidad se denominaba clamor o clamores (en plural generalmente). Este toque, en el caso de esta localidad, sólo indicaba el sexo y la edad del fallecido, siendo el de adulto el único que ha pervivido en uso hasta la actualidad. Tal vez al tratarse de una aldea compuesta exclusivamente por pecheros (tributarios forales, no hidalgos), en el pueblo no se hacían en el Antiguo Régimen diferencias en las exequias, algo que debió de escandalizar a un visitador de la Diócesis en el siglo XVII (42), lo cual debió de trasladarse a los toques de campanas y se ha mantenido hasta la actualidad. Se tocan los clamores en el momento en el que la familia del finado avisa al cura o al campanero, mientras el toque se reza en aquella casa el Rosario (aunque el difunto no haya muerto allí), sin embargo, si la muerte se produce de noche siempre se esperará a que salga el sol para dar el toque. Éste se basa en series de dos badajazos con la campana de los Credos y uno con la campana María; tanto entre series como entre los badajazos se hacen silencios. La diferencia entre hombres y mujeres se basa en el tañido de dos tlanes para las mujeres y tres para los hombres dados con las dos campanas mencionadas dados al comienzo y al final del toque; aparte, en tiempo que se toca, por lo común un cuarto de hora, éste se divide en dos módulos, con un silencio de algunos minutos entre medias si es para mujer, y en tres módulos con dos silencios en el caso de los hombres.
Por lo común, la prohibición de tocar las campanas a deshora se ha mantenido vigente de forma tácita en la comunidad, aunque en la noche de la Ánimas, del 1 al 2 de noviembre, se conserva el toque de difuntos, aunque sólo realizado durante un rato, nada que ver con el toque que durante toda la noche se mantenía por los hombres del pueblo que, en el campanario echaban hogueras, comían y bebían hasta el amanecer, mientras se turnaban para que las campanas no dejasen de sonar.
A este toque con las campanas de la torre se unía el toque de la campanilla de la cofradía de la Vera Cruz, más conocida como del Cristo de las Lluvias, que desde 1587 tenía la obligación de anunciar la muerte de sus hermanos de modo que
que siempre y qdo fuere muerto algun cofadre desta Cofadria, fuere amortajado con su tunica negra y cubierta su cabeza con su capirote y cogulla y ceñido con su cordón como qdo estando vivo se le ponia; y asi cubierto y compuesto su cuerpo se ponga la tumba y andas y sobre ella se tienda y ponga el paño negro que tiene la Cofadria para enterrar los muertos. Y se toque y taña la campanilla de la Cofadria por las calles para que se recogan los cofadres y hermanos en la yglesia, y alli juntos y puestos en orden se les de la cera desta Cofadria, y saliendo en procesión lleben el Christo pequeño en medio y todos delante del sacerdote vayan a casa del difunto y alli, hecha la oración por el alma de aquel cofadre, le traheran en sus andas y tumba sus hermanos, y puesto en la iglesia junto a su sepultura, la qual sepultura an de hacer tanbien dos hermanos y cofadres a quien el piostre mandare, lle (sic) acompañaran y asistiran hasta que sea enterrado, y después de acabada la missa y entierro volveran a dar a Dios gracias a casa del difunto, que esta es la honrra que se deue dar a los cuerpos muertos de los que sirvieron a Dios (43).
Este toque de campanilla, que acabó siendo realizada por los niños, y ya perdido el sentido de su significado (pues se tocaba tanto para los cofrades como para los no pertenecientes la hermandad), se dejó de tocar hacia 1989, manteniéndose, eso sí, el toque con las campanas de la torre.
11. Clamores de niño.
Los clamores de niños se basan en un repique ejecutado con los dos campanillos; en el toque se silabea el siguiente texto repitiéndolo constantemente:
Ti-tan,
Verán,
al Cielo irán.
Este toque, que también recibía el nombre de toque a Gloria (y que no hay que confundir con el toque de Gloria el día de Resurrección) era como se ha dicho un repique y por lo tanto se trataba de un tañido paradójicamente -para nuestra mentalidad actual- alegre. Nuestro encuestado Antonio Sánchez Rezusta hacía el siguiente comentario sobre este toque:

D.S.M. - ¿No hacían un repique también…?

A.S.R. - Sí, sí, tin tan... al Cielo irán… [ejecuta el toque]. Luego había otro más triste, que es el primero [el de clamores de adulto]… pero este es el de los niños, y todo el verano estaban zumbando las campanas dichosas.

Efectivamente, la mortandad infantil podía llegar a ser altísima especialmente en los meses de verano en los que los niños morían deshidratados y se decía que se agostaban. La razón de que a los niños muertos se les repicara en los clamores radica en la creencia de que éstos, al no tener pecados iban directamente al Cielo, sin pasar por el Purgatorio, por lo que este toque se practicaba en personas menores de 7 años, momento en el cual la Iglesia solía considerar que se adquiría el uso de razón.
12. Misa en la ermita del Pilar.
Construida en 1718 por el comerciante de lana Pedro de Lahoz Malo, según consta en el epígrafe de su portada, dicha ermita todavía a mediados del siglo XIX (44) era considerada un ermita privada, si bien debió de pasar a formar parte del culto público a principios del siglo XX. En su campanillo, el cual aún se conserva en su interior, su parte escrita reza el siguiente texto:
S. MARI DEL PILAR AÑO 1793
A DEVOCIÓN DE JOSEF LORENTE XIMENEZ
En todo caso, sólo se recuerda tocar este campanillo en el momento de las procesiones de la Natividad, San José y el Corpus que hacen un parada en dicha ermita, mientras que el toque de llamada a misa -normalmente misas votivas- en este oratorio se hacía desde la iglesia por medio de dos badajazos con la campana de los Credos (PI-LAR) y luego una señal de misa con la campana María.
13. Misa en la ermita de la Soledad.
La ermita de la Soledad fue construida "a costa de las limosnas que han ofrecido los fieles" (45) en la primera mitad del siglo XVIII, estando acabada, al menos en su arquitectura, hacia 1745 y prolongándose su decoración interior varias décadas más. Se ha tratado de una ermita muy visitada y en la que se ha establecido un culto de misas votivas tradicionalmente. El toque de misa en la Soledad se basaba en tres badajazos con la campana de los Credos (SO-LE-DAD) y una señal de misa con la campana María.
14. Repique de vísperas y fiesta.
El repique es también uno de los toques que, mal que bien, ha superado el desuso en Alustante; su práctica, tal vez la más llamativa de todas, se basa en diálogos en ocasiones muy rápidos entre la campana María y la de los Credos. En él se pueden improvisar diversos ritmos e intensidades en el toque, unas veces con el fin de que romper la monotonía en la que puede caer el repique y en otras ocasiones para que el campanero relaje sus brazos y se ajuste la altura a la que tiene que sujetar las cuerdas.
El repique se practicaba en las vísperas de una festividad y -cosa que aún se sigue haciendo- antes de la primera señal de misa festiva, sin embargo, el repique también podía anunciar un acontecimiento extraordinario agradable a la comunidad. Desde 1610 a 1652 se tienen documentados algunos supuestos prodigios atribuidos al Santo Cristo de Alustante, se tratan de curaciones aparentemente milagrosas que se producen al tocar el velo del altar el aceite de la lámpara de dicho Cristo. En estos casos comienza a hacerse normal el repique de campanas para celebrar los prodigios, un ejemplo:
Año 1613.

Una muchacha de Juan Garcia, llamada Cathalina, abiendo estado algunos dias muy enferma, le bino una hinchaçon a la garganta que de ningun modo pudo tragar un uebo blando. Bisto quan mal estaba, la llebaron a el Sto Xpo y la vntaron y tocaron con el belo a la garganta. Sabado, a boca de noche, a diez y nuebe de abril, de repente quedo sana y enyesta de la hinchaçon y comyo pan. Ubo de esto muchos testigos, celebrose este mylagro con repique de campanas y gran numero de gente y luminaria que acudio a bello.

Phelipe Terçero y Leon. (46)

15. Repique de Gloria (Resurrección).

D.S.M. -¿No había un toque después de que se acababa la Semana Santa, no había algún toque así el Sábado de Gloria?

A.S.R. -Sí, huy, pero era con las tres campanas, con estas dos [señala a la Santa María y a la de los Credos] y el chico… vamos a probar a ver, como un repicoteo [ejecutan el toque].

D.S.M. -O sea, que se necesitaban dos personas.

A.S.R. -Sí, porque con estos brazos…pero aquel otro…; se tocaba con estos tres porque aquel no tenía badajo nunca, no me acuerdo más que con un hierro de darle así [señala al interior del campanillo menor]… con un trozo hierro…

D.S.M. -¿Y eso que hacíais con el hierro también para el día de Gloria…?

A.S.R. -Sí, sí, con un trozo hierro porque no había badajo… y con un hierro, una miaja martillo, se le daba…

Antonio Sánchez Rezusta recordaba que el Sábado de Gloria (después del silencio en el que se han mantenido tras los días de Jueves y Viernes Santos, en los que incluso se desenganchaban las sogas de los badajos) se tocaba a la misa de Resurrección con las cuatro campanas, si bien cuando él subía recordaba que el campanillo menor no tenía badajo y tenían que tocar con un hierro o martillo. Para este toque se necesitaban a dos personas, y ahora, una vez que se ha recuperado el badajo del campanillo menor se siguen haciendo repiques con las cuatro campanas y con dos personas. Otro día en el que se sigue tocando a Gloria es el Domingo de Resurrección en el momento del encuentro en las eras de las dos imágenes de la Soledad y el Niño de la Bola, justo en el momento en el que se levanta el velo de la cara a la Virgen. En este caso los campaneros han de estar atentos desde el campanario para tocar en el momento exacto.
16. Rebato-perdidos.
Aunque estoy casi seguro de que en un tiempo se trataron de toques distintos, parece ser que tanto uno como otro quedaron fundidos en unos solo. Se trata de un toque realizado muy rápido con las campanas María y la de los Credos a las que se podía añadir el campanillo mayor (dependiendo del número de campaneros), por medio de badajazos dados desde el campanario, moviendo el badajo en forma de péndulo, es decir, golpeando a ambos lados del interior de la campana. En sendos casos no importaba tanto la estética del toque como producir el mayor ruido posible con las campanas, bien para orientar al perdido, bien para alertar al vecindario.
El toque de perdidos era un toque, como decimos, destinado a orientar al pastor o labrador que de noche en la ventisca había quedado desorientado. Según me contaba Juan Martínez, si el perdido no regresaba al lugar las campanas podían seguir tocando para reunir al mayor número de vecinos para buscarlo, en ese caso se iba con faroles y teas encendidas y en ocasiones haciendo cadenas, cogidos unos a otros, para evitar nuevas desorientaciones, como decimos, muy fáciles en la ventisca. Antonio Sánchez Rezusta relata así cómo tocaron una vez él y el alguacil:

A.S.R. -Aquí hoy no hay aire, pero aquí hemos subío a tocar cuando se perdían, que venían de la parte de ahí bajo [señala la zona del camino de Rodenas] y aquí teníamos que entrar el Pitite [el alguacil] y yo…, ataos con la chaqueta y con un ramal, aquí a zumbarles a las campanas, tocábamos esa [Santa María] y ésta [la de los Credos], y cuando ya nos cansábamos nos teníamos que refugiar aquí [se coloca en el rincón suroeste del campanario] en este rodal que era donde menos aire hacía: una ventisca, un ruido, hasta se movía la torre… ¿y me van a decir a mí que no se movía?

D.S.M. -Para perdidos ¿era algún toque especial o simplemente como os iba saliendo?

A.S.R. -No, pa perdíos… se les cascaba así [ejecuta el toque con la campana de los Credos e invita a que toque con la Santa María el encuestador]… Ese era el toque a perdíos, aquí ti ti ti, teníamos que atarnos, ni había linternas, ni mecheros, que no había mecheros entonces, las cerillas no nos servían, teníamos que andar… teníamos que venir por aquí y cuando llegábamos aquí [señala la entrada del campanario], a gatas, sí a gatas, a gatas, y ataos, y él cogía una campana y yo otra… huy, que ventolera aquí, cuando nos cansábamos, al rincón, y a observar por aquí [señala el balcón sureste] a ver si oíamos voces, por ahí por el puente, en fin, desde aquí se oía muy bien de noche… y había veces que los pastores, claro, sabían que tocábamos por él, y voceaban, y a lo mejor desde Carrellana, pues ya viene por ahí uno, que venían tres o cuatro juntos.

D.S.M. -O sea, que parabais de vez en cuando para ver si se oía…

A.S.R . -… Y para resollar.

D.S.M. -Ah, claro, también, también.

A.S.R. -Aquí hacía el aire una presión en el pecho enorme, huy… y ahí nos poníamos en… no había otro rincón más que ese, ese, venía el aire así [señala al oeste], guardaba, venía así, [señala al sur], el siete, porque por ahí también entraba aire, también, pero lo peor son estos dos [señala al oeste] y éste [señala al sur], estos no [señala a los balcones orientales], estos, claro, donde corría el aire…

Como decimos, en ocasiones también se podían tocar tres y hasta las cuatro campanas para alertar al pueblo, era también el caso del toque de rebato:

D.S.M. -Y por ejemplo, cuando había incendio, era el mismo toque, parecido...

A.S.R -Sí, era alarmar un poco con las tres campanas, que eran estas dos grandes y el chico… aquel [señala al campanillo menor], no sé por qué no tenía nunca badajo… nunca tenía badajo, y claro, pues cuando ya tocan las campanas, que no era un toque normal de estos, ni la hora… no era hora ni… pues algo pasa, claro, pues un incendio, no te fallaba, no te fallaba; huy, ya las he oído tocar yo varias veces ya aquí, y en las casas[se refiere a los incendios], más en el pueblo que en el campo.

Así pues, lo que caracterizaba a este toque era por un lado el modo rápido de ejecutarlo, a lo que ayuda el balanceo del badajo. Por otro lado, no importaba tanto el número de campanas con qué realizarlo como lo inesperado del mismo.
Otros momentos en los que se alertaba al pueblo con este toque era en tiempos de inseguridad generalizada. En la guerra civil de 1936-39 es sabido que hubo centinelas en la torre pues el frente de Teruel estaba cercano y la línea era visible desde allí (Alustante había quedado en el bando Nacional y Bronchales en el Republicano). No obstante, ya en los distintos periodos bélicos del siglo XIX en torno a la cuestión carlista la torre de Alustante había sido considerada una de las plazas militares más estratégicas del Señorío de Molina (47). A este respecto, poco antes de su muerte, Victorio Megino me relató cómo en la última Guerra Carlista, una mujer del pueblo se quedó de centinela en la torre y toco a rebato al ver llegar al lugar una partida de carlistas al galope por el camino de Molina; gracias al sistema de bajada por el pasamanos de la escalera de caracol, la mujer pudo salvarse refugiándose en una casa del cercano barrio del Cerro justo cuando los carlistas llegaban a la iglesia.
Este hecho de que fuera una mujer la campanera en esa ocasión, nos recuerda el tabú que significaba en la cultura oficial el hecho de que las mujeres fuesen -como dice la popular canción- las pregoneras de Dios. En la Diócesis de Sigüenza las mujeres, incluidas las mujeres de los sacristanes tenían prohibido tañer las campanas, lo cual podría abrir un nuevo tema de investigación, demasiado amplio para abordarlo en este trabajo:
Y porque estamos informados que la noche de Santa Águeda y Santa Brígida, y de los difuntos, acostumbran algunas mugeres a tocar las campanas, assi las de los sacristanes como otras, de que se pueden seguir los inconvenientes que se dejan ver, mandamos a los curas que por ningun caso lo consientan, ni tampoco que ninguna de las dichas mugeres, aunque sea la del sacristán, se queden de noche en las iglesias, y si lo hizieren, los curas las eviten de las horas y oficios divinos, y las penen por cada vez en dos reales para la fábrica de la iglesia (48).
17. Bandeo
El bandeo es el nombre que en el área cultural aragonesa recibe el volteo de las campanas. En la actualidad, como se ha dicho, sólo se bandean dos campanas, la María y el campanillo mayor, por estar fijas las otras dos, aunque éstas también se bandeaban. La técnica consiste en conseguir la vuelta completa de las campanas por medio de empujones manuales al yugo de las campanas, siendo la primera vuelta la más complicada, si bien con los yugos metálicos, los cuales giran sobre cojinetes de rodamientos, el badeo es mucho más sencillo que en el pasado. Antonio Sánchez Rezusta, describe así el bandeo antiguamente:
A.S.R. -Pues en la procesión, pues se bandeaban las campanas, bueno se bandeaban las dos [la Santa María y la de los Credos], que no dejaba el cura, con sus razones, y aquella aún estaba fuerte [la de los Credos], pero ésta [la Santa María], ésta clujía el yubo... Y aquí, sabes, José María y yo éramos los que más bandéabamos esta campana [la Santa María], que era la más fuerte, y claro, nos gustaba… y había aquí una escalera, una escalera chica de madera… había una grande y se subía pa allá [al tejado de la torre], y había otra chica que servía pa los badajos y eso…, bueno, pues pusimos aquí la escalera y le empujamos a la campana y ahí arriba tenía… que ahora no lo tiene, …aquella aún lo tiene [el campanillo menor], los espárragos esos [se refiere al gancho transversal que tenían los yugos para hacer el medio volteo], unos hierros, unos pinchos, como esa… bueno, pues resulta de que le empujamos con la escalera y con un palo, digamos un palo como ese, hasta que el yubo venía a parar aquí [señala una zona debajo de la campana]… y lo que más nos costaba era la primera vuelta, porque había veces que no se le daba suficiente fuerza y se esvolvía, pero bueno, cuando ya dábamos la segunda vuelta, que pillaba velocidad… no creas que no era expuesto… pues el uno aquí y el otro allá a dar vueltas a la campana, ras y ras, y sudábamos aquí unos chorriones de sudor de las camisas nuevas de las fiestas, entre el polvo de la palomina, entre la sudadera, salíamos con unos sobacos de sudor y unas… y les metíamos unos zambombazos a la campana, y cuando nos poníamos a hacer la procesión, la dejábamos siempre mirando al badajo… por si a caso…
Efectivamente, el bandeo era uno de los toques más arriesgados, por un lado por las malas instalaciones de medianas y el atado de los badajos:
A.S.R. Huy, una vez se cayó el badajo, menos mal que cayó en esa... esta zona, y tenía una soga de éstas, no tenía mediana, era una soga, y claro se le iría el nudo o lo que fuera, y… cayó pa acá, si llega a caer pa allá [señala al pueblo] a casa el sastre si hubiera parao, ya se había caído más de alguna vez, ya. Tu abuelo lo tuvo que poner alguna vez, el hombre, tu abuelo Juan, por fuerza…
Por otro lado existía otro peligro añadido que era el hierro que permitía el medio vuelo que, si bien ayudaba a bajar el yugo en la primera vuelta, posteriormente podía constituir un peligro, especialmente en una técnica de volteo con tres personas, dos a ambos lados de la campana y la tercera agachándose cada vez que pasaba el yugo por su sitio y levantándose a continuación para empujar, en este caso el peligro (añadido por los estados de embriaguez de las fiestas) residía en la posibilidad de que el gancho cogiera al bandeador por la faja o el chaleco:
A.S.R. -...que ya se han dao casos de sacar tíos una campana por ahí, ya, ya lo se yo… yo no he presenciao ninguno, pero sé que ha pasao.
El resultado de las malas instalaciones y de la temeridad en los campanarios podía ser la clausura definitiva de los mismos, o la inmovilización de las campanas:
A.S.R. -...y don Anselmo [el cura]... coño aquí, mira, ahí le puso -el hombre con razón- porque es que… clujía el yugo… era de madera y de tantas aguas y sol y años, y clujía, pa haberse caído; entonces le puso un palo travesao ahí [señala a la zona superior del vano de la campana], que de eso está ese siete, ese siete que ves ahí, ahí un palo travesao, y luego otro pa arriba, ahí cogío con yeso, y el otro clavao con unas puntas, entonces, claro, la campana no se podía bandear porque se encontraba con el palo travesao, y era por el peligro que representaba.
En torno al bandeo también existían prácticas bromistas basadas en el quebranto de la prohibición tácita del toque a deshora:
A.S.R. -Y otras veces, esto para que lo sepas, aquella no, pero ésta [la Santa María], la dejábamos pa arriba, al revés, y a lo mejor ya no tocaban en to el día, y a las dos o las tres, o las cinco la mañana, cuando le daba la gana, pues que se volcaba y pegaba un par de cebollazos, y las mujeres: "Ay que se ha oído la campana a tal hora", y éramos nosotros que la dejábamos a postas, la dejábamos bien perpendicular, pero por un lao o por otro, no ves que es tan poquillo, cuando le daba la gana, a las cinco o las seis… ras, se volcaba como está ahora.
Otro momento de broma en este sentido era el día de los Inocentes. En este día los jóvenes del pueblo tomaban el mando del pueblo y se vestían con unas chaquetillas rojas en las que ponía el cargo que ocupaban (Alcalde, Tte. Alcalde, Alguacil, etc.). Se trataba de una fiesta de inversión en la que por un día a los jóvenes se les permitía hacer de oficiales del lugar, gobernado tradicionalmente por una gerontocracia, de ahí la trasgresión (49). El día de la víspera, momento en que comenzaba el gobierno juvenil, le pedían al sacristán las llaves de la iglesia y esa tarde ya tocaban ellos las oraciones, por la mañana el toque de oraciones del alba podía convertirse en un bandeo, lo cual producía la alteración de aquellos que, todavía en la cama y de noche, no recordaban que era la mañana del 28 de diciembre. Otros toques que se convertían en bandeos eran el toque de vísperas de las fiestas patronales, un toque que se mantiene activo en la actualidad y que está comenzando a aficionar a unos pocos jóvenes, chicos y chicas del pueblo, al tema de las campanas, los cuales en los últimos años han instituido un nuevo toque por iniciativa propia: el de final de fiestas, que consiste en un nuevo bandeo.

Toques no recuperados

Pese a que se han recuperado muchos toques hasta el momento, también es cierto que han quedado en Alustante algunos toques hoy por hoy perdidos. Uno de ellos es los toques para boda y bautizo a los que se refería así Leandro Sanz en 1974 en su "Canto a la campana":

También evoca el recuerdo
de días, que con tu son,
en el matrimonio santo
a muchos hijos unió;
y como fruto de éste,
también su voz resonó,
cuando el día del bautizo
a padrinos e invitados
a la iglesia los citó.

Otro toque interesante que hemos podido documentar pero no reproducir es el de administrar Extremaunción, del cual se sabe que existió, pero no se recuerda en qué consistía. Lo encontramos ya documentado en la visita pastoral de 1765 hecha por el Ilmo. Sr. Joseph de la Cuesta, el cual ordenó

que para administrarles la Sta. Unon. se toque la campana según costumbre (50).

Otro toque que no hemos sabido en qué consistía era que apodó a la campana Bárbara con el nombre de la campana de los Credos. ¿Cuándo se daba ese toque?, ¿para qué?.

En cuanto a otros toques civiles, como el de desvede de las rastrojeras (derrota de las mieses) o el de la convocatoria de zofra (trabajo comunal), es casi seguro de que existieran llamadas de campana. En la primera circunstancia se fijaba un día y un momento concreto, en torno a la segunda quincena de agosto, que hasta hace unos 15 años implicaba el aprovechamiento como pasto común de la rastrojera de la añada que ese año había sido sembrada. Hoy, debido a la concentración parcelaria, se ha abolido el sistema de añadas que dividía el término en dos tablas según la producción de año y vez, aunque se sigue pregonando oficialmente el momento en que los ganados pueden entrar a pastar en las fincas privadas. Otro acontecimiento que debía de tener un toque de campana era el de llamada a zofra. En la sociedad tradicional los concejos poseían el derecho de exigir el trabajo gratuito o semigratuito de los vecinos en las propiedades comunales, derecho heredado del modo de producción feudal; de modo que éste podía exigir la construcción de un puente, el arreglo de un camino o incluso la siega de las hazas del concejo, como ocurría en Alustante en el siglo XVIII, donde el único pago eran unos "refrescos que dan a los vecinos que concurren a las obras y cultivos de las heredades del Concejo" (51).

Conclusiones

Debido a la despoblación que ha sufrido Alustante en los últimos cincuenta años, y otras causas como la electrificación irrespetuosa de las campanas y la llegada al medio rural de los medios de comunicación masivos, al menos ha desaparecido un 75 por ciento de los toques de campanas tradicionales que existían en Alustante. Sin embargo, otro de los factores importantes que hemos podido observar y que han contribuido enormemente a la desaparición de estos toques ha sido la simplificación de la liturgia y la depuración de algunas costumbres que se vieron que "sobraban" en la nueva y en ocasiones desnuda piedad que propugnó el Concilio Vaticano II en un afán de volver a los orígenes del Cristianismo, lo cual no dejaba de ser una reinvención la tradición.

Al depender el uso de las campanas de la voluntad del cura, desaparecieron estos toques, que revestidos de religiosidad, informaban e implicaban a la comunidad a realizar determinadas actividades, como era el caso de los toques de oraciones de mañana y tarde, medio día, vísperas o...

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  • ALUSTANTE: Campanas, campaneros y toques
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Inventario de campanas
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Intervenciones
  • MANCLÚS, SALVADOR (VALÈNCIA): Inventario de relojes
  • SANZ MARTÍNEZ, DIEGO (ALUSTANTE) : Toques y otras actividades
  • Campanarios: Bibliografía
  • Lista de toques: Bibliografía

     

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    © Diego SANZ MARTÍNEZ (2002)
    © Campaners de la Catedral de València (2017)
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    : 18-10-2017
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