Inventarios etnológicos en la Comunidad Valenciana

Los inventarios del Patrimonio Etnológico plantean numerosos problemas por la amplitud de este patrimonio así como por los diversos prejuicios que deforman su contenido. Trataremos de enmarcar los inventarios como herramientas de gestión, que deben ser acompañadas de otras actuaciones para una eficaz protección del patrimonio etnológico e industrial, tanto mueble como inmueble e inmaterial, siempre vivo y siempre renovado, a la par que moribundo y decrépito. Relacionaremos estos inventarios con los museos, las fiestas, las artesanías, las industrias, el comercio y otras formas de vida, más o menos tradicionales en el ámbito de la Comunitat Valenciana.

La Ley del Patrimonio Cultural Valenciano (a partir de ahora LLPCV) (Ley 4/1998 de 11 de junio) dispone unas bases jurídicas para crear Inventarios de contenido etnológico e industrial, entre otros, destacando la posibilidad de reconocer el llamado Patrimonio Inmaterial como Bien de Interés Cultural, con la misma protección y limitaciones que cualquier otro BIC.

Finalmente aportaremos datos sobre los inventarios realizados en los últimos años por la Direcció General de Promoció Cultural i Patrimoni Artístic, así como su acceso a través de Internet, de acuerdo con la LLPCV antes citada.

Inventarios o catálogos

Previamente queremos distinguir dos momentos diferentes del conocimiento, que van asociados a dos niveles distintos del saber: los inventarios y los catálogos. Hay que destacar la práctica habitual en nuestro ámbito, distinta a la utilizada por los arquitectos: inventarios y catálogos significan, en cada uno de los ambientes, cosas opuestas.

Inventarios: herramientas de gestión

Los inventarios pretenden ser sistemas de identificación, descripción y localización, lo que constituye según palabras de CLEMENTE una certificación de existencia: solamente existe lo que se encuentra inventariado, y este conocimiento permite actuar en consecuencia.

Los inventarios, inicialmente, tienen una vocación de documentación, seguida inmediatamente de una voluntad comunicativa y educativa, sin las cuales, como veremos luego, no hay protección efectiva del patrimonio.

En este sentido los inventarios pertenecen a la parte impura del conocimiento, a una ciencia aplicada, sobre todo al servicio de la Administración y de los poderes locales.

Inventarios: estrategias de protección

Como veremos más adelante, para la LLPCV existen cinco clases de Inventarios, esta vez con mayúscula inicial, que denotan dos niveles de protección diferentes: el primero incluye a todos los Bienes de Interés Cultural Valenciano, mientras que los otros cuatro Inventarios reúnen aquellos bienes inmuebles, muebles, documentales o inmateriales protegidos con un nivel de cualificación menor.

Catálogos: armas de conocimiento

Los catálogos constituyen una fase posterior, un nivel más alto de conocimiento. El contexto del catálogo es la ciencia pura, la investigación académica en torno a una serie corta de objetos, ya conocidos y protegidos por inventarios anteriores.

En este sentido los catálogos no constituyen, como la Universidad misma, mundos separados de la vida cotidiana, de la gestión patrimonial, sino que pueden interferirse mutuamente - sin por ello dejar de navegar en niveles diferentes.

Mientras que el inventario pretende documentar lo existente, para poder actuar en consecuencia, el catálogo no necesita la conservación del objeto, sino que quiere prolongar el conocimiento en torno a él, más allá, e incluso a pesar, de su existencia.

Por tanto se trata de finalidades diferentes, y de intereses divergentes: el inventario, para la gestión y la difusión; el catálogo para el conocimiento.

Inventarios y Catálogos para la Administración Valenciana

Desde un punto de vista administrativo, tanto para crear como para proteger y para tutelar el Patrimonio, la existencia de Catálogos es indiferente: solamente los Inventarios (con mayúscula), que suponen el reconocimiento legal de los inventarios (con minúscula, esto es las relaciones de objetos de interés patrimonial), tienen valor operativo; el mayor conocimiento aportado por los Catálogos carece de interés si no es aplicado legalmente con su inclusión en el Inventario.

El Patrimonio

Inicialmente era fácil discernir aquellos Bienes que formaban parte del Patrimonio Histórico: los Monumentos, que iban desde las Catedrales a alguna ruina romana, y los objetos muebles de valor excepcional, tanto por su artífice como por los materiales utilizados. Las actividades, las acciones e incluso la voluntad de creación de aquellos objetos muebles e inmuebles monumentales, quedaban al margen de su conocimiento y reconocimiento como tales.

El concepto se extiende, afortunadamente, evolucionando hacia una concepción global mucho más amplia, la del patrimonio, la herencia común, que es preciso preservar, para transmitir, mejorando lo que recibimos de nuestros padres.

Es importante el matiz que supone la noción tanto en español, francés y otras lenguas romances, frente a las lenguas anglosajonas. Mientras que para nosotros se habla de Patrimonio (aquello que poseen los padres), ellos hablan de Heritage (herencia, lo que es transmitido a los hijos).

Probablemente, aunque no me detendré en ello deberíamos buscar un concepto más abierto, algo así como transferencia cultural, para definir aquello que recibimos, llenamos de contenido y transmitimos a las generaciones venideras. Porque se trata de llenar de contenido a cosas que lo perdieron, jamás lo tuvieron o lo tienen indiferente, para justificar el esfuerzo que supone su conservación y su transmisión. De esta manera el valor patrimonial se convierte en un Valor Añadido, que permite convertir en patrimoniales objetos, inmuebles y actividades que habían pasado desapercibidos hasta el momento.

Este Patrimonio, fácil de distinguir en un ambiente arquitectónico, monumental, documental o artístico, presenta por tanto mayores dificultades de detectar en un contexto etnológico e industrial.

El concepto de Patrimonio en la LLPCV

El primer artículo de la LLPCV (1.2) define no sólo de manera extremadamente amplia el concepto, incluyendo desde el inicio el llamado Patrimonio Inmaterial como parte del Patrimonio etnológico valenciano.

El patrimonio cultural valenciano está constituido por los bienes muebles e inmuebles de valor histórico, artístico, arquitectónico, arqueológico, paleontológico, etnológico, documental, bibliográfico, científico, técnico o de cualquier otra naturaleza cultural, existentes en el territorio de la Comunidad Valenciana o que, hallándose fuera de él, sean especialmente representativos de la historia y la cultura valenciana. La Generalitat promoverá el retorno a la Comunidad Valenciana de estos últimos a fin de hacer posible la aplicación a ellos de las medidas de protección y fomento previstas en esta Ley. También forman parte del patrimonio cultural valenciano, en calidad de bienes inmateriales del patrimonio etnológico, las creaciones, conocimientos y prácticas de la cultura tradicional valenciana.

O sea, casi todo. Porque a continuación, en el artículo 2 se habla de la clase de bienes: a): Bienes de Interés Cultural Valenciano...; b) bienes inventariados no declarados de interés cultural... y c). Bienes no inventariados del patrimonio cultural.

El Patrimonio Etnológico

Ante todo, ¿qué es el Patrimonio Etnológico? ¿Se trata de los rasgos culturales propios de los campesinos? ¿O son más bien unas tecnologías deficientes, y que a menudo han llegado a nosotros de manera decadente, incompleta y desfigurada, las que hay que salvar? ¿No se tratará del conjunto, íntimamente relacionado, de conocimientos, actividades, y objetos materiales, propios de una comunidad, en un momento dado? En consecuencia, a causa de los cambios - no siempre lineales, sino confusos, contradictorios, y casi nunca irreversibles - este Patrimonio Etnológico cambia con el tiempo, y con las necesidades del grupo que lo sustenta.

Nos gustaría poder ver a nuestros antepasados recientes (digamos un siglo o siglo y medio), de los que tratamos de recuperar su cultura: seguro que no reconocerían aquellos signos de identidad que presumimos suyos, la mayor parte de los cuales son de reciente creación, enmascarada por la leyenda y el olvido colectivos. Recordemos que, al menos en nuestro contexto de la Comunitat Valenciana las principales fiestas que configuran la identidad de nuestro pueblo no tienen más de un siglo de existencia (aunque todas han construido unos orígenes míticos y antiguos: el paso de los siglos, supuesto o real, confiere una mayor autenticidad a los ritos). Así, las Falles o los Moros i Cristians, en su estado actual, apenas superan los ciento veinte años, mientras que les Fogueres de Sant Joan, de Alacant, son de los años veinte y la Magdalena de Castelló acaba de celebrar su sesenta aniversario. No obstante todas estas fiestas constituyen elementos antiquísimos de identidad, que por lo que se ve, también está sujeta a la moda de los tiempos.

Y es que ese Patrimonio Etnológico es cambiante, mutable, variable en su coherencia: la comunidad guarda aquello con lo que se identifica, que no es necesariamente el significado original de la cosa o de la actividad conservada. Y ese sagrado deposito imperecedero cambia rápidamente de contenido, sin que sus propios protagonistas sean conscientes de ese cambio.

No digamos nada del Patrimonio Industrial, cuyos límites se difuminan con el Patrimonio Etnológico, y cuya única diferencia metodológica, si es que la hay, consiste en los profesionales que lo practican: generalmente historiadores modernos o geógrafos, frente a antropólogos y folkloristas en el sentido más puro y santo de la palabra.

La idea del Patrimonio Etnológico va íntimamente asociada - como ocurre con cualquier otro Patrimonio - con la consideración que se tiene de él. La paradoja es evidente: sólo es patrimonio (y de manera muy especial el Patrimonio Etnológico) lo que la comunidad considera como patrimonio - esto es algo que tiene, en un momento dado, y para un conjunto más o menos amplio de gentes, unos valores que trascienden más allá de su propio interés económico, y que vale la pena conservar por su significado: Patrimonio es aquello que significa más de lo que es, porque lo fue, lo es o lo será. Patrimonio es, en suma, un valor añadido a las cosas que hace que las consideremos de otra manera, más ritual y respetuosa.

Esta paradoja se aplica, de manera muy especial, con el patrimonio industrial: si una máquina de tren de vapor constituye un atraso, cuando está en funcionamiento, se convierte en signo romántico de identidad en el momento en que la línea férrea se moderniza, y sus viajes anuales se convierten en preciado acto cultural. No digamos de los grandes complejos industriales, que organizan no sólo la actividad sino el tiempo libre y el de trabajo, el espacio y las tareas colectivas, incluso el ciclo vital de los trabajadores y sus familias, pero que al desaparecer, por estrictos motivos económicos, es preciso conservar para no perder nuestra identidad inmemorial.

Generalmente se asocia el Patrimonio Etnológico al mundo rural ya que se supone, según infundadas tradiciones, que dicho patrimonio se encuentra presente en recónditos ámbitos pueblerinos, donde aún permanece intacto de los ataques de la civilización descreída y consumista. Esto supondría algo así como querer encontrar, como pretendían los arqueólogos no hace tanto, en las culturas indígenas restos de etapas históricas pasadas. La paradoja es evidente: son incapaces de evolucionar para algunas cosas (las cosas económicas, esto es las cosas serias, pero al mismo tiempo, y de manera inconsciente, conservan aquellos rasgos antiguos, que forman parte de nuestros más profundos elementos de identidad...)

En realidad se encuentran restos de actividades o de creencias pasadas tanto en el campo como en la ciudad. Sin embargo, y vista nuestra forma de vivir urbana - aunque lo hagamos en pequeños pueblos - el Patrimonio Etnológico está mucho más vivo, aunque parezca paradójico, en ambientes urbanos, donde existe una mayor conciencia de su existencia, un mayor interés en su conservación, y un renovado proceso de recreación y de innovación del Patrimonio Etnológico. Volveremos más adelante sobre esta contradicción, que aclara la mayor parte de nuestras dudas sobre el Patrimonio Etnológico, y se refiere a los constantes procesos de creación de este patrimonio.

Siguiendo con la propuesta más generalizada - aunque menos real - que el Patrimonio Etnológico se encuentra mejor conservado en aquellas áreas más desfavorecidas económicamente, su conservación y promoción puede servir al equilibrio de las áreas territoriales, especialmente las interiores y de montaña, más desfavorecidas y despobladas, que pueden basar su economía precisamente en la explotación, controlada y coordinada, de este patrimonio.

Ciertamente las áreas interiores, más desfavorecidas por la emigración o por las limitaciones del medio, han conservado algunos elementos formales (edificios, objetos) que consideramos que pueden llegar a constituir el Patrimonio Etnológico, pero la propia ausencia de habitantes, la falta de dinámica de sus poblaciones, supone la falta de tradiciones, el final de unos modos de vivir. Y no olvidemos que el Patrimonio Etnológico no sólo está formado por la cultura material (mueble o inmueble) sino, y de manera muy especial, por el uso que se hace de esos objetos, por la vida que tienen, para aquellos que los emplean.

Finalmente ocurre que se han conservado elementos formales, aunque vacíos de contenido, en las zonas rurales, por el abandono de sus habitantes y por la desaparición del entramado económico cotidiano, y no tanto por la voluntad de conservar y mantener vivos elementos de nuestra historia!

En realidad el Patrimonio Etnológico es un objeto de consumo, aunque queramos elevar su dignidad por encima de las meras especulaciones mercantilistas: se trata de un objeto negociable, y en la medida en que sea apreciado y solicitado, crecerá su demanda, lo que activará su protección y desarrollo.

Pero aquí nos encontramos con un proceso contradictorio: ¿no hay demanda porque no hay consumo, o bien no hay consumo porque se ignora la existencia misma de este producto, llamémosle cultural?

Aquí cobra sentido el proceso constante de creación y de renovación del Patrimonio Etnológico. Recordemos que la atemporalidad y el anonimato es precisamente un elemento básico a la hora de ritualizar un objeto o una actividad: un elemento de identidad es aquel del cual se desconocen los orígenes (siempre antiguos) y el autor (aunque haga doce o quince años del origen del rito – el olvido es básico. Como decía aquel buen canónigo de la Catedral de Sevilla: un error repetido tres años se convierte en costumbre inmemorial: toda la vida se ha hecho así!

El Patrimonio Etnológico y el Patrimonio Industrial

La inclusión del Patrimonio Industrial como parte del Patrimonio Etnológico plantea numerosas dudas y no pocos enfrentamientos teóricos entre los diferentes interesados.

Aquellos que estudian el Patrimonio Industrial definen su campo como Arqueología Industrial, término rechazado ampliamente por los arqueólogos, ya que ni su metodología, ni su planteamiento coinciden en apenas nada. Los Arqueólogos Industriales, sin embargo, se sienten agredidos cuando son incluidos en los inventarios del Patrimonio Etnológico, ya que significa, según ellos, que juntemos las grandes instalaciones industriales con picos y con azadas.

Desde la perspectiva amplia de la Antropología que profesamos, no hay razón para excluir este Patrimonio Industrial del ámbito del Patrimonio Etnológico, ya que éste no se para ni en las puertas de Europa (como hacían los primeros antropólogos) ni en las puertas del campo (como hicieron los antropólogos europeos más tarde). La vocación del Patrimonio Etnológico no se limita a salvar el patrimonio que desaparece, sino a definir, para un momento dado, que elementos, inmuebles, muebles o de actividades, conforman y explican la sociedad de la que forman parte.

La propia conservación de ese Patrimonio Industrial plantea tantos problemas, sobre todo urbanísticos y financieros, que requiere un tratamiento específico, no tanto por su especificidad, que no es diferente del resto del Patrimonio Etnológico, sino por la magnitud de los costes. Además parece que sólo sea Patrimonio Industrial cuando se refiere a tecnologías obsoletas o a grandes instalaciones industriales (como los Altos Hornos del Mediterráneo de Sagunt) que dejan de tener contenido económico y pasan a tener una carga simbólica, referencial, en el momento en que dejan de estar en activo. ¿No es lo mismo que ocurre con otras actividades productivas, que ellos denominan etnológicas solamente por sus pequeñas dimensiones y no tanto por su tecnología, a menudo más complicada?

Patrimonio Etnológico y signos de identidad

Hay una relación directa entre el Patrimonio Etnológico y los signos de identidad de las comunidades. Han pasado, cierta y afortunadamente las ansias de los primeros momentos democráticos por construir elementos de identificación y de diferenciación, necesarios sobre todo en aquellas nuevas Comunidades Autónomas sin existencia propia anterior.

Cuando suponemos que el Patrimonio Etnológico constituye un conjunto de signos de identidad no lo suponemos como elemento diferenciador de la propia comunidad, sea local o autonómica, sino más bien, y este nos parece su principal papel, como elemento integrador de sus propios componentes. Es esta sensación de sentirse un pueblo, al menos alguna vez al año, que refuerza los lazos de solidaridad de sus gentes y construye la comunidad.

En nuestra Comunitat Valenciana tenemos experiencia de esta construcción, más o menos consciente, de los signos de identidad. Ya hemos apuntado que la mayor parte de las fiestas que ahora sirven de referencia, son recientes, y todas tratan de integrar a las gentes en un conjunto, a veces local, a veces comunitario. No olvidemos que, por ejemplo ni la Magdalena en Castelló, ni Sant Josep en València son los patronos respectivos de ambas ciudades, aunque se trate, en estos momentos de algo que podríamos llamar las fiestas patronales, o, al menos, las Fiestas Mayores. Tampoco olvidemos que, al menos para nosotros los valencianos, las fiestas no son tiempo de desorden, sino que sirven para construir el orden ideal, la sociedad añorada y perdida (y que por cierto nunca existió): para los valencianos la processó o l’entrada dels Moros son el momento central de las fiestas, y no los desórdenes (siempre controlados y rituales) de otros lugares.

El Patrimonio Etnológico, a través de sus edificios, de sus objetos y de sus actividades, construye los elementos de identidad de la comunidad, realimentándose de esta misma búsqueda de diferenciación: no olvidemos que precisamente la existencia del Patrimonio Etnológico está condicionada, según nuestra propuesta, por el propio reconocimiento colectivo.

En consecuencia el Patrimonio Etnológico no es algo estático ni permanente, sino que se va construyendo en cada momento de acuerdo con las necesidades, las carencias y las intenciones del grupo que lo sustenta. Los inventarios se convierten, precisamente, en la herramienta previa para construir esa imagen colectiva, ese patrimonio compartido que está por reconocer, que permanece por tanto increado.

Los inventarios como procesos de creación de Patrimonio Etnológico

El interés de los inventarios radica precisamente en esa capacidad de construir el Patrimonio Etnológico - no tanto porque no exista previamente, sino porque, al detenerse sobre los distintos objetos - materiales o inmateriales - que lo conforman, los dota de existencia propia, de identidad.

Queremos insistir que no es la propia existencia del Patrimonio Etnológico lo que le confiere una coherencia propia y lo hace existir como tal, ni siquiera su continuidad, sino la conciencia de que tal actividad u objeto es patrimonial, y por tanto digno de una mejor consideración.

Este proceso de invención del Patrimonio, en el sentido original de la palabra, este encuentro con el Patrimonio Etnológico no puede ni debe limitarse a salvar actividades en peligro, a documentarlas antes de su extinción: hay acciones u objetos que tienen una vida efímera, y no por ello dejan de existir.

Pensemos en las procesiones, en las manifestaciones o en la pirotecnia, que tienen una duración tan breve, a lo largo del ciclo anual, pero que marcan unas limitaciones en el territorio y en los ciudadanos que no pueden ser ignoradas.

¿Documentación o inventario?

En este sentido yerra la Ley del Patrimonio Histórico Español, que confunde, a nuestro parecer, la documentación de actividades, de técnicas o de creencias, con su protección, es decir con su inclusión en un inventario, con todas sus consecuencias.

La documentación es una actividad sin fin, que pretende conocer para comprender. Pero no todo lo que se quiere documentar es competencia de la Etnología. ni por tanto puede llegar a ser Patrimonio Etnológico: la documentación pasaría por un amplio campo de especialistas, desde los documentalistas, bibliotecarios, historiadores, incluso hasta la propia prensa.

La documentación, por tanto, es una herramienta imprescindible para comprender y justificar el cambio incesante, pero no sustituye al inventario que se convertiría en una especie de selección de elementos para dotarlos de una trascendencia mayor, llenándolos de contenido para la comunidad. La documentación no sirve para proteger, sino para conocer. Y no olvidemos que la finalidad principal de los inventarios es el conocimiento para la acción: conocer – valorar – proteger.

Competencia sobre los inventarios

La selección de los objetos y/o actividades plantea un problema complejo: si el Patrimonio Etnológico se crea, a través de los inventarios, ¿quienes se ocupan en crear y creer estos inventarios (con minúscula) y convertirlos en Inventarios (con mayúscula y valor legal)?. Distintos grupos orientan sus intereses hacia unos u otros aspectos del Patrimonio Etnológico.

La competencia de la Administración Autonómica

Aceptando la propuesta que los inventarios, al crear el Patrimonio Etnológico, dotan de una herramienta para la gestión cultural, la Administración - tanto en sus niveles técnicos, más permanentes, como los políticos, más efímeros y cambiantes, - sería la primera usuaria, y por tanto quien encargaría antes la construcción de estos inventarios. Estos inventarios pertenecen a esa ciencia impura, aplicada, y pueden tener numerosas consecuencias, sobre todo urbanísticas y ambientales.

No siempre ocurre así: en medio de las contradicciones que agitan nuestra disciplina, esta es la mayor, ya que muchas administraciones no encargan inventarios porque no son conscientes de que los elementos que los van a conformar puedan ser integrados en uno.

La falta de conciencia de un patrimonio, del que se desconoce la existencia, implica una ausencia de interés, y por tanto no hay la necesidad de hacer inventarios para descubrirlo. Esta paradoja, que parece no tener fin, solamente puede ser resuelta desde fuera del propio círculo vicioso.

Recordamos una encuesta, enviada por la entonces Direcció General de Patrimoni Cultural de la Generalitat Valenciana, a todos los municipios de la Comunidad, en la que se solicitaba a los ayuntamientos una somera relación de su Patrimonio Etnológico. De los cerca de 550 consistorios que consta la Comunitat, sólo contestaron algo más de la tercera parte, y por supuesto ninguna de las grandes poblaciones. Entre las respuestas estaba una de un pueblo del interior, cuyo nombre no viene al caso, que describió tanto el Patrimonio Histórico como el Documental como el Etnológico de la misma forma: Ninguno. En una posterior inspección descubrimos no sólo más de una treintena de edificios de piedra, de aspecto muy singular, sino dos molinos, varias ermitas e incluso un antiguo reloj mecánico del XVIII, en estado de uso, incluso con cuerda, pero abandonado. La sorpresa de los concejales fue enorme ya que ellos pensaban que Patrimonio eran los monumentos, y no eso. Afortunadamente reaccionaron de manera muy positiva, incluyendo los edificios con el más alto nivel de protección en el Plan General, incluso los que se encuentran fuera del caserío. El conocimiento, traído desde fuera de la población, supuso un reconocimiento, un cambio de actitud, y en consecuencia una invención, un encuentro con el Patrimonio Etnológico.

La iniciativa de la Universidad

La Universidad, como es sabido, no se limita a reproducir su conocimiento mediante la enseñanza, sino a ampliarlo mediante la investigación. La finalidad de conocer no tiene un propósito tan directo como la gestión del patrimonio, que es competencia de la Administración, sino que pretende ampliar el propio conocimiento.

Aquí si podemos hablar, como apuntábamos antes, de Catálogos, esto es de estudios, lo más amplios posible, en torno a actividades u objetos, sin que esto implique ni su existencia ni su conservación presente o futura.

Estos estudios pueden servir para conocer (y por tanto para reconocer) patrimonio, pero son, por lo general, posteriores a la protección de esos elementos. Sólo se puede estudiar lo que se conoce, pero a su vez lo que se conoce sólo se puede conservar si está reconocido; por tanto el conocimiento superficial (el inventario) permite la protección, que a su vez permite el conocimiento mucho más profundo (el Catálogo), que permite a su vez una mayor protección...

La iniciativa de los particulares

Hay un tercer elemento que participa en la creación y en la demanda de inventarios: se trata de la iniciativa particular. Por un lado están las asociaciones, que reúnen a aficionados a un tema, tan peligrosas en ciertos ámbitos del conocimiento como es la Arqueología, pero que pueden ser colaboradores insustituibles tanto para los inventarios como para los catálogos, es decir para la Administración como para la Universidad.

Estas asociaciones, de interés territorial o temático muy concreto, ordenan el tiempo libre de sus asociados, que son capaces de conocer, recoger y mantener objetos, actividades o tecnologías, en parte por el interés de la comunidad, pero sobre todo para su propio placer personal.

La colaboración con ellos es delicada, ya que están obsesionados – en el sentido bueno de la palabra – por una parcela del Patrimonio, y, a veces, actúan con exceso de celo ante la que ellos consideran inactividad de la Administración. Pero al mismo tiempo descubren, conocen, vigilan, considerando como suyo algo que, gracias a su actividad, se conserva (o debe conservarse) para el bien común.

Hacia una estrategia de los inventarios del Patrimonio Etnológico

Puesto que los inventarios del Patrimonio Etnológico sirven, de algún modo, para crear este Patrimonio, se deberán aplicar estrictos criterios de selección, en vistas a la protección y a la difusión del mismo. Esta herramienta para la gestión debe acompañarse de eficaces medidas que permitan el conocimiento del Patrimonio Etnológico.

Criterios de selección

Los criterios de selección de los elementos a incluir en los inventarios deben ser técnicos. No obstante la teoría viene a menudo limitada por causas extracientíficas, como pueden ser la ausencia de elementos representativos o la falta de informantes.

A menudo no se pueden inventariar todos los elementos que conformaban el conjunto original - llámense molinos, máquinas de trenes o procesiones - sino que hay que limitarse a los existentes, que a menudo se han conservado por azar, o simplemente porque sus actividades, ancestrales, no interferían con nuevos planes de desarrollo urbanístico o con las infraestructuras de comunicación.

En principio, por tanto, hay que inventariar todos los elementos existentes de una especie, y el conjunto será el que determine el interés de uno de sus componentes. Esto no resuelve el problema: hay que inventariar todo, pero ¿qué todo? Si tratamos de introducir una objetividad en el conocimiento, y si por otro lado ya suponemos que cualquier actividad u objeto, pasados, presentes o futuros son susceptibles de convertirse en Patrimonio Etnológico, ¿supone esto que hemos de recoger e inventariarlo todo? Si, por otro lado, el Patrimonio Etnológico solamente existe cuando somos conscientes de él, ¿cómo podemos determinar qué puede ser Patrimonio Etnológico, si la comunidad que lo sustenta carece de su propia conciencia?

Aquí hay un problema aparentemente irresoluble, y que sólo puede ser dilucidado de manera incompleta, tanto por los intereses externos como por las limitaciones presupuestarias.

Por tanto habría que incluir en un primer inventario del Patrimonio Etnológico de una cierta comunidad, aquello que la propia comunidad considera como tal - sin demasiadas limitaciones, es decir incluyendo tanto el patrimonio mueble como el inmueble y el inmaterial, esto es las creencias y las actividades. Sin embargo, en cuanto a éste último aspecto del Patrimonio Etnológico (creencias y actividades) sólo interesaría conocer los objetos susceptibles de ser medidos y definidos y que no pertenecen a una persona sino a un grupo: una tecnología, una procesión, en suma unas actividades comunitarias que pueden ser determinadas tanto en los gestos como en el espacio y el tiempo, y que pertenecen al mismo tiempo a un colectivo, más o menos amplio pero siempre representativo.

Este inventario sería incompleto: si la comunidad, como vimos antes, no considera que ciertos objetos u actos forman parte del Patrimonio Etnológico, será preciso el recurso a elementos externos a la propia comunidad - y ahí es donde entran los dos niveles de conocimiento a que aludíamos antes: la Universidad con sus catálogos, las asociaciones privadas, con sus colecciones y sus repertorios.

Y por supuesto debe primar un conocimiento dirigido hacia la gestión del patrimonio: se trata de definir (y esto es valido no sólo para los objetos, sino para los actos), el contexto espacial y temporal de la cosa. Las medidas, en el espacio y tiempo de un mueble o de un inmueble, son tan objetivas como aquellas que se refieren a una actividad (cuando, como, quienes), que aparece y se ejecuta de forma regular, cíclica y ubicada en un territorio concreto. Por otro lado esas medidas definen la cosa que se quiere conocer, y que por ello puede ser protegida.

La inclusión de una actividad en un inventario debe ser similar a la de un objeto mueble o inmueble: su simple descripción, su propio nombre, carece de interés, desde un punto de vista etnológico, si desconocemos el contexto espacio-temporal, es decir la comunidad y el momento preciso en que se desarrolló. Han pasado, suponemos, los tiempos en los que sólo los objetos únicos eran considerados Patrimonio, desgajándolos de su contexto, y privándolos de casi todo contenido: limitarnos al aspecto estético de una cosa, a la faceta artística es matar la poca vida que aún puede transmitir.

Las actividades, industriales o rituales, incluidas en un inventario del Patrimonio Etnológico, deben realizarse por tanto del mismo modo que cualquier otra inclusión, definiendo todos los parámetros que definen el objeto inventariado, y llegando a ese ideal que ya propugnaba MAUSS para el trabajo de campo: No basta grabar, es preciso poder repetir.

En este sentido ya partimos con ventaja en la Comunidad Valenciana: no en vano, durante unos cincuenta años, el Misteri d’Elx ha sido reconocido como Monumento Histórico Español (lo que ahora pasa a ser un BIC, gracias a aquella generosa declaración genérica de la República en el año 32. Y todo ello, a pesar de las reticencias de los jurídicos que no podían entender que una actividad fuera otra cosa más, y que tanto se limita a un propietario de un inmueble declarado con un Plan Especial Urbanístico, como a un propietario de una procesión, con una declaración que defina la actividad en todos sus detalles.

Criterios de protección

Por supuesto, inventario no implica protección, aunque tampoco la impide. De hecho, la propia inclusión en un inventario ya supone una cierta protección mágica: la cosa debe ser importante ya que forma parte del listado. Pero esa protección mágica tiene poco valor si no es divulgada y si no va acompañada de medidas correctoras.

Más adelante hablaremos de esas medidas concretas de protección, pero debe quedar claro, desde ahora, que la inclusión en un inventario no implica necesariamente ni actuar sobre el bien incluido, ni tampoco actuar con criterios de protección. La inclusión en un inventario debe ir acompañada también de una valoración del objeto:

Esta última categoría debe ser la mayoritaria en un inventario bien hecho, que trata de recoger, de la manera más amplia posible, todos los fenómenos materiales que lo delimitan. El conocimiento de todos los objetos existentes de un tipo, y su adecuada contextualización, debieran servir para adoptar políticas de gestión no sólo validas para la conservación del patrimonio o el equilibrio entre territorios, sino para un crecimiento armónico con una adecuada calidad de vida.

Criterios de difusión

Si la inclusión en un inventario ya supone un primer acto de conocimiento del Patrimonio Etnológico, solamente será posible su protección mediante un acto de reconocimiento: es preciso divulgar a la comunidad, administrativa, pero también científica y técnica, y sobre todo a la propia comunidad afectada, de la existencia del objeto inventariado - sobre todo de aquellos de mayor nivel.

Y es que la comunidad necesita hacer suyo un objeto, para protegerlo y dedicarle los recursos (tiempo, dinero, actividad), que conduzcan a su protección y mantenimiento: Todos conocemos ejemplos de objetos, incluso de gran valor, que han sido robados o destruidos porque la propia comunidad desconocía su valor, que consideraban como algo ajeno, distante e inútil.

Ciertamente esta participación del valor de la cosa ha de ir unido a la voluntad por mantenerla: no faltan casos recientes de pueblos movilizados en torno a unos objetos, que son indudablemente de titularidad eclesial, que el municipio reclama como suyos, pero en los que no quiere ni pretende invertir caudales para su mantenimiento, difusión y goce.

No sólo hay que difundir los valores positivos de un objeto, sino que hay que comunicar también sus cargas - y la comunidad, ya no a través de sus técnicos sino de sus representantes políticos, debe asumir su mantenimiento: el patrimonio es un lujo, que cuesta mantener, y seguramente el Patrimonio Etnológico y no digamos el Industrial es uno de los lujos más caros, puesto que se trata de conservar objetos, máquinas o actividades que, en muchos casos, fueron pensados para producir y no para ser contemplados.

Inventarios de Patrimonio Etnológico en la Comunitat Valenciana

Los inventarios de Patrimonio Etnológico realizados hasta la fecha en la Comunitat Valenciana alcanzan dos ámbitos diferentes: los monográficos y los territoriales.

En un primer aspecto se han inventariado los molinos de viento, los pozos de nieve (inútiles desde hace años, por el cambio climático, pero que denotan que no hace tanto nevaba hasta unos 200 metros sobre el nivel del mar); los retablos cerámicos (nombre por el que reconocemos los conjuntos, generalmente devocionales, instalados en la vía pública, en casi todas las localidades de la Comunitat Valenciana); las máquinas de vapor expuestas en las vías públicas.

Estos inventarios monográficos, ya terminados, se extienden por todo el territorio y dan origen a una casuística diversa: los molinos desaparecieron a principios de siglo, y sólo queda parte del edificio pero nada de maquinaria, aunque se ha recuperado en la medida de lo posible, el conocimiento oral de los últimos que los utilizaron.

Los paneles cerámicos, varios miles, son de diversa calidad y procedencia, y generan varios problemas, relacionados tanto con la conservación como la protección y la titularidad: el inventario supone un conocimiento de la pieza, y gracias a eso ha podido recuperarse alguno, robado con posterioridad. También se ha conocido el estado de conservación y la necesidad de proteger no sólo el panel sino el contexto (el muro), con la colaboración mayoritaria de los municipios, que los han incluido, si no lo habían hecho, en sus planes especiales de protección. Pero este inventario ha despertado una problemática, que aún no ha podido ser definida, precisamente porque plantea problemas jurídicos aparentemente nuevos: se trata de la titularidad de los objetos, ¿pública, por encontrarse en la vía pública, y generalmente en la calle de su advocación, o privada por estar adosados a edificios particulares? Desde luego a nuestro parecer no hay duda que se trata de objetos comunitarios, por lo que están expuestos a la devoción y exposición públicas, pero esto parece contradecir un mercado, cada vez mayor, de estas obras cerámicas, en muchos casos de finales del XVIII.

También hay otro inventario monográfico, que está, como el de paneles cerámicos, realizado de manera territorial: se trata de las campanas y relojes públicos de la Comunitat, de los que hay ya doce de las treinta comarcas terminadas. En este caso se intenta no sólo recoger el instrumento, sino sus posibles usos, para tratar de asociar unos y otros.

Hemos dicho que algunos inventarios, incluso monográficos, se realizan de manera territorial, tratando como unidad espacial la comarca. Este territorio, que carece de entidad política pero suele ser una unidad cultural y referencial, es útil a la hora de conocer el Patrimonio Etnológico de un país bilingüe como la Comunitat Valenciana, ya que las comarcas suelen compartir rasgos comunes, y en cierto modo diferenciados. En nuestro caso la provincia, de reciente implantación, no ha llegado a tener una asimilación cultural, y carece de utilidad, por su gran tamaño, a la hora de conocer el Patrimonio Etnológico o de poder actuar sobre él. En una primera pasada hay unas doce comarcas inventariadas, lo que supone cerca del 40 % del territorio valenciano.

Dos son los extremos ideales de unos inventarios del Patrimonio Etnológico. Por un lado, lo que queda, y es el caso de las máquinas de tren de vapor expuestas, unas 20, construidas entre finales del XIX y principios de los sesenta. Hubo más de mil máquinas en funcionamiento, a lo largo de este tiempo, y sólo una cantidad mínima ha llegado, por azar, hasta nuestros días. Ni siquiera todas proceden de la propia Comunitat Valenciana, sino que hubo - y lo sigue habiendo - comercio de estos vehículos ferroviarios, que pasan de ser máquinas a monumentos, tan vacíos de contenido que son privados de sus mecanismos internos, para que no pesen tanto, y cuyas partes que faltan no son restauradas sino recompuestas, por herreros locales, para mantener, con más o menos documentación, los volúmenes originales (algo parecido, o probablemente peor a lo que ocurre con el fachadismo que practican los arquitectos: una apariencia vacía de contenido

. ¿Qué interés tiene entonces una máquina, que no sirve como máquina, que a lo mejor ni siquiera fue utilizada en el trayecto que se supone empleó, y que es reconstruida de modo que no suba gente a romperla o a pincharse en su interior? La verdad es que, desde el punto de vista patrimonial, el objeto, privado de sentido, se ha convertido en otro nuevo, simbólico, significativo, esto es en un nuevo signo de identidad, medio abandonado, que el óxido corroerá en pocos años... Quizás ese cambio de significado justifique su introducción en los inventarios, ya que documentan un momento - pasado o no -. No obstante, se aleja bastante del ideal que debiera presidir la confección de estos inventarios del Patrimonio Etnológico: objetos en movimiento, que aún puedan ser usados, y que documenten unos modos de vida y de producción no siempre actuales, pero llenos de significados...

Uno de los inventarios que nos piden, y nos resistimos a realizar es el de las chimeneas industriales. Mucha gente cree, de buena fe, que están todas protegidas, y que no se pueden demoler, aunque desaparezca no sólo el tejido industrial de su entorno sino los propios elementos arquitectónicos de la fábrica que necesitaba ese alto inmueble para expandir algo más lejos su contaminación. La chimenea, pues, como elemento patrimonial privado de contenido, como presencia de una ausencia, en palabras del escultor aragonés Pablo SERRANO, se convierte en un nuevo objeto significativo, en un hito patrimonial de la comunidad presente.

Finalmente están los inventarios de los Museos y Colecciones Museográficas Permanentes reconocidos, unos 150 entre unos y otros, de los cuales al menos 50 tienen contenido etnológico. La LLPCV, como veremos a continuación, considera todos los conjuntos de objetos existentes tanto en Colecciones como en Museos reconocidos, que forman parte del Inventario General de Patrimonio Cultural de la Comunidad Valenciana. Por ello, desde hace más de diez años, e incluso antes de que se concibiese la LLPCV, la Direcció General de Promoció Cultural i Patrimoni Artístic ha ido publicando subvenciones anuales destinadas a estos Museos y Colecciones, para financiar su inventario, que debe ser remitido de manera informática para ser justificado económicamente al final del ejercicio anual.

Dentro de las tres líneas de subvenciones destinadas a Museos y Colecciones reconocidos (Inventarios, Infraestructuras y Restauración), la primera es la mejor dotada, con más de 250 millones a lo largo de esta década, de los cuales 40 millones en 2000, y con grandes resultados, que permiten conocer, al menos en sus grandes rasgos, el patrimonio existente en las instituciones reconocidas de la Comunitat.

Los distintos inventarios según la LLPCV

La LLPCV define en el artículo 15 el Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano, con sus cinco secciones:

El Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano debe ser elaborado y mantenido mediante la permanente actualización por la Conselleria de Cultura y Educación.

El Inventario tiene carácter público, con las restricciones que esta misma Ley establece respecto del patrimonio arqueológico y paleontológico (art. 17). Estos límites a la información no sólo tienen que ver con la protección del patrimonio sino con la reserva de los datos relacionados con los titulares o usuarios, en relación a la propiedad, valor y localización (en el caso de los bienes muebles).

Estos datos del inventario serán accesibles mediante una red descentralizada de datos (un eufemismo para Internet) cuyo acceso se regulará mediante el correspondiente Reglamento. Los Reglamentos de los que habla la Ley, aprobada en 1998, están en proceso de redacción en estos momentos (otoño de 2000).

La declaración de los Bienes de Interés Cultural de carácter etnológico

Como hemos señalado, los bienes de carácter etnológico e industrial, pueden adscribirse a cualquiera de las cinco secciones del Inventario General, en dos grandes grupos, como BIC o incluidos en las otras cuatro secciones:

Como Bienes de Interés Cultural (artículo 26) pueden adscribirse como inmuebles, bajo la categoría de Sitio Histórico (art. 26.d) Es el lugar vinculado a acontecimientos del pasado, tradiciones populares o creaciones culturales de valor histórico, etnológico o antropológico. También como Bienes Muebles (art. 26 B) declarados individualmente, como colección o como fondo de museos o colecciones museográficas, concepto al que volveremos luego. Pero la categoría que más nos interesa es la de Bienes inmateriales (art. 26 D): Pueden ser declarados de interés cultural las actividades, conocimientos, usos y técnicas representativos de la cultura tradicional valenciana.

El Patrimonio Etnológico y los museos etnológicos

Es difícil reconocer cual es el papel de los museos etnológicos, incluso desde nuestra experiencia más cercana, como coordinadores de estas instituciones en la Comunitat Valenciana.

De cualquier modo, estos museos se encuentran bastante lejos del papel ideal de conservar, investigar, difundir y educar. No se encuentran en ellos los siguientes rasgos: no suelen ser lugares de educación, es decir de transmisión del conocimiento. Tampoco son lugares de placer, es decir de muestra de elementos hermosos o interesantes. No practican el alejamiento de la cosa, que sirve para valorarla - a través de la contextualización. Menos aún, a pesar de reclamarlo insistentemente, son lugares de memoria histórica, es decir contenedores de aquellos objetos que significan algo para la comunidad.

Lamentablemente, la mayor parte de los museos etnológicos - si no son todos - cumplen con el práctico papel de ser vertederos culturales: aquel-lugar-donde-se-lleva-algo-que-ya-no-sirve-pero-que-nos-da-la-pena-de-tirar. Naturalmente así no se puede llegar a ninguna parte: las piezas proceden, siempre, de donaciones, y los generosos donantes, casi siempre, insisten en que su nombre destaque más que la procedencia, el uso, o el propio nombre de la pieza. Y no hablemos de su instalación museográfica: siguiendo una estética de mesón turístico, en un amontonamiento estéril de piezas, que sólo significan algo para el que ya las conocía previamente, y que no pueden comprenderse por el ajeno a la cultura o a la tecnología mostradas. De algún modo, los museos etnológicos se podrían comparar a los mítines de los partidos políticos en campaña electoral: sólo sirven para atraer y confirmar su opción a los convencidos.

Quizás el papel del museo etnológico, en esta época en que los medios disponibles son cada vez menores, al menos por parte de la Administración, sea el de servir, por un lado, de memoria histórica, de contenedores de aquello que-no-se-puede-guardar-en-otro-sitio (lo que presupone la existencia de otros museos vivos, esto es de fábricas, de talleres en actividad, aunque no sean rentables económicamente). Por otro lado deben servir de estímulo para la curiosidad: lugares donde se descubren cosas (pero no en el estilo de los cuadernos didácticos al uso), y donde se sale sabiendo algo más que a la entrada. Por ello, el papel privilegiado de los museos debe ser el de contenedor-difusor cultural: lugares de memoria histórica (depósito de objetos) y lugares donde practicar (y saciar) la curiosidad: no sólo los objetos; las máquinas (terminales, bases de datos, exposiciones interactivas) que sirven para atraer la atención de los indiferentes y para completar las ansias de conocimiento de los iniciados.

Museos etnológicos en la Comunitat Valenciana

La Generalitat Valenciana tiene tres niveles de Museos, de acuerdo con una Orden de reconocimiento del año 1991:

Museos generales

Existe un solo Museu Etnològic, de vocación nacional, aunque dependiente de la Diputació Provincial de València. Su contenido, su vocación de coordinación y de referencia científica, son poco conocidos, y están supeditadas a las exposiciones de arte actual, así como otras actividades de promoción cultural.

Museos monográficos

La Generalitat Valenciana tiende a propiciar los museos monográficos: ante una proliferación de museos locales, que tienden a repetir indefinidamente la pequeña variedad, esta opción aparece como la más coherente, incluso desde un punto de vista de promoción de los propios museos. En efecto, si estos son muy diferenciados, podrán tener un amplio público, que se restringe a los especialistas o a los clientes locales en caso de museos de limitada vocación local. Los museos monográficos, sin embargo, requieren elevadas inversiones, y una voluntad local no siempre compartida.

Recordemos el Museu Valencià del Joguet, de Ibi, que en realidad contiene las Colecciones de Juguetes de Chapa de la antigua fábrica Payá, y que podría ubicarse en los locales de la propia fábrica, la única que existe en activo en la Comunidad Europea, y que ahora produce réplicas numeradas bajo control notarial de los antiguos juguetes históricos. En la actualidad sin embargo las instalaciones se reducen a una exposición temporal, provisionalmente permanente (desde hace ya más de siete años), que se limita a mostrar los ejemplares más bellos de unos juguetes que sólo se muestran como objetos parados y descontextualizados.

El Molí de l'Oli, de Cervera del Maestre, ilustra bien la dificultad de proteger el Patrimonio Etnológico sin la colaboración local. La Generalitat Valenciana ha restaurado un gran molino de aceite, con una prensa de viga del siglo XVII, restituyendo las instalaciones y creando un recorrido que dota de sentido al edificio, incoado BIC. El Molí, que es de titularidad municipal, no se abre apenas porque el ayuntamiento, de un pueblo de pocos cientos de habitantes, no siente como suyo el museo, y se hace el remolón para que las instituciones, ya que están puestas a gastar, se hagan cargo también del encargado de atender al público cada día.

Hay otros museos especializados, entre los que destacan los de cerámica de L'Alcora, Manises y Paterna, ambos municipales: aquí, por el contrario, la voluntad del ayuntamiento de construir un elemento de identidad, dota de medios, modestos pero muy eficaces, gracias a la acción de sus directores.

Pero también hay museos fruto de la iniciativa personal, que en algunos casos ha cristalizado en fundaciones de carácter privado (aunque curiosamente con participación de instituciones públicas): el museo del calzado de Elda podría servir de ejemplo. Otro caso es el Arxiu-Museu de la Taronja, el museo de la naranja, ubicado en Burriana, que recoge elementos etnológicos, documentales y económicos relacionados con el mundo citrícola.

Museos territoriales

Varios museos etnológicos nacieron con una voluntad territorial que no ha acabado de cristalizar, precisamente por la poca coordinación entre las instituciones (y la falta de medios públicos, todo hay que decirlo). Destaca el ejemplo de Dénia, que pretendió montar una red de museos en la comarca de La Marina, especializando cada uno de ellos en un tema más propio de esa localidad, y compartiendo sus colecciones con otros museos de la comarca: así están, más o menos dormidos, los museos etnológicos de Dénia (dedicado a la pansa o uva pasa), el de Pego (al cultivo del arroz), el de Benissa (más especializado en la fabricación de muebles), el de Orba (dedicado a la terrisseria o alfarería local).

También destaca la vinculación entre los museos de la Vega Baja, una comarca con una firme vocación museística (¡¡¡hay más museos en la comarca que en toda la provincia de Castelló!!!), aunque dicha coordinación se debe más a la voluntad colectiva de los directores de los museos locales (en casi todos los casos arqueológicos y etnológicos): Orihuela, Guardamar del Segura, Callosa de Segura, Pilar de la Horadada, San Fulgencio, Almoradí, Rojales...

Los museos de memoria histórica

Muchos museos del siglo pasado, y de bien avanzado éste, nacieron con una profunda vocación de ser contenedores (o mejor vertederos culturales), donde se reunían aquellos elementos simpáticos que forman parte importante de la historia local: el chuzo del último sereno, la última tabla para fabricar alpargatas, o la llave de la puerta de la muralla, destruida hace siglo y medio. Bien construidos, estos museos deberían ser el contenedor de la memoria histórica - donde también podría preguntarse sobre los objetos, los lugares y las actividades, no sólo desaparecidos, sino que aún constituyen elementos de identificación de la población, e incluso de un territorio más amplio.

Esta animación, sin embargo, requiere la actividad de un técnico, retribuido, que gestione y dinamice al museo. No olvidemos, como decíamos antes, que el patrimonio es un lujo cultural, que debe cuidarse, y que cuesta dinero, para que llegue a ser operativo.

Identidad y destinatarios de los museos y colecciones

No es lugar para seguir reflexionando sobre los museos y colecciones museográficas permanentes reconocidos, pero no puedo dejar de decir algo relacionado con la creación de museos y la protección local del patrimonio etnológico, histórico o inventado, como signo de identidad. Son las comarcas con mayor actividad industrial, como la Vall d’Albaida, las que desarrollan mejor la gestión de su identidad cultural, tanto desde la protección de las tradiciones como la creación y mantenimiento de museos.

Algo similar ocurre, de manera sorprendente, en una comarca tan turística como La Marina, una de cuyas ciudades importantes es Benidorm: los museos, las actividades culturales relacionadas con la identidad no están destinados al turismo, del cual viven mayoritariamente los habitantes, sino a los propios lugareños, que de alguna manera, a través de ritos, lugares u objetos, reconstruyen su identidad, aunque los cientos de miles de turistas anuales ignoren esas actuaciones, que no les están destinadas.

La integración de los Museos y Colecciones en el Inventario General

La LLPCV introduce una curiosa protección a los objetos recogidos en los Museos y Colecciones reconocidos: todos forman parte del Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano, en su categoría de bienes muebles: Los fondos de los museos y colecciones museográficas integrados en el Sistema Valenciano de Museos serán incluidos en Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano... inscribiéndose en la Sección 3ª del Inventario General. (artículo 72.1) aunque los más relevantes pueden ser declarados Bienes de Interés Cultural Valenciano.

Esto supone la inclusión en el Inventario General de cientos de miles de objetos (recordemos que estas colecciones incluyen sobre todo los materiales procedentes de actuaciones arqueológicas, que son por la Ley de titularidad pública, pero también los cientos de objetos depositados en los museos y colecciones museográficas permanentes reconocidos.

A modo de conclusión

Creemos haber definido la complejidad de los inventarios del Patrimonio Etnológico. Estos inventarios no se refieren a campos del conocimiento bien delimitados, como pueden ser los inmuebles o los propios objetos artísticos, sino que tratan de edificios, objetos y actividades, a menudo de escaso valor económico, pero que solamente pueden ser comprendidos, y asimilados como elementos propios de la historia y de la identidad local, a través de una conservación lo más íntegra posible, a través de la comprensión de todos los elementos que los conforman.

Tras lo expuesto parece evidente que los inventarios, bien realizados y difundidos, son el modo más directo de crear el Patrimonio Etnológico, no tanto porque no exista previamente, sino porque carece de protección en tanto no es reconocido como tal.

Los inventarios del Patrimonio Etnológico no deben limitarse a los datos marcados por la Ley, sino que deben ampliarse, especialmente en el caso de las relaciones de actividades, tanto productivas como rituales, a describir el contexto de modo que puedan identificarse y poderse reproducir, marcando los elementos que los constituyen así como aquellos otros que sólo los completan.

El papel de la Administración es insustituible a la hora de elaborar los inventarios del Patrimonio Etnológico. La transferencia de las competencias en materia de patrimonio otorga este papel primordial a las Comunidades Autónomas, ya que las Corporaciones locales, incluso las provinciales, carecerían de la perspectiva necesaria para hacer un trabajo eficaz y útil para la gestión del Patrimonio Etnológico.

No obstante, estos inventarios, coordinados y en la medida de lo posible financiados por la Administración, deben tener en cuenta las actividades tanto científicas como personales de la propia Universidad así como de las Asociaciones Culturales reconocidas y activas: se trata de aprovechar los distintos recursos, públicos y privados, para lograr un necesario conocimiento del Patrimonio Etnológico y poder obrar en consecuencia.

La inclusión de todos los objetos depositados en museos y colecciones reconocidos supone de cierta manera el engrosamiento superficial de los bienes incluidos en el Inventario General, pero al mismo tiempo puede proporcionar una protección suplementaria sobre los valiosos materiales depositados en estos centros.

Bibliografía

Hemos utilizado, con aprovechamiento, las diversas comunicaciones presentadas sobre el tema El Patrimonio Etnológico - VI Congreso de Antropología - nº 6 - Tenerife - 1993, y coordinadas por LLORENÇ PRATS I CANALS y MONTSERRAT INIESTA I GONZÁLEZ. También seguimos el espíritu de las propuestas de MARCEL MAUSS Introducción a la Etnografía Colección Fundamentos nº 13 - Ediciones Istmo - Madrid - 1971

 

Inventarios de la Generalitat Valenciana incluidos en Internet

De acuerdo con el mandato de la LLPCV, y también por la voluntad de poner en común los conocimientos, se encuentra en la siguiente dirección:

A partir de esa dirección cuelgan los inventarios de Patrimonio Mueble, tanto Arqueológico. Artístico, Campanas, Etnológico como Paleontológico; también las de Patrimonio Inmueble con Yacimientos Arqueológicos entre otros. Los inventarios de Patrimonio Mueble incluyen aquellos conjuntos de Museos y Colecciones Museográficas Permanentes reconocidos ya inventariados. Los inventarios de campanas no solamente incluyen aquellas de la Comunidad Valenciana, sino que figuran allí campanas de toda España (unas 4000 hasta la fecha) recogidas en diversas campañas por el Gremi de Campaners Valencians: entre ellas las campanas de 53 Catedrales.

LLOP i BAYO, Francesc
Generalitat Valenciana (2000)
Clase dentro del curso "Criterios y prácticas sobre el inventario del patrimonio etnográfico"
Organizado por la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural y cofinanciado por la Junta de Castilla y León y el Fondo Social Europeo
Valladolid (09-10-2000)
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